PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. EPÍLOGO

Buenas noches.

Antes que nada quería daros las gracias por todo este tiempo maravilloso compartido con Parker y Kristina, y por supuesto con todas vosostras y vosotros. Quería despedir la historia con un epílogo especial, espero que esté a la altura de lo que ha sido toda la historia. Eso sí, me ha quedado un poco largo.

¡Espero lo disfrutéis! Gracias familia, y un abrazo muy grande.

EPILOGO

El avión privado de Parker y Kristina aterrizaba horas más tarde en el aeropuerto de Nairobi. Un coche les estaba esperando para llevarlas hasta el orfanato de elefantes donde Kristina había hecho una reserva con toda la ilusión de sorprender a su mujer. Parker se mostraba excitada con la posibilidad de poder conocer a su animal preferido, durante el recorrido, Kristina le estuvo explicando que había elegido aquel lugar porque quería hacer una donación para ayudar a los elefantes huérfanos que recogían cuando los cazadores furtivos mataban a sus madres. Aquel gesto de Kristina no solo llevarla hasta allí para verlos, sino también hacer aquella donación a Parker le pareció maravilloso, y no hacía más que confirmar la gran persona que era Kristina.

Durante cinco días tuvieron la oportunidad de conocer la labor de aquel centro, también de ayudar con las crías a darles el biberón, compartir con la gente de allí sus impresiones, colaborar en la recuperación de un par de crías. Todo lo que hicieron les unió todavía más porque era un trabajo en equipo y se dieron cuenta que como equipo también se compenetraban de manera muy intensa. Al llegar la noche estaban fundidas pero felices. La gente del orfanato apreciaba la implicación de las dos mujeres que habían colaborado activamente en todas las tareas hasta en la limpieza de excrementos sin rechistar, aunque Parker y los demás no podían evitar las carcajadas por la cara de Kristina. Pero exceptuando aquellas caras, a Parker le sorprendió la actitud de Kristina y se dio cuenta de lo que realmente significaba en la vida de alguien ser capaz de superar los miedos y limitaciones que ella misma se había impuesto. La veía feliz y siempre sonriente, o impactada por lo que le contaban y llorosa ante alguna de las muertes, se habían abrazado más de una vez llorando ante la situación de alguna madre elefante. Aquella experiencia les estaba uniendo de un modo muy fuerte sin apenas percatarse.

—No me iría de aquí —susurró Parker mirando por la ventana de su resort.

—Te entiendo —la abrazó por detrás—. Y si fuéramos valientes podíamos dejarlo todo y quedarnos.

—¿Tú crees? —sonrió.

—Completamente. He sido muy feliz aquí, hemos trabajado mucho y por una buena causa.

—Voy a decirte una cosa —Parker se giró abrazándola y con una sonrisa en los labios que no hacía más que reflejar la de Kristina le dijo—. Nunca pensé que me plantearía dejar mi trabajo pero estos días aquí viendo como salvan a estos pobres animales de la peor raza humana, viéndote a ti tan feliz, compartiendo tantas cosas, haciendo el trabajo juntas me ha parecido lo más maravilloso que he vivido jamás. Y te lo debo a ti.

—¿Has pensado que sería una buena vida para ti y para mí? —le preguntó porque no salía de su asombro escuchar aquello.

—¿Por qué no? Quizá no ahora, con mi madre así pero… ha sido una experiencia que me ha hecho replantearme la vida, sí.

—Me alegro. No pensé que a mí me pasaría lo mismo… Pero estaría en cualquier parte del mundo siempre que esté a tu lado.

—¡Qué bien hablas, mi amor! Consigues que me crea importante —Parker le regaló una de sus sonrisa amplias y felices.

—Lo eres, pero ese es tu lado diva, cariño —dio una carcajada.

—¿Diva? —sonrió ampliamente estrechándola más todavía por la cintura.

—¡Sí! Eres súper Parker, la inspectora sexy que me ha vuelto loca y que ella sabe que vuelve locas a muchas mujeres, Parker la diva.

—Ahora que dices eso ¿cuándo voy a leer mi novela? —reía sin parar aquellas locuras de Kristina.

—Es mi novela —le pegó simpáticamente en el culo.

—¡Pero yo soy la protagonista! Solo espero que me hayas hecho honor a todo esto que estás diciendo.

—¡¡Me encanta tu modestia!!

Bastaba un diálogo así como para que se olvidaran del mundo y se dieran a la pasión más tierna, sensual y a veces salvaje que era habitual en ese día a día que vivían.

Al día siguiente, les costó despedirse de la gente con la que habían colaborado, de alguno de los elefantes a los que les habían permitido darles el biberón, de aquel maravilloso grupo de gente que los respetaba y ayudaba pero prometieron que volverían en cuanto pudieran. Una vez subieron al avión, después de cenar decidieron acostarse para dormir.

—¡De vuelta a casa! —sonrió Parker metiéndose en la cama.

—No vamos a casa —le dijo Kristina con gesto un tanto provocador.

—¿Cómo qué no? —se sentó a su altura mirándola intrigada.

—No, ahora mismo vamos a París.

—¡A París! —lo dijo con gesto atónito.

—Sí —se subió a horcajadas sobre ella rodeando con sus brazos el cuello de Parker que a su vez la abrazó por la cintura—. Y después si no te parece mal iremos a Milán y Florencia. Además tenemos un viaje en tren recorriendo los Alpes Suizos. Luego pasaremos por Londres y llegaremos a Irlanda y Escocia.

—Kristina… —la miró sin entender aquello.

—Era una sorpresa. Vi que tenías libros de Italia, Londres y… pensé que te gustaría conocerlo.

—No me lo puedo creer —susurró mirándola con devoción.

—Quería hacerte un regalo por todo lo que me has ayudado, por todo lo que me demuestras que me quieres, porque además de mi mujer ahora, eres mi compañera y aunque seas mi jefa también, siempre me tratas de una manera increíble para mí. Me siento a tu lado, realmente, como si fuera una princesa, me haces sentir que valgo la pena. Me has ayudado a aceptarme pero también me has guiado en la vida a enderezarme. A no ser indolente ni maleducada. Me siento mejor estando a tu lado —le acarició la cara lentamente mientras le hablaba mirándola a los ojos—. Es como si supiera que siempre vamos a estar juntas porque tenemos una conexión especial, porque me has ayudado, acompañado y apoyado en todo, eres increíble Parker. Y te quiero muchísimo.

—Para que voy a llorar —le dijo con la emoción reflejada en sus ojos—. Yo también te quiero, Kristina. Te agradezco mucho esta sorpresa que… bueno… no se ni qué decirte al respecto —tras un suspiro que intentó controlar la emoción continuó sin separar los ojos de aquellos otros emocionados que la miraban—. Porque para mí también eres lo más importante. Y también creo en esa conexión que dices. No me había pasado con nadie.

—Me alegro —le mostró una sonrisa ampliamente complacida.

—Tengo una mujer maravillosa que además me hace unos regalos que no voy a poder igualar nunca —le dijo Parker sonriendo tímidamente.

—El mejor regalo es tenerte a mi lado con esa sonrisa que me da fuerzas para vivir y me haces tremendamente feliz.

—¡Te amo, Kris!

—Me encanta cuando me lo dices… el corazón parece que me vaya a explotar de lo rápido que va.

Aquella explicación provocó en Parker una gran carcajada.

