PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 84

Pero su sonrisa se borró rápida, abrió el mensaje y no había nada escrito. Como si su peor pesadilla se hiciera realidad sintió un terror desmedido. Se giró bajando las escaleras a toda la velocidad que podía salió de casa corriendo y entró en la de Kristina. Su corazón latía desbocado, la respiración jadeaba y en su cabeza tan solo una suplica. Al entrar en la habitación, allí estaba en la cama durmiendo con el teléfono en la mano.

-Dios -susurró dando un respingo fuerte.

Necesitó ir hasta la cocina para beber agua. No se había percatado del peligro de dejar sola a Kristina. Le obsesionaba la idea de que pudiera de alguna manera hacerle algo. De todos modos, cuando se relajó, pensó para sí que cuando había entrado en su casa no estaba sola. Por eso apagó la luz y vigiló desde su propia casa la ventana del comedor de Kristina. No quería sugestionarse en que podría estar en cualquier lugar porque eso era lo que él trataba de hacer. Estaba segura que su guerra era desestabilizarla y para que no sucediera debía ser mentalmente más fuerte que él. Decidió poner una de las sillas atrancada en la puerta mientras daba un último vistazo alrededor de la casa.

-Parker…

-Voy, cariño.

Sonrió, le gustó que la llamara, le gustó saber que la estaba esperando, que estaba allí y que quería que siguiera estando allí. Entró en la habitación con una sonrisa en los labios y el corazón feliz. Se metió en la cama mientras Kristina emitía un sonido gutural que le provocó a Parker una gran sonrisa. Se acurrucó entre los brazos de Parker que la estrechó con fuerza. En aquel momento el deseo estaba ganando la batalla al miedo que había sentido y se había quedado grabado a fuego en su piel. Pero ahí estaba Kristina para borrarlo. Sintió como su sangre se revolucionaba al tener abrazado su cuerpo, entrelazando piernas y manos, mientras Kristina buscaba fundirse literalmente con su cuerpo.

-Buenas noches, mi niña -le susurró Parker dejándole un beso en la sien.

-Mi amor…

Le encantaba tener ese diálogo, sentir que alguien la llamaba mi amor sintiéndolo de verdad, era inevitable sonreír de felicidad. Si algo tenía Kristina era que le hacía sentirse amada. Y no solo por las palabras, lo hacia con su mirada, como la había cuidado hasta cuando ella pensaba que estaba con esa Marta. Al recordarlo sonrió por sus celos, recordó los pepinillos, las charlas con el detective y Catalina, y se dio cuenta que era mucho más afortunada de lo que podía imaginar. Tenía a su lado a una mujer maravillosa que acababa de suspirar profundamente entre sus brazos, tenía un equipo de trabajo que no dudaban en quedarse sin fuerzas para encontrar asesinos, que además se protegían unos a otros, y podía contar con ellos como amigos. Y era más afortunada todavía si pensaba con su madre. A su lado siempre, debía agradecerle que hubiera decidido llevársela a su casa, arrancarla de la protección de Kristina para hacerle entender que debía luchar contra su miedo, contra su amor y fidelidad a Kareen en una culpa que le había arrebatado muchos años de su vida. Esa maravillosa mujer que era su madre. Hasta Kareen, aunque ella no creía en lo que había sucedido y le había confirmado Kristina, de algún modo su presencia ya fuera en un sueño o en un pasaje hacia la muerte, le había ayudado a darse cuenta que no podía continuar así. Por eso en cierta manera le preocupaba la aparición de Ingo, porque sabía que tenía muchos frentes por donde hacerle daño. Porque si realmente estaba en su casa cuando entró, si la había seguido durante la mañana sin hacerle nada, estaba prácticamente segura que Peter y Catalina no iban a ser los únicos a los que pudiera hacer daño. Cerró los ojos y rogó tener la suficiente habilidad para localizarlo antes de que pudiera destrozar más vidas.

Sonó el despertador a las seis y media. Parker lo apagó. Se percató que seguían en la misma postura no se habían movido en toda la noche. Sonrió. Su mano derecha estaba junto a la mano de Kristina que con el movimiento de Parker para apagar el despertador protestó mínimamente.

