PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 8

LA TENSIÓN SE PODÍA CORTAR. KRISTINA.

Desde que bajé del avión, todo sucedió con una rapidez que no me daba tiempo a asimilar las cosas. Pero en cuanto entramos en la mansión de los Forsyth mi mundo se hizo muy pequeño. Era algo tan enorme como frío. Aquella mansión tenía mucha luz pero era tan tenebrosa que daba miedo. Pero claro, yo no sabía nada de lo que allí había ocurrido y tan solo debía seguir las instrucciones de Parker. Al bajar del coche me fijé en que hombro se colgaba el bolso para saber donde colocarme y cogerle la mano, de paso la besé, era lo que esperaba de mí. Su sonrisa me gustó. Dimos unos pasos y el primer encontronazo fue con su madre. Una señora muy bien vestida, con un moño recogido detrás y con los mismos ojos de Parker. No tenía ni una arruga pero su rostro tampoco tenía expresión. Era como las actrices que salen en la televisión y no transmiten nada de tantas operaciones que llevan en él, pues ella igual. Ahora bien, su mirada era la misma mirada que la de Parker. Y pude percibir que lo que me había comentado era cierto, se enfadó muchísimo al vernos, principalmente al verme a mí. Y tal como predijo Parker, ni siquiera evitó mostrar su malestar.

La seguimos al interior de la casa en la que una enorme escalera tomaba el protagonismo en la entrada. Todo allí debía ser carísimo, todo a lo grande. Parker me miraba con gesto divertido. Vi a su madre perderse por un pasillo que daba a una sala, no solté la mano de Parker en ningún momento y pareció complacerle. Al entrar un hombre que fumaba en pipa estaba sentado en un sofá, junto a él una mujer más joven que tenía cierto aire a Parker aunque se notaba que como su madre se había retocado las arrugas de la cara. Los dos me miraron con un descaro que provocó en mí un sonrojo realmente intenso.

—Hola —les saludó Parker.

—Hola —alcanzó a contestar el padre mientras la rubia que había a su lado me miraba de arriba abajo sin cortarse.

—Os presento a Kristina, mi prometida.

—Buenos días, me alegro de conocerlos —me salió de carrerilla con cierto temblor de voz.

—La comida estará en media hora. Dejad vuestras cosas tienes la habitación preparada.

La voz sonaba como si fuera un cuchillo que cortara la tensión que se captaba en el aire. Todos estábamos tensos excepto Parker que parecía disfrutar de la situación. Salimos de allí y me soltó la mano. En ese momento apareció otra mujer que me miró con el mismo porcentaje de aprensión y asombro.

—Hola Camila, ¿qué tal?

—¡Qué desfachatez tienes! —le recriminó con mirada feroz.

—Querida cambia de cirujano porque esta vez te ves mayor.

Se lo dijo con un susurro que no por su tono bajo dejó de llevar una alta carga de munición dañina contra ella. Subí detrás de sus pasos, miraba todo y me parecía increíble que en una casa así pudiera vivir alguien. Los pasillos eran interminables y había puertas a ambos lados. Hasta que llegamos a una que estaba al final. Parker abrió y entramos. Al principio me dolieron los ojos, las paredes estaban pintadas con un color rojo que asustaba. Las cortinas blancas y la cama blanca con un plumas rojo, muchos almohadones y un póster en una de las paredes de Cher.

—¿Qué te parece?

—¿Cher? —la miré porque fue lo que más me impactó.

—Sí, era mi amor platónico —sonrió divertida.

—No lo hubiera imaginado.

—¿Qué me gustara Cher?

—No, que tuvieras su póster ahí.

—Bueno… es una manera de conseguir que no entren en esta habitación y, si lo hacen, sigan teniendo muy presente quién soy. ¿Qué te ha parecido la casa?

—Parece la de Dinastia o Falcon Crest —dije sonriendo ante su carcajada.

—Sí, mis padres son muy de aparentar que son millonarios.

—Porque lo son —le respondí dejando la maleta donde me había indicado.

—¿Y qué te han parecido ellos?

—Imagino que si me preguntas podré dar mi opinión —la miré con una mano puesta sobre mi cadera.

—Por supuesto.

