PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 86

Después de la explosión, aunque había sido pequeña fue lo suficientemente intensa como para hacerle caer y darle un tremendo susto. Parker se recompuso aún con el pulso acelerado, y una rabia que le nacía desde lo más profundo de su alma. Mientras ella caminaba hacia la salida se cruzó con varios empleados que tras escuchar el sonido de la explosión se dirigían al lugar de los hechos. Tras abandonar a toda prisa el cementerio volvió a pasar por casa de su madre. Volvió a hacer lo mismo, dejó el teléfono en la habitación, con el bolso, el maletín y el chaquetón. Mientras soltaba un montón de improperios al aire contra Ingo. Su respiración se mostraba agitada, se estaba empezando a desesperar y era incapaz en ese momento de dominar su estado de ansiedad por Kristina.

Por su parte, Kristina trataba de controlar su estómago, aquel olor se había metido en sus fosas nasales y necesitaba imperiosamente vomitar si se hubiera podido mover lo hubiera hecho pero en las circunstancias en las que se encontraba, lo único que podía hacer eran respiraciones hondas para que no sucediera. Entre esas respiraciones volvió a escuchar sus pasos, dedujo que estaba en un piso menor del que él se encontraba. Trató de controlarse recordaba las palabras que había tenido con Parker aquella misma mañana de camino al trabajo, fue como si ambas sintieran un presagio de lo que podía suceder, o simplemente Parker quería que estuviera preparada. Le había dicho cómo debía actuar con alguien así. No podía demostrarle miedo aunque estuviera aterrada, no podía hacerle ver fragilidad aunque estuviera a punto de quebrarse pero también debía saber no alterarle ni cabrearle ni mirarle fijamente a los ojos por mucho tiempo.

—¡Enhorabuena! Puedes dar las gracias a la inspectora que vas a seguir viva un rato más.

—No vas a poder con ella.

—Claro que sí —le sonrió agachándose y dejando ante ella un afilado cuchillo—. Claro que voy a poder porque te ama demasiado como para pensar, actúa con el corazón y esta noche cuando vaya al cementerio para dejar el maletín va a encontrarse con una sorpresa.

—No irá.

—Claro que irá, ha sido capaz de reunir dinero para mí… si le digo que vaya irá porque se piensa que obedeciéndome voy a soltarte.

—Es más inteligente que tú y sabe que no lo harás —le soltó a bocajarro.

—Lástima que la próxima vez que la veas sea muerta. Y ahora… disfruta de tus últimas horas con vida… Yo voy a disfrutar mucho con las dos…

—No vas a lograrlo…

—Nunca desafíes a un Turner.

—Ella ya acabó con uno, te lo recuerdo.

Él la miró seriamente entornó los ojos y sin casi darle tiempo a verlo, le dio una bofetada que le hizo girar toda la cara.

—No juegues porque a mí me da igual matarte ahora.

—No puedes hacerlo, porque me necesitas viva para poder hablar con ella porque si no lo haces entonces le importara muy poco venir y matarte —le dijo entre dientes mientras le caía un hilo de sangre por la nariz.

—Me vuelve loco la sangre… ahora sí que estás guapa.

Salió de allí dejándola dolorida por el golpe, preocupada por lo que podía hacerle a Parker y muerta de miedo porque no podía tener tan mala suerte en la vida. Se negó a pensar en cualquier cosa que no fuera que Parker iba a poder con él. Cerró los ojos centró toda su energía en que su mujer fuera egoísta y no pensara en ella. Que fuera capaz de pensar como inspectora porque era la mejor y estaba segura que conseguiría de algún modo detener a aquel loco.

—Parker… por favor… no pienses en mí. Que bien suena… mi mujer… —sonrió con tristeza.

Parker seguía en casa de su madre, estaba tomando un café cuando sonó su móvil. Era una videoconferencia. Se sentó en la cocina y contestó.

—¿Qué tal está, jefa? —sonrió Ingo.

—¿A qué ha venido eso? —trató de preguntar con calma intentando que la voz no delatase sus sentimientos de furia contra él.

—Quería asegurarme que sí iba sola —contestó atacando con su sonrisa.

—Ya te he dicho que iría sola.