-Kristina… cariño… hay que levantarse.

-Cinco minutos aquí en tu pecho y nos levantamos -le susurró mientras se daba la vuelta y se acoplaba a su pecho ante la sonrisa de Parker.

-Solo cinco.

-Me encanta… adoro este despertar.

-Y yo -le dejó un beso en la frente.

Se abrazaron con fuerza con una sonrisa las dos que era el reflejo de la felicidad más absoluta que podían sentir.

-¿Sabes que somos cinco en la cama?

-Qué felicidad -susurró sin abrir los ojos.

-Minnie ha dormido sobre mi pierna.

-Te echaba de menos.

-Creo que sí -sonrió ella también.

-Parker.

-¿Qué?

-No quiero dormir ni una noche más sin ti, sin que me abraces. Prométeme que estaremos siempre juntas.

-En la medida de lo posible, te prometo que estaremos siempre juntas.

-Más te vale que la medida de esa posibilidad sea el cien por cien.

Parker dio una carcajada ante aquella frase que solo se le podía ocurrir a ella, y la estrechó fuertemente entre sus brazos.

Una hora más tarde entraban por la puerta del departamento. No eran las primeras porque desde primera hora Wally seguía trabajando con los ordenadores. Parker al verlo sintió un profundo agradecimiento. Kristina saludó al detective al pasar por su lado dejándole un eso en la sien, Parker sonrió pero ante la mirada del hombre la borró con un gesto divertido. Judi hablaba por teléfono y Alex junto a las dos chicas entraban también en ese momento.

-¡Inspectora! ¡Lo he conseguido! -dijo Wally.

Entraron todos a la sala, Kristina se sentó a su lado, los demás unos de pie y otros sentados, como era el caso de Parker a quien no le dio tiempo a decidir qué hacer porque Kristina le preparó una silla.

-Al tener la peluca que usó para hacerse pasar por una de las mujeres de la limpieza, he estado divisando las cintas de las noches. Como no sabía desde cuando nos ha estado vigilando he hecho algo que me dijo Kristina, ver los ataques que habíamos sufrido con las cintas de las noches. Y así tras más de tres horas he llegado a esto.

Todos miraron las pantallas mientras escuchaban a Wally.

-Lleva vigilándola a usted desde hace un mes. Aquí esta el momento en que entra, deja el carro y coge como ve la escoba y unos trapos, va a su despacho cierra la puerta y cierra las persianas.

-Al guardia de seguridad puede parecerle que está limpiando, claro.

-Eso es, no llama su atención. Está en su despacho quince minutos. Sale pasa esa especie de plumero que lleva en la mano por las mesas para no levantar sospechas, y vuelve a coger el carro y se va.

-¿Entonces la única que tiene una cámara soy yo?

-Está obsesionado, Parker -le dijo Kim.

-Buenos días, a todos -entró el jefe Moss-. Wally ya me había explicado el tema de la cinta. Y estoy de acuerdo con Kim, está obsesionado con usted.

-Anoche me dejé aquí el cargador del móvil. Cuando entré en casa sentí como que estaba allí. Y no creo que fuera sugestión, era como si realmente me estuviera vigilando.

-Hubo una incidencia con los coches que están en su puerta, inspectora. Pero los hombres que las vigilan avisaron que se trataba de la presencia de un perro.

-Le he dado oportunidad de hacerme lo que quisiera y no lo ha hecho. Lo que me hace pensar que no va a venir a por mí -su tono sonó realmente preocupado.

-O solo está haciendo que te confíes, Parker -la avisó asustada Kim.

-Puede ser -dijo suspirando-. Además no se ha puesto en contacto conmigo.

-Deberíamos vigilarte el móvil -propuso Kristina.

-Si hago eso, no me llamará. Ya le dije que reconocía que era muy inteligente y esa señal no la iba a rastrear porque no encontraría nada.

-Estoy seguro de ello -comentó Wally decaído-. Sigo pensando que necesitamos reducir las fábricas, con tantas es imposible tener control.

