PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 4

Muchas gracias por la acogida que está teniendo esta nueva historia.

Un abrazo.

UNA CHARLA REPLETA DE SEDUCCIÓN. KRISTINA

Al bajar a la calle respiré con fuerza, me temblaban las piernas. Me había dejado llevar porque la señora Douglas me había acusado de retrasada, todo porque su hijo se había atragantado con el desayuno haciendo el burro por más que le dije que comiera como las personas. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Me fui dejándole con la palabra en la boca y diciéndole que se quedara el dinero que me debía. Reconozco que soy muy de reacciones así, no pienso bien las cosas, lo hago después y justo eso era lo que me estaba pasando con la decisión de aceptar el trabajo de Parker. ¡Cómo me había mirado! Había usado su poder de seducción, me mostró sin tapujos que le excitaba y sus ojos me comían con una intensidad que provocó que me faltara el aire. Aquella mujer era poderosa en todos los sentidos, en dinero, pero también en gestos y miradas. Y yo había sido una estúpida, me había comportado como una niña asustada esperando que si se portaba bien le dieran un premio. Fue cuando salí a la calle cuando me llegaron todos los contras de golpe, ¿ir por la tarde cuánto tiempo? ¿No sabía si me pasaría toda la noche o no? ¿Y si se enteraba mi familia, mi novio? ¡Estaba a punto de casarme, me faltaba tan solo un mes! ¡Cómo había picado en el anzuelo de esa sinvergüenza con esa cantidad de dinero! ¡Había manejado muy bien sus acciones, supo jugar sus cartas cuando me preguntó en el coche! ¿Y si luego no me daba ese dinero? ¿Por una vez? ¿Sabría yo comportarme? ¿Y si no le gustaba?

—¡Oh, joder me estoy agobiando mucho! —susurré a punto de ahogarme.

Entonces traté de respirar. Me había apoyado en la pared y la melena me cubría la cara. Trataba de respirar como me habían enseñado en las clases de yoga. No sé cuanto tiempo estuve así pero de repente vi unos zapatos ante mí y una voz preguntarme, una voz que reconocía a la perfección.

—¿Qué te pasa, estás bien? —al levantar la mirada vi allí a Parker. Su gesto parecía ser sincero de preocupación.

—Sí, sí.

—¿Quieres que te lleve a casa saco el coche y…?

—No. Solo estaba… estaba… —cerré los ojos porque me sentí ridícula—. Estaba pensando.

—Déjame que te acerque a casa —me habló con distancia era extraño porque parecía preocuparse pero al mismo tiempo era como si le importara poco.

—No, no. Quiero caminar, gracias.

—Está bien.

Tras decir aquello la vi alejarse como si tal cosa. Mientras, yo me marché con la sensación de ser una estúpida pero tenía tantas cosas en mi cabeza que parecía me iba a estallar sin remedio. Entré en casa y allí se acababa de levantar mi hermana. Siempre me provocaba una sonrisa su rostro adormilado y el pelo revuelto.

—Buenos días, Molly.

—¿Qué tal ha ido esta noche?

—Como todas, un soberano coñazo.

—¡Deberías buscar otro trabajo! ¡Pero en serio!

—Tengo posibilidad de uno, esta tarde tengo una entrevista —no sé muy bien por qué se lo dije pero quizá necesitaba engañarme sobre lo que iba a hacer.

—¡Eso está muy bien! —dijo alegre—. ¿Dónde? ¿De qué?

—Uy, es James… —me salvó la llamada porque no me había preparado una mentira convincente para explicarle.