—Bueno… pero no me fío de usted me ha fallado una vez —respondió con tono divertido, realmente, le estaba demostrando que se lo está pasando muy bien con esa situación.

—¿Qué pretendes, Ingo? —la preocupación ensombrecía su rostro.

—Ya le he dicho. Por cierto… ¿por qué no va a su despacho? ¿Pretende despistarme?

—Pensé que si eras tan listo entenderías porque no puedo ir al despacho. Tengo a mi equipo perdiendo el tiempo y me acribillarían a preguntas, y como bien dijiste esto es entre tú y yo. Además, sabes cuales son mis movimientos y me tienes vigilada de igual manera ¿no? —sus palabras sonaron con total convicción sin titubeo.

—¡Bravo! ¡Por fin lo ha entendido y me ha demostrado que acepta el reto! Bien. No hay nada más penoso que enamorarse, a usted le va a costar mucho ese amor.

—¿Qué tengo que hacer? —le zanjó con malestar.

—Tranquila… a las ocho y media vuelva al cementerio y esta vez sí dejará el maletín donde yo le diga.

—¿Y qué me vas a hacer esta vez? —le preguntó con cierta ironía.

—Nada… después si el dinero es la cantidad que he solicitado me marcharé y cuando esté bien lejos le diré donde está su amada.

—¿Y ya? —le preguntó Parker con una sonrisa incrédula—. ¿Eso es todo?

—¿Le parece poco? No necesito nada más que hacerle caer, y va a caer, inspectora. Se está saltando muchas normas y faltando a su puesto de trabajo… La gran inspectora está cometiendo una falta terrible que le va a costar lo que más quiere en la vida… su trabajo. Pero para que vea que no soy tan malo como cree, le voy a dar la oportunidad de que lo otro que más quiere en la vida siga viva si usted cumple con ese dinero.

La imagen del teléfono se difuminó. Cerró los ojos, sabía que le estaba mintiendo seguramente por la hora que la había citado tendría preparado algo, quizá matarla o dormirla como había hecho con Kristina, entonces pasaría desapercibida porque a esa hora cerrarían el cementerio y él tendría tiempo más que de sobra para sacarla de allí como había hecho con el cuerpo de su padre. Decidió que debía comer algo y llamó para pedir una pizza. Volvió a la cocina siempre con el teléfono móvil a su lado, y comenzó a comer, justo cuando le había dado el primer bocado, sonó de nuevo su teléfono, era el detective. Se limpió los labios y contestó con ese tono de voz duro que ella solía tener cuando se enfadaba.

—¡Puedo saber dónde está! —exclamó nervioso el detective.

—No.

—¡La gente está dejándose los cuernos en algo que me ha pedido y que no han encontrado nada y se están enfadando mucho!

—Gracias, detective —respondió con frialdad.

—¡Gracias! ¡Gracias! ¡Se está jugando su puesto! El jefe Moss ha preguntado por usted, le he dicho que había salido en busca de una pista… ¡no voy a poder cubrirla mucho más tiempo! —le advirtió furioso.

—Detective… necesito el teléfono libre.

—Inspectora…

—Siga con lo que le dije.

Cortó la llamada mientras Ingo en su fortaleza sonreía divertido. El detective había entrado al despacho de la inspectora y comenzó a registrar papeles, cajones. Estaba en aquella búsqueda seguramente de alguna pista para saber dónde se encontraba la inspectora cuando entró el jefe Moss.

—¿Se puede saber donde está Parker?

—Pues está siguiendo una pista, jefe, ya le dije.

—Detective, espero que no haga ninguna locura. Tenemos a un loco suelto, ha secuestrado a un miembro de nuestro equipo, usted ha enviado a no sé donde a lo poco que nos queda ¡y ella en lugar de estar aquí, no aparece! Eso es una falta muy grave.

—Jefe Moss, ese miembro de nuestro equipo que han secuestrado es su novia. La inspectora…

—¡No me importa quien es! Lo personal nunca puede interferir en lo profesional ¡se lo advertí! —gritó furioso marchándose dando un portazo.

—¡La ha hecho buena la inspectora! —susurró cerrando los cajones y marchándose del despacho.

