PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 100

DOS AÑOS DESPUÉS

En esos dos años que pasaron, Parker y yo fuimos realmente felices. Mucho. Decidimos pasar largas temporadas en Zermatt, concretamente el primer año estuvimos ocho meses. Habíamos creado nuestro núcleo ahí. Estudié muchísimo, aprendí cosas que en la universidad se aprenden a lo largo de toda la carrera. Parker fue como tener el mejor profesor particular a mi disposición. Fuimos a Egipto logramos llevarnos la compra y aprendí como se manejan los tiempos en subastas. También fuimos a Rusia aunque allí teníamos que tener mucho cuidado para no mostrar que éramos pareja, estuvimos el menor tiempo posible, pero disfrutamos de los museos y descubrí aquel primer cuadro de Rubens con el que empezó toda nuestra maravillosa historia.

Durante estos dos años, Will y Luigi acompañados de mi inseparable sobrina Sara vinieron a Zermatt en varias ocasiones a la niña le encantaba la montaña y era realmente feliz, hacía progresos pero alguna vez tenía episodios que nos rompían el corazón. Yo había leído mucho sobre al autismo, Parker y yo queríamos saber todo para ayudarles. Aquel día lo recuerdo porque Sara tuvo un gran ataque, no podíamos detenerlo y se golpeaba con fuerza contra el sofá. Al final entre Luigi y yo conseguimos calmarla hasta que se quedó rendida durmiendo.

—¿Os habéis planteado adoptar un gato?

—¿Un gato? —preguntó Luigi.

—Sí, dicen que los gatos tienen un sentido especial para estos casos. Además le ayudaría.

—Al principio intentamos con el perro de nuestra vecina que pasaba para que jugara con ella pero no interactuaba.

—Pero un gato es diferente.

Ellos se miraron entre sí.

—Lo podemos probar —dijo Will con gesto preocupado.

—Yo tengo el gato que necesitáis.

—¿Cómo? —la cara de Parker fue todo un poema.

—Sí. He estado hablando con la protectora que ayudo, les expuse vuestro caso y que quería que me aconsejaran —cogí mi móvil y abría galería—. Esta preciosidad pelirroja que es un saco de amor me han dicho que sería ideal. Además, sacaríamos un gato de la protectora para dar oportunidad a otro de la calle. Salimos ganando todos, sobre todo ellos.

Hubo silencio.

—Los gatos son seres especiales. No descarto que cuando vayamos a Nueva York adoptemos uno.

—¡Un momento! ¿Un gato? —preguntó Parker con la frente fruncida.

—Sí, cariño.

—Vaya… ¡y no dice nada! —saltó Will sonriendo.

—¿Qué tiene que decir? —lo miré seria.

—Que a mí me gusta ayudar a los animales pero no tenerlos.

—¡Ah, bueno, no pasa nada! —Will y Luigi dieron una carcajada por la cara de Parker y añadí—. La casa es grande, tenemos jardín os cruzaréis poco por casa. Es este, mira.

Y le enseñé la foto de un gato gris.

—Le falta un ojo —susurró incrédula porque de pronto tenía un gato en su vida, y además tuerto.

—Sí, por eso lo vamos a adoptar, porque a los gatos que son así no los quiere nadie.

—Ah.

Fin de la charla, Parker aceptó el gato y cuando volvimos a Nueva York, Will y Luigi fueron con Sara y una educadora especial a ir conociendo poco a poco al suyo. Y lo que fue un poco a poco, termino un día que Sara no quería soltar al gato de sus brazos, entonces lo adoptaron. Es una de las mejores cosas que pasaron en ese año.

Nosotras, también adoptamos a Pirata. Después vendrían más gatos cojos, sordos, ciegos… Parker decía que éramos la casa de los lisiados pero estaba encantada con ellos, descubrí que esa ternura que tenía para mí también la tenía para ellos. Y por supuesto, ella también lo descubrió.

Durante este tiempo la relación entre mi madre y Parker era la misma, no cambió. Su clásico saludo y poco más. Ni cuando fuimos a celebrar la Navidad. A Parker la sentábamos a mi lado pero lejos de mi madre, siempre estaba entre Molly y yo, era como una barrera de protección. Y aunque todos veían lo felices que éramos, mi madre seguía con su inquina personal hacia ella. Como bien decía Parker, hay cosas que el tiempo no cambia porque son sentimientos, y mi madre sentía que no la soportaba.

Llegó la temporada de estar en Nueva York, ese día teníamos una compra venta muy importante y de muchos millones de dolares. Nos habíamos preparado toda la documentación y todo estaba listo para la reunión.

