PARKER Y KRISTINA. UN AMOR IMPOSIBLE. Cap. 7

EL VIAJE. PARKER

Parker me avisa con una sonrisa.

Antes de hablar del viaje, quiero aclarar una cosa.

Por la mirada de Kristina entornando los ojos me di cuenta que aquel encuentro no había sido resuelto entre ellas.

No había nadie conmigo —entonces dio una gran carcajada que enfadó a Kristina—. Estaba sola pero me fastidió tanto que no vinieras que cuando te vi con esa cara de “ya estoy aquí” toda nerviosa y excitada no pude evitar hacer como si realmente no me importara.

¿Yo excitada? —la cara de Kristina es divertidísima, no solo ríe Parker, yo también.

Kristina… se te notaba a la legua.

¡No! Eras tú la que estabas excitada ¡a ver quien es capaz de no ponerse alterada cuando miras así!

¡Ahora voy a ser yo la culpable! —ríe sin parar.

¡Pues claro! —respondió riendo, Kristina—. ¡La madre que te parió! Y yo destrozada pensando que estabas disfrutando con otra.

Las carcajadas en ese momento son de las tres. El gesto y la explosión de Kristina no es para menos.

Te lo juro me fui muy cabreada, eso es verdad.

Lo sé.

Más que cabreada, enrabietada porque no podía creer que fuera una más.

Lo siento, mi amor. Pero me divertí mucho con tu cara.

Qué mala eres —sus ojos se entornaron.

Si lo pienso, tú me has provocado reacciones que jamás antes tuve. Sí… es cierto… cuando te fuiste reconocí para mí que necesitaba o una ducha fría o arreglármelas yo sola.

Y reímos de buena gana. Nada más hay que ver el rostro de Kristina para darse cuenta que está disfrutando de esa parte que nos cuenta Parker y, que como bien dice, hay muchos detalles que no conocía. Lo mismo que Parker, claro. Aunque ella se muestra más taciturna cuando habla Kristina, se nota que hay cosas de lo que pasó que le duelen. Y no lo puede evitar. Si tuviera que dar mi opinión hasta lo que acabamos de narrar, diría que se siente culpable. Lo veo en el halo de su mirada cuando Kristina cuenta sus tormentosas luchas interiores.

La noche anterior al viaje dormí placenteramente. Y eso era raro en mí cuando debía ir para ver a mis padres. Por un lado los nervios por enfrentarme a ellos siempre me asaltaban provocando ese insomnio que todavía me alteraba más. Por otro lado, volver a Chicago para firmar los poderes para que mis padres pudieran seguir manteniendo una parte de su fortuna intacta, me hacía sentir que de alguna manera me debían ese favor. Pero lo mirara por donde lo mirara sabía que aquel día y noche que pasaba allí era intenso para mis nervios. Sin embargo, aquel viaje lo afrontaba de una manera diferente, la mujer que me iba a acompañar lo iba a hacer muy distinto, tenía un suave sabor de venganza y en el fondo pensaba que mi abuela si me estaba viendo desde cualquier rincón debía estar disfrutando de lo lindo.

Me levanté con una sonrisa dibujada en mis labios, tenía tantas cosas que hacer en ese viaje que mientras me daba una larga ducha pensaba en todo ello. Desayuné algo ligero en el avión tendríamos tiempo de hacer un desayuno más completo. Me vestí con un traje chaqueta pantalón gris marengo y un top que marcaba perfectamente mi pecho, aunque debo reconocer que me había puesto un sujetador que me alzaba el busto y parecía que tenía más de lo que me corresponde. Era el look que solía ponerme para ir a casa de mis padres, siempre lo más provocativa que podía. Llevaba unos zapatos de tacón alto y la melena suelta. Me maquillé más de lo que acostumbraba y me puse unos pendientes de oro de aro grande. Me miré de arriba abajo y al llegar a mi escote sonreí divertida sin poderlo evitar pensando en Kristina.