—Y… bueno… hay otra sorpresa en este viaje.

—¿Mas?

—Sí, era un sueño que tenía desde pequeña.

—¿Dónde vamos? —le preguntó con gesto divertido como si supiera que el destino que le faltaba por desvelar fuera algo pintoresco.

—A Disney World.

—¡No!

—¡Sí! —afirmó riendo de buena gana con algo de timidez.

—¿Sabes qué? —la besó con un beso rápido—. ¡Siempre quise ir a Disney World!

La tumbó sobre la cama y ambas rompieron en grandes carcajadas que terminaron con un momento de pasión.

Los días fueron pasando y con ellos el viaje fue desarrollándose por todas las ciudades que dijo Kristina. Disfrutaron de paseos diurnos y nocturnos descubriendo cada ciudad, de entradas a museos, paseos por los acantilados en Irlanda que eran el sueño de Kristina, de la gastronomía de cada lugar. Al principio Parker había insistido en pagar todo a medias, pero Kristina le pidió que se olvidara del dinero y se centrar en ella y en disfrutar. Le costó un poco pero a la tercera riña de Kristina seria y con el ceño fruncido se dio cuenta que era mejor hacerle caso. Disfrutaron intensamente cada día y cuando las fuerzas les daban una tregua, también de la pasión en las noches que era cuando volvían a los hoteles, compartieron baños largos y repletos de caricias. La convivencia entre ellas era perfecta, sobre todo porque Parker hacía reír sin parar a Kristina, para su asombro había resultado ser mucho más divertida de lo que creía porque Parker había recobrado su alma y con ella volvía a ser la mujer divertida, distendida, sonriente, amable y cariñosa que había sido siempre. Por su parte, Kristina con su ya bien sabida espontaneidad, provocaba en ella también sonrisas por doquier, además de volverla loca con su ternura y con esa candidez que era adorable. Estaban a gusto, les gustaba pasear de la mano o abrazadas, siempre y cuando el país donde estaban no las pusiera en riesgo. Sin embargo, donde más disfrutaron como dos auténticas niñas fue en Disney World. Les gustó tanto que se prometieron volver en cuanto tuvieran oportunidad.

Pero todo lo bueno se acaba y también su viaje de luna de miel llegaba a su fin. Ambas agradecieron tanto a la piloto como a la azafata su trato exquisito, a Kristina se le fueron todas las dudas sobre la piloto, y Parker sonreía porque se daba cuenta de su cambio y eso le hacía sentirse segura. Al llegar a Nueva York, se dirigieron a casa de Parker, habían decidido vivir allí, la casa de Kristina durante aquellas casi tres semanas la habían restaurado y aunque aún le quedaba un poco, al menos, ya era una casa y no daba tanta pena verla.

—¡Ya estamos aquí! —anunció Parker y las tres gatas salieron a su encuentro aunque las pequeñas lo que hacían era seguir a Minnie que se subió de un salto a Kristina—. ¡Mamá! ¿Qué tal estás?

—¡Hija! —Melissa se abrazó a ella y entonces le mostró las manos.

—¡Pero… Pero…! —no daba crédito ni llevaba el bastón ni tenía temblor.

—Me operé a los dos días de iros —su sonrisa demostraba lo feliz que era porque por fin tenía la posibilidad de tener una vida mejor.

—¡Oh, Melissa! ¡Que alegría! —la abrazó Kristina reaccionando antes que Parker que se mostraba tan emocionada que se quedó totalmente paralizada.

—Quería recuperarme para cuando llegarais y aquí estoy. Aún me queda camino por delante pero al menos puedo estar de pie sin bastón.

—¡Qué alegría mamá! —por fin pudo decir algo y lo hizo abrazándose a su madre con la emoción bien mostrada en el abrazo.

—Tenía muchas ganas de deciros que estaba progresando muy bien, todo con la ayuda de Catalina.

—¡Bueno… he hecho poco! Esta mujer es una fiera, Kristina te lo advierto que si Parker ha sacado los genes de mamá Melissa te va a durar mucho.

—¡Me hace feliz saberlo! —sonrió divertida arrugando su nariz mientras le cogía del brazo a Parker que la miraba con la mirada repleta de amor.

—¡Os pensáis soltar y pasar! —les dijo Catalina.

—Ya te lo he dicho Catalina…. no solo tienen conexión en el sexo… van a ser una de esas parejas que se pasan todo el día con la tontería encima… no sé si lo voy a poder soportar…

—Mama… me encantaría que dejaras de opinar sobre nuestra intimidad.

—¿Por qué? A mí me divierte —le reprobó Kristina sonriendo.

—A mí también —dio una carcajada Melissa que recibió un nuevo abrazo de Kristina—. Como he extrañado estos abrazos. Vamos que las chicas están a punto de llegar.

Las dos se metieron en el comedor mientras Catalina miraba sonriente a Parker, que cerró los ojos y suspiró con fuerza.

—Gracias, Catalina.

—No me las des. En realidad no he hecho nada más que acompañarla.

—¿Y te parece poco? —la abrazó feliz.

—¿Qué tal ha ido?

—¡Uf! Ha sido mágico. Creo que he tenido mucha suerte, debo reconocer que le debo a Eric que me hiciera responsable de Kristina, me hace muy feliz.

—Se nota.

—No hemos tenido ningún problema salvo por el dinero.

—¡Imagino! —elevó las cejas haciendo un gesto exagerado—. Conociéndote.

—Nos compenetramos muy bien, hablamos de muchas cosas, compartimos muchos gustos, y ha sido enriquecedor visitar con ella museos hemos aprendido mucho. No sé… a veces me pellizco para darme cuenta que es real.

—Me alegra tanto escucharte decir todo eso. Te merecías por fin tener una oportunidad que además estoy segura va a ser para toda la vida.

—Es la primera vez que estoy completamente de acuerdo contigo —le guiñó un ojo feliz.

—¡Lo que me voy a divertir con vosotras! Madre mía… sois de un baboso…

Desde el comedor Kristina y Melissa escucharon nítidamente la carcajada de Parker, y a Kristina se le dibujó una sonrisa.

—¡Qué cara de boba pones cuando sonríe mi hija! Me encanta.

—La amo —le dijo radiante abrazándola—. Estas semanas han sido las mejores de mi vida, y pensar que todos los días van a ser así…

—Bueno, pero a ver, las dos tenéis vuestro carácter y seguro que habrán momentos no tan buenos.

—Lo sé. Lo sé. Estoy aprendiendo tanto a su lado…

—Me alegra saberlo.

—Melissa toda mi vida había cerrado los ojos e imaginado una vida tranquila como la mayoría de la gente tiene. Me desesperaba porque no llegaba… pero con Parker tengo eso y mucho más.

—Nunca la he visto tan feliz. Gracias, mi pequeñaja. Por cierto tenemos que hablar sin que se entere Parker… a ver cómo lo hacemos.

Sonrieron volviéndose a abrazar. Justo en el momento en que entraban Catalina y Parker. En ese instante llegaron el resto de chicas. Habían preparado una merienda a lo grande y aunque ellas aún arrastraban cansancio y mucho sueño atrasado, disfrutaron de lo lindo con aquella reunión. Kristina estuvo todo el rato sonriendo y cuando contaba alguna de las anécdotas que les había pasado sobre todo en el orfanato de elefantes todas podían ver la química que existía entre ellas, las miradas repletas de amor y la complicidad.

