PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 98

LA EXPOSICION. PARKER.

El día llegó como todo en la vida, después pasa muy rápido y apenas lo puedes disfrutar por los nervios. Eso yo lo tenía muy claro así que decidí ayudar a Kristina. Me desperté y allí estaba hecha un ovillo en mi espalda. Sonreí, jamás pensé que abrir los ojos y ver a alguien durmiendo así podría hacerme sentir tanta ternura y emoción a partes iguales.

—Cariño… despierta…

—Mmmm —sus sonidos guturales me hacían mucha gracia.

—Mi amor… —le decía con dulzura mientras me daba la vuelta y la observaba con el antebrazo puesto debajo de mi cara—. Kris…

—¿Qué pasa? ¿Ya es de día? —me preguntaba sin abrir los ojos.

—Sí, ¡hoy es el día! —entonces abrió los ojos de golpe y yo di una carcajada—. Vamos a desayunar tenemos muchas cosas que hacer.

—¡Ay, madre!

—Venga… que tengo una sorpresa… voy a preparar el desayuno. Cinco minutos y te levantas.

—¿Una sorpresa? —se sentó en la cama cuando me levanté yo.

Yo la miré, le guiñé un ojo y fui hasta el lavabo. La escuché como se desperezaba y bostezaba a la vez. La podía imaginar y no había manera de borrar mi sonrisa de los labios.

—¿Qué es? —me preguntó mientras me lavaba las manos.

—Es una sorpresa, ahora si quieres te la digo y deja de serlo.

—¡Está bien! ¡Ni una sola pista… eres implacable! —me besó y pasó hasta el lavabo.

Desayunamos hablando de la exposición, a mitad de la conversación recibimos un whatsapp de Nadia dándonos los buenos días y preguntándonos si estábamos nerviosas, porque según su mensaje, ella estaba atacada. Nos reímos un rato con ella y después le dije a Kristina que se pusiera unos vaqueros y camiseta. Me miró extrañada pero me hizo caso sin preguntas. ¡Y ya era raro! Subimos al coche.

—¡Dios! —susurré porque Kristina se había puesto el asiento a su altura y yo no me podía mover.

—¡Perdón! Se me olvidó ponerlo bien —me decía riendo divertida.

—No pasa nada —le sonreí divertida.

—Estoy muy nerviosa, te lo advierto. Menos mal que no soy como tú que ante los nervios desatados te mueres de risa.

—Es verdad… tú solo pones cara de mucho susto.

—Llévame donde quieras, hazme lo que quieras —me dijo con tono melodramático que arrancó en mí una carcajada—. Lo siento, me ha salido la vena drama.

—¡Totalmente! Y la segunda parte anoche la cumplí.

—Mmmm, sí. Y no sabes lo mucho que me haces sentir, lo que provocas en mí… es increíble.

—Me alegro.

—¿Y yo? —arranqué saliendo a la carretera.

—¿Tú qué?

—¡Oh, venga! —la miré enarcando las cejas de manera divertida—. ¡Va Parker! ¿Yo te provoco lo mismo?

—¡Bueno…! —me callé.

—¡Cómo que bueno! —me gritó divertida mientras me reía a pleno pulmón—. ¡Nunca hubiera dicho que bajo esa mujer recta, dominante había escondido un ser maléfico que se burlara tanto de mí!

—¡Soy un ser maléfico! Bueno entonces está claro que cuando me muera iré al infierno con mi abuela.

—¡Ves!

—Prometo esperarte, no liarme con ninguna morena, pelirroja o…

—¡Parker!

Me cortó de cuajo y volví a reír. Y ella volvió a decirme que no le hacía ninguna gracia que hablara de mi muerte.

Llegamos a un pequeño balneario que era un tesoro. Había contratado un pack circuito termal, y una experiencia maravillosa en cabina de aromaterapia con masaje fácil y relajante de todo el cuerpo. Además de hacernos un tratamiento revitalizante, que nos iría de maravilla después de todo lo que habíamos pasado. Nos hicieron una bonita manicura, pedicura y finalmente pasamos por peluquería.

Salimos de allí y Kristina me cogió del brazo apoyando la cabeza en él mientras me decía.