Hice el recorrido hasta casa de Kristina con un gesto muy diferente de la última vez que fui a Chicago. Aquella vez iba con una chica que quitaba el hipo muy lejos de lo que me gustan a mí las mujeres pero fue un golpe visual muy intenso para todos. Mi cuñado quedó prendado de ella, tan prendado que por la noche se podían escuchar los gritos de mi hermana desde su habitación, en aquel momento el martini que me estaba tomando me supo a victoria. Suspiré tratando de recomponer mis pensamientos. Ante todo porque quería encontrar el idóneo para ese viaje, disfrutar de la compañía de una chica que podía hacer de aquel viaje algo muy especial. Al llegar sonreí porque allí estaba esperando. Me gustó que fuera puntual. Su gesto me llamó la atención estaba realmente nerviosa.

—Buenos días —me dijo entrando al coche tras dejar detrás la maleta.

—Buenos días —le respondí recordando todos aquellos instantes que compartimos en el ascensor.

—Estás muy rara —me soltó como si nada.

—¿Rara? —me miré en el espejo con rapidez haciendo que ella sonriera—. ¿En qué sentido? Yo me veo como siempre.

—No, te has maquillado más y nunca llevas esos pendientes. ¡Y no digamos tu escote!

—¡Ah, eso! ¡Vaya sí que eres observadora! —le sonreía complacida—. Tú en cambio estás tan guapa y apetecible como siempre.

Se sonrojó y me encantó. Llegamos al aeropuerto y noté que le sorprendía que entrara con el coche por otra vía. Me miró un tanto inquieta preguntándome con la frente arrugada con esa marca tan sexy que tenía al fruncir el ceño.

—¿Dónde vamos?

—Al avión.

—¿Por aquí? —miró a su alrededor, su inquietud me llamó la atención.

—Sí, vamos directamente a la pista.

Me miró boquiabierta, ¿qué podía hacer yo si no era soltar una gran carcajada? Me encantó su inocencia a la hora de preguntarme. Aunque realmente yo no sabía cuáles eran sus pensamientos ni mucho menos porque se mostraba nerviosa. Pensé que era por el vuelo.

—¿Tienes un avión privado? —me preguntó con seriedad.

—Sí, ¿te gusta? —respondí con cierta picardía.

—Dios… —fue un susurro que me hizo dar otra carcajada.

—Vamos que nos están esperando ya.

Al salir del coche la miré su gesto era realmente preocupado. Me siguió y al subir las escaleras John mi piloto de confianza nos saludó mientras Laura la azafata que nos acompañaba recibía a Kristina con una sonrisa al tiempo que le cogía la maleta. Al llegar a la mesa con los asientos que había en la parte derecha del avión, me giré para indicarle que se sentara frente a mí, su cara era de auténtico impacto. Traté de no reír para que no se sintiera mal.

—Abrocharos los cinturones, por favor, vamos a despegar.

—Gracias, Laura. ¿Preparada? —la miré fijamente.

—Nunca he subido a un avión tan pequeño —me dijo con gesto de incertidumbre.

—¡Tranquila estamos en las mejores manos! Relájate tenemos una hora para poder charlar tranquilamente.

—Sí —sonrió nerviosa.

Al finalizar, Parker mira a Kristina y después me mira a mí muy seria, con gesto rozando algo así como asustado.

Admito que si cuando el avión despegó me hubieran dicho que aquel viaje iba a significar lo que significó, me hubiera bajado al instante.

Pero te hubieras arrepentido —le responde con rotundidad Kristina.

Por supuesto.

IMPACTADA POR EL AVIÓN, EL VIAJE Y LA HISTORIA. KRISTINA

Cuando vi aquel avión privado con todo lujo en el interior me quedé absolutamente impactada. El cinturón de seguridad me tenía bien retenida en el asiento de piel, miré por la ventanilla con ese sabor a miedo que me acompañaba desde el momento en que pensé que Parker podía ser una psicópata o que me podía utilizar para una sesión sadomasoquista con a saber quién. Me dieron ganas de gritar en ese instante, ganas de llamar a mi madre y decirle que si no sabía nada de mí en unas horas llamara a la policía. Mi cabeza tan solo me lanzaba pensamientos negativos y mi tensión debía reflejarse en el rostro. Lo sabía porque Parker me miraba con cierta preocupación, algo que a mí me ponía todavía más nerviosa.