—¿Cuándo os incorporáis? —preguntó Judi.

—Mañana —respondió Parker con una sonrisa—. ¿Hay algo que deba saber?

—El detective Adams ha solicitado la jubilación.

—¡Cómo! ¡Eso no puede ser! —dijo Kristina con tristeza.

—Dice que ya está mayor para seguir el ritmo y que hay que hacer cambios, es ley de vida.

—Hay que respetar su decisión aunque… lo vamos a echar todos de menos —dijo Parker algo apenada.

—¿No vas a tratar de convencerlo para que se quede? —la miró Kristina seria.

—No, cariño. Es su decisión y hay que respetarla. Mañana hablaré con él pero para ver qué le ha llevado a jubilarse.

—¡Está harto de todos, ha dicho tajantemente! —dijo sonriendo Laura con la sonrisa de todas y una mirada entre Kristina y Melissa.

—¡Una cosa, chicas! Acordaros que nada de cariño, mi amor, mi vida y todas esas frasecitas que os dedicáis —les advirtió Kim.

—Es verdad —rompió en una carcajada feliz Parker.

—Parecéis sacadas de una novela de Corín Tellado —apuntó Catalina ante la risa de todas.

—Pues no sé si voy a saber no llamarte osita, mi amor —respondió con seriedad Kristina.

Bastó aquella frase para que el ambiente algo triste que se había creado al hablar de la jubilación del detective Adams, cambiara en grandes carcajadas y en burlas de todas hacia Parker que reía feliz. Todas se percataron que desde que la conocían nunca la habían visto tan radiante.

La reunión se había estirado algo más de lo previsto, estaban tan a gusto que les supo a poco el rato, por petición de Parker se quedaron a cenar y encargaron unas pizzas. Durante la cena, Kristina habló con Melissa que le explicó que estaba muy bien en el hotel pero que prefería irse a casa. Porque le parecía que abusaba demasiado de su amabilidad.

—¿Lo haces por eso? —le preguntó Kristina con el ceño fruncido y esa arruga que a Parker le “ponía” tanto.

—Claro, es demasiado abuso por mi parte.

—¿Pero tú estás bien allí? Dime la verdad —la mirada de Kristina era intensa y profunda, como siempre que miraba a alguien con quien hablaba con preocupación.

—¿Bien? Son adorables, todos. Se han preocupado por mí desde que les dije que me iba a operar, me han ayudado en la piscina a recuperar movimiento en las piernas… son un encanto.

—Melissa, esa suit es mía, nadie la va a usar. Estará vacía siempre porque yo no voy a estar allí. De hecho, mi abuela tampoco estaba, quiero que si la razón es esa te olvides inmediatamente y te quedes. Si estás bien no veo por qué tienes que irte.

—Mamá… haz caso a Kris —apuntó Parker mientras se comía el chocolate sin casi percibirlo ante la mirada divertida del resto de chicas.

—Gracias, mi amor —la miró con esa sonrisa que solo le dedicaba a ella.

Y los silbidos de las chicas volvieron a hacer reír a todas. Melissa finalmente aceptó estar en el hotel, era mucho más cómodo que su casa, además tenía una terraza impresionante donde podía tomar el sol con precaución tal y como le habían dicho los médicos. Y porque también, estaba en una zona cercana al departamento, con su estado podía ya caminar y había empezado a dar paseos ayudada por el bastón pero cada semana lo hacía un poco más largo. Parker se sentía orgullosa de las dos, de su madre por el esfuerzo que estaba haciendo para ponerse bien después de tantos años luchando con su enfermedad, y con Kristina por mostrar ese gran corazón que tenía.

Se despidieron con abrazos y besos mientras antes de salir Catalina abrazó a Kristina diciéndole.

—Parker se ha comido solita una tabla entera de chocolate… ¡a ver qué haces!

—Gracias por chivármelo no me he dado cuenta.

—¿Qué hablais vosotras dos? Tenéis un peligro…

—Nada, Parker. Cosas nuestras. Me alegro que estéis de vuelta, la verdad que se os extrañaba.

—¿Los brazos bien para trabajar? —le preguntó con seriedad Parker mientras cogía por los hombros a Kristina.

—Sí, tuve suerte que el doctor ha trabajado en campos de torturas y supo cómo sacar las agujas. Así que ya sabes, Kris, cuando quieras mis muertos y yo te esperamos.

—¡Deja, deja! —sonreía negando con la mano mientras las despedían.

Una vez se quedaron solas se abrazaron felices, Minnie con Par y Ker no se separaban de Kristina. Todas juntas se fueron hasta la habitación. Una vez se acostaron y pusieron las alarmas para madrugar, Parker quiso sacar un tema al que había estado dando vueltas. La casa.

—¿Kristina de verdad te gusta vivir aquí?

—Claro, ya te lo dije tu casa me parece maravillosa. No necesito más —se acurrucó en su cuerpo.

—Vale —sonrió un poco nerviosa.

—¿Tú quieres que vivamos en otro sitio?

—Bueno, había pensado que quizá podríamos buscar un lugar que nos guste a las dos y podamos comprarnos la casa a medias.

—Eso suena bien —le sonrió ampliamente—. ¿Has visto alguna casa que te guste?

—No, la verdad que no, me gustaría que pudiéramos verlo juntas. Me gusta vivir en esta zona porque tenemos ese refugio de la montaña y realmente se vive muy tranquila.

—Eso es cierto, a mí también me gusta.

—¿No decías que vivía muy lejos? —se acodó en la cama mientras la miraba con una sonrisa divertida y su mano se deslizaba por dentro de la camiseta ante la sonrisa pícara de Kristina—. Que te parecía un horror.

—Eso era antes, la otra Kristina.

—¿La otra Kristina? —ladeó un poco la cabeza mientras elevaba las cenas.

—Parker, si sigues no puedo pensar y hablar —Parker dio una carcajada—. Podemos mirar casas por aquí.

—Está bien. Lo haremos, hay algunas de nueva construcción un poco más arriba. Están más cerca de la montaña.

—Me encanta tener proyectos conjuntos.

—Lo sé, por eso le había dado vueltas a la cabeza porque creo que sería justo hacerlo así. Sé que estás bien aquí, a mí me gusta mi casa pero me parece razonable estar en un lugar en el que las dos podamos participar de todo.

—Te quiero —le soltó de pronto subiéndose sobre ella ante la carcajada de Parker.

—Y yo.

—¿Y sabes qué? Los vecinos después de todos los sustos que les hemos dado van a hacer una gran fiesta al perdernos de vista —dio una carcajada.

—Que mala eres pero que verdad. ¿Ya puedo seguir? —le preguntó volviendo a tocar suavemente su piel.

—Sí. ¡Ay! —dijo con un suspiro prolongado que desató la carcajada primero en Parker y después el deseo subiéndose sobre ella—. Mi osita…

Al día siguiente cuando sonó la alarma de Parker, la apagó con pereza. Qué bien se estaba viajando por el mundo sin horarios. Al abrir los ojos rememoró aquella noche en la que empezó todo, en la que Kristina empezó a despertar en ella un deseo incontrolable. Aquel muslo apretando su sexo, aquellas manos tocándola. Era un pulpo en la cama y le provocaba esa sonrisa feliz de despertarse sintiéndola tan próxima a ella. Se sentía protegida, pero sobre todo, se sentía realmente amada. Recordó aquella primera mañana que la llamó lo que le costó despertarla y todo lo que vino después.