Atendí a James que me preguntaba lo mismo que mi hermana, a él no le dije nada de la supuesta entrevista de trabajo, sabía que mi hermana no le iba a decir nada a él. Digamos que no se llevaban mucho y esa era una de las razones por la que Molly había decidido irse de casa incluso antes de que yo me casara. James y yo quedamos para comer ese día y ver nuevamente la distribución de las mesas de la boda. Cuando terminé de hablar con él, Molly ya había acabado con su desayuno y estaba en la ducha. No tenía ninguna gana de ir con James, pero decirle que no era quizá buscarme una discusión. Reconozco que siempre le decía a todo que sí. Era más cómodo porque le amaba y quería que aquella historia saliera bien. Desayuné con la cabeza imaginando como sería tener sexo con Parker. Claro que sabía lo que debía hacer a James le excitaba ver películas porno y algo había visto con él más porque me obligaba que por propio interés. Pero fuera de aquellas imágenes exageradas y a mí algunas me provocaban cierta repulsión, nunca entendí aquel tipo de relaciones entre dos mujeres, la verdad. En aquel desayuno visualicé lo que debería hacer, y no sentí ninguna excitación, ni deseo ni ganas de que sucediera. Algo en mí me decía que no iba a poder. Que no era tan sencillo. Además cuando me metí en la cama para descansar un rato pensé que era como un examen me estaba jugando ganarme ese dinero y quizá la posibilidad de más, tan solo en esa tarde si la dejaba o no satisfecha.

—¡Oh, dios! —me tapé la cara con la almohada, me daba vergüenza tan solo pensarlo—. Creo que mejor no voy. No tengo su teléfono, si lo tuviera la avisaría.

Y así transcurrió un buen rato hasta que me dormí. Sonó el despertador y sin ganas me levanté. Lo que menos me apetecía era repasar las mesas de los invitados de la boda. Amigas y amigos de James a borbotones, mi familia y la suya. Yo no tenía amistades a las que invitar, había dejado la universidad sin tener un grupo de amigas, soy un poco anti social, dice Molly. Más bien siempre he tenido novio y siempre di prioridad a mis novios ante amistades. Equivocadamente, puede ser. Porque el grupo de compañeras que tenía en la universidad eran eso, compañeras. Así que ante la perspectiva de discutir los últimos coletazos de familiares o amigos, me presenté en nuestro restaurante favorito. Un hindú que nos encantaba. Durante la comida me estuvo hablando de una operación que había hecho de estómago, a esas alturas ya había aprendido a comer sin imaginar aquellas operaciones porque me daban unas ganas enormes de vomitar, es verdad eso de que a todo se acostumbra una. Después empezamos a repasar las mesas con sus correspondientes ocupantes. Llevábamos un rato cuando me dijo:

—¡Kristina quieres hacerme caso! ¡No sé en que coño estás pensando!

Bueno podría haber hecho un chiste fácil, pero lógicamente no procedía. Pensaba en Parker, no podía dejar de hacerlo. A esas alturas seguía discutiendo conmigo misma si iba o no. Si daba el paso o no.

—Perdona me he distraído un momento. Pensaba en que tengo la prueba del traje en unos días.

—¡Esto también es importante! La boda tiene que salir bien.

—¡Y saldrá bien, cariño! —traté de sonreír ante su perfeccionismo a veces exagerado—. Ya lo verás.

—¡Céntrate!

Por fin dos horas después, James se fue y yo me marché a casa. Me senté en el sofá con el mando de la televisión en la mano. Eran las cuatro y media de la tarde.

—No voy. No porque no voy a poder y no quiero además aguantar sus burlas. Aunque bueno, ya no la voy a ver más. No voy. Definitivamente no voy.

SIN ESPERANZAS PARA MI CITA. PARKER

Me había dado un baño largo acompañada por las notas del violín de Mozart. Aquellas notas me relajaban muchísimo. No es que estuviera nerviosa, pero reconozco que siempre me excitaba cuando tenía una cita con una mujer que no había tenido relación con otra. Y aquella tarde la chica que había citado me gustaba mucho. Lo hizo desde el primer día que entré en el ascensor y la vi. Era así, hay gente que te atrae de una manera brutal y no sabes ni explicar cuál es el motivo. Pues eso me pasó a mí con Kristina, me atraía salvajemente. Me puse una toalla sobre los ojos y me di la orden de relajarme. Después me vestí con ropa cómoda porque estaba segura que no vendría. Me puse un pantalón de algodón con una camiseta de tirantes. No sabía muy bien qué hacer, estaba un poco alterada. Tampoco entendía por qué, había tenido varias citas de ese tipo y no me había pasado con anterioridad. Me encontraba regando las plantas cuando sonó el timbre. Detuve mi mano mientras mi cara formó una expresión de sorpresa, miré el reloj y marcaba exactamente las seis de la tarde. Me impactó saber que estaba allí, sonreí con cierta perversidad, no lo pude evitar. Dejé la regadera en la terraza y con esa misma sonrisa tras secarme las manos fui a abrir la puerta. Me miré antes en el espejo me bajé un poco la camiseta para mostrar más escote y le di un suave golpe a la melena. Al abrir, allí estaba con un pantalón negro y un abrigo gris marengo. Con la melena suelta y bien peinada, maquillada lo justo pero con un gesto de temor que me provocó un suspiro. Realmente no parecía la misma chica que por la mañana me saludaba con cara de sueño y cansancio. Estaba realmente bella.