El avión se estabilizó en el aire y el piloto nos avisó que podíamos quitarnos los cinturones y tener un buen viaje con las menores turbulencias posibles. Sonreí un poquito al ver su gesto divertido. Era la misma mujer que días atrás quien estaba frente a mí pero la notaba tan distinta.

—¿Qué te pasa? ¿Te noto algo incomoda? —me lo preguntó con gesto serio.

—Nada… nada… no me pasa nada.

—¿Has desayunado?

—Sí, un poco.

—Laura puedes traernos el desayuno para las dos, por favor —le dijo con ese respeto que mostraba a todo el mundo y que a mí me maravillaba. Era la primera persona rica que trataba a la gente de tú a tú—. Cuando lleguemos a Chicago tendremos preparado un coche para ir hasta casa de los Forsyth. Quiero avisarte que la casa de mis padres no es convencional, quiero decir, no es como la tuya o la mía, es una gran mansión con mucho terreno en el que hay grandes plantaciones y caballos.

—Me lo dices para que no ponga cara de tonta —le dije sonriendo.

—Sí, exacto.

Entonces la miré algo cabreada. ¿Pensaba que era tonta? Quizá mi comportamiento allí dentro de aquel avión estaba siendo un poro ridículo.

—Es que no estoy acostumbrada a viajar en aviones privados, lo siento.

Parker me miró intensamente pero sonrió.

—¿Y ahora dime, qué te pasa?

—Nada ya te lo he dicho —le dije desviando mi mirada por la ventanilla.

—Gracias, Laura —le sonrió al dejarnos el desayuno.

—Madre mía —susurré no salía de mi asombro por todo lo que me rodeaba.

—Es un desayuno delicioso que nos preparan para los cuatro en la cafetería Abraço ¿la conoces?

—Sí, claro…

—Espectacular el café y ni te cuento estos dulces… son autenticas delicias.

La observaba atentamente me hablaba como si en realidad nos conociéramos toda la vida, con una cercanía asombrosa para mí, y sin darme cuenta me empecé a relajar. Parker tiene un don conmigo, y es que sabe como hablarme para casi sin percatarme poder disfrutar de lo que estemos haciendo sin miedos, sin dudas, sin pasos atrás.

—¿Te gusta?

—Sí, está muy rico.

—Sigamos. Mi madre me odia y se avergüenza profundamente de mí, eso significa que a ti te va a odiar el doble.

—¿Por qué te odia? —le pregunté con gesto serio, en ese momento recordé que había dos cosas que debía tener claras no preguntar, no opinar—. Disculpa se qué no debo preguntar ni opinar pero… no entiendo que una madre odie a su hija.

—Lo entenderás cuando la veas. Sigo. Mi padre me odia menos pero me odia, a ti te respetará algo más de lo que pueda hacer mi madre. Ni se te ocurra dar besos a nadie, prohibido. Mis dos hermanas me envidian y odian al mismo nivel, sobre todo porque llevo mujeres a las que sus maridos desean. Y mi hermano es un gran conservador ¿hace falta que te diga lo que sucede?

—Perdona que te pregunte esto pero con todo lo que me estás contando ¿para qué vas a un sitio que nada más te odian?

—¡Buena pregunta! La respuesta es negocios.

—¿Negocios? —no podía ni comer, no entendía qué íbamos a hacer allí si lo único que sentían por Parker era repulsión.

—Sí. Estaremos durmiendo allí hoy y mañana. He intentado por motivos de trabajo estar lo menos posible. Pero tendremos que estar. Durante el tiempo que estemos te dirigirás a mí llamándome cariño, mi amor y todos esos calificativos amorosos que existen. Debes ser lo más cariñosa posible y no solo de palabra —dibujó una sonrisa cargada de malicia.

—Vale, lo entiendo.

Ella volvió a sonreír, y a mí me creó una gran duda que no había contestado y sabía que no iba a contestar. ¿Por qué iba a un lugar en el que le iban a hacer daño? ¿Por negocios familiares? Bueno serían cosas de ricos que yo no entendía, pensé.

Terminamos el desayuno y miré el móvil. No había noticias de nadie y eso me tranquilizaba. Parker captó mi atención hacia el teléfono.

—Por supuesto nada de móvil. Estarás todo el tiempo por mí. Tienes que mostrarte enamorada y atenta a todo conmigo.