—Kris… Kris… cariño hay que ir a trabajar.

—Voy.

—Mi amor… puedes soltarme un poco que me levante y voy preparando el desayuno —le decía sonriendo.

—Voy.

—¡Kris! —soltó una carcajada.

—No te vayas —murmuró sin soltarla apretándola más.

—Cariño hay que ir al departamento.

—Mmmm —renegó para finalmente soltarla.

—Te dejo cinco minutos más.

Y al salir y verla aferrada al edredón recordó como la primera mañana se lo quitó, ante sus protestas y sonrió. Quien le iba a decir a ella que de aquella primera mañana iba a ir naciendo entre ellas aquella relación tan maravillosa.

Llegaron al departamento entre los aplausos de todos, Kristina lo primero que hizo fue ir al detective Adams y abrazarse a él.

—¡Tenemos que hablar! —le susurró seria.

—No estoy en condiciones de soportar una luna de miel —respondió con su gruñido habitual.

—Es sobre usted.

—¡Mucho menos! —refunfuñó.

—Detective, por favor, ¿puede pasar a mi despacho cuando termine de saludar a Kristina?

Kristina se fue a su sala donde junto a Wally tanto había aprendido. Se intercambiaron lo ocurrido en la vida de cada uno en esas semanas. Él le contó tan feliz como nervioso que el niño parecía que estaba a punto de llegar, mientras ella le explicó algo que había estado dándole vueltas.

—Wally, tú has creado la aplicación para que si ocurre algo, todos estén avisados al momento con la localización del lugar donde deben ir para ayudarse.

—Sí —respondió mirándola con atención.

—Después de todo lo que ha pasado, necesitamos crear una aplicación para evitar espías poderosos como lo fue el desgraciado de Ingo, o Maura. Necesitamos actualizar ese muro de contención ante los virus espía.

—Muy bien pensado. Confieso que yo también he estado pensando en eso.

—¿Te parece que lo hagamos? Juntos podemos desarrollarlo.

—¡Me parece fantástico! Gracias a tu ayuda pude encontrarte, el tema del dron fue vital.

—Juntos somos infalibles, no hay malote que pueda con nosotros —decía sonriendo.

—¡Pues empecemos!

Mientras, en el despacho de Parker el detective Adams se confesaba con la inspectora.

—Creo que mi hora ha llegado, inspectora. Con estos últimos casos me he dado cuenta que no he estado a la altura.

—No permito que diga eso. Cada uno hemos tenido una aportación y la suya ha sido tan necesaria como las del resto. Si se quiere jubilar porque está cansando o por cualquier motivo que no sea ese, lo acepto, pero me gustaría que lo reconsiderara, le necesito en mi equipo.

—Le agradezco su confianza, creo que ha llegado mi hora.

—¿No puedo convencerle?

—No. Lo he meditado mientras usted ha estado fuera, creo que es lo mejor, así puedo encargarme de empezar mi vida fuera de este departamento.

—Está bien. Aunque estoy convencida de que lo necesitamos. Hablaré con el jefe Moss y prepararemos los papeles.

—Gracias, inspectora.

Ella puso gesto de fastidio pero no tenía más remedio que aceptar lo que él quería. Al ver que iba a levantarse, le dijo:

—Detective, me gustaría ir a casa de Peter, ya me han dicho que está fuera del hospital.

—Sí, sí. Alex ha ido a visitarlo en casa. Yo estuve con él en el hospital. El muchacho está terriblemente afectado.

—¿Me acompaña?

—Claro. Pero espero que en el camino no me cuente la luna de miel —volvió a refunfuñar.

—No, detective. De eso se encargará Kristina.

Cuando llegaron a casa de Peter, les abrió la puerta la madre que ante el estado anímico que sufría se había quedado con él. La mujer seguía agradeciendo a la inspectora que hubiera protegido a su hija de la manera que lo hizo. Les hizo pasar al comedor donde Peter estaba sentado en un sillón. Antes de dejarles pasar, les dijo que se había sumido en una depresión y que nada le ayudaba, ni la medicación ni las terapias a las que estaba yendo. Ambos le pidieron hablar con él a solas, la mujer con la esperanza de que pudieran ayudarle, así lo hizo tras ponerles un café con pastas. Al verlos, Peter mostró un gesto de sorpresa e impacto, sobre todo, porque estaba allí la inspectora y la temía.

—¿Qué tal estás? —le preguntó Parker con tono sereno.

—Lo siento, inspectora. De verdad, lo siento y le pido perdón sé que he cometido un error muy grave, yo amaba ser policía y quería ser como ustedes… pero no sirvo para ello. Lo siento, siento todo el daño que provoqué.

—Peter, todos cometemos errores. Si bien es cierto que el tuyo fue muy grave porque no solo pusiste en peligro nuestra vida, también la tuya y la de tu familia.

—Lo sé —comenzó a llorar.

—Hijo… escucha a la inspectora —lo miraba con cierta lástima.

—Una de las cosas que siempre digo a quien se incorpora a mi equipo es precisamente eso, somos un equipo. Por muy mal que estén las cosas debemos confiar los unos con los otros y entre todos encontrar soluciones. Debiste confiar en nosotros.

—Tenía miedo, me vigilaba con el móvil y no sabía cómo hacerlo. Lo siento, de verdad.

—¿Crees que has aprendido algo de esto? —le preguntó muy serio el detective.

—Llevo desde que desperté pensando que he echado por tierra todas mis ilusiones, que había aprendido a ser parte de ese equipo como muy bien dice, al que admiro de verdad. Recuerdo cuando seguí al ex de Kristina que todos se alegraron de mi descubrimiento, yo quería eso, quería formar parte del mejor departamento de la ciudad. Y debí confiar en que me ayudarían a salir del infierno en el que entré. No dormía, no podía comer… todo por responder una pregunta que hizo en un foro.

—No, Peter. Él sabía que tú eras policía y de este departamento, fue lo que necesitaba alguien que le ayudara desde dentro. El jefe Moss me ha preguntado qué voy a hacer contigo —Parker lo miraba seria—. Como bien sabes, lo que ha sucedido es una falta muy grave y ahora mismo no estás en condiciones de llevar un arma. Pero quiero que te comprometas conmigo a ir a un médico que te va a ayudar, nos ha ayudado a todos porque en algún momento lo hemos necesitado. Me has demostrado tener ilusión por aprender, no sé si al final de esto te quedarás con nosotros pero reconozco que tu posición era complicada y tomaste la peor decisión, aunque el valor que tuviste de enfrentarte a él solo, me parece que ayuda a la hora de explicar los jefes que intentaste acabar con él. Depende de ti, de lo que quieras hacer y de lo que estés dispuesto a comprometerte conmigo.

El resultado de aquella visita fue el compromiso de Peter con ambos de salir de aquel agujero en el que estaba y reincorporarse al grupo. Si él lloró de emoción, ni que decir de su madre que se abrazó a Parker realmente agradecida.

—¿Sabe, inspectora? A veces en la vida hay que dar segundas oportunidades porque todos nos equivocamos.

—¿A qué ex le va a dar una segunda oportunidad? —le dijo mirándolo de reojo.

—Pues si usted me lo permite, a su madre.