—¡Hola! Pasa —me aparté de la puerta para que entrara. Percibí sus nervios cuando pasó por delante. La miré con calma de arriba abajo mientras caminaba, el pulso se me disparó sin remedio—. ¡Qué sorpresa más interesante!

—¿Pensabas que no iba a venir? —me dijo mientras se quitaba el abrigo y dejaba ver una blusa de seda roja entallada que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. A estas alturas ya no diré que el pulso se disparó estaba tan excitada que sentía deseos de lanzarme a tocarla.

—Tenía dudas. ¿Quieres vino?

—Sí, gracias. Me irá bien —susurró cuando me iba pero lo alcancé a escuchar perfectamente, lo mismo que su resoplido. Se había quedado de pie y al ver que la miraba me dijo encogiendo los hombros—. ¿Qué hago?

—Siéntate en el sofá ahora vuelvo.

Y me hizo caso. Se sentó con gesto de cierta ansiedad. Yo sabía que estaba nerviosa, pero quería conseguir justo lo contrario, que se relajara y pudiera decirme que estaba segura del paso que iba a dar conmigo. No quería que se sintiera culpable, ni mal con ella misma. ¡Pero para mis adentros solté un silbido pensando lo atractiva que estaba!

Me di prisa para volver a su lado porque temía que se escapara.

—Toma —le di la copa de vino y me senté a su lado diciéndole con tono seductor—. Estás muy guapa.

—Gracias… —bebió un trago largo.

—¿Quieres emborracharte? —la miré elevando una ceja de manera muy sensual.

—No —me respondió como si le hubiera descubierto el plan.

—¡Ah! No me gustan las mujeres borrachas —susurré y noté como contenía la respiración.

—Es bueno saberlo —me dijo suspirando me moría de ganas porque se calmara—. Está muy bueno.

—Sí, es de la Toscana.

—¿La Toscana? —me miró sorprendida.

—Sí. ¿Has estado? —le pregunté con una sonrisa que traté fuera conciliadora y no ávida del deseo febril que me recorría por dentro.

—No, me gustaría pero no.

—¿Dónde vas en tu luna de miel? —quise darle un poco de conversación para que se fuera relajando.

—De momento no tenemos luna de miel.

—Deberías ir a la Toscana, es precioso —noté su incomodidad.

—Y caro —apuntó con una sonrisa divertida.

—Sí. Pero bueno… ahora podrás darte ese capricho. Yo te llevaría si nos casáramos —entonces me miró seria y di una carcajada, en ese momento se percató que trataba de hacer y sonrió.

—Seguro que has viajado por todo el mundo —me dijo realmente interesada no le vi ni un ápice de malicia.

—Sí —le respondí sin darle demasiada importancia—. Mi trabajo me ha llevado a muchos rincones, sí.

—¿Con prostitutas? —me lo preguntó a bocajarro, cuando se dio cuenta de mi gesto se apresuró a decir—. Perdón… lo siento…

—No, está bien, esa pregunta te la puedo contestar —sonreí y ella puso gesto nervioso—. A veces sí. Viajar sola es muy aburrido, pero la mayor parte de los viajes los hago sola.

—Nunca he viajado sola —me dijo mirándome con cierta curiosidad.

—Pues si quieres conocerte te lo recomiendo.

—Eso dicen, sí.

—Bueno… ya veo que has dejado de tener la espalda tensa —le sonreí y me pasé la lengua por los labios.