—Me han dado mucho miedo —dije francamente—. Me miraban como si pudieran asesinarme en cualquier momento.

—Tranquila, aunque es lo que quieren no se lo voy a permitir.

La miré entornando mis ojos porque lo había dicho muy seria y por un momento me asustó más de lo que lo habían hecho ellos.

—¿Y mis hermanas? Debo avisarte que te falta lo peor de la casa.

—¿Todos viven aquí?

—No, para nuestra suerte mi hermano vive en otra mansión como está. Pero mis hermanas, sí.

—¿Lo he hecho bien? —le pregunté realmente preocupada.

—Sí, muy bien. Sabía que lo harías así.

Me sorprendió aquella respuesta, la verdad. Entonces aproveché que fue al cuarto de baño que había dentro de la habitación para enviar un mensaje a James diciéndole que habíamos llegado y que todo estaba bien. Lo hice sin que lo viera para que no me dijera que el móvil lo debía tener fuera de servicio. Ese tema me preocupaba un poco en algún momento necesitaría hablar con James. También avisé a mi madre pero ya lo que me contestó no lo leí.

—Puedes dejar la ropa en los armarios.

—¿Por qué tienes la habitación pintada de rojo?

—Porque es el color que más odia mi madre.

Me llamó la atención la respuesta, parecía que Parker hacía todo lo que podía molestar a sus padres. Pero no dije nada más, debo decir que vi claramente la diferencia entre la Parker de Nueva York con la de Chicago.

—Ahora no vamos a tener tiempo pero después te enseñaré las cuadras. Eso sí, vamos a ver la piscina.

Y me llevó hasta la impresionante piscina. Al llegar me cogió de la mano y me detuvo mirándome a los ojos. Pasó su mano por mi cara y me besó. Lo hizo con toda la pasión que podía en ese momento. A mí me pilló tan de sorpresa que no pude evitar gemir mientras ella me apretaba más contra su cuerpo. Al separarnos supe por qué lo había hecho. Su madre miraba desde la ventana de la sala donde quizá habíamos estado. Y yo sabía que en ese momento debía interpretar mi papel de novia enamorada, de ahí que pasé mis manos por su cintura y la volví a besar. Cuando volvimos a separarnos ella me sonrió como si así diera el visto bueno a mi gesto.

Mientras seguía contándome cosas de la casa y de los alrededores realmente mi preocupación se centraba en la comida. ¿Serían igual de antipáticos conmigo? ¿Harían un pequeño esfuerzo por ser más amables? ¿Qué ocurría realmente para que entre ellos hubiera esa tirantez? ¿Solo era la homosexualidad de Parker o había algo más? Estaba muy incómoda pensando que debía sentarme en una mesa rodeada de gente que en ese momento me odiaba. Tragué saliva y traté de serenarme en el mismo instante en que entramos en el grandioso comedor y lo hacía sabiendo que debía decir que trabajaba con Parker en el tema del arte. Ni más, ni menos. Me temblaba todo.

Kristina al detenerse mira a Parker, es como si supiera que esta parte le va a doler, y con una sonrisa triste pero con fuerza le toma de la mano. Sabe que es su turno. Y aquí percibo solo con sus gestos que no fue fácil, nunca es fácil cuando la gente que supuestamente te quiere te da la espalda por ser diferente. Por muy fuerte que pueda parecer Parker, hasta a ella le debió doler. Nuevamente una sonrisa de Kristina precede al instante en que Parker toma aire para hablar.

CAMINAR POR EL ALAMBRE SIN RED. PARKER

Estar en un lugar donde todo el mundo te mira mal, por mucho que tú quieres controlar tus emociones es complicado, yo ya tenía experiencia en ello y seguía pasándolo mal, aunque conforme pasaban los años me iba haciendo más fuerte al respecto. Sin embargo, era consciente que Kristina no estaba del todo preparada para ese momento. Tenía un poco de miedo por ella, pero ya le había aleccionado en el avión para que precisamente supiera como defenderse de los posibles ataques de mi familia porque con mis anteriores compañeras no podían ni se atreverían pero la juventud de Kristina la hacía una presa fácil, por eso le insistí tanto, porque ella contaba con la ventaja que no debía influirle, no le afectaba lo que dijeran por lo tanto traté de serenarme cuando tomé asiento. Era consciente que mi madre había visto la escena de la piscina y era un pequeño triunfo para mí.