-¿Sabes lo que he estado pensando, Wally? Deberíamos intentar con un programa de movimiento térmico vigilar todas esas fábricas, añadiéndolo a la señal del satélite.

-¡Os recuerdo que aquí hay algunos que no sabemos de qué habláis cuando os ponéis así! -se quejó el detective-. ¡Vaya par!

-Se trata de reconocer mediante el calor del cuerpo humano o animal si hay movimiento en algún lugar ¿mejor así? -le preguntó Kristina con una sonrisa tierna que provocó en Parker un pequeño suspiro.

-¡Así, sí! -respondió el inspector.

Parker sonrió. Aquella pareja era cómica hasta en los peores momentos.

-Eso es bastante improbable, Kristina -le dijo el jefe Moss, ante su mirada agregó-. Esa tecnología no nos pertenece es imposible que podamos usarla sin un permiso. Y cuando digo que es imposible te estoy diciendo que no puedes tocar nada.

-Pero jefe Moss, es antes la seguridad de Parker o la de cualquier de nosotros o cualquier persona.

-Kristina hay unas normas. Voy a intentar hacer lo que decís pero hay que seguir unos pasos ¿de acuerdo?

Kristina asintió mirando a Parker con gesto serio. Parker a su vez asintió. El descubrimiento de Wally les dio para centrarse desde aquella primera noche que apareció por el departamento, a mirar todos los vídeos por si había puesto algo más y les estaba vigilando. Alex y Laura por su parte habían ido al despacho de Catalina a revisar todos los informes que tenía, todas sus notas que podía tener guardadas. El doctor le había asegurado a Parker que la iba a dejar sedada ese día. El movimiento podía ser fatal para ella y conociéndola sabía que no le haría caso. El detective y Kim por su parte, habían ido al cementerio donde fue extraído el cuerpo de Turner, la policía científica había estado rastreando todo pero no había encontrado nada. Kristina que estaba con Wally repasando vídeos, vio a Parker que se levantaba y se ponía el chaquetón, el miedo volvió a inundarla. Abrió la puerta y le preguntó.

-¿Dónde vas?

-Voy al hospital.

-¿Sola?

-Sí, Kristina.

-¿Otra vez sola? -la miraba con cierto temor.

-Sí. Quiero hablar con el doctor sobre el estado de Peter, me preocupa.

-Déjame acompañarte -le cogió la mano.

-Mejor no. No me va a hacer nada, no te preocupes.

-Me quedaría más tranquila yendo contigo.

-Pues quédate igual de tranquila sin venir -le dejó una caricia lenta en su mano.

-¿No te puedo dar un beso? -le preguntó con cara enamorada.

-No, y lo sabes.

-¡Lo tenía que intentar! -le sonrió.

Una de las consignas que había dado a todos era que cuando entraran en su despacho tuvieran presente que él la vigilaba, y no solo eso sino que aprovecharan la ocasión para dejar claro sus movimientos, aunque a todos les pareció demasiado atrevido por parte de la inspectora.

Pero entonces entraron el detective y Kim. Rápidamente Kim le mostró un papel a Parker.

Deja tu móvil en el bolso y ven a la sala de familiares.

Parker obedeció. Entró en su despacho dejó el bolso, el móvil y las llaves del coche. Salió, cerró la puerta y se dirigió hasta la sala donde habían acudido, el jefe Moss, Wally, Kristina y Judi.

-Bien, tenemos algo -dijo Kim con gesto ansioso mientras comenzaba a poner unas fotografías en la pizarra-. En el cementerio tienen un seguimiento de tumbas, cada cierto tiempo pasan revisión, hace tres días la tumba de Turner estaba en perfecto estado. Hemos visto las cámaras del cementerio y estaban ¡como no! apagadas, pero… hay una cámara de vigilancia del ayuntamiento bien escondida. Nos hace penar que Ingo o bien lo desconocía o no le importó que lo grabara, el caso es que no fue con la furgoneta negra. Fue con un coche gris. Detective -le animó a continuar.