—¿Tanto se me nota? —me miró con gesto de pena.

—Kristina, no quiero que hagas nada que te pueda hacer sentir mal. Me muero de ganas de hacer el amor contigo, pero no soy tan insensible como para no darme cuenta que no estás segura de ello.

—¿De verdad? —sus ojos me escrutaron intensamente.

—¿Qué de todo? —Kristina movió un poco la cabeza como si fuera más que evidente por qué lo decía—. ¿Qué si es verdad que me muero de ganas de hacer al amor contigo? ¡Claro, si no fuera así no te lo habría propuesto!

Me callé un momento, dejé mi copa de vino sobre la mesa ya apenas quedaba nada. Me senté de lado mirándola fijamente, apoyé mi codo sobre el respaldo del sofá mientras mi mano izquierda reposaba en mi sien. Sabía que ese gesto mío era intensamente seductor y casi irresistible. Kristina se ladeó un poco, no esperaba que le dijera aquella frase con tal contundencia.

—Pero solo lo haré si estás cien por cien segura de dar el paso.

—¿Y si no te gusta? —su preocupación me sorprendió.

—Estoy segura que me va a gustar —musité mientras le acariciaba lentamente el pelo.

Ella asintió como si con ese gesto me diera permiso para continuar. Sonreí. Me levanté y le di la mano para que me acompañara hasta la habitación. Aquel primer roce de su mano con la mía me provocó un escalofrío, era tal el deseo que sentía que un simple roce fue suficiente para darme cuenta de las ganas que tenía de estar con ella. Entramos juntas la dejé a los pies de la cama, mientras miraba con cierto apuro a su alrededor. Me acerqué a mi escritorio y rellené un cheque con la cantidad que le había propuesto. Se lo enseñé.

—Pero si no sabes si voy a… Parker yo nunca he hecho esto… no sé si voy a ser capaz de…

Me acerqué hasta ella quedándome a escasos centímetros de su boca, podía notar su temblor ante mi proximidad, pero también algo en su mirada que me llamó la atención. Volví a sonreír mientras le decía acariciándole la cara con infinita suavidad.

—Déjate llevar por mí, relájate y disfrutaremos las dos.

LA VOZ, LOS LABIOS, LAS CARICIAS DE PARKER. KRISTINA

Desde que salí de mi casa pensé que pasara lo que pasara con aquella mujer iba a cambiar mi vida. Lo sabía. Entraría allí sin conocer prácticamente a una mujer que me ofrecía una cantidad desorbitada de dinero por tener una vez sexo conmigo. Había decidido hacerlo por muchos motivos que había sopesado bien, ese dinero me permitiría muchas cosas y una tranquilidad a la hora de afrontar pagos, fue la idea que ganó a todos los peros que iba poniendo, no sabía si sería capaz de tocarla, besarla, o intimar, es que me daba tanto pudor decirme la palabra exacta de lo que iba a hacer… Pero sabía que entraría con una cuenta bancaria irrisoria y saldría de allí teniendo la oportunidad de tener mucho dinero y si no iba mal, quizá mucho más. El dinero, la comodidad, la tranquilidad de saber tener una casa alquilada para escaparme las veces que pudiera de aquella otra casa que iba a compartir con mi marido que no me gustaba nada. Pensaba que James no podría enterarse nunca, que no iba a ser un engaño, yo no deseaba ni amaba a aquella mujer, tan solo iba a dejar por un rato que ocurriera lo que tuviera que ocurrir, me iría y olvidaría todo, solo serían unas horas en mi vida dedicadas a algo que nunca imaginé, que James no podía sospechar, que mi familia jamás creería. Unas horas, solo unas horas.