—Sí, perdona.

—Incluso no estaría nada mal que te muestres… ¿cómo decirlo? —desvió graciosamente la mirada—. Embobada y excesivamente tocona. ¿Me explico?

—Sí.

—¿Qué tal ha ido con tu novio? —me lo preguntó mientras se colocaba bien en el asiento.

—¿Las preguntas que tú me hagas a mí están dentro del pacto que hemos hecho? —me había apoyado sobre la mesa con los codos y la miraba fijamente.

—¡Esa pregunta es muy buena! —me dijo impresionada con un gesto muy característico en ella que era formar un puchero en su barbilla al tiempo que enarcaba ambas cejas de manera graciosa—. Digamos que no me interesa demasiado lo que hagas en tu vida pero… era por tener una conversación.

—Pues en ese caso, prefiero no hablar de ello.

—¡Está bien! Como tú quieras aunque me dejas con una duda impresionante —se apoyó en la mesa de igual modo que yo mirándome de la misma manera—. Estás muy guapa cuando te pones seria, y mucho más cuando te sonrojas.

Había modulado la voz de una manera que sin darme cuenta me hice daño apretando mis mandíbulas de forma intensa. ¿Era consciente del potencial que tenía para descolocarme? Sabía manejar de una manera exquisita su voz para llegar a provocar en mí un temblor que me alteraba por dentro. ¿Sabes lo que es que con una mirada te exciten, sin rozarte, sin besarte? Esa mirada era la que me llenaba de dudas y solo era el principio, no quería ni imaginar lo que podía pasar estando a su lado el fin de semana.

—¡Bueno voy a parar porque veo que te incomoda que te diga lo estupenda que estás! —sonrió con una sonrisa tan maliciosa como preciosa.

—Es que pensé que eso no formaba parte de nuestro contrato.

—No forma parte, es cierto, tu trabajo se ciñe a tenerme contenta sexualmente pero te diré que me gusta mucho que una mujer me haga sentir esta intensidad y ganas de devorarla —debí poner un gesto que le hizo cambiar su expresión sensual por otra sorprendida—. Es un decir ¿eh?

—¡Ya, ya! —no sabía como dejar de sentirme totalmente arrollada por ella, por su manera de hablarme, mirarme pero sobre todo por lo que me decía—. Lo sé.

Se pasó la lengua por los labios y se echó hacia detrás sonriendo. Sabía que era poderosa, Parker dominaba completamente cada gesto, cada mirada, era absolutamente consciente de lo que podía provocar en otra mujer.

—No todas las chicas que contrato se alteran como tú, y eso me gusta.

Aquella frase consiguió que mi interior se sobresaltara. ¿Las otras chicas no solían actuar como yo? ¿Qué me pasaba a mí? ¿Por qué se sorprendía? Agaché la mirada con el ceño fruncido porque las preguntas recorrían un camino de curvas peligrosas en las que había carteles alertando del peligro al adentrarme más y más en aquella dirección que había tomado irremediablemente con un final que no era otro que Parker. Mi respiración se alteró un poco y le pregunté por el lavabo. Fui hasta él y me encerré apoyándome sobre la puerta. La respiración cada vez se alteraba más, me miré en el espejo confundida. Muerta de miedo porque no entendía que me pasaba, era como estar en un precipicio altísimo y nada bajo mis pies si daba un mal paso significaba una caída mortal. Tal era la sensación que tenía. ¿Qué había hecho con mi vida? Era todo tranquilidad, rutina, tener las cosas claras y de repente, una mujer había alterado cada poro de mi piel, cada célula; era sentir que mi interior renacía. ¡Una sensación terrible! Me sentía realmente mal. Pero no podía hacer más la tonta ya lo había hecho bastante, así que me enjuague la boca, me refresque la cara y pensé en volverme a maquillar antes de bajar del avión. Me miré en el espejo y susurré.

—¡Tú puedes!

Al reunirme con ella estaba ojeando una revista, pensé que de moda o algo así, pero no, era una revista de arte, me miró ,sonrió y me dijo dándome la revista.

—¿Qué te parece este cuadro?