Ingo estaba disfrutando con aquel enfado, además, vio como el teléfono de Parker recibía la llamada de su jefe. Le gustó ver que no contestaba. La cámara que había instalado en el teléfono le permitía ver lo que Parker hacía, aunque no podía mover el objetivo de la cámara sí controlaba dónde estaba y qué hacía. En ese momento se lo había llevado al cuarto de baño. La oía llorar y disfrutaba aquel momento, lo había subestimado y en ese momento estaba completamente a su merced. Tenía a su gente buscando a saber qué y él tenía la libertad aquel día para terminar con ella. Vio como salía un vaho importante y pensó que era una verdadera lástima no poder mover el móvil para verla desnuda. Rápidamente el vaho cubrió todo y se quedó sin poder contemplar las nada. Ya no la oía llorar pero sabía que la tenía realmente a su merced y cuando fuera a depositar el maletín un dardo se le clavaría en el pecho dejándola en el suelo. A esa hora ya nadie vería su cuerpo y un poco más tarde, sería él quien se la llevaría para disfrutar de sus gritos, su dolor bajo la atenta mirada de Kristina para eso la mantenía en vida. Solo visualizarlo le excitaba, le hacía sentir superior. Él iba a conseguir lo que su padre no pudo. En su nombre, en su memoria. Y después expondría el cuerpo de la tan aclamada inspectora en una plaza donde todos pudieran ver su obra de arte.

A Kristina el tiempo se le hacía eterno, no sabía que era si tarde, noche, no sabía cuanto había dormido y la cuerda que la tenía atada por el pecho se le estaba clavando de tal manera que ya empezaba a dolerle cada respiración que daba. Volvió a escuchar sus pasos lo oía como si se desplazara por el piso superior, su mirada se dirigió hasta aquel techo enorme, sin duda aquello debía ser un matadero. En ese momento lo vio claro, ¡tenían razón estaba en un matadero abandonado! Catalina lo había dicho, allí habían neveras lo suficientemente potentes como para guardar una persona muerta. Al pensar en ella cerró los ojos y necesitó dar una respiración honda que le dolió. Tenía que relajarse, se daba cuenta que hasta eso lo tenía medido, la fuerza con la que había anudado la cuerda. Debía pensar tal y como Parker le había dicho.

—Parker… mi amor… Parker… mi vida confío en ti… confío en ti. Estoy segura que el detective no te dejará ir… lo vais a detener, porque se lo has contado a todos ¿no? No se te ocurra ir sola… ¡Dios!

Y las palabras de Parker llegaron a su mente como un bálsamo, podía escuchar nítidamente su voz.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, te quiero y quiero estar a tu lado porque te amo.

—Yo también te amo… y voy a aguantar por este amor, mi vida…

Estaba dialogando consigo misma pero el sonido del motor de un coche la alertó. Era él que se estaba marchando, porque había dejado de escuchar las pisadas. Con las pocsa fuerzas que tenía seguramente debido al cloroformo que utilizó trató de desatarse…

—¡Maldito hijo de puta no tienes ni un solo error! —luchaba desesperada por quitarse las cuerdas pero cuanto más lo intentaba más daño se hacía. Agotada gritó para tratar de aliviar su rabia—. ¡Hijo de puta!

A pesar de haberse marchado de su guarida, Ingo seguía controlando a Parker. Vio como se encaminaba hasta una habitación, cerraba la puerta, bajaba la persiana, dejaba el teléfono sobre la mesa y se acostaba en la cama dando un suspiro que le hizo sonreír. Cada vez estaba peor y eso la llevaría a pensar con más dificultad.

Regresó de poner gasolina en la furgoneta, preparó con todo cuidado una manta para cargar el cuerpo de la inspectora. Sonrió al darse cuenta que por fin iba ser suya. Entró a la vieja y destartalada fábrica quitándose una barba y unas gafas que se había puesto para no ser reconocido en caso de que alguna cámara lo tuviera al alcance. Saber que faltaba una hora para que sucediera todo le había abierto el apetito, tomó un cola cao con galletas y al terminar se dispuso a prepararlo todo.

Kristina se había quedado agotada tras la lucha inerte por desatarse, le había provocando una rabia intensa contra aquel monstruo. Oyó sus pasos y se puso tensa. Pasó la lengua por los labios que tenía resecos y que había tratado de no humedecer para no tragar la propia sangre que había caído de su nariz. Él entró con esa sonrisa cínica que le provocaba a Kristina entre dolor, miedo y asco.