Cuando abrió la puerta iba tan sencilla vestida, que me llamó la atención. Que poco necesitaba para estar guapa. Al fin y al cabo era guapa. Me dije. Pero al sentarme en el sofá me di cuenta que aquel pensamiento era ridículo, iba a cometer un error y agradecí el vino, pensé que me ayudaría. Le pediría más y así podría camuflar lo que ocurriera, pero mi idea se fue a la mierda cuando me dijo que no le gustaban las mujeres borrachas y claro, en ese instante me percaté que ella era la que tenía el poder y a la que debía contentar. Justo entonces temí por todas aquellas mujeres que desprotegidas totalmente debían hacer aquello que yo iba a hacer libremente, pero que muchas lo hacían por obligación o amenaza. Tragué saliva y tensé mi espalda. Pero mentiría si no dijera que Parker supo relajarme, me habló de la Toscana y lo hacía con amabilidad si bien sus ojos mostraban una intensidad de deseo que creo no había visto en ninguno de los hombres con los que me había acostado. Incluso me hizo reír con aquella frase que me rompió de la luna de miel. Me fui relajando pero era complicado hasta que ella misma me mostró cierta preocupación, no quería que me sintiera mal. Y la verdad, estaba nerviosa pero desde que se había sentado a mi lado hablando conmigo dejé de sentirme mal. Tenía un aura que me atrapó. No podía dejar de mirarla, era una mujer muy guapa, había visto mujeres de más de cuarenta años muy estropeadas, pero ella se conservaba muy bien. Claro, con el dinero que debía tener, en cuanto le saliera una arruga iría a quitársela sin preocupación. Si ella iba a ser superficial conmigo, mis pensamientos también podrían serlo con ella. Aunque entonces fue cuando me mostró preocupación por lo que yo podía sentir, y rompió un poco mis esquemas sobre ella. No era como pensaba, no era una millonaria más insensible a todo, ¿o quizá lo estaba haciendo para que me relajara y hacer de mí lo que quisiera? Aquellos pensamientos los rompió su voz, la frase que utilizó y el fin de aquel “Déjate llevar por mí, relájate y disfrutaremos las dos.”

Había momentos que pensaba que solo le importaba mi cuerpo y poseerlo, otros parecía que le importaba como me sentía yo. Y cuando me dio el cheque repleto de ceros con una sonrisa dulce, provocó que mis dudas se esfumaran. No sabía cómo actuar y mis dudas se elevaron a la enésima potencia cuando me acarició la cara con suavidad. Tragué saliva supuse que debía ser yo quien le diera placer a ella. Pero no me quedaba claro mucho más después de que me acariciara la cara pasando su mano por mi cintura los dos movimientos con una suavidad que me erizó la piel. Me miró sonriendo pasó la punta de la lengua por sus labios y se mordió el labio inferior mientras miraba mis labios con una necesidad que me asustó. Notaba su excitación por cómo me miraba, porque además su respiración había aumentado levemente y las yemas de sus dedos habían dejado la suavidad del principio para apretar con algo de fuerza la que acompañaba al deseo. Y me vi allí entre sus brazos con sus labios acercándose y posándose en los míos. Fue un roce muy sutil mientras ella retiraba su boca de la mía por unos segundos en los que se llenó de mi mirada aturdida, temerosa y repleta de contradicciones.

—¿Qué quieres que haga? —le pregunté en un susurro.

—Nada… déjate llevar por mí.

Muchas veces he recordado aquella pregunta que le hice con la voz temblorosa. Muchas veces he querido revivir los segundos que duró nuestro primer beso. Yo no concebía que debía ser así, al menos, no es como yo tenía entendido que funcionaba aquel tema. Su mano con delicadeza se deslizó por los botones de mi blusa mientras me miraba fijamente, la veía disfrutar con tan solo rozarme la piel con su dedo meñique al bajar de botón a botón. Yo tenía mis manos inertes sin saber dónde colocarlas, ¿cuál era el destino correcto?

—Me gustas —me susurró antes de girar levemente la cabeza e ir hacia mi cuello. Antes de lamer mi piel me erizó todo al musitar en mi oído—. Me excitas mucho.