—¿En qué trabajas? —le preguntó de pronto mi hermana con voz gélida.

—Trabajo con Parker, soy su ayudante en el despacho y la galería.

—¿Aún trabajas? —la voz de mi madre no fue muy diferente a la de mi hermana y noté como Kristina me miraba de reojo algo incrédula por la pregunta.

—Sí, mamá. Claro que trabajo ya sabes que me apasiona trabajar, yo no soy de estar en casa leyendo revistas.

Y volvió el silencio.

—Eres muy joven, ¿qué edad tienes? —volvió a insistir mi hermana.

—Vaya… deberías saber que a una mujer no se le pregunta su edad —le respondió con su mejor sonrisa, me sorprendió y no pude dejar de sonreír divertida—. Tengo veintitrés años.

—Esta vez has superado la barrera, un poco más y te detienen por asalta cunas —me espetó mi hermana sin piedad.

—Ya hago lo posible porque superen la barrera de la permisividad —respondí con su mismo tono—. Además, Kristina va a ser mi mujer. Digamos que… voy a sentar la cabeza ¿verdad, mi amor?

—Más te vale —lo dijo con un tono tan real que volví a dar una carcajada.

—Ya sabes que sí, cariño.

El servicio trabajo el segundo plato.

—A las cinco y media tenemos la firma —apuntó mi padre.

—De acuerdo, papá.

Como hacía siempre que estaba acompañada de alguna mujer, se levantaba y se marchaba. Mi madre lo hizo poco después no sin antes decirme.

—¡Se puntual!

—Claro, mamá.

El servicio trajo café y té.

—Nunca cambias… ¿sentar cabeza? Ten cuidado al pasar por las puertas, que no vas a poder —le dijo a Kristina con tono agrio.

Mi hermana se levantó tras aquella advertencia y se fue. Nos quedamos solas.

—¿Té o café?

—Pues casi te pediría una aspirina.

—¿Sí? —la miré con gesto un tanto de pena.

—Madre mía…

—Ven… voy a ayudarte.

La cogí de la barbilla y la besé. Se quedó con los ojos cerrados porque tan solo fue un suave roce en los labios.

—Tengo una idea mejor, vamos a la piscina.

—¡Estás loca! Con el frío que hace.

—A la climatizada. Nos vamos a divertir.

—No me he traído nada para la piscina.

—No te hace falta.

Fue un susurro que la dejó con la boca abierta. Sonreí mostrándole abiertamente lo que iba a suceder tan solo por mi forma de mirarla. Le dije que me esperará. Subí a la habitación y saqué dos albornoces iguales que había comprado. Lo hice deprisa porque aunque sabía que todos habían subido a sus habitaciones a descansar, no quería exponerla a la visita de mis cuñados o mi hermano. Llegué y estaba sentada bebiendo el té.

—¡Vamos! —la animé cogiéndola de la mano.

Kristina sonrió con cierto apuro. Salimos por la puerta del jardín trasero y allí había una gran piscina rodeada por una cristalera que la convertía en una maravillosa piscina climatizada pero como si estuviera al aire libre. Entramos y la llevé a los vestuarios individuales que había para que se cambiara.

—¿Pero que me voy a poner? —sonrió nerviosa.

—El albornoz —respondí con un gesto claro de evidencia.

—¡Sin nada! —abrió mucho los ojos.

—Eso es —di una carcajada.

—¿Y no nos verán en la piscina? Esto está rodeado de cristal.

—De eso se trata.