-Bien, he hablado con un colega que me debía un favor de tráfico -Parker sonrió-. Ese coche pertenece a Donna King. Es un Chevrolet Chevy gris que si bien es antiguo parece realmente sacado del mercado, con lo cual nuestro amigo es un portento de virtudes y también debe arreglar coches.

-¿Y eso en que nos ayuda? A parte de darme unas terribles ganas de vomitar pensar quien iba dentro de ese coche.

-Alex vio la furgoneta, por lo tanto, él sabe que nosotros sabemos que tiene una furgoneta negra, pero desconoce que también sabemos que tiene un coche y, si ha decidido seguir a la inspectora, lo hará con ese coche para pasar desaparecido. Imagino que irá disfrazado el muy hijo de puta, pero tenemos la matrícula, el modelo y el color. Si usted ve que ese coche le sigue, ya sabe que es él.

-Bien, si eso sucede le enviare un mensaje a Alex desde nuestros viejos móviles.

-Esa señal no la podrá rastrear, inspectora -le dijo Wally-. Desconoce la existencia de ese móvil.

-¡Hemos avanzado algo! -dijo Parker tras dar un suspiro.

-No solo eso, toda la policía de Nueva York tiene orden de si ve ese coche inmediatamente sea detenido.

-Voy a ver si muerde el anzuelo.

-Tenga cuidado, inspectora.

-Lo tendré, jefe.

La mirada repleta de tristeza de Kristina llegó al jefe Moss que por primera vez desde que la conocía percibió que estaba realmente enamorada de Parker.

-¡Es usted un crack, detective! -le dijo Kristina-. No puede jubilarse nunca.

-Claro, Kristina. ¿Y qué haréis, me embalsamaréis?

-¡Dios, no! -susurró Kim-. Aún embalsamado estaría presente su mal genio.

-¡Tienes razón! -dio una carcajada Kristina-. Es usted el mejor.

Kristina y los demás salieron de allí mientras el jefe Moss miraba al detective con gesto impactado, y él elevaba los hombros.

-¿Ha conseguido el permiso para la cámara térmica?

-No.

-Estupendo -protestó el detective-. Siempre los protocolos por delante, ¡qué más da si hay víctimas!

Mientras todos trataban de aportar algo al caso, repasando todo lo que tenían hasta ese momento, Parker acompañada por el policía hizo exactamente lo mismo que el día anterior. Salió del departamento y fue hasta el hospital. Sus ojos de vez en cuando buscaban a través del espejo retrovisor el coche que el detective le había dicho. Sin embargo, no ocurrió nada ni a la ida ni a la vuelta.

-¿Nada? -preguntó Laura a Parker.

-Nada. Y me he metido en el parking del hospital en la tercera planta que estaba prácticamente solitaria.

-¡Pero cómo haces eso! -la riñó Kristina delante de todos y cuando se dio cuenta carraspeó-. Perdón.

-Creo que está tratando de ponernos nerviosos. ¿Habéis encontrado algo en el despacho de Catalina?

-No, nada. Ni un solo papel del caso. Se lo ha llevado todo.

-Es como si encima se burlara de nosotros -su frase sonó a fastidio de los grandes-. Y sigue sin llamarme.

-¿Qué tal Catalina y Peter? -pregunto Judi.

-Ambos están sedados, Peter cuando más tiempo pase y aguante es buena señal. Por cierto, jefe, he hablado con Margaret para que se llevaran a la hermana de Peter con mi madre. Ella y la sargento Debra serán las encargadas de estar con las dos dentro de la habitación.

-De acuerdo, inspectora. He enviado la solicitud para poder utilizar los requisitos que Kristina ha dicho.

-¡Sorpréndame! -susurró el detective.

-Aún no han contestado.

-Bien… vamos a repasar todo desde el principio. Sé que estamos cansados y con la tensión de ayer no es la mejor manera de encontrar nada. Por eso os pido, tratemos de borrar todo lo que tenemos en nuestra mente, y empecemos de cero.