Parker se quedó paralizada. Le había impactado tanto aquella frase que no podía reaccionar. Su mirada se había quedado perdida sin ver realmente nada, porque su cabeza estaba tratando de asimilar aquella noticia. Él la miraba serio no esperaba una reacción de felicidad pero tampoco imaginó ver como se había quedado paralizada.

—¿Cómo? —preguntó con el ceño fruncido.

—Verá, inspectora, su madre es una mujer maravillosa hace unos años cuando Maura y usted estaban tan mal, ella buscaba mi ayuda y hablamos mucho de la vida, de los hijos… estuvimos apunto de dar el paso pero hacía poco tiempo que su padre había fallecido que yo me había separado… y, realmente, no era nuestro momento. Pero su madre para mí es una mujer íntegra, de esas mujeres que hay pocas, con un carácter que me ayuda a no desviarme del camino. ¿Recuerda la noche de los pepinillos? Pues ahí me di cuenta que no podía dejarla escapar.

El gesto de Parker trataba de no mostrar lo que estaba pensando.

—Estas semanas que usted no ha estado aquí, hemos vuelto a acercarnos. Hemos cenado muchas noches, hemos ido al cine y le he ayudado en su recuperación. Con su permiso y mi respeto, su madre es la única mujer que me ha hecho replantearme muchas cosas en la vida, y una de ellas era dar una oportunidad al amor que usted mejor que nadie sabe, me he negado a ello.

—Pero… vamos a ver… a ver… esto… esto me parece muy fuera de lugar —decía sonriendo a punto de sufrir un ataque de risa por la situación y los nervios.

—Lo siento. Yo sabía que no le iba a sentar muy bien.

—No, no… Mi madre… bueno… quiero decir que… ¡Dios! —cerró los ojos y se puso la mano en el estómago.

—Quiero esa jubilación para poder hacer lo que siempre he querido hacer, viajar. Y su madre quiere lo mismo.

—¿Viajar? —lo miró abriendo los ojos de par en par.

—Sí.

—¿Mi madre quiere viajar? —le preguntaba atónita a esas alturas con las cejas elevadas y la boca abierta.

—Sí, jefa.

—Dios —susurró dando una vuela sobre sí misma.

—Sé que va a necesitar un tiempo para asimilarlo.

—Gracias, desde luego, lo voy a necesitar. Será mejor que volvamos.

El camino lo hicieron en silencio, Parker no daba crédito a lo que acababa de ocurrir. Su madre y el detective habían estado juntos cuando su padre murió ¿y ella no se había enterado? Al llegar al departamento, Parker llamó a Kristina a su despacho. Al pasar por delante del detective él contrajo la barbilla y dobló la cabeza en señal negativa. Abrió la puerta y Parker caminaba de lado a lado del despacho con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, se había quitado la chaqueta quedándose con un suéter rojo muy ajustado a su cuerpo. Había pasado las cortinas y Kristina al verla, se preocupó.

—¿Qué te pasa?

—¿Tú sabías que mi madre y el detective están liados?

—¿Liados? ¿Liados de estar liados?

—¡Sí! —le dijo con voz rotunda.

—¿De verdad?

—Tengo cara de estar bromeando.

—Yo veía que se entendían muy bien con la mirada pero…

—Pues se entienden algo más que con la mirada —respondió con el tono repleto de amargura.

—¿Y por eso estás atacada y enfadada?

—¡Kristina es mi madre! Y lo peor, es el detective —dijo sacando una mano del bolsillo señalando hacia él.

—¿Y? —preguntó elevando un hombro mientras desviaba la mirada hacia un lado.

—No puedo creerlo. ¡El detective solo tiene relaciones tóxicas que acaban fatal! ¡Y con quien va a tener su próxima relación es con mi madre! ¿No te das cuenta? —elevó un poco la voz aunque habló entre dientes.

—Cariño… es tu madre pero es una mujer que siente, que tiene sus pensamientos, sus emociones tú eres su hija pero eso no te da derecho a ponerte así. Es su vida.

—¿Ahora no tengo derecho a ponerme así? ¿Te recuerdo cuando no podías entender que tu abuela estuviera con Don? —elevó las cejas ladeando un poco la cabeza aquel gesto le hacía parecer que tenía una actitud algo chulesca.

—Bueno… pero… yo lo entendí.

—¡Ya, claro! —expresó con ironía.

—Parker… he visto a Melissa muy feliz. Y el detective tiene un corazón enorme, a mí me ha ayudado mucho. A ti te aprecia muchísimo. Es un buen hombre…

—Mi madre dijo que no quería más hombres después de mi padre.

—¿Y tú también dijiste que no querías más mujeres después de Maura? Y aquí me tienes. Y ahí estás tú coladita por mí, pero muy muy muy coladita —le decía acercándose a ella con gesto serio—. No tienes ningún derecho a juzgarles, ni siquiera como hija. Es su vida y te aseguro que el detective no le hará daño a Melissa.

—Estamos hablando del detective gruñón que lleva seis matrimonios a sus espaldas —mantenía su gesto enfadado.

—Bueno… pero con Melissa va a sentar la cabeza —le pasó las manos por el cuello.

—¿Por qué tengo la sensación de que estás encantada? —le preguntó entornando los ojos.

—Porque quiero mucho al detective y muchísimo a mi mami. Y sé que van a ser muy felices como tú y yo. Y cuando se te pasen los celos que sientes ahora mismo… te darás cuenta que Melissa se merece tener la vida que ella quiera, y si esa es la vida que ha elegido ni tú ni nadie puede oponerse.

—¡Dios mío… no quiero pensar lo que estoy pensando!

—¿Si han tenido sexo?

—¡Kristina! —le riñó con las cejas enarcadas formando una expresión de estar a punto de llorar.

—¡Parker! —respondió dando una carcajada enorme—. Eres maravillosa, me encanta como tratas de proteger a Melissa.

—No quiero que sufra.

—No va a sufrir.

—Me gustaría estar tan segura como lo estás tú —le cogió las manos y suspiró con fuerza—. Creo que le debo una disculpa al detective. No he reaccionado demasiado bien.

—Pues se la das pero espera…

—¿Qué?

—Aprovechamos que están las cortinas pasadas… me muero por un beso.

—¡Ay, Kristina! —le sonrió pasando las manos por la cintura.

—Te quiero, cariño. Y sé que vas a hacer lo correcto con este tema.

—Gracias…

—¿Sabes? —se estaban besando.

—¿Qué? —respondió besándola por el cuello.

—Creo que Melissa se ha operado por eso.

—Mmm me encanta tu cuello… ¿para qué?

—Para tener sexo.

—¡Kristina!

La separó mientras Kristina reía a carcajadas.

Aquel día habían comido todas las chicas juntas de nuevo. Parker dio la noticia que fue recibida por todas con un ¡ya era hora! Que le hizo sentir a Parker que era la única que no se había enterado de lo que pasaba con su madre. Además tuvo que soportar la opinión de todas contra ella por su actuación con el pobre detective. Les prometió que iba a hablar con él cuando subiera. Algo que no pudo hacer porque el jefe Moss la llamó para una reunión que duró toda la tarde. Lo que sí sucedió a media tarde fue una parada para tomar un café, Catalina subió aburrida porque en esa gran ciudad llevaba horas sin tener un muerto sobre su mesa. Y pudieron aprovecharse de la ausencia de Parker para hablar con Kristina sobre ella. Todas estuvieron diciéndole que nunca la habían visto tan feliz, y sonriendo tanto. Aquella afirmación a Kristina le hizo sentirse por un momento importante.