Sé que aquella afirmación tan contundente le provocó una sorpresa y me percaté que no estaba muy de acuerdo con mi proposición de todas todas indecente, pero sabía que no debía opinar y sí actuar. Suspiró con fuerza tratando de controlar creo que la irritabilidad que mostró su rostro. Me cambié lo más rápida que pude para estar esperándola y que no se sintiera demasiado incómoda. La esperé mirando a través de uno de los cristales, lo que más me gustaba de aquel lugar eran los árboles, grandes y fuertes. Cuando era adolescente y descubrí la verdad sobre mí misma les envidiaba porque me sentía tan pequeña e insignificante, quería ser como ellos,quería tener la fuerza suficiente como para vivir mi vida sin hacer daño a los demás. En ese momento podía visualizarme en la pequeña capilla que hay junto a los establos, sentada mirando aquella cruz que habían construido especialmente para mi padre, era fuerte y robusta, justo como mi padre se veía así mismo. Me sentaba frente a ella y trataba de tomar conciencia de que de alguna manera yo también era igual, fuerte para asumir mi verdad y poder vivir en paz conmigo misma. Porque por mucho que rogué siempre supe que mis padres no iban a aceptarme.

—Ya estoy —me dijo como temiendo romper mi momento.

—¡Ah, vale!

—¿Estás bien? —me miraba tratando de adivinar por mi rostro si estaba afectada.

—Sí, sí, claro. Recordaba momentos de mi niñez aquí. Ven.

—Parker… yo creo que…

—Shhhh.

Le quité el albornoz y la miré intensamente. Noté su rubor pero suspiró e hizo lo mismo me desabrochó el nudo del cinturón del albornoz y lo dejó caer sobre mis pies. No apartaba la mirada un tanto nerviosa de mis ojos. Fue algo extraño porque el espacio de tiempo real en que ocurrió aquello fue muy corto, sin embargo, para mí fue como si todo transcurriera lentamente. Su gesto, su mirada, el morderse mínimamente el labio inferior en señal de total aturdimiento al tiempo que me quitaba el cordón del albornoz. Fue tan intenso como excitante. Muy excitante.

Nos metimos en el agua y ella dio un pequeño grito de placer. Sonreía divertida como si al entrar allí su pudor se hubiera volatilizado como las gotas del agua al introducirnos.

—¡Qué calentita y buena que está!

—Sí… es lo único que echo de menos en mi casa —entonces me dirigí hasta ella y la cogí de la cintura.

—Parker —su reacción fue mirar hacia todos los lados nerviosa mientras se echaba con la mano el pelo para atrás.

—¿Qué?

—Nos pueden ver… por favor, Parker… que me da mucha vergüenza.

—Vamos a relajarnos, si miran es su problema.

—No, no… pero… —lo decía mientras yo recorría su espalda en línea descendente. La había acoplado a mi cuerpo que apoyaba contra la pared de la piscina y en ese instante comencé a besar lentamente su cuello—. Esto no está bien…

—Shhhh

—Parker yo no me puedo concentrar… ¡si nos pillan me muero de vergüenza!

—¿Y eso no lo hace más excitante todavía?

Mis labios atraparon los suyos para que no contestara, su resistencia fue nula no sé si por mi caricia entre sus muslos o porque pensaba como yo en la excitación de poder ser descubiertas. Pasó sus manos alrededor de mi cuello y se dejó hacer como otras veces. Sabía que le sorprendía que yo tomara la iniciativa, supongo que su concepto era otro al aceptar el trabajo que debía hacer. No hay nada más excitante que ver en los ojos de otra mujer el placer que le estás provocando. A mí me encanta, por eso le pedía que no cerrara los ojos mientras trataba de respirar y no gritar. Notaba como sus músculos se iban contrayendo, su mano izquierda atrapó mi pecho y lo hizo con fuerza. Yo gemí y ella no pudo aguantar más tiempo callada. Fue maravilloso. Aunque al final me trastocó se abrazó fuertemente a mí y me susurró mientras notaba su sexo palpitante.

—No me sueltes.

Y no la solté, la estreché contra mí y notaba como iba buscando el ritmo en su respiración. Incluso yo hacía lo propio. Me había excitado tanto que también necesitaba un poco de calma, pero solo un poco.

—Kristina…

—Lo sé… pero… es que… no puedo, espera un poco… —deslizó su voz entre cortada en mi oído.

—Vale… tranquila…

Le susurré mientras sin darme cuenta le acariciaba lentamente la espalda. Nuestras respiraciones fueron al mismo compás calmándose. Pero entre la pasión y la calma se coló algo en mí que no me di ni cuenta en ese instante pero significó después ser consciente de que hacía muchos años que no abrazaba y acariciaba a una mujer de la manera que lo estaba haciendo con ella.