Aquel recorrido que vino después provocó en mí que casi me quedara sin aliento. Y casi como un acto reflejo mis manos decidieron hacer algo, necesitaba tras aquella caricia tan húmeda y sensual, que hicieran algo. La mano derecha se deslizó suavemente por su espalda mientras la izquierda la dejé en su cadera apretando también como había hecho ella. Si tengo que describir aquel momento lo haría como algo extrañamente grato. Digo extrañamente porque no pensé que yo me iba a excitar, esa era una duda feroz que existía en mí. Y sin embargo, Parker consiguió lo que pocas veces habían conseguido en mí, sabía llegar a cada rincón de mi cuerpo para proporcionarme un placer a veces intenso y desconocido. Fue grato porque en ningún momento me hizo sentir como lo que estaba siendo en ese momento, su puta. Le hice caso y me dejé llevar, la veía disfrutar y fue cierto que consiguió que disfrutáramos las dos. Aquella primera vez fue irrepetible y maravillosa.

UN PLACER DESCONOCIDO. PARKER

Para responderte sobre como fue aquella primera vez, te diría que única. Kristina con su desconocimiento maravilloso que mostraba aunque trataba de aprender rápidamente de lo que yo le iba haciendo, me hizo llegar a un placer desconocido. Fue intenso, fue como entrar en un mar en calma y acabar en un mar bravío. Hicimos el recorrido juntas y cada minuto que pasaba percibía en ella como iba relajándose, como iba descubriendo mi mundo que era lo que más me excitaba a mí. Saber que aquella mujer con la que estaba viviendo un placer intenso la estaba sorprendiendo. Sabía que estaba disfrutando y también que sentía a pesar que trataba al principio de no mostrarlo. Porque abrir la mente para poder probar algo que jamás pensaste te iba a gustar, dejarse llevar como hizo Kristina, no es tan fácil como parece, era consciente de que debía llevar su propio ritmo. Yo había estado con mujeres que no habían sido capaces de pasar de los besos, de las caricias, sin embargo, Kristina no solo pasó de los preliminares, también quiso descubrir mi cuerpo, por eso digo que fue intenso. Fue su aprendizaje y mi explosión de un placer que la había esperado cada día que compartí en el ascensor con ella.

Estábamos tumbadas ella estaba acostada bocabajo y yo de lado mirándola, tenía los ojos cerrados y un gesto tranquilo que me gustó. Le acaricié el hombro con cuidado y abrió los ojos, me miró con una sonrisa pequeña. Eran las dos de la mañana.

—¿Tienes hambre? —le pregunté.

—¡Es verdad no hemos cenado! —respondió elevando las cejas formando un gesto cansado pero divertido.

—Voy a ducharme debo tener algo en la nevera. En el pasillo está el otro baño, dúchate y ya puedes vestirte.

—¿Ya? —me miró algo contrariada al ver que me levantaba.

—Sí.

—Pensé que tenía que quedarme toda la noche.

—No. Comes algo y te puedes ir a descansar.

Su cara me demostró una decepción que en ese momento no entendí y sí me sorprendió. No suelo compartir mi cama con nadie. Tan solo el rato en el que el deseo y el placer conviven, nada más. Me duché y me puse un camisón. En la nevera tenía macarrones. Los puse a calentar cuando la escuché llegar. Me giré la miré y sonreí. La vi tan diferente de la chica asustada que había entrado.

—No hace falta que me prepares nada, me voy ya —su voz sonó entre preocupada y avergonzada.

—¿No quieres comer? —me extrañó su respuesta.

—No, no. Mejor me voy.

—Espera que te llamo a un taxi.

—No hace falta.

—Sí hace falta. No voy a dejar que te vayas a estas horas sola. Vas a irte con alguien de mi confianza, tranquila.

Envié un mensaje y en unos segundos me llegó la respuesta.

—De acuerdo, en cinco minutos está aquí.

—Vale… pues me voy…

Se detuvo antes de salir yo iba detrás. Se giró y me pareció tan adorable, con esa cara de preocupación, con esos ojos que cuando miraba así me provocaban algo que nadie había logrado en mí que era cierta ternura.

—¿Qué se supone que debo de hacer ahora? —me preguntó con gesto realmente aturdido.

—Descansar. Y buscar ese viaje que te gusta para tu luna de miel.

—¿Y contigo?

—¡Ahora qué lo dices! Dame tu teléfono que no lo tengo.

Me miró dudando por un momento.