—¿Te he dicho que eres maravillosa?

—Que yo recuerde desde que hemos entrado y hemos ido por los diferentes recorridos me has dicho que soy fantástica, que estoy muy buena, que te vuelvo loca, que te he hecho el regalo de tu vida, que soy un partido muy interesante, que te hubiera gustado repetir momento piscina, que soy la más guapa de todo el balneario pero exactamente maravillosa no.

Dio una carcajada feliz mientras me detenía y me abrazaba con fuerza. La estreché con sus mismas ganas.

—Pues eres un regalo maravilloso que me ha dado la vida.

—¡No empieces! —le di un beso en la punta de la nariz.

—Pero si te encanta que te diga esas cosas —me dijo entornando los ojos.

—Eso te lo crees tú. ¡Venga tenemos que ir a casa para cambiarnos!

—¡Dios la exposición!

Lo dijo tapándose la boca con las manos y abriendo mucho los ojos. Provocando lógicamente mi risa. Entramos en el coche y tras ponerse el cinturón y esperar a que le diera al contacto me cogió la mano derecha. Durante el breve recorrido que hicimos, Kristina se quedó dormida, de vez en cuando la miraba de reojo porque me encantaba verla tan relajada. Sabía que ese día iba a ser para ella muy importante y esperaba que todo fuera bien.

Una vez llegamos a casa y tras despertarla con mucho mimo, dimos un bocado rápido porque antes de pasar por peluquería y maquillaje habíamos aprovechado el buffet libre del balneario y habíamos comido.

—¡Parker estoy muy nerviosa!

—Lo que estás es guapísima —le dije al darme la vuelta y verla con un vestido negro de gasa hasta la rodilla, con un cinturón en la cintura y algo de vuelo, con un solo tirante rodeando su cuello. Suspiré notoriamente—. Pero muy guapa.

—¡No me digas eso que me pongo colorada! —me decía realmente con sus mejillas sonrojadas.

—Por eso no querías que viera el vestido ¿eh? —le dije con tono un tanto provocador mientras me acercaba lentamente a ella.

—No, no, no —se apresuró a mover las manos sonriendo—. Tú si que estás guapa.

—¡Lo estamos las dos! ¡Venga vamos que tenemos que prepararlo todo para cuando vengan los invitados!

—Estoy muy nerviosa.

—Tranquila, mi amor. ¿No me ves a mí? —le dije abriendo mis brazos en señal de calma.

Llegamos a la galería y ya estaba esperando Sophie. Debo decir que mi secretaria era al igual que yo una mujer bastante fría. Siempre pensé que nos entendíamos tan bien porque éramos muy parecidas. Pero eso no era problema para Kristina que cada vez que la veía le daba dos besos. Entonces Sophie me miraba a mí con gesto sorprendido y yo elevaba los hombros mientras fruncía la barbilla.

—Es adorable —sonreí orgullosa.

Repasamos que todo estuviera en orden y yo comencé a contarle a Sophie la pesadilla de los pasteles y al final, conseguí que riera de buena gana y dejara a un lado los nervios que sentía. Nadia llegó acompañada por sus padres, risueña, feliz, muy guapa con unos pantalones negros y una camiseta que ella misma había pintado de los colores repletos de vida que formaban sus cuadros.

—¿Cómo estáis, chicas? —nos preguntó.

—Yo atacada ¿y tú?

—¡Pues ya somos dos! —nos respondió con cara de miedo.

Así que tuve que tranquilizar a las dos. Cuando Sophie abrió las puertas ya estaban allí las Davis. Pasaron y se saludaron con entusiasmo. Después me tocó el turno a mí.

—Parker.

—Alexis.

Molly y Sam me besaron, noté que estaban tan nerviosas como Kristina. Agradecí ver a Will y Luigi que saludaron primero a la artista y luego a nosotras. Fue reconfortante verlos porque ahí aplacaron algo mis propios nervios que no podía dar a entender.

—Kristina tenemos que ir a recibir a la prensa con Nadia.

—Claro, claro.