Acaba de hablar y como siempre hace mira a Kristina, ella le sonríe y asiente como dando por bueno aquel momento en que algo pasó en el interior de Parker. Soy capaz de ver en su rostro una señal parecida al desconcierto. Y le pregunto sobre ello mientras ella da un sobro a su copa de vino.

Supongo que no somos capaces de darnos cuenta de que vamos contra nuestros principios, o quizá como estaba en casa de mis padres me dejé llevar con la fuerza de provocarles. No lo sé, la cuestión es que me vi un tanto descolocada con Kristina, era una mezcla de timidez y fuerza al mismo tiempo, siempre la he definido como un ser especial. Tiene ese aura que te atrapa y no sabes muy bien qué hacer, a mí me cautivó tanto como me desequilibró. Yo tenía mi vida tengo una edad lo que menos quería era tener una relación en serio con nadie, mucho menos con alguien a quien le doblara la edad. Sí, eso es, como te decía antes no me di cuenta pero con su sencillez, su carácter, esa fuerza que tenía y ni ella misma era consciente de ello, hizo que fueran quebrándose uno a uno mis principios esos que no querían a nadie a mi lado.

¿De verdad sentiste aquello?

Sí, cariño. En aquel momento no lo capté o lo aparté de mi mente con rapidez.

Serían dos minutos los que estuvimos así ¿verdad?

Algo así.

Y lo cambio todo.

Sí, me temo que sí.

Y ríen de buena gana, son felices. Insisto me dan envidia.

UN DESCONCERTANTE ABRAZO. KRISTINA

Confieso que la comida en aquella casa fue terrible, no podía creer que Parker perteneciera a esa familia. Me miraban con ojos escrutadores sobre todo las dos hermanas. La madre lo hacía con un profundo desagrado, y el padre ni eso. No me miró ni una vez. Agradecí que se marcharan fue un profundo alivio para mí. Pero entonces, Parker esa Parker seductora y atrevida que se mostraba cada vez que íbamos a tener intimidad apareció. Me llevó de la mano a la piscina y ante mi asombro me propuso que me desnudara y me metiera con ella en la piscina. Sí, aquel lugar estaba rodeado por unas cristaleras enormes por las que alguien podía vernos perfectamente desde la casa, no estábamos tan lejos como para asomarse a la ventana y no vernos. Me sentí fatal, pensé que estaba loca y tuve ganas de irme de allí. Aquel lugar empezaba a crearme una ansiedad horrible. Pero entonces, cuando quise huir, recordé el trato. Así que me metí en el vestuario para desnudarme, conforme lo iba haciendo pensaba en lo que estaba ocurriendo en mi vida, pero como me dolía percatarme realmente de ello, me centré en lo que significaba ser lesbiana. Podía captar las emociones negativas de los miembros de la familia contra Parker, recordé la prima de James y con el tono despectivo con el que habló de ella. Yo, si tuve alguna amiga lesbiana no lo supe, podía ser, claro. Viendo lo que estaba viendo no me extrañaría que alguna lo fuera pero no lo dijera por temor a ser juzgada por su propia familia. ¿Cómo se debía sentir Parker? No en ese momento en el que parecía tenerlo superado y desafiaba a sus padres con la presencia a su lado de mujeres diferentes. Sino en el momento en que lo dijo ¿qué ocurrió para llegar al punto en el que estaba? Pensar en aquello me ayudó a salir y relajarme algo, si le había hecho daño el comportamiento de su familia a mí me apetecía ayudarla a que se sintiera de algún modo aliviada. El amor es amor y se ama a quien quiera, yo nunca he tenido reticencias por las condiciones sexuales de la gente, siempre pensé que eso.. el amor es amor libre y puro. Aunque jamás pude imaginar que yo podría estar con una mujer, de ninguna de las maneras. Rotundamente no.

Con ese pensamiento salí del vestuario, antes me miré en el espejo cuadrado que había en aquel lugar que tenía todo lujo de detalles. Al salir, la vi mirando por la cristalera, sonreí levemente al darme cuenta que llevaba el mismo albornoz que yo. Su gesto mostraba una expresión triste y quizá lo que no me había contado que había ocurrido allí en aquella mansión lo estaba viviendo de nuevo al reencontrarse con su pasado. La llamé con precaución porque no estaba segura de hacer bien en distraerla pero creo que lo agradeció por el intenso suspiro que dio. Sus ojos se mostraban tristes por mucho que sonreía.