—¡Vamos! —le dije a Parker mientras me ponía el bolso en el hombro.

—Vamos, cariño —pero de pronto se detuvo al sonarle el móvil—. ¡Oh, no!

—¿Qué pasa? —la miré preocupada.

—¡Se me había olvidado que hoy es la firma con el abogado por la venta de casa donde vivía mi hermano!

—¡Parker tenemos una cita muy importante!

—Ve tú, yo iré al abogado.

—¡Cómo! —la miré con la boca abierta y los nervios disparados.

—Sí, qué vayas tú. Toma, venga, calma, atención a todo y vuelve con esa venta hecha —me hizo como la vez que me echó de casa para ir a la galería, exactamente igual—. Confío en ti, mi amor.

Me dio un beso y un empujón.

EL MOMENTO DE LA VERDAD. PARKER

Lo llevaba pensando varias semanas, Kristina había venido conmigo a todas y cada una de las compra ventas importantes que hicimos. Estaba preparada para enfrentarlo sola. Y si se lo decía con días de antelación en lugar de ocuparse de la cita se preocuparía. De ahí que después de dos años aprendiendo, estudiando y además dominando casi el francés. Era su momento. Pero eso no evitaba que yo estuviera realmente nerviosa, no quería que saliera mal aunque Kristina me había demostrado que podía hacerlo me sentía responsable de lo que pudiera suceder.

—Pero Parker, podías haberlo hecho con otra persona pero con Matt. ¡Es un tipo muy duro!

—Precisamente lo he hecho por eso —la miré con temor.

—¡Tú sabrás!

—Ahora ya no estoy tan segura —tragué saliva—. Quiero decir estoy segura de Kristina ya has visto como se maneja aquí y lo que me ayuda, estoy convencida que lo va a hacer bien —caminaba de lado a lado del despacho—. Y cuando eso suceda le diremos que ha negociado con el coleccionista más duro del planeta tierra.

—Pobre… espero que al menos le hayas avisado.

—No —la mire con gesto de terror—. Kristina es de las personas que si le dices cómo son o quiénes son se preocupa tanto que pierde el norte de lo que debe hacer, pero confío en ella. Me llamara en cuanto salga y me dirá que todo ha ido bien.

—Voy a prepararte tila porque creo que lo vas a necesitar.

—Espero no haberme equivocado.

Pasaron tres horas desde que eché como aquel que dice a Kristina del despacho. Mis nervios habían ido aumentando con el paso del tiempo. Y lo peor era que no me había llamado, eso me hacía ver que algún tipo de problema había para no contarme feliz si la reunión había ido bien. Sophia entró con gesto también inquieto.

—¡Tarda mucho! —le dije.

—Han dicho que hay un gran atasco por unos semáforos estropeados.

—Pero me hubiera llamado —respondí arqueando mis cejas.

—Igual no.

—Sí, sí, estoy segura que sí.

—Yo creo que vas a pagar lo que has hecho, es una Davis —me guiñó el ojo.

En ese mismo momento escuchamos la puerta. Ya estaba ahí. Me quedé quieta en medio del despacho, frotaba mis manos un tanto nerviosa. La vi entrar seria y me asusté.

—¡Vaya atasco me ha pillado! No funcionan los semáforos.

—¿Y por qué no me has avisado?

—Bueno… ¿acaso me has avisado tú a mí de la encerrona que me ibas a hacer?

—Creo que mejor… sigo con lo mío —dijo Sophie tratando de escaparse aquellas dos se miraban fijamente.

—Cariño… si te lo hubiera dicho…

—Me habría muerto del susto, los nervios y hubiera estado histérica, lo se. No te vayas Sophie. Has hecho bien porque me conoces y por eso te quiero tanto.

Me acerqué a ella lentamente su mirada ansiosa trataba de urgir en mí la respuesta que ella estaba esperando.

—¡Vendido!

—¡Lo sabía, lo sabía! —empecé a gritar feliz mientras ella se abrazaba a mi y le daba una vuelta ante los aplausos y suspiro de Sophie.

—Parker, Parker… —decía muerta de risa entonces le di un beso.

—Bueno, ahora sí que me voy.

Nos quedamos mirando fijamente con una dulce sonrisa.

—Gracias, por ayudarme tanto.

—Has logrado algo muy importante y quiero que lo tengas presente. Has tratado con uno de los peores compradores que te puedes encontrar.

—¡Dímelo a mí! He sudado lo que no está en los escritos.

Dimos una carcajada y Kristina se mostraba radiante.