Le di la mano para apretarla con fuerza. Las tres recibimos a los medios de comunicación que iban preparando los trípodes y las cámaras de fotos. Elegimos el cuadro principal que resaltaba toda la exposición y que atrajo las miradas de todos. La vagina que daba la vida.

—¡Nunca había tenido a dos bellezas tan cerca! —nos dijo Nadia con su simpatía habitual que nos hizo reír.

Posamos las tres, hicieron un montón de fotografías y dejamos que los padres de Nadia se unieran a nosotras. Los dejamos a los tres solos pero después, como era lógico, nos pidieron hacer fotografías a nosotras dos. Nos cogimos de la mano y sonreímos, a Kristina le había enseñado a posar en casa. Después nos cogimos de la cintura y recibimos una lluvia de flashes.

La Galería empezó a llenarse, gente de todos lados, amistades que siempre que tenía una exposición venían, gente que no conocía, las amistades de Will y Luigi, estaba siendo un éxito. Kristina atendía a unos y yo a otros, Nadia no se separaba de Kristina con quien había hecho una amistad especial. Llegó un momento en que me aparté para acercarme a las Davis y Sonny.

—Parker, ella es Carly, mi mujer.

—Encantada —le sonreí estrechado la mano.

—Igualmente, tenía ganas de conocerte en persona —me dijo con amabilidad. Tuve que hacer un gran esfuerzo para no mirar a Alexis.

—Parker… ¡Kristina lo está haciendo muy bien, no! —me preguntó Molly feliz por su hermana.

—Por supuesto, ha trabajado muy duro para poder desenvolverse hoy. No tenía ni la más mínima duda de que lo haría.

—Nosotros queríamos un cuadro, me encantan los colores —comentó Carly.

—Pues ya sabéis… eso lo lleva Kristina —me mostré feliz.

—¡Parker!

—¡Anne!

Vi que el padre y Sonny se fueron para hablar con Kristina. Molly y Sam se fueron hacia un lado y alcancé a ver detrás de mí a Alexis. No habíamos intercambiado ni una sola palabra pero sí alguna mirada.

—¡Enhorabuena por la fiesta, la exposiciónm pero sobre todo, por la mujer que tienes!

—Muchas gracias. Soy muy afortunada, sí.

—Es muy amable, he comprado un cuadro y me ha atendido muy profesionalmente.

—Claro, estoy segura que pronto será ella quien se encargue de la galería.

—¿Pero podremos pedirte encargos, no?

—Por supuesto.

—A propósito, no sé qué tal te parecería ir a Egipto, mi marido quiere un regalo y ya sabes como es…

—¿A Egipto?

—Sé que es un poco peligroso pero…

—Tranquila, lo hablaré con Kristina pero podemos quedar y vemos lo que quieres.

—Siempre tan amable, Parker.

La saludé y entonces llegó Will, Alexis pensé que seguía detrás.

—¿Cómo lo llevas?

—Estoy muerta de nervios. Pero sabía que Kristina estaba preparada.

—Lo está haciendo fantásticamente bien.

—Sí —sonreí.

—¡Anda, quita esa cara de boba! —me dio un codazo suave que me hizo sonreír—. Quien me iba a decir que te iba a ver así por una mujer.

—Me vuelve loca, me crea un desequilibrio entre lo emocional y lo sexual que me tiene loca, muy loca —le dije con voz ardiente. Will carraspeó, no entendí por qué.

—¡Parker, Parker! Hola, mamá —fue ahí cuando me di cuenta que estaba a mi lado. Y, claro, entendí el carraspeó de Will, me puse colorada sin poderlo evitar. Alexis era como una mosca atraída por la miel a mi alrededor, pero una mosca cojonera que parecía controlarme—. Necesito que vengas, hay un pequeño problema.

—Claro, cariño.

—¡Os la robo!

La pobre se pensaba que su madre también estaba hablando con nosotros. No le quise decepcionar, la veía algo nerviosa y me llamaba la atención. Me cogió de la mano y me llevó por el pasillo que llevaba a aquel cuarto en el que meses antes dejamos que la pasión nos desbordara.

—¡Kristina… ahora no! —le dije seria poniéndome mi mano en la cadera.