Lo que vino después me desarboló, pensé que sus intenciones eran mostrarme, una chica joven a su lado estaba bien. Pero jamás pensé que quisiera volverme loca en la piscina a los ojos de cualquiera. No podía creerlo me moría de vergüenza sobre todo porque si alguien se asomaba a cualquier ventana podía verme a mí. Intenté levemente resistirme pero sus manos tenían el poder de atraparme y qué decir de sus labios, me besaba con esa sutileza, con ese roce que provocaba en mí un maravilloso temblor. Fue tal la sacudida que produjo en mi interior que necesité casi rogarle que me dejara un poco de tiempo para recomponerme, no físicamente, más bien psicológicamente. Ni siquiera de que alguien nos estuviera viendo, es que en aquella piscina me hizo sentir algo que jamás pensé pudiera sucederme, mi corazón había palpitado tan fuerte, su orden de que la mirara me provocó ese instante en el que pensé perdía la cordura. Y aquello era la primera vez que me pasaba. Necesité abrazarla para calmarme para no echarme a llorar y decirle que me estaba volviendo loca. Por el contrario, aquellos minutos en los que fui recobrando mi cabeza, deseché cualquier idea sobre lo que acababa de suceder. Sin duda, el entorno, todo lo que habíamos vivido y la situación en la que estábamos me había provocado bajar las defensas y dejar que el placer llenara mi cabeza de las ya consabidas hormonas de la felicidad que me hicieron sentir lo que no era real.

Llegó su turno y conseguí que explotara de la misma manera que yo, a esas alturas ya sabía qué le gustaba, qué quería de mí. Y lo conseguí, al final una carcajada por mi parte y una gran sonrisa por la suya dio por bueno aquel momento piscina que jamás olvidaré.

Volvimos a casa cogidas por la cintura y sonriendo. Nos habíamos duchado y cambiado todo en aquel increíble lugar. Pensé mientras me duchaba que los ricos tenían mucha suerte, poder tener al alcance de tu mano todas aquellas comodidades hacían la vida mucho más sencilla. Aunque no cambiaba mi casa por aquella mansión desangelada.

—Ven al despacho —la llamó su padre saliendo a su paso.

—Sube, cariño, enseguida estoy contigo —me besó y entregó el albornoz.

Subí las escaleras pensando que el padre nos había descubierto y le iba a caer una gran bronca a Parker. Me puse nerviosa sin querer, pero agradecí tener ese tiempo para poder hablar con James. Al llegar al final de la escalera me encontré con la hermana de Parker, Camila. Su mirada me frenó en seco.

—Así que mi hermana se piensa que nos va a hacer creer que eres su prometida. ¿Cuánto te paga? Porque estoy segura que eres una puta de las muchas que usa.

—¡Cómo! —traté de ganar tiempo porque me había dejado ko.

—¡Quién va a querer estar con alguien como ella!

—¿Yo, por ejemplo? —le hablé con tono duro e irónico.

—Eres una pobre infeliz, ¿vas a por su dinero? Porque no veo que otro motivo tienes, podría ser tu madre.

—Iré por el mismo orden que has utilizado. No voy a por su dinero y tengo el motivo de amarla por que no, no es mi madre es la mujer que amo y me ama. Ah, y no soy ninguna pobre infeliz. Parker con su amor me hace inmensamente feliz.

Dicho esto me fui más que nada porque no estaba acostumbrada a estas cosas y no sabía si iba a cometer un error. ¿Sabían que Parker utilizaba prostitutas? Quizá por esa razón me miraron así debieron pensar que yo también lo era.

—Claro que lo soy —susurré—. Tengo que hablar con James.