—Amo a Parker, y estoy segura que siempre va a ser así.

—Kristina… ahora estáis recién casadas, habéis tenido un noviazgo efímero y por lo tanto todo se ve de color de rosa —le advirtió Laura.

—Eso es cierto —agregó Kim.

—¿Qué queréis decir? —las miró alternativamente.

—Que por muy enamorada que estés ahora, a veces, el amor no es para siempre.

—En mi caso, sí. Y estoy segura que en el de Parker, también.

—Puede… pero solo tratamos de que seas realista. Por nosotras encantada que sea así —le dijo Judi.

—No veo otra manera, la verdad —les dijo segura de sí misma—. La amo y me ama. No necesito más para saber que estaremos siempre juntas.

Llegó la hora de marcharse a casa cuando Parker iba a disculparse con el detective vio llegar a Melissa. Era el momento en que Kristina salía de su despacho, la abrazó sonriendo y vio como su madre daba una carcajada. Se acercó al detective y él le dijo algo bajito, aquello que le dijo sabía que iba a ser su condena, tanto Kristina como Melissa dirigieron su mirada hacia ella. Tragó saliva, al ver que su madre con el bastón se dirigía hacia su despacho, pensó que era mejor adelantarse a dejar que le diera una de sus broncas.

—Mamá —le sonrió forzadamente como la niña que sabe que le va a caer una reprimenda de las gordas y trata de impedirlo—. Iba ahora a hablar con el detective.

—¿Tienes algún problema? Porque si es así me lo dices a mí —lo decía con mirada y tono gélido que a Parker la ponía en tensión a pesar de sus más de cuarenta años.

—No… mamá… es tu vida —respondió con una sonrisa nerviosa.

—Exacto.

—Me ha chocado, nada más. No lo esperaba porque te pregunté y no me dijiste nada.

—Ni negué ni confirmé, Joan debía estar seguro del momento exacto para decírtelo. Y yo lo respeté. Ahora sal y dile que lo entiendes y aceptas.

—Sí, es lo que iba a hacer antes de que llegaras tú —pero entonces la miró fijamente, suspiró tratando de actuar con tacto, porque sabía que fuera el detective y Kristina la estaban observando, y seguro que opinando sobre su actitud—. ¿Mamá… estás segura?

—Sí. A mi edad, he descubierto que puedo sentirme bien junto a un hombre bueno, cabezón y gruñón.

—Por eso mismo… ¿estás segura? —insistió mirándola con un poco de resquemor.

—Completamente, hija —respondió con firmeza asintiendo con la cabeza.

—Me va a costar un poco asumir esto, te soy sincera… lo siento… perdóname si no he reaccionado como esperabas.

—Lo sé. Por eso quiere Joan jubilarse, para no molestarte porque es consciente que te va a costar. ¿Me estás pidiendo que te perdone por tu reacción infantil? —Parker cerró los ojos mientras fruncía los labios con una minúscula sonrisa—. Claro que te perdono era justo la reacción que esperaba porque me quieres proteger de cualquiera sufrimiento. ¿Además, crees que porque esté con Joan voy a olvidar a tu padre?

—Yo…

—Sé lo que sientes, yo sentí lo mismo cuando mi padre se volvió a casar. Pero nuestro egoísmo como hijas a veces nos juega malas pasadas, yo quise a tu padre eso siempre será así.

—Vale… has logrado que me sienta ridícula —sonrió a punto de llorar.

—No quiero que te sientas ridícula, quiero que estés feliz por mí y por él porque sé que lo aprecias.

—Sí, es verdad.

—Ve, cariño.

Parker dio un soplido fuerte, soltó un poco la musculatura de la espalda que desde que le había dado la noticia el detective se le había contracturado un poco. Salió del despacho y allí estaban los dos solos esperando, todos se habían marchado ya. Ambos se le quedaron mirando. El detective con algo de temor, Kristina con ese amor que sentía por ella.

—Detective… siento mi reacción de antes. Me ha pillado muy de sorpresa.

—Imagino —le dijo él con su habitual seriedad.

—Pero… me alegro de que esto haya pasado.

—Gracias, inspectora —ambos mantuvieron la distancia y el tono distante pero amable.

—¡Bueno pues nada… ya puedes llamarle papá!

Dijo Kristina tratando de aguantar la risa. Lo hizo para destensar un poco el momento que estaban pasando ambos, y ante la mirada asesina de los dos dio una carcajada acompañada por otra de Melissa mientras se iba a Parker y la abrazaba susurrándole en el oído.

—No esperaba menos de ti, estoy muy orgullosa.

Una vez llegaron a casa, tras hablar por el camino Kristina de lo felices que iban a ser y Parker tratando de verlo de tal manera, fue como si entraran en ese refugio que habían creado para ellas. Saludaron a las gatas y subieron a la habitación para cambiarse. Una vez ambas estaban con ropa cómoda Kristina carraspeó. Estaba justo detrás de Parker que al escuchar ese carraspeó sonrió de lado.

—Sea lo que sea que me vayas a hacer, hazlo ya —le dijo Parker.

—¿Hacer? —la miró sorprendida—. Iba a decirte una cosa.

—¡Oh! Entonces… —se le acercó un poco bajándole con sensualidad la cremallera de la chaqueta que llevaba Kristina a quien el gesto se le fue suavizando—… me vas a dejar así como estoy.

—Parker… —sonrió de lado moviéndose un poco.

—Te necesito, cariño…. Mucho —le sonrió al tiempo que le entornada los ojos.

—Eres irresistible.

Tras el momento de pasión y ternura llegó para ambas la calma. Estaban abrazadas en la cama, Parker con los ojos cerrados con la sonrisa perpetúa en los labios mientras la yema de su dedo índice recorría lentamente el brazo de Kristina que reposaba sobre su pecho con el mismo gesto feliz que ella.

—Kristina…

—¿Qué? —musitó sin fuerzas.

—Me haces muy feliz y quiero que lo sepas —el suspiro que soltó sobre su pecho le provocó una sonrisa—. ¿Qué me ibas a decir?

—¡Ah, sí! Dios haces que se me olviden las cosas.

—A mí me pasa igual… se me había olvidado hasta la exclusiva de mi madre.

—Cariño… ¿pero a qué tienes tanto miedo? —la miró seria.

—A que sufra, porque si sale mal el detective es una persona muy importante para mí, no solo me ha ayudado como inspectora me ha ayudado como persona, y me da miedo perderle porque ahora esté con mi madre a la que me aterra verla sufrir.

—¿Y si no sufre ninguno de los dos? ¡Y si son felices! Parker vive el día a día… hoy estamos aquí mañana no lo sabemos, si Melissa y el detective son felices hoy pues nosotras somos felices por ellos. Es su vida, son mayorcitos y de verdad creo que el detective necesita alguien como Melissa, una mujer como ella le hará valorarse más también. Él es un gran hombre que le cuesta reconocerlo.

—¡Eres tan inteligente! Tienes razón no debería preocuparme…

—Todo va a ir bien —la miró intensamente.

—De acuerdo. Y ahora venga… que me ibas a decir.

—Pues… espera —se levantó corriendo. Se puso una bata y bajó las escaleras a toda velocidad. Parker sonreía. Subió y con la respiración agitada por la carrera le dijo subiéndose sobre ella—. Tengo un regalo para ti. Que afortunadamente estaba fuera de mi casa cuando Ingo la quemó.