Y Parker sonríe mientras me dice:

Debo decir que era todo un desafío, estaba guapísima y la veía tan feliz. Que durante la tarde tuve más de una subida de temperatura corporal cuando nos cruzábamos una mirada.

¡Nuestras miradas! Siempre nos dicen que tenemos química en nuestras miradas.

Es verdad, nos entendemos a las mil maravillas con una mirada —Parker mira a Kristina sonriente.

Lo de la mosca cojonera mi madre no lo supera. Quedas advertida.

La carcajada vuelve a inundar aquella casa que ha tomado el color del atardecer y es tan cálido que parece que esa misma luz sea la que ellas emanan constantemente, son un pareja que transmite calidez y luz. Sus miradas, sonrisas. Sí estoy de acuerdo con ellas existe una química voraz entre ellas muy difícil de no percibir. Me atrevería a decir que no hay más ciego que el que no quiere ver cuando se trataba de las miradas entre Parker y Kristina.

NERVIOS Y MÁS NERVIOS. KRISTINA

Mi primer trabajo había llegado. Debo reconocer que por la noche tuve alguna pesadilla, para mí era muy especial. No era una exposición de un grandísimo artista y reconocido nombre, pero era mi primera toma de contacto con el arte. Desde que me levanté hasta que me vestí todo ese tiempo Parker me ayudó a concentrarme en otras cosas, a relajarme y que me ayudaran en el Balneario a maquillarme, peinarme y hasta pintarme las uñas. Me había comprado un vestido pero no había querido enseñárselo a Parker, me hacía ilusión sorprenderla, aunque la sorpresa me la llevé yo. Llevaba un pantalón ancho blanco con un top de pedrería color champan. Me quedé mirándola con gesto embriagador mientras ella me decía lo guapa que estaba yo. Se puso una chaqueta esmoquin blanca y con los zapatos de tacón. “Para, Kristina, que nos conocemos” Me dije a mí misma porque sentí el deseo disparado.

—Lo que estás es guapísima —me dijo dando un fuerte suspiro que me encendió más si cabe—. Pero muy guapa.

—¡No me digas eso que me pongo colorada! —respondí sintiendo que la excitación se adueñaba de mí.

—Por eso no querías que viera el vestido ¿eh? —¡solo faltaba ella hablándome con ese tono y acercándose a mí!

—No, no, no —traté de detener su avance, sonriendo—. Tú si que estás guapa.

Pero aquella conversación evitó mis nervios por un momento pero en cuanto nos metimos en el coche volví otra vez. Repasaba todo mentalmente, no quería agobiar a Parker y en el camino le dije.

—¡Algún día espero tener el temple que tienes tú!

—Eso lo da la experiencia, como todo en la vida, cariño —me besó la mano que llevábamos entrelazadas.

Una vez entré en la galería y vi que todo estaba preparado me relajé algo más. Ver a mis hermanas y mi madre allí esperando en la puerta me ayudó.

—¡Pero qué guapa estás! —me dijo Molly mientras me abrazaba—. ¡Enamorarte de verdad te sienta súper bien!

—¿Has visto como esta Parker? —resoplé y mi hermana dio una carcajada.

—Más tarde vendrá TJ.

—¿Qué tal lo llevas? —me preguntó Sam.

—Nerviosa pero muy ilusionada.

—Hija, ¡estás muy guapa! —me dijo sonriendo mi madre.

—Gracias, mamá. Gracias por venir es muy importante para mí que estéis aquí.

Después llegó el turno de Will y Luigi con quienes intercambié piropos. Y de ahí hasta que empezaron a hacernos fotografías compartí con Nadia el momento en el que ambas estábamos emocionadas.

—¡Tienes mucha suerte con Parker! —me dijo.

—La verdad es que sí.

—Es muy guapa, y muy inteligente también.

—Es adorable, Nadia. Y sí, soy muy afortunada.

—Ella también lo es —me sonrió.

—¡Chicas vamos a hacernos el reportaje en cuestión! —vino Parker para llevarnos ante las cámaras—. Sobre todo, tranquilidad y sonrisas.