Me metí en el cuarto de baño con la puerta junta para controlar no entrara alguna de las arpías de esa casa y me pillara hablando por teléfono. Exhalé un gran suspiro y marqué el contacto de James. En la fotografía estábamos los dos juntos sonrientes. Por un momento me dolió el corazón. Para mi suerte estaba en una reunión con sus colegas y no me hizo muchas preguntas. Le conté que estábamos ya en casa de los padres de Parker y que no iba a salir de allí porque debíamos madrugar mucho al día siguiente para ir a la galería. Una vez finalicé de hablar y mentir, me dirigí hasta la ventana y me quedé mirando la impresionante extensión de tierra y árboles que tenía la mansión. Pero lejos de ver lo que tenía ante mis ojos mi recuerdo volvió nuevamente al abrazo en la piscina. A sus manos dibujando caricias suaves sobre mi piel. No había sucedido aquello con anterioridad, todo había sido bastante frío pero por mi parte no podía soltarme de ella y parecía que ella no quería soltarme, al menos, eso era lo que yo percibía. Podía estar equivocada, claro, pero… me dio la sensación de que mi ruego fue para ella también un alivio. ¿Estar en casa de sus padres le bajaba la barrera de ser tan fría una vez hecho el amor? ¿Le provocaba ser más cercana? El trato que recibía ¿sería el culpable de mostrase más sensible?

—Ya estoy aquí —oí su voz entrando en la habitación.

—¿Has tenido algún problema? —mi cara era realmente preocupada.

—No, ¿por qué? —me miró como si le sorprendiera la pregunta.

—Por si nos había visto.

—¡Olvídate de eso! No pasa nada. Tienes que cambiarte vamos a firmar los papeles y necesito que estés a mi lado.

—Claro.

No sabía qué papeles no sabía qué había cambiado en ella que su rostro parecía más tranquilo. Aunque realmente en aquella casa podía suceder cualquier cosa en un segundo y me había quedado clara con la aparición de su hermana.

Nos cambiamos y bajamos. Estábamos solas aunque yo presentía que no debía ser cierto. Parker me llevó hasta una sala diferente. En aquella casa había tantas que llevaba horas allí y todavía me faltaba ver la gran mayoría de ellas. Yo estaba distraída mirando un cuadro de sus padres colgado sobre una chimenea. Era de dimensiones enormes, exagerado pensé.

—Es lo que entienden mis padres por arte. Su retrato. Y como ellos muy desproporcionado en tamaño.

—Parece que me hayas leído el pensamiento.

—¿Ah, sí? ¿Pensabas eso? —me preguntó con ese tono juguetón que solía usar para mostrarme sus ganas de tocarme o besarme.

—Sí —respondí ciertamente azorada.

—Creo que sabes mucho más de arte de lo que cuentas —había pegado su cuerpo al mío.

Y noté como su mano recorría mi espalda lentamente hasta llegar a mi trasero y apretarme con fuerza. Soltó una carcajada ante mi pequeño quejido.

—¡Parker! —nuevamente la voz de su madre apareció como si fuera una espada que nos traspasara y partiera en dos.

—Mamá.

—Dile a tu… lo que sea que salga… quiero hablar contigo.

—Mi prometida y ya se lo has dicho tú.

Parker me asintió con la cabeza, me daba cuenta que trataba de protegerme con los actos de su familia. En el fondo, estaba segura que era mucho mejor persona de lo que todos pensaban de ella. Me quedé en la puerta escuchando. Primero su padre, ahora su madre. ¿Esa era la rutina que debía aguantar cada vez que iba? ¿Por qué seguía yendo? ¿No podía hacer esos negocios en la distancia? Yo lo haría por no ver sus caras y aguantar sus desprecios. La voz acerada de la madre llegó rápidamente a mí.

—¡No te da vergüenza! ¡Estas son maneras de comportarte en casa de tus padres! ¿De dónde has sacado a esa cría?

—No es una cría, mamá. Es una mujer.

—¿Una mujer? ¿No te das cuenta que podrías ser su madre? ¡Dios lo pienso y se me remueven las tripas!

—Qué raro —la vi por la ranura de la puerta, lo dijo y sonrió con gesto divertido.

—¡Y disfrutas haciendo que tu madre se avergüence de ti cada vez que te ve!

—Bueno… digamos que es algo que no me preocupa lo más mínimo —lo dijo con tal despego que no me pareció la Parker que yo conocía.