—¿Qué es? —se había puesto la camiseta de tirantes y el pantalón corto, mirándola con total devoción.

—Estoy muy nerviosa —su sonrisa la delató y la de Parker le pareció tan tierna que cerró los ojos, tras un suspiro los abrió y le dijo—. Es mi novela.

—¡Ya estás tardando en dármela! —le animó al ver que Kristina se la guardaba detrás de la espalda.

—Sí, espera. Quiero que me digas la verdad cuando la termines.

—Claro. No lo dudes —le sonreía—. Espero que esa inspectora sea… ¿irresistible has dicho antes? —enarcó una ceja con gesto cautivador—. Pues espero que sea tan irresistible como yo.

—¡Serás creída y vanidosa! —dio una carcajada acompañada por Parker se le había echado encima dejándola de lado en la cama riendo sin parar. Entonces le dijo en un susurro repleto de pasión—. ¡Pero tienes razón, eres irresistible y creo que mi inspectora también!

—Entonces me va a encantar —la echó a la cama y se puso sobre ella.

—¡No vale tienes mucha fuerza! —protestó Kristina riéndose—. Siempre consigues bajarme.

—¡Tienes que hacer ejercicio! Dame mi libro.

—Toma… —sonrió con vergüenza.

—De acuerdo, haz la cena que voy a leer.

—¡Oye! ¡Pero bueno… tendrás rostro! —le gritaba mientras Parker sonreía y se marchaba de la habitación hasta el comedor—. Gracias, vida, por darme una mujer como Parker, te estoy agradecida.

Kristina preparaba la cena mientras de vez en cuando asomaba su cabeza y veía a Parker toda entusiasmada leyendo con Par y Ker sobre sus piernas mientras Minnie estaba con ella. Una vez tuvo la cena lista, la avisó para ir a cenar.

—Voy.

Llegó a la cocina y Kristina la miraba fijamente. Parker cogió un trozo de zanahoria y se lo puso en la boca. Sacó la botella de vino y se sentó ante su plato de pasta y ensalada con croquetas de pollo.

—Qué buena pinta tiene todo. Tengo un hambre.

—¿Sí?

—¿Tú no?

—Sí.

—¿Por qué me miras así? —se hizo la interesante.

—¡Dime algo! —le urgió.

—Algo —le dijo seria mirándola tan fijamente como ella la miraba.

—¡Parker!

La riñó ante las carcajadas de Parker que no podía resistirse a jugar con ella. Kristina la miraba con total perplejidad.

—Me está encantando. Antes que nada, la portada me parece impresionante.

—Te hice esa fotografía un día y la tenía guardada como oro en paño. Quise que la pintaran en carbón porque me pareció en mi mente que no te mostraba a ti físicamente pero sí en esencia. Y el chico que la ha pintado es un artista.

—Desde luego, me he quedado impactada de verdad. Y la novela debo decirte que me has impresionado con tu maravillosa forma de escribir… ¡y tenías dudas de que podías dedicarte a esto!

—¿De verdad lo crees? —la miró con el tenedor a medio camino y gesto un tanto perplejo.

—Por supuesto, tienes un potencial bárbaro, créeme he leído mucho pero tu estilo es francamente bueno. Sencillo pero a la vez tan intenso que me ha atrapado. Ahora… déjame decirte que voy a pedirte derechos de imagen… no sabía que pensabas que tengo un culo apretadito y mono.

—¡Ay, dios! —susurró tapándose con la servilleta—. Pues sí, lo tienes y me vuelve loca.

—En serio, Kristina. Me gusta la historia y me estás sorprendiendo aunque cada día lo haces de algún modo. Eres muy grande, cariño.

—Para, que me pongo colorada.

—Quiero que creas en ti, ¿de acuerdo? —la apuntó con el tenedor.

—Sí.

—Voy a tener una mujer escritora y famosa.

—No voy a hacer nada con esa novela, es para ti. Quiero trabajar en el departamento, contigo y con el resto. Solo he querido darme el gusto de hacerte este regalo.

—Bueno… hablaremos sobre esto más adelante.

SEIS MESES DESPUÉS

En su nueva casa que estaba en la zona más alta de Englewood, la pareja vivía rodeada por la naturaleza, el sonido de los pájaros y una calma que les hacía felices. Durante esos meses habían trabajado en muchos casos ninguno de la magnitud del caso de Ingo, pero Kristina había ido aprendiendo y como Wally ya había sido papá de una preciosa niña, ella se encargaba de las filmaciones de los escenarios donde ocurrían los crímenes. Y aunque había llegado un nuevo detective que trabajaba muy bien, a todos les faltaba el refunfuñar del detective Adams. También se había reincorporado Peter quien agradeció la manera en la que todos lo recibieron y ayudaron.

En lo personal, ambas seguían manteniendo su buena vibración juntas, sin grandes broncas, alguna discusión que acababa a los pocos minutos con una gran reconciliación, y un par de viajes en los fines de semana que tenían libres. Disfrutaban de la compañía mutua, además de salir con las chicas que habían vuelto a retomar el viejo hábito de cenar una vez a la semana juntas cada vez en casa de una de ellas. Eran felices y todos veían esa complicidad en ellas que les hacía diferentes. Por su parte, Kristina junto a Don habían comenzado a preparar un gran refugio en una iglesia abandonada que habían comprado, iba a ser el refugio gatuno Davis. Y juntos disfrutaban preparando las instalaciones y cómo sería el cuidado de los animales. Cuando Eric veía trabajar a aquella pareja, no podía más que sonreír le parecía tan increíble que a veces debía parpadear para creerlo. La fortuna de Kristina Davis no hacía más que incrementarse, Parker la había ayudado en algunos movimientos con las acciones y algunas decisiones sobre sus bienes inmobiliarios que había resultado ser un completo acierto. Tal y como decían, tanto en los negocios como en el amor eran afortunadas.

—¡Cariño! Ya estoy en casa —anunció Parker que llegaba aquella tarde después de una reunión larga en el departamento.

—¡Mi amor! ¿Qué tal ha ido? —se besaron.

—Un tostón… como todas.

—¿Pero habéis averiguado algo de esas chicas?

—Poca cosa. Tener dos chicas con un número tatuado en la base del cráneo me hace pensar que estamos ante algo feo. Pero como siempre me piden calma para investigar.

—A Catalina no se le pasa nada.

—Es la mejor. Déjame que me quite los tacones y me explicas qué tal tu tarde.

—Claro.

Kristina se mostró algo nerviosa, la sonrisa que utilizó para responder daba muestras de ello. Había esperado que llegara Parker para encender las luces del jardín y poder hablar con ella con dos copas de vino sentadas tranquilamente en los sillones de mimbre que tenían junto a la piscina. Parker llegó y le dejó un beso en la cabeza.

—¿Sabemos algo de los tortolitos? —le preguntó mientras se sentaba.

—Han llegado hoy a Hawai. Todo bien y muy contentos —respondió feliz Kristina.

—¡Quién le iba a decir a mi madre que iba a viajar a esta edad ella que no había salido de Nueva York!

—Pero eso es bueno —le sonrió mientras le ofrecía la copa de vino.

—Gracias, mi amor. Bueno… a ver… ¿qué es eso que tienes que decirme y que te tiene nerviosa?

—A veces se me olvida que me conoces tanto que es imposible soprenderte.