Le hicimos caso. Y una vez pasado el primer momento de vergüenza después fue mucho más relajado, hasta divertido. Lo mejor fue cuando nos quedamos solas, en ese momento me sentí realmente importante porque tenía junto a mí a la mujer de mis sueños. Era como decir al mundo, Parker me pertenece, somos una y nadie va a tener el poder de hacernos daño. Somos fuertes y por encima de todos vuestros prejuicios está nuestro amor.

La gente entraba sin parar y a la mayoría le gustaba la exposición. Luigi era el encargado de sopesar en los diferentes grupos la opinión de los presentes y luego nos iba informando. Su ayuda nos ayudó a relajarnos algo más. Llegó el momento en que Nadia y yo tuvimos que hablar y antes de hacerlo miré a Parker que me asintió con seguridad.

—Buenas noches, y muchas gracias por venir a nuestra presentación de las obras de Nadia. Como veis es una colección muy especial porque es un grito a la liberad, la vida y el respeto. Tanto para Parker como para mí es un lujo poder contar con ella. Bueno… y ahora le paso el micrófono y ella os cuenta más cosas. ¡Gracias!

Mientras hablaba veía a mi familia mirarme con una sonrisa, a Will y Luigi trasladándome fuerza, pero sobre todo, vi a Parker con un gesto emocionado que me ayudó a hablar de un tiron sin trastabillarme que era el miedo que me daba. Su apoyo fue fundamental para mí desde que decidió ayudarme a sentir el arte.

Nadia explicó muy bien lo que quería transmitir y se llevó un gran aplauso. Al acabar la gente se acercó para darle la enhorabuena, yo busqué a Parker. Le cogí la mano porque necesitaba su tacto y le pregunté sonriendo.

—¿Lo he hecho bien?

—Magistral. Bueno, ahora hay que ir a ver si se animan a comprar cuadros, Nadia y tú tenéis que mover un poco el avispero —me guiñó el ojo.

—Está bien.

—Tú puedes, mi amor.

Y me dejó sola. La vi saludar a diestro y siniestro, sonreír, hacerse fotos. Hasta que alguien llegó para preguntarme por cuánto vendíamos los cuadros, aquella pregunta me animó, me dio fuerza para seguir disfrutando como lo estaba haciendo.

Sin embargo, ocurrió algo inesperado de todas todas. Algo que me hizo ir a buscar a Parker. Me gustó verla junto a mi madre y Will. Debían estar hablando aunque mi madre tenía un gesto de sorpresa me pareció entender. Pero lo que necesitaba era a Parker.

—¡Parker, Parker! Hola, mamá. Necesito que vengas, hay un pequeño problema.

—Claro, cariño.

—¡Os la robo! —les dije tirando de ella sin disimulo alguno.

La cogí de la mano y me la llevé por el pasillo que llevaba a aquel cuarto en el que dejamos que la pasión nos desbordara.

—¡Kristina… ahora no! —me dijo seria poniendo su clásica postura de incredulidad con la mano sobre la cadera.

—¡Oh, eres una obsesa! —le reñí nerviosa y ella dio una carcajada—. Tenemos un problema.

—A ver… ¿qué problema? —se puso seria.

—He conocido a la señora Collins.

—Aquel cuarto de baño… —Parker parecía que debajo de toda esa fachada de tranquilidad lo que estaba realmente era excitada porque todo le recordaba a lo mismo.

—Por favor, no estoy para bromas. Céntrate en lo que voy a decirte.

—Está bien… —me miró poniéndose seria—. Pero estás tan guapa que es realmente complicado.

—Me ha dicho que quiere el cuadro de la vagina.

—¡Muy típico de ella! —dio una carcajada.

—¡Pero es que lo quiere comprar por quinientos mil dólares, Parker! —lo dije con las venas de la garganta marcadas por la impresión que me había dado—. ¡Casi me desmayo cuando me lo ha dicho! Estamos vendiendo los cuadros entre doscientos y quinientos dolares. Nadia no es una artista reconocida y…

—Cariño… respira. Vamos a ver ¿dónde ves el problema? ¿En que quiere pagar esa fortuna? Créeme la señora Collins puede pagar eso como si diera una propina, y lo que está haciendo es invertir, se llama invertir. A veces lo hacen. Ese cuadro es muy potente y lo sabe. Quizá hoy valga eso dos cientos o quinientos dólares pero dentro de unos años valga el doble o el triple si Nadia se consolida como artista que yo tengo claro que sí.