Y en ese momento a Parker se le dibuja una sonrisa en sus labios que me llama la atención. Porque es una sonrisa diferente a las que he visto a lo largo de la reunión, quizá mi gesto sorprende a Kristina que rápidamente dijo.

Esa pregunta era la primera que me hizo en serio desde que nos conocíamos. Y lo supe por como me miraba, su mirada era totalmente diferente. Se mostraba cristalina y ansiosa, había un halo de interés real, nada de deseo. Confieso que me puso mucho más nerviosa que cuando me miraba deseándome —Kristina lo dijo sonriendo.

Para mí fue toda una sorpresa.

Sí. ¿Te das cuenta, cariño? Ahora que hablamos de todo esto, yo creo que ninguna fuimos conscientes de lo que iba a cambiar ese viaje, tú decías antes que hubieras bajado del avión, yo jamás lo hubiera creído lo que pasó. Jamás.

Vuelve otra vez Parker a entrelazar sus dedos con los de Kristina con esa mirada cálida que le ofrece cuando dice algo que le remueve por dentro.

EL PASO DE LA COMPLICIDAD AL DESAFÍO ANTE EL ODIO. PARKER

La vi primero sorprenderse por mi petición, después la vi observar aquel cuadro de Rembrandt con total atención y me sorprendió.

—El descenso de la cruz de Rembrandt. Me parece una obra muy intensa. Y mira que es una imagen que han retratado tantos y tantos pintores pero esta en particular es sobrecogedora.

—Vaya… —no pude evitar mostrarle mi maravillosa sorpresa.

—Ya te dije que me apasiona el arte. No conozco mucho de su obra pero este cuadro sí lo conozco.

—¿Sabes que Rembrandt pintó varios de esta misma escena?

—No, no lo sabía.

—Hay dos en todo el mundo que los tienen coleccionistas privados, el que ves en esta imagen está en el museo de Hermitange en San Pertersburgo. Es impresionante estar frente a él.

—Supongo que habrás visitado todos los museos del mundo —me lo dijo con tal admiración que provocó una sonrisa muy agradable en mí—. Me parece tan interesante.

—Bueno… digamos que sí pero es mi trabajo. Apasionante, eso sí.

—¿Cuál te ha impresionado más?

—Uf… no sabría quedarme con uno… no sé… Siempre me impresiona el Lovre, para mí es el más fuerte en contenido, puedes disfrutar del arte en letras mayúsculas. Pero también me gusta el National Galleary del Reino Unido… el museo de Orsay en París, el del Vaticano… Y uno de los que más me impresionó fue el de Hermitange justo el de San Petersburgo.

—El año pasado estuve a punto de ir a París, me hubiera encantado conocer el Lovre. Hasta conseguí que James dijera que sí.

—Pues es una verdadera lástima, te animo a ir.

—Desde luego, tengo pendiente ir a París.

—La ciudad del amor —le dije con algo de sorna.

—Bueno… tú no crees en el amor pero déjanos a los que creemos pensar que sí es la ciudad del amor, aunque a mí me gusta más por los museos —lo dijo como una especie de confesión.

—Todo tuyo el amor —le dije con una sonrisa divertida.

—No sé cómo puedes vivir así —aprendí pronto que Kristina no era capaz de pensar antes de hablar. Cuando se dio cuenta que había ofrecido una opinión que sabía no debía se apresuró a cambiar el tema—. ¿Por qué me enseñas este cuadro? ¿Tiene algo que ver con tus padres?

—No, nada que ver. Ellos no aprecian el arte. Tiene que ver con mi nuevo trabajo. Una de las creaciones únicas en el mundo me está esperado.

—¡De verdad! —sonrió y me pareció tan maravillosa.

—Sí. Va a ser una autentica sorpresa.

—Debe ser carísimo ¿no?

—Sí, lo es. Pero con un poco de suerte puedo conseguir un precio razonable.

—Debe ser apasionante tener en tus manos una joya así.

—Bueno, digamos que yo lo tengo poco —sonreí mirándola fijamente tenía un brillo en la mirada que me atrapó—. Más bien negocio el precio y me encargo de hacer llegar la obra hasta el comprador. Pero te aseguro que he visto reliquias que pocos pueden optar a ello.

—Impresionante —volvió a sonreír.

—Sí, lo es. Bueno será mejor que nos preparemos, hay que retocarse. Ve tú primero si quieres.

Necesitaba cortar de cuajo aquella maravillosa conversación. Era la primera mujer con la que en un viaje hasta Chicago no hablaba de moda, joyas o cosas superficiales, quise comprobar hasta que punto le gustaba el arte y me pareció que entendía más de lo que me quería demostrar. Fue interesante. Pero también desconcertante. Carraspeé tratando de encontrar en mí la fuerza para centrarme en lo que tenía por delante que era mucho más complicado que cualquier negociación de compra y venta de arte. Suspiré mirando por la ventanilla, ante mí, un cielo azul que me regalaba la más intensa de las bellezas. La misma que vi ante mí cuando Kristina volvió de arreglarse.

—Yo ya estoy.

—¡Y cómo estás!

No pude evitar el comentario.

Llegamos a Chicago y allí nos esperaba el coche a pie de pista. Sé que cuando lo vio ya le sorprendió menos. Nos despedimos de nuestra pareja de acompañantes y subimos a mi Jeep Gran Cherokee.

—¿Sabes pensé que ibas a tener un coche de lujo?

—A mis padres les molesta lo suficiente que lleve este coche.

—Vaya… ¿hay algo que no les moleste? —preguntó con el ceño fruncido.

—Muy buena —di una carcajada.

—Menos mal que te lo tomas con humor. Yo no podría soportarlo, la verdad.

—Bueno supongo que porque visualizas mi situación con tus padres y me alegro mucho que sea tan diferente a la mía.

—¿Y todo por ser lesbiana?

—¿Tú que crees? Pensé que eras inteligente —noté que me miró con malestar pero no me gustaba cuando se acercaba a lo que yo consideraba era mío—. Lo siento.

—No, me lo merezco por preguntar.

—Francamente, sí. Pero no me gusta hacer daño a la gente.

Y aquella frase sentí que la relajaba nuevamente.

Llegamos a la mansión Forsyth. Justo cuando crucé el gran portalón mi corazón comenzó a golpear con fuerza, no lo podía evitar por mucho que quisiera mostrarme frívola o que me importaba poco la situación, era todo lo contrario. Me dolía porque de algún modo cada vez que entraba en aquella mansión que un día fue mi hogar pero que pasó a ser mi cárcel y mi tormento diario, recordaba lo sucedido.

—Madre mía… ¡esto es enorme!

—Sí —sonreí—. Te lo enseñaré con calma.

—¿Qué hay plantado?

—Pues si no me equivoco debe ser trigo, esta plantación de aquí a la derecha es un capricho de mi padre para mostrar su fuerza. Después está aquí a la izquierda toda esta extensión que un día fue maíz pero que finalmente lo quitaron.

—¿Y esto?

—No lo sé, aquí no había nada el año pasado —le dije desconcertada.

Seguimos por el camino unos metros más hasta que giré a la derecha dejando más extensión de tierra en la parte izquierda. Un kilómetro después llegamos a una gran fuente que daba la bienvenida y tras ella a unos metros la gran mansión Forsyth.

—¿Qué te parece? —le pregunté sonriendo.

—Madre mía…

—Vamos.

Sonreí al ver su gesto. Bajamos del coche y ambas cogimos nuestros bolsos, vi que me observaba no sabía porque pero se acercó hasta a mí cogiéndome de la mano, entrelazando sus dedos con los míos y me dejó un suave y delicado beso en los labios.

—Allí a la izquierda están los establos —dije un tanto azorada.

—¡Parker!

La voz fría y ofendida de mi madre me impidió contarle que después la llevaría para que pudiera ver los caballos que intuí le había impresionado bastante.

—Mamá… ¿qué tal? —mi saludó fue tan frío como la voz de mi madre. Sus ojos se dirigieron horrorizados hacia Kristina—. Te presento a Kristina, mi novia y muy pronto mi prometida.

—Hola, señora Forsyth —reconozco que Kristina se mostró con una sonrisa amable.

—¡Pasad!

Nos ordenó con un gesto tan ofendido que me hizo sonreír.

—¡Touché! —susurré divertida ante la mirada incrédula de Kristina.

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