—Ya sabes que sí —le dijo antes de dar un sorbo.

—Me ha llamado una representante de una editorial muy famosa.

—¡De verdad! —la miró feliz.

—Sí. Al parecer Marta le ha comentado algo de mi novela y están interesadas en ella.

—Eso es estupendo, cariño —se mostró entusiasmada.

—Pero Parker… ¿y si les gusta y tengo que dejar el departamento?

—Bueno, Wally ya se ha reincorporado y no tengo ni idea de como funcionan estas cosas pero no creo que estés un año ocupada con la novela ¿no?

—No lo sé, no creo.

—¿Por qué no estás contenta? —la miró sin entender muy bien su gesto.

—Porque no quiero estar lejos de ti.

—Kristina… ¡a ver! Ven aquí —se hizo a un lado para que se sentara con ella—. ¿No eres tú la que me dices a mí que hay que vivir al día? ¡Pues esto es una maravillosa noticia puedes dedicarte a lo que te gusta! A tu pasión, mi vida. Y eso no significa que tengas que dejar del todo trabajar en el departamento.

—No sé… supongo que tienes razón.

—La tengo. Y va a ser todo un éxito, ya te lo dije deberías haber hecho esto mucho antes.

—Bueno… no quiero pensar en eso —le sonrió—. Estaba preocupada por si a ti te parecía mal.

—¡Pero cómo me va a parecer mal! —la miró con el ceño fruncido—. Tienes talento, Kris, y sé lo mucho que te gusta escribir. Ya estás escribiendo la segunda parte… eso quiere decir que te apasiona lo que haces y yo que te he leído no puedo más que animarte a que entregues tu primera novela.

—Eres maravillosa, de verdad.

—Lo sé —dio una carcajada—. ¿Sabes? He estado pensando todo el camino en algo.

—¿En qué?

—Ven.

Le ofreció la mano y la llevó hasta la piscina. No lo pensó dos veces y la echó al agua, seguidamente lo hizo ella ante las protestas divertidas de Kristina.

—Me muero de ganas de hacerlo bajo este cielo maravilloso con la mujer más increíble que conozco y de la que estoy locamente enamorada.

—Parker… me vuelves loca…

Dieron una carcajada y comenzaron a quitarse la ropa. Ambas sentían el sentimiento del que hablaban el amor más intenso que podían vivir. Acompañado siempre por la pasión, parecía que nunca tenían bastante, se amaban, deseaban y querían por encima de cualquier otra cosa en la vida, ambas se sentían felices cuando estaban juntas, daba igual que fuera en un paseo, en una reunión, en la cama o amándose allá donde quisieran. Pero lo más importante que tenían era la una a la otra y ese amor del que ambas se sentían privilegiadas de poder compartir.

—Así que esto era en lo que piensas cuando vuelves a casa —le decía aún con la respiración entrecortada Kristina, abrazada a su cuello y con las piernas rodeándole la cintura—. En esta intensidad que me haces sentir.

—Sí, reconozco que hasta yo misma me sorprendo —le decía besándole el cuello.

—Pues yo estaba pensando en otra cosa —la miró sonriendo con la avidez bien marcada en sus ojos.

—Me muero por saberlo —dio una carcajada.

—Y yo por hacerlo.

Ambas no podían evitar esas carcajadas ante sus miradas repletas de deseo, un deseo que con el paso de los días parecía incrementarse. Ninguna pudo dejar de reír mientras entraban en casa y subían hasta el desván. Kristina había abierto la ventana que había en el techo, apagado las luces.

—¡He visto que había luna llena! Y me encanta hacerte el amor bajo su luz.

—Kris… mi Kris…

—¡Quiero volverte loca! —empezó a besarla con pasión mientras la dejaba caer suavemente sobre una cama redonda que justo habían colocado bajo aquella ventana, capricho de Kristina y que a Parker le pareció una idea estupenda.

—Ya lo haces… y sin tocarme.

—Parker… eres lo mejor que tengo en la vida —le sonrió ampliamente mirándola a los ojos con todo el amor que sentía.

—Y tú para mí, también.

Siguieron durante el tiempo que les mantuvieron las fuerzas entregadas a la pasión, a la ternura y al amor. Y cuando las fuerzas les fallaron se abrazaron desnudas bajo la luz de la luna quedándose dormidas.

En Hawai, el detective tenía rodeado con su brazo el cuerpo de Melissa. La pareja dormía tranquilamente en una cabaña con el sonido suave de las olas del mar. Sonó el móvil del detective y como no reaccionaba Melissa apartó su brazo para contestar.

—¡Mamá!

—Sí, ¿qué pasa?

—¿No es el móvil del detective? —preguntó sorprendida.

—Sí, pero está durmiendo, ¡estábamos durmiendo! —le dijo cabreada.

—Necesito hablar con él.

—Joan, Joan… es mi hija.

—¿Sí? —preguntó adormilado.

—Detective necesito que se vista, suba al avión y venga a Nueva York.

—Estoy en Hawai en mis vacaciones y ya no soy detective, Parker —le contestó serió mientras Melissa le sonreía.

—¡Es usted detective otra vez y me importa un rábano esté donde esté! Coja ese avión y vuelva.

—Me ha colgado —le dijo a Melissa—. Tenemos que volver a Nueva York.

—¡Esto no se lo voy a perdonar a mi hija!

En el departamento, Parker miraba las fotografías con los ojos repletos de lágrimas. Les habían dado un aviso a las tres de la mañana, hora en la que Parker y Kristina salieron de casa a toda velocidad para llegar al departamento. Allí fueron llegando el resto del equipo. Todos impactados ante la noticia.

—Parker… —la llamó Kristina preocupada.

—Le he dicho que venga —susurró afectada.

—¿Estás segura de querer llevar este caso?

—Sí, Kristina. Estas crías necesitan que alguien les ponga nombre y les dé dignidad.

—Lo vamos a lograr.

Kristina enlazó con suavidad su mano y Parker la estrechó con fuerza agradeciendo aquel contacto que le daba aliento. Ambas suspiraron casi al mismo tiempo.

—Inspectora —la llamó el jefe Moss—. Este caso va a ser duro. Pero sé que usted es la única que puede hacer algo para que no hayan más muertes.

—Alguien ha querido mantener esto en secreto, jefe. Imagino que como siempre ese alguien será poderoso.

—Y nos pondremos en peligro —susurró Kristina mirando a Parker.

—Pero lo vamos a resolver —se separó de la pizarra y les dijo a todo su equipo que ya estaba allí—. ¡Está bien! Tenemos un caso difícil pero vamos a trabajar duro para resolverlo. Laura ve recabando toda la información que tengamos en la pizarra mientras el detective Adams llega a Nueva York y Catalina nos aporta más datos. ¡Volvemos a trabajar juntos!

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. MALDITA HERENCIA. EPÍLOGO

  1. Hola querida Kris.

    Gracias a ti por como te he dicho tantas veces estar siempre. Desde el principio de mi aventura, así que te estoy realmente agradecida por el apoyo en estos diez años que compartimos.

    Un abrazo muy fuerte y hasta la próxima.

  2. Buenos dias, gracias por este Epílogo que nos da una idea ee la vida de esta parejita de ficción, se agradece el esfuerzo que haces por escribir y brindarnos estas fantásticas historias tuyas y nuestras que nos hacen reir y llorar, esperando por la proxima, un abrazo y que estes bien.

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