—¿Invertir?

—Exacto. Además la señora Collins tiene un gran corazón y estoy segura que quiere apoyar a Nadia para que siga pintando ¡y qué mejor que eso!

—¿Entonces tú lo ves normal? —asintió—. ¿Y cómo se lo digo a Nadia?

—Tienes que tener tacto —se acercó a mí mirándome el escote descaradamente, la Parker sensual acababa de aparecer y eso era muy peligroso—. Recuerdo que una de mis primeras exposiciones le dije al artista que pagaban una fortuna por uno de sus cuadros y se desmayó.

—¿De verdad?

—Sí, y ya sabes lo grande que es Will, me costó Dios y ayuda recuperarlo.

Aquello me hizo reír lo suficiente como para rebajar mis nervios, bueno, aquello y un beso cálido que recibí en mi boca.

—Seguiría pero no podemos… —me miró los labios mientras tenía la mano en mi barbilla sujetándome, yo la miraba sin parpadear—. Pero… esta noche… seguiremos ¿te parece bien?

Asentí, ese poder que tenía… ese poder me dejaba sin habla.

Cuando volvimos a la galería, recibí la mirada un tanto reprobatoria de Molly que venía a presentarle a Parker a su novio, TJ. En cuanto pude le deje claro que nada más había sido una reunión de negocios a lo que mi hermana dio un carcajada de incredulidad. Después del saludo fuimos juntas a buscar a Nadia que estaba feliz porque había vendido tres cuadros, uno de ellos a mi padre y Carly. Parker y yo le presentamos a la señora Collins que le dio la enhorabuena por su gran trabajo y le confirmó por cuanto le iba a comprar el cuadro con una sola condición.

—Nunca dejes que nadie te diga lo que tienes que hacer, pinta con tu corazón y llegarás muy lejos.

Fue el momento en que me di cuenta porqué amaba tanto el arte.

Llegamos al final con todos los cuadros vendidos. Nos quedamos mi familia, también Nadia con sus padres, que no podían asumir todo lo que había pasado, y no paraban de darnos las gracias por la oportunidad que le habíamos dado a su hija. También Will, Luigi y Sophie. Fue el momento de hacer un brindis, lo primero que hice fue quitarme los zapatos, y después cogerme de la cintura de Parker mientras Will que fue el propulsor de todo hacia el brindis.

—Por Nadia y su arte. Y por Kristina que ha organizado una excelente exposición, y espero para mi próxima colección seas tú quien la prepare, esta galería necesita aire fresco.

La primera en reír aquella ocurrencia fue Parker.

—¡Va a ser la mejor! Eso lo sé —apuntó mirándome fijamente como si de repente no tuviéramos a nadie alrededor. Por ti, mi amor.

—Voy a llorar.

Fue lo único que se me ocurrió y que provocó las burlas de mis hermanas, las risas del resto.

Acabamos con la comida que quedaba, y tuvimos una charla amena muy tranquila. Finalmente nos quedamos solas con Sophie. Teníamos el coche en el garaje junto al suyo. Mientras llegábamos a los coches, hablamos de lo bien que había salido todo y lo felices que éramos. Nos despedimos con la sensación de haber hecho algo muy bonito. A mí las miradas de Parker me demostraban que no la había decepcionado todo lo contrario, y cuando entramos en el coche. La vi que buscaba algo, Sophie se fue y yo la despedí con un gesto de mano.

—Kris.. ¿dónde he puesto las llaves?

—No puedo más.

Y tras decirle eso me lancé a sus labios, nos besamos con pasión mis manos buscaron el contacto bajo su chaqueta, aquel top le quedaba tan bien, ella metió la mano por debajo de mi falda, las respiraciones comenzaron a elevarse hasta que se encendió la luz del garaje y un coche apareció.

—¡Mierda! —protesté.