—¡Y ahora os invito a comer a ti y a Sophie! ¡Vamos! ¡Hay que celebrarlo que aún no me lo creo!

—Claro que sí.

—Aunque te digo una cosa… me tiemblan las piernas creo que me voy a caer.

—Nunca dejaré que te caigas.

Se lo dije mirándola con todo mi amor mirándola fijamente, la vi suspirar y morderse el labio inferior. Después me abrazó con fuerza como transmitiéndome en aquel abrazo lo mucho que me quería. Nos besamos delicadamente.

—Parker…

No tuvo que decir nada más, sabía por su mirada que me estaba gritando uno de esos te quiero que te sacude el alma. La abracé dejando que en lugar de las palabras fueran nuestros corazones palpitantes en el pecho quienes hablaran de amor.

Nos fuimos a comer al restaurante las tres, estuvimos escuchando todas las anécdotas que nos contaba Kristina, reímos de buena gana porque tenía mucha gracia para explicarlo, siempre gesticulando y poniendo caras divertidas. Sobre todo porque se le veía exultante. Pero no todo eran buenas noticias aprovechando la comida Sophie nos dijo que se iba.

—¿Estás segura? —le preguntó Parker seria.

—Sí, creo que es un buen momento para irme a mi tierra.

—Está bien, en ese caso vas a ser una gran ayuda para Fabrizia. Sophie se encargará de nuestra librería, cariño.

—¡De verdad! Pero me da mucha pena que te vayas.

—Mi madre ya es mayor y quiero estar con ella.

—Lo entiendo. Pero ahora tendremos que buscar a alguien —me miró Kristina.

—Yo creo que tenéis a una persona ideal para ese puesto —las dos la miramos serias—. No he visto ninguna mejor relaciones públicas que Molly.

—¡Molly! —exclamó Kristina incrédula.

—Tienes razón, encajaría bien, sabe de arte también, es muy amable y la he visto manejarse muy bien con la gente en otras exposiciones.

—¡Se te olvida que es mi hermana y tiene muy mal genio!

—Como tú cariño ¿y? —Kristina me miró boquiabierta, Sophie se tapó la sonrisa con la servilleta—. Por mí me parece genial, además con lo que le gusta conocer gente famosa no creo que diga que no.

Llegamos a casa con la felicidad de haber hecho algo muy grande, Kristina se había calmado y como siempre que íbamos en el coche me llevaba la mano cogida. Entramos en casa con esa sonrisa de bobas que se nos ponía de vez en cuando.

—Cariño… dame dos minutos que vaya al lavabo y me quiero quitar esta ropa.

—Te doy lo que quiera. ¿Preparo algo de beber?

—Algo fuerte, lo necesito —me dio un beso y se fue.

Eran las nueve y media de la noche, mientras yo preparaba dos copas de Martini. Lo hacía sonriendo porque sabía que después de aquel trago nos quitaríamos los zapatos, la ropa y… el sonido de mi móvil me corto la visualización. Me acerqué hasta el bolso y me quedé de piedra. No podía creerlo.

EL GRAN CORAZÓN DE PARKER. KRISTINA

Por la tarde avisé a mis hermanas, a mi madre y a mi padre del éxito que había tenido con mi primer trato. Además cité a mi hermana Molly para el día siguiente en la galería donde Parker y yo le propondríamos trabajar con nosotras. A mí no terminaba de convencerme pero si queríamos dejar las manos de nuestro trabajo en manos de alguien de confianza con nuestros viajes, Molly era ideal porque era cierto que se le daba muy bien tratar con la gente. Mucho mejor que a mí.

Llegué a casa realmente cansada, los nervios me habían pasado factura pero lo que más me impactó aquel día fue la confianza que Parker depositó en mí. Nunca olvidaré aquel momento en el que volví porque por primera vez la vi realmente nerviosa y me encantó su forma de cuidarme, de empujarme a estar segura de que lo podía hacer. Su abrazo fue tan fuerte que me grito un te quiero enorme que me hizo feliz. Pero cuando llegamos a casa el cansancio se apoderó de mí, me di una ducha rápida para espabilarme y aquel día tenía muchas ganas de hacerle el amor a Parker, despacio pero intensamente. Al bajar vi que no estaba esperándome en el comedor, me pareció extraño.

—¡Parker!

—Estoy aquí.

Su voz me preocupó. Me apresuré a ir hasta la cocina donde la vi apoyada en el banco con el ceño fruncido y el móvil en las manos. Por un momento me temí lo peor ¿pero qué podía ser lo peor? ¿Se había quemado la galería? ¿Su despacho? ¿Le había pasado algo a Sara?

—¡