Y así lo hicieron, Parker tenía su teléfono en el despacho, trabajaron con la pizarra tratando de encontrar el menor error que podía haber cometido Ingo o incluso ellos al ver los casos. Wally y Kristina a su vez seguían con sus visiones de las fábricas. Tampoco les ayudaba que la explosión hubiera dejado inservible los equipos para poder darles un vistazo. Era un trabajo arduo y agotador.

-Me duele la cabeza -susurró Wally.

-No sabía que podía costar tanto encontrar a alguien.

-Bienvenida a la realidad -le dijo quitándose las gafas.

-¡Chicos! Necesito vuestra ayuda. Me ha llamado mi ex.

-¿Cuál de todas detective? -preguntó Kristina.

-¡Y eso qué más da! -ambos sonrieron por su gesto de enfado-. Hoy es el cumpleaños de mi nieto, ¡y cómo siempre se me había olvidado!

-¿Y qué podemos hacer nosotros? -preguntó divertido Wally.

-Me ha dicho que quiere no se qué de una cosa que vuela… y lleva un mando. Le he dicho si se trataba de un avión o un helicóptero tele dirigido y me ha dicho…

-¡Un dron! ¡Claro! ¡Cómo no lo hemos pensado antes! -le dijo Kristina saltando de la mesa donde estaba sentada y saliendo donde estaban todos fuera-. ¡Lo tengo! Un dron, bueno varios.

El detective la siguió con Wally, y el resto la miraban sin entender aquella reacción. Kristina buscó el mapa de las fábricas.

-¡Dios cómo no se nos ha ocurrido antes! -respondió Wally.

-¡Ya estamos hablando en morse! -se sentó el detective-. Total que mi nieto se queda sin regalo.

-No se preocupe, detective yo se lo encargo y lo tiene usted antes de irse a casa.

Todos se miraron entre sí.

-Bien, los satélites podemos desconectarlos, lo que necesitamos son varios drones para sobrevolar las fábricas -Kristina hablaba emocionada-. Y deberían llevar una cámara térmica.

-¿Y qué se supone que vamos a hacer, sobrevolar las treinta y dos fábricas? -preguntó Alex boquiabierto.

-¡Exacto! -dijo Kristina mirando a Parker con una sonrisa maravillosa que en ese momento le ofrecía a ella como si nadie más estuviera a su alrededor.

-No quiero ser pájaro de mal agüero pero nos tienen que aprobar…

-¡A la mierda con el protocolo, Eric! -alzó la voz enfadada-. La policía tiene un departamento que los utiliza, ¡que se pongan en marcha! Y si no llama a Bryant y yo compro los drones.

-Un momento, Kristina -trató de hablar Parker.

-No, Parker. Ese tío está obsesionado contigo, y tú tendrás ganas de cogerlo pero no tantas como las que tengo yo y dejar de sufrir por si te hace algo.

Y se hizo el silencio. Parker podría haberse puesto a llorar tranquilamente, pero era la inspectora y posiblemente hubiera quedado muy mal. El resto se miraba entre sí pensando lo mismo, ¿si aquello no era amor? Judi juntó sus manos bajo la barbilla había sido el mejor momento desde que trabajaba allí. El detective se puso la mano en la frente y con voz cargada de fastidio dijo.

-¡Y el dron para mi nieto, a la mierda!

Por un momento volvieron a sonreír. No habían logrado nada pero había una posibilidad de hacerlo. El jefe Moss acompañado por la inspectora se reunieron con el departamento de la policía. Hablaron de dónde estaban localizadas las fábricas y de cómo tendría que ser la búsqueda. En el departamento nada más había cinco drones y tan solo dos tenían cámara térmica. Parker miró al jefe Moss y les contaron que había una donación para la búsqueda del asesino. Rápidamente se pusieron a trabajar en conjunto en el departamento. Los drones que compró Kristina no llegarían hasta el día siguiente a primera hora, con los que tenía la policía había que sincronizar los vuelos con las patrullas que podrían en caso de localizar algo entrar en búsqueda de Ingo.

-Alex y Laura id con ellos hacia el este. Van a poder revisar tres fábricas.

-Claro, vamos allá -ambos salieron en compañía de los agentes que llevarían el vuelo y la información.