—¡Caray, Kris! —susurró Parker cerrando los ojos mientras trataba de relajarse-. ¡Vámonos!

Salimos riendo del garaje.

Entonces, Kristina mira a Parker y le pregunta:

-¿Lo cuento?

-¡Claro!

-Fue brutal.

Y ríen nuevamente.

Íbamos por la carretera, mientras yo le acariciaba la mano, el brazo, la besaba por mucho que Parker me pedía que parara porque era un peligro, no se podía concentrar en la carretera ante mis besos, caricias y gemidos. Pero a mí se me había alterado tanto el deseo por ella a lo largo de la tarde que no podía dejar de tocarla. Hasta que vi cómo miraba por el espejo retrovisor y reducía la marcha. De pronto entramos por un desvío y cogimos un pequeño bache.

—¡Dónde vamos! —dije alterada.

—¿Tú crees que yo soy de hielo? Me estás volviendo loca, ¡ya no puedo más!

El coche derrapó y lo dejó metido en otro pequeño camino debajo de un árbol enorme, apagó las luces, echó el asiento para atrás y entendí lo que quería hacer y lo agradecí profundamente. Quedaba aún un buen rato para llegar a casa y tal como estábamos era necesario aquella parada. Nuestros labios se encontraron con facilidad y con una rapidez extrema ella encontró mi ropa interior yo desabroché su pantalón. Las lenguas comenzaron con un baile maravillosamente lujurioso. Había una luna llena que nos regalaba con su luz el brillo necesario para vernos, para que nuestras miradas se entregaran repletas de excitación, deseo, pasión y finalmente un placer desmedido. Teníamos los músculos como las cuerdas de un violín, las respiraciones se habían entremezclado al mismo ritmo y los gemidos fueron subiendo de tono, allí pudimos gritar entre espasmos de placer y felicidad. Al acabar nos miramos, empezamos con una sonrisa y acabamos dando carcajadas.

—¡Qué locura! -susurró besándome con suavidad.

—¡Me ha encantado!

—¡Nunca había hecho nada igual!

—Me alegro. Yo tampoco.

—Estoy muy orgullosa de ti, cariño —me acarició la cara con ternura.

—Es lo mejor que me podías decir. Me siento muy feliz, Parker.

—Te lo mereces.

—¿Nos vamos a casa? Quiero seguir pero en condiciones que me hago daño en la pierna —le dije jadeando todavía.

—Sí.

Y entonces sin querer toque el claxon y nos dimos un susto de muerte que volvió a provocarnos un ataque de risa.

Detuvimos en este momento la charla. Y quedamos para el día siguiente, Kristina necesitaba descansar. Y al salir de su casa me di cuenta que estaba en una aventura muy interesante. Y debía pensar como hilar todo lo que habían contado, porque su historia podía ayudar a sensibilizar un poco a esas personas que nada más veían en esa relación lujuria y sometimiento por parte de Parker, y debilidad por parte de Kristina. Creo que cuando termine estas dos ideas van a ser barridas para mostrar lo que me parece que existe realmente. Amor. Y entonces me vino a la mente algo que Parker me había dicho.

La gente piensa que las mujeres entre nosotras no tenemos sexo, cuando lo explicas pasas a ser una viciosa que nada más quiere sexo, ¡cómo no os quedáis embarazadas solo es vicio! No entienden que las lesbianas tenemos relaciones como los demás, unas tendrán más o menos sexo, pero discutimos igual, viajamos igual, esa manía de diferencianos como que somos bichos raros no la soporto. Ojalá la gente se haga a la idea de que Kristina y yo no somos ni amigas ni unas viciosas. Ojalá se den cuenta que lo que nosotras sentimos es un amor enorme, respetuoso y puro.

Tenía razón, la gente pasaba de un extremo al otro sin miramientos. Ojalá sirviera de algo, ojalá.

¿CAMBIÓ ALGO LA PRIMERA EXPOSICIÓN DE KRISTINA?