—¡Qué tal, Kris! ¿Puedo llamarte Kris?

—Preferiría que no —lo miró con el ceño fruncido.

—Disculpa… ese privilegio nada más lo tiene tu inspectora. No sé que ves en ella, eres joven mereces alguien mejor —sonrió de lado mientras sacaba varios cuchillos de un mueble—. Esa mujer está acabada.

—¡Qué sabrás tú! —susurró con dolor.

—Mucho… mi vida ha ido de su mano. He estudiado todos sus casos, sé como se mueve por la ciudad, la he visto hacer algún interrogatorio aunque debo reconocer que ese compañero tuyo me ha pillado varias veces, hasta que me centré en estudiar como atacaros sin que pudierais encontrarme. Sé lo mucho que sufrió con Maura y lo que me alegré de verla llorar por los rincones. Esa maldita bruja casi acaba con ella antes que yo —dio una carcajada estridente—. Menos mal que la inspectora es buena, eso me dio la idea de secuestrarte, todos alabando a la inspectora que había salvado a su chica de morir. Por cierto… ¿dónde ibais a ir de luna de miel? —Kristina lo miró sorprendida—. Os doy mil vueltas, aunque debo reconocer que tú eres buena y he tenido que trabajar muy duro para que no me descubrieras. ¡Dime… donde ibais!

—A África a un safari para ver los elefantes.

—¿Elefantes?

—Sí, a Parker le gustan, no me lo ha dicho pero lo sé porque tiene álbumes de ellos y quería darle una sorpresa. Sé que le gustan porque son como ella, fuertes, inteligentes y tienen un amor especial para los suyos. Como ella —afirmó contundentemente.

—A mí me gustan más los carroñeros, son fríos, calculadores y efectivos.

—Claro porque tu sangre pertenece a la carroña de tu padre. Por cierto, aunque sea tu padre ¿no te da asco tenerlo ahí en ese estado? —él dio una carcajada y Kristina susurró—. Estás fatal.

—Mi padre es mi dios. Desde pequeño me enseñó este maravilloso oficio. Cuando los demás críos iban al colegio y aprendían estupideces, yo sabía cortar con su cuchillo algunas partes del cuerpo humano.

—¡Te estás quedando conmigo! —cada frase que le decía le costaba pronunciarla para poder controlar el pánico desmedido que sentía en ese momento mientras le veía afilar los cuchillos con una exquisitez que le asustaba.

—¡Por supuesto que no! Fue lo mejor que pudo enseñarme mi padre.

—¿Y tu madre lo sabía?

—No, mi madre era estúpida, mi padre la aguantaba porque quería tener descendencia para que siguiera su obra. Mi padre era un artista, pero no lo supieron apreciar.

—Claro…

—Pero ahora voy a empezar a serlo yo. ¡Mira! —cogió el teléfono y se lo acercó—. Ya ha subido al coche. Me encanta que la inspectora, según muchos, más inteligente y resolutiva de Nueva York vaya a cumplir mis ordenes aún sabiendo que la voy a matar.

—Por favor… por favor… no lo hagas —le rogó Kristina con las lágrimas brotando en sus ojos.

—Uy mira… una llamada de su jefe…

Parker dejó que el contestador saltara, conducía con algo de prisa como si necesitara acabar pronto con todo. Le quedaba media hora por delante pero estaba ansiosa por llegar. Kristina escuchó su voz y su corazón se alegró.

—Soy la inspectora Parker Forsyth, en este momento no le puedo atender deje su mensaje. Gracias.

Kristina suspiró y Ingo dio una carcajada burlona.

—¡Inspectora! Es la última vez que la aviso, no se le olvide que soy su jefe. Mucho me temo que está usted decidiendo qué hacer en este caso por cuenta propia, ha abandonado a su equipo, le ha enviado a buscar nada, ¡está usted cometiendo un error muy grave que le va a costar su carrera! Si no está aquí en media hora voy a proceder a abrirle un expediente de falta muy grave por desacato. Es intolerable su comportamiento y que sepa que voy a enviar a su propio equipo a detenerla. ¡Póngase en contacto conmigo ya!