-Detective mientras llega el dron de su nieto, vaya con Kim con el otro grupo hacia de las fábricas del sur. ¿Cuántas son, Wally?

-En esa parte hay otras tres.

-Pues ya lo saben, detective, Kim.

-¡Más te vale que llegue! -le dijo apuntando con el dedo a Kristina que sonrió.

-Nosotros seguiremos las imágenes desde aquí, y por favor sean lo más discretos posibles.

-¡Lo vamos a pillar! -le dijo confiado Wally.

-Eso espero, porque sigue sin llamar.

Estuvieron casi cuatro horas sobrevolando las fábricas, les llevó tiempo hacer los desplazamientos, los vuelos y las localizaciones. En total habían revisado seis fábricas y en ninguna había dado señal de vida.

-No nos podemos desanimar, ya podemos hacer descartes.

-¡Siempre hay que ver el lado positivo! -le sonrió Kristina.

-Pues sí. Wally vete a descansar. Kristina se encarga de desconectar todo.

-Hasta mañana.

-Wally mañana miraremos la posibilidad de hacer un ataque desde el dron a algo que tenga, estoy segura que debe tener alguna cámara para protegerse, pero no creo que piense que podemos contraatacar desde un dron una vez localicemos su escondite. ¿Recuerdas el programa del que te hablé?

-Sí.

-Venga, Kristina, déjalo que se vaya -le riñó con dulzura.

-Sí, es cierto, mañana lo miramos.

-Hasta mañana.

-Adiós -le sonrió Parker. Que sabiendo que estaban solas le pasó el dedo índice desde el dorso de la mano hasta el codo lentamente, mientras le susurraba-. Has estado muy bien, cariño.

-Parker… por favor -respondió sonriendo nerviosa.

Y Parker dio una carcajada que le hizo sentirse feliz.

Llegaron a casa, cansadas con ganas de darse una buena ducha y cenar. Habían comprado la cena y solo tenían ganas de meterse en la cama. Compartieron la ducha porque a ambas les había gustado la idea, carcajadas y gemidos sonaron con fuerza por igual. Fue Kristina quien salió primero para preparar la cena en los platos.

-¿Quieres cenar en la cama? ¿Te gusta?

-No, luego tienes trozos de cosas por la cama -le dio un beso en la nariz.

-A mí tampoco me gusta -le devolvió el beso-. Venga arréglate pronto que tengo hambre.

-No me metas prisa, antes no tenías prisa -sonrió.

-Va… -salió pero volvió a entrar para darle un beso apasionado-. Te quiero.

-Te quiero.

Lo dijeron con la sonrisa enamorada en los labios. Parker dio una carcajada divertida, le encantaba aquella manera con la que se relacionaban, era como si toda la vida hubieran estado juntas. Era maravilloso, era una sensación de felicidad máxima. Era…

-¡Parker! -la llamó Kristina interrumpiendo sus pensamientos.

-Ya salgo mi amor, ya voy.

En cuanto terminó la frase una explosión le hizo saltar por los aires. Aturdida por el golpe sin apenas poder abrir los ojos pensó en que Kristina había tenido un accidente, se arrastró como pudo y vio horrorizada como la puerta de casa estaba abierta y el fuego se había apoderado de la parte izquierda del comedor y la cocina. Salió tambaleándose hasta fuera, se puso en pie y lo pudo ver, dos faros rojos de una furgoneta negra a toda velocidad girando por la carretera para desaparecer de su vista.

-No, no… ¡no! -gritó enfurecida-. ¡Oh, dios mío, Minnie!

Se levantó dolorida y corrió hacia dentro de la casa, los vecinos habían llamado a los bomberos y policía, uno de los hombres al ver que Parker entraba la siguió pero la perdió de vista entre las llamas. Caían trozos del techo en llamas, y el hombre no veía a Parker.

En el hotel, el detective estaba entrando por la puerta. Había sido todo un éxito el regalo a su nieto, había quedado como un auténtico rey. No se había quedado mucho tiempo porque la relación con su hijo no era del todo buena y ese día especialmente le dolió no poderse quedar para disfrutar de aquel bicho que volaba. Iba pensativo en todo ello cuando sonó su móvil. Le llamó la atención era el jefe Moss y todas las alarmas se encendieron en él.

-Jefe.

-Rápido han puesto una bomba en casa de Kristina.

-¡Cómo! -por un segundo su corazón se detuvo y entonces vio salir del ascensor a todo el equipo que aún quedaba en pie-. ¿Sabe algo de Kristina, de Parker?

-No, los bomberos acaban de llegar, estoy yendo de camino.

-Vamos para allí. Dios mío…

-¡Ha sido ese hijo de puta! ¡Y la vigilancia! -hablaba encolerizado Alex.

-Es lo que estaba buscando, a la inspectora -susurró el detective subiendo al coche con el gesto repleto de ansiedad.

-Kim… no sabemos nada más que ha estallado una bomba… sí, estamos ya de camino. En cuanto sepa algo te aviso -le decía Alex que no podía conducir y se había sentado en el asiento del copiloto.

-Nos ha ganado -dijo el detective.

La casa estaba en vuelta en llamas, y el hombre que había entrado a ayudar a Parker finalmente la vio, salía tambaleándose del cuarto, tratando de esquivar las llamas. Para la suerte de la inspectora aquel hombre decidió ayudarla. La sacó casi arrastras y al llegar fuera de la casa se quedó en el suelo, justo en ese momento llegaban los bomberos.

-¡Minnie! ¡Minnie! -llamaba a la gata que con su cuerpo había tratado de proteger a Par y Ker.

-¿Señora se encuentra bien? -le preguntó el bombero.

-Yo sí, la gata… la gata, por favor -decía llorando.

-Tranquila… ¡Aquí rápido, traed oxígeno!

-Minnie, por favor, aguanta… aguanta… Kristina… Kristina… no…

El primero en llegar fue el jefe Moss, vio a Parker tirada en el suelo tapada con una manta térmica mientras se ponía una mascarilla de oxígeno porque había tragado humo. La vio llorar mirando hacia abajo…

-Parker… Parker…

-Se la ha llevado… se la ha llevado -se abrazó a él llorando-. Iba con la furgoneta negra y ha cogido la carretera secundaria… ahí no hay cámaras…

-Tranquila… lo vamos a coger…

-Minnie por favor…

-Tranquila, está reaccionando… está reaccionando -le decía el bombero que le estaba dando un masaje y poniéndole al igual que a ella oxígeno.

Poco después llegaron los demás. Arroparon entre todos a Parker, que una vez la revisaron y tras negarse a ir al hospital para curarse las dos heridas que llevaba en el brazo con el que se protegió al entrar, pudo ir a su casa a cambiarse. Salió mientras, Kim y Laura mantenían en brazos a las gatas. Su gesto era serio, y en él no vieron ni una lágrima.

-¡Jefe aquí no hacemos nada y no tengo teléfono me voy al departamento! -le dijo con voz firme.

-Nos vamos al departamento -dijo el detective visiblemente afectado.

-Ha dormido a los seis policías ¡cómo ha podido hacerlo! -se quejó Alex que estaba especialmente nervioso.

-No lo sé… y ahora mismo no me importa.

-Vamos al departamento, van a enviar las imágenes allí -dijo el jefe Moss.

-Parker…

-Tranquila, estoy bien. Sabía que esto iba a suceder, lo sabía.

Todos se dieron cuenta que Parker no estaba bien, pero la conocían y sabían que no iba a parar ni a detenerse. Y que si él se quería comunicar tendría que ser en el departamento. Durante todo el camino estuvo pendiente de las gatas que les habían asegurado estaban bien, aunque Minnie se mantenía quieta en sus brazos. Kim y Laura la miraban de vez en cuando, el detective maldecía a aquel cabrón una y otra vez, y Alex necesitaba tranquilizarse porque se había apoderado de él la ira.

Llegaron al departamento, dejaron a las gatas en el despacho de Parker, quería que si Kristina había visto la explosión, y estaba cerca de él pudiera verlas. Wally llegó con el rostro desencajado y al igual que todos sin saber qué hacer.

Una hora después el teléfono sonó. El del despacho de Parker donde ella había estado metida paseando de vez en cuando. Sabía que era él y contestó al primer timbrazo.

-¡Querida inspectora! ¡Es usted como esas preciosas gatas, tiene siete vidas!

-Como le hagas algo, te juro que te mataré con mis propias manos.

-Está cabreada ¿eh? ¿Cómo se siente la viuda negra? ¡Eh!

A Parker se le detuvo la respiración. Lo había escuchado todo, sabía todo lo que a ella le hacía daño sabía cual era su punto débil.

-Tres mujeres y las tres muertas por su culpa. Debería pensar muy bien en quedarse soltera… -dio una carcajada.

-¿Qué es lo que quieres?

-De momento divertirme que lo estoy haciendo de ver su cara.

-Déjala, por favor. Te lo ruego.

-Debió pensarlo antes cuando le dije lo que tenía que decir al mundo, ¿pero sabe qué? La conozco y sabía que no lo haría. Así que este es el resultado. Por cierto, que bonita pareja hacían durmiendo juntas, tan abrazaditas, tan enamoradas…

Dio otra carcajada que a Parker le removió las tripas.

-¿Qué quieres?

-Esto es algo entre usted y yo. Si alguien de su equipo la ayuda le aseguro que la alianza podrá ponérsela usted en su dedo. ¿Recuerda la bala? Pues el dedo de su preciosa prometida le llegará igual.

-Está bien… dime qué quieres.

-Así me gusta, inspectora, así me gusta.

-Quiero que lleve al cementerio central un maletín con quinientos mil dólares. Es una prueba para demostrarme que puedo confiar en usted, y que vamos a jugar a esto usted y yo solos.

-No tengo ese dinero.

-Pero su prometida, sí.

-Hoy a las doce y media de la mañana dejará ese maletín, junto a la tumba de un tal Ernesto Smith ¿lo recuerda? -Parker cerró los ojos-. Fue la primera obra de arte de mi padre.

-Sí, lo recuerdo.

-Dejará ahí, el maletín. Sola. Tiene que ganarse mi confianza.

-Quiero escuchar a Kristina. Quiero saber que está bien.

-Bueno… ahora mismo está dormidita… en cuanto despierte le haré llegar su maravillosa voz. Recuerde, doce y media, quinientos mil dólares tumba de Ernesto Smith. Y usted sola, vamos a ver quien de los dos es mejor. ¿Acepta el desafío?

-Acepto.

Llevaba un rato escuchando las señales del teléfono hasta que finalmente dejó de oírlas. Sintió como si le hubiera arrebatado el alma.

-Kristina…

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4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 84

  1. ¡Buenas tardes, Solete!

    Esta historia da para muchas cosas, también para ponerle algo de tensión que os acostumbráis rápido a la bueno.

    Un abrazo.

  2. Buenas tardes, Laura.

    ¡¡Bueno no tener noticias tuyas era una gran noticia!! Muchas gracias, han sido complicados de escribir pero el esfuerzo merece la pena con vuestros comentarios y fidelidad a la historia.

    Un abrazo ¡me alegra saberlo! Besos para las dos.

  3. Buenas tardes Idana,

    Vaya la que nos has liado, cuando ya estábamos tan contentas por nuestra parejita, cuando ya nos iba a dar un subidón de azúcar, aleeeee otra vez a sufrir. Si es que lo sabía, que más temprano que tarde iría a por Kristina.

    Espero que no nos hagas mucho de sufrir. Hasta la hora Parkris que ya no nos queda na. 😉

  4. Por fin me puse al día de todo!!! Buahu espectaculares capítulos si señora!!! Me encanta cuando le dice tenemos una cita?? Jajajaja por fin están juntas, lo malo es que ahora el loco ese no las dejará asta que no acaben con el!!!

    Acaba pronto con él….!!!! Jajajjajajaja

    Un abrazo enorme querida amiga!!! Ya estaré por aquí todos los días 💕❣️💃😍💞🤩

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