—No voy a ponerte en ningún compromiso, si te llamo y no me puedes contestar no lo hagas. Ahora bien, recuerda que tenemos un trato, has pasado con buena nota la prueba y, en cierta manera, debes estar disponible para mí porque me has gustado y sabes lo que hablamos —yo la miraba con intensidad sin esconder mi deseo por ella. Me había desinhibido tanto que me parecía estupendo demostrarle que me excitaba.

Siguió dudando pero me dio el número de teléfono. Llevaba el abrigo en la mano y el bolso colgado del hombro. Imaginé que el cheque lo debía llevar a buen recaudo.

—¿Cuándo te casas?

—En un mes.

—Tienes que estar para mí la semana que viene. Dos días, viernes y sábado.

—¿Dos días?

—Sí. Me vas a acompañar a Chicago.

—¿A Chicago? ¿Pero qué voy a decir?

—No lo sé, eso es asunto tuyo no mío —le respondí elevando los hombros.

Me miró asustada pero asintió varias veces con movimientos pequeños. Se acercó a mí y sin yo esperarlo me besó. Nunca las mujeres con las que tengo intimidad me besaban al marcharse. Pero ella lo hizo. Debió pensar que también iba incluido en el servicio.

Al marcharse suspiré con fuerza. Me había gustado Kristina. Había sido una experiencia muy diferente a las anteriores, era una mujer muy interesante. Y aunque no sería mi amante fija porque eso nunca lo había hecho, sí me excitaba y divertía lo suficiente como para llamarla otra vez. Era ciertamente una atracción salvaje. Me senté para disponerme a comer mis macarrones. Lo hice recordando la primera vez que sus labios recorrieron mi piel, como rozó mis pechos logrando que sintiera de una manera tan intensa que tuve que esforzarme por no dejarme ir con ese primer tacto. Suspiré en ese momento, su forma tan sensible de besarme el vientre de llegar a mi sexo con esa inexperiencia del primer contacto, con el temor a lo desconocido, con la intensidad al ir recorriéndome, con su mirada mostrando abiertamente que le importaba ver mi excitación en mi rostro. Con mi mano sobre su cabeza apretándola y con un gemido que provocó salir desde el centro de mi ser. Ese centro al que Kristina le dedicó caricias que poco a poco fueron volviéndose expertas e intensas hasta llevarme a una explosión de placer.

—¡Mejor paro que esta noche he tenido mucho trote!

Me dije a mí misma sonriendo. Kristina era intensa.

Anuncios

4 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 4

  1. Jajajaaja ¡¡¡y antifaz!!! No, Laura, no me ha sentado mal ¡no por favor! Solo me llamó la atención al leer de que iba el tema del Gray ese. Pero bueno estoy segura que no tendrá mucho que ver. Parker es mucha Parker y cualquier personaje que quieras poner bueno, malo, lo representaría genial.
    Un abrazo, amiga mía.

  2. Ni mucho menos quiero que te sientas mal por mi comentario….me recuerda a el, si pero solo por el echo de que tiene poder y se encapricha de Kris solo con verla como el de Ana!!!…. Ajjajajaja no por dios, no veo yo a Parker con látigo ajjajajaja!!! Aunque serías capaz de sorprendernos!!!…. Espero no te haya sentado mal…. Un abrazo querida amiga

  3. Pues me has dejado tocada porque después de leer las críticas hacia esa novela he pensado ¡se va a malinterpretar mi historia!, pero la mía no es de sadomasoquismo y eso me ha aliviado mucho. Igual cuando vaya desarrollando la historia me das una alegría y me dices que no, que no se parece. No puedo opinar porque no he leído estas novelas.

    Un abrazo y gracias. Hoy doble capítulo que ayer no pude colgar.

  4. Ajjajajajja ay querida amiga!!! No saber quién es Grey….Oy Oy Oy oy(jajajajaja)….
    Pues para no saber quién es, muchas cosas de las que cuentas cómo Parker son iguales que él!!!…. Se encaprichó…y después de muchas cosas lo consiguió.
    Y Ami me da que a Parker le va a ocurrir algo parecido!!!…. Me encanta, me encanta toda la escena!!!! Eres genial!!!….
    Un abrazo enorme

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s