WILL Y LUGI

Para mí (comenta Will) cambió todo. Parker le dio a Kristina la seguridad y el apoyo suficiente como para hacer lo que siempre había soñado. Aquel gesto fue crucial para Kristina. Yo siempre digo que las palabras se las lleva el viento, hay gente que se pasa todo el día diciendo te quiero pero no hace ni un gesto que lo demuestre o muy poquitos. Sinceramente, Parker le demostró a Kristina quererla, y quererla de verdad.

Yo también creo que esa exposición cambió muchas cosas, no para ellas porque ellas siempre lo tenían muy claro, pero sí para el entorno. Cambiaron muchas miradas, aquella noche llegó mucha gente dispuesta a criticar a la pareja, la exposición les importaba poco, se quedó gente fuera que la buena de Sophie tuvo que disculparse porque el aforo estaba completo. Y muchos solo querían despellejarlas pero salieron con el rabo entre las piernas. Para mí sí, cambió todo.

SAM Y MOLLY

Lo he hablado muchas veces con mi hermana Molly. Aquel día fue un punto de inflexión muy intenso para Kristina. Se dio cuenta que era capaz de hacer lo que siempre soñó. Es muy cabezota y no solo sacó adelante la relación con Parker, también cumplió su sueño sin que nadie le regalara nada. Parker la enseñó, la ayudó pero ella trabajo durante mucho tiempo para lograrlo. Aquel día su autoestima subió como la espuma. Se vio capaz y eso es muy importante.

Además yo creo (apunta Molly) que estar nosotros también le dio un motivo extra, poder demostrarnos a todos que estábamos equivocados en cuanto a lo que ella quería dedicarse fue un punto para ella. ¡Y bueno qué decir de Parker! Creo que demostró a mi madre y a Sonny que no tenía nada que ver con quien ellos creían que era. A Sonny le ganó ver como trataba y ayudaba a Kristina. Por eso la fiesta cambió muchas cosas en todos nosotros.

CARLY Y SONNY.

Llevaba mucho tiempo queriendo conocer a Parker. Sonny y Alexis hablaban de ella fatal, pero a mí me pareció una mujer encantadora que estaba loca por Kristina. Por eso ese día creo que Sonny al marcharnos tuvo que darme la razón. Se le veía feliz, ¡y cómo la miraba! Hacían la pareja perfecta. Aunque a ellos les molestaba la diferencia de edad y todo eso… para mí eran eso… la pareja perfecta.

No me quedó más remedio que darle la razón. Parker me demostró como se demuestran las cosas que realmente amaba a mi hija. ¡Qué más podía importarme! Nunca en toda mi vida había visto a Kristina tan feliz, tan contenta ni risueña. Había cumplido su sueño y por eso tuve claro que Alexis y yo debíamos dar un paso al lado y dejarlas. Estaba seguro que tenían toda la vida por delante y que la iban a saber disfrutar. Ese día llegó la paz a mi corazón respecto a Kristina, estaba en buenas manos.

ALEXIS

Kristina. Aquella Kristina que se mostró segura de lo que hacía, radiante me tenía totalmente sorprendida. Nunca hubiera dicho que se podría comportar así. Tan segura de sí misma. Veía como de vez en cuando miraba a Parker, me di cuenta que con tan solo una mirada se entendían, se apoyaban. Tuve que tragarme todas mis dudas incluso mi ofensa por cómo me había tratado Parker en mi despacho, es que tenía razón, era muy sencillo, mi hija disfrutaba de lo que estaba haciendo, se había preparado bien y ella no la iba a dejar hacer el ridículo, al contrario. También me quedó claro que cuando estaban juntas se mostraban exactamente igual que en Zermatt. Pero claro, tampoco necesitaba saber ni enterarme como mi hija excitaba a Parker. Yo sabía que esa parte a la que tantas referencias había hecho yo pero todos me negaban estaba ahí. Pero cuando se fue Parker, Will que se percató me dijo.

-Alexis… su hija y mi querida Parker tienen una vida sexual muy activa, por igual, son las dos igual de fogosas. Antes de ir a su casa hay que llamar, siga mi consejo.

Me sonrió y guiñó el ojo. En esa exposición me rendí a muchas cosas, pero las más importantes mi hija era feliz, y por eso debía tratar de respetar a Parker. Solo respetarla.

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