La voz enfurecida de el jefe Moss provocó en Kristina un profundo temor. Pero por otro lado una esperanza que calló. Si se ponían a buscarla darían con ella y podrían detenerla en el cementerio. Esa era su esperanza.

—Quizás estás pensando que saben que va a ir al cementerio… y van a ir corriendo a salvarla, pero tu chica ha sabido actuar de un modo ejemplar. Debo reconocerlo, ha mantenido en secreto lo que iba a hacer. Sí. Vas a poder morirte tranquila una mujer ha dado su vida inútilmente por ti —dio una carcajada—. Voy a prepararme, he de vestirme para el momento.

—Por favor… por favor… por favor… —rogaba mirando el techo de aquel lugar. Agradeció que apagara la luz al menos no veía aquellos dos cuerpos descompuestos aunque sentir su presencia allí era realmente estresante—. Parker, Parker sé que vas a hacer algo, lo sé… no vayas al cementerio, no vayas por favor…

El coche de Parker se detuvo en la puerta del cementerio. La oscuridad de la noche ya había empezado a dejarse caer sobre la ciudad. Una de las primeras cosas que hizo fue meter el teléfono en el bolsillo. Sacó el maletín, se colgó el bolso y fue directamente hasta la puerta.

—Señora… haga la visita rápida que cerramos en veinte minutos.

Le avisó uno de los operarios que se marchaba en ese momento con un coche. Una vez estuvo dentro sonó el teléfono. No tardó en contestar.

—¡Querida inspectora Parker Forsyth! Tengo a su prometida llorando en el sótano, le he dicho que no debe preocuparse que usted ha estado haciendo todo lo que yo le he pedido y en unos días logrará encontrarla.

—Espero que por lo menos haya comido algo en estas horas.

—¡Oh, hay que ver lo que se preocupa por ella! Pero lo siento, no estoy acostumbrado a tener invitados vivos.

—Me han dado veinte minutos para entrar y salir —se le notaba por la voz que iba caminando de prisa.

—No se preocupe, ellos cerrarán pero yo le indico por donde debe salir después.

—Vaya… parece que sabes todos los trucos.

—Ya le he dicho que soy inteligente. Ya la veo, inspectora.

—Bien… ¿qué tengo que hacer?

—No se ha cambiado de ropa.

—Veo que eres muy observador. Estoy en casa de mi madre, no tengo ropa y ya puedo dar gracias a que he podido limpiarla.

—Ha sido un momento muy intenso.

—Dime que debo hacer.

—Siga caminando. ¿Sabe? Mi padre debe estar muy orgulloso por esto que estoy haciendo, sí… —miraba la imagen de Parker caminando por el pasillo del cementerio—. Poder vengarme de usted es lo mejor que podía hacer para salvaguardar su memoria.

Pero algo llamó su atención, vio como Parker movía la boca y giraba su cabeza. Aquello le hizo guardar silencio y mirar atentamente la pantalla, abrió los ojos algo no cuadraba.

—¿Tienes algún problema con la imagen? —justo detrás de él, sonó la voz de Parker acompañada por el roce frío del cañón de acero de la pistola apoyada en su cabeza.

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. Cap. 86

  1. ¡Buenas tardes, Laura!

    Jajajaja Yo también creo que debería disparar. Bueno, con esta historia me había planteado como dije varios retos, a mí me gustan mucho las series como Castle, Bones, Major Crimes, Mentes Criminales, quería proponerme escribir algo así, no lo había hecho nunca con este nivel de acción es cierto que tengo una novela que tiene este tema también, pero no así. Sé que me queda mucho por aprender y seguro que se podría escribir mejor pero estoy contenta. Y si además me decís que os encanta. ¡Soy feliz!

    Gracias, amiga mía.

  2. Pégale un tiro y a tomar vientoooo….!!!!! Se está jugando todo por salvarla ya que más da!!!!! Que mala suerte están teniendo joder😒😒😒….ya me la imagino con esa cara que tiene apuntándole con la pipa jajajaja!!!!

    Por cierto recuerdas que te dije que me recordaba a la serie de Castle???? Jajajajajja ahora más!!!! Kris está escribiendo sobre la inspectora Forsyth!!!

    Me encantaaaaaa!!!!

    Un abrazo querida amiga

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