—Hace mucho tiempo, pensé que Dios me daría la oportunidad de que redimieras tus pecados y te volviera normal.

—¿Normal? Soy perfectamente normal. Lo que no es normal es vuestra manera de tratarme —le reprochó Parker que ante aquella frase parecía haber perdido el control que aparentaba. La acusación de su madre me había dolido hasta a mí—. Ni vuestra manera de odiarme.

—Tú sola te has ganado que sea así, intentamos curarte.

—Mamá… por favor…

—Pero estás enferma… ¡y ahora que te veo con esta niña mucho más enferma!

—No es una niña, es una mujer adulta.

—Jamás pensé que me avergonzaría de ti hasta este extremo, debería denunciarte a la policía.

—¡Oh! —su quejido fue el mismo que el mío, solo que yo me tapé la boca para que no se oyera y el de ella apareció acompañado por una sonrisa sarcástica.

—Eres el demonio en persona… ¡el demonio! Hemos tenido que renunciar a una parte de lo que nos corresponde para no verte, para no saber de ti. Para que no sigas atormentando a esta familia con tus actitudes enfermas.

—Esta familia sí que está enferma.

—No te permito que digas eso… ¡no te lo permito!

—Estás ciega mamá, siempre estuviste ciega porque eres una mujer sin alma, sin dignidad y sin amor propio.

—¡Cállate! —le alzó la voz y me hizo saltar de la impresión que me dio—. ¿Qué crees que va a ser de ti? ¿Por qué crees que están contigo las mujeres? Por tu dinero, si no fuera por eso no estarían a tu lado. Jamás serás feliz… jamás ninguna te amará ¡jamás! ¡Porque estás repleta de maldad! De una maldad enfermiza que te va a llevar a quedarte sola, ¿crees que te mereces algo mejor? NO —su grito todavía fue mayor—. Nunca vas a saber lo que es el amor, nunca va a estar ninguna mujer a tu lado por amor, porque eso no existe en lo que eres ¡solo eres vicio y enfermedad! Siempre dependerás de pagar para que una pueda estar junto a ti. No vales nada… no eres nada ni nadie.

—¡Ya está bien! No tiene ningún derecho a hablarle así. Ya quisiera usted tener el corazón que tiene Parker, usted no le llega ni a la suela del zapato. Y no soy ninguna niña, sé perfectamente lo que quiero y es a su hija porque no tenga dudas es lo mejor que me ha pasado en mi vida, no quiero su dinero, tan solo la quiero a ella. Y si hasta ahora nadie ha dado la cara por Parker, aquí y ahora estoy yo para darla por la mujer que amo.

La cara de Parker no podía mostrar mayor orgullo mientras me cuenta este pedazo de su vida. Sin duda esa reacción de su madre tan injusta y que seguimos a día de hoy sufriendo algunas lesbianas fue el motivo que hizo saltar a Kristina. Con la fuerza que describió la escena con el coraje que estáis imaginando.

A mi madre no le había hablado así nadie. Su cara era de una impresión bárbara. Pero te aseguro que nada comparado con mi impacto.

Fue brutal. Sí, es que me estaba haciendo daño a mí sin tener nada que ver podía imaginar como se sentía ella.

Confieso que entre el abrazo y su reacción me había dejado fuera de lugar. Y lo más intenso estaba todavía por llegar —mira a Kristina y le sonríe—. Como ves nuestro camino no fue un camino de rosas.

Nada parecido a una historia romántica y maravillosa de amor, fue en algunos momentos un calvario.

Pero así es la vida, mi amor. Y así lo entendimos —apunta Parker sonriendo y entrelazando nuevamente sus dedos con los de Kristina que le sonríe asintiendo.

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 8

  1. Gracias, Laura. Desgraciadamente a pesar de avanzar, en algunos casos la realidad supera la ficción.
    Seguimos.
    🤗😘

  2. Ajjajajaja sí señora puso en su lugar a la bruja de la madre!!!! Jajajajajaja puedo imaginarla toda echa una fiera!!!…. Pero por desgracia ay muchas mujeres que hoy en día siguen sufriendo eso….es una pena!!!!
    Me encanta esta historia, porque ellas mismas lo cuentan!!! Que grande eres amiga, un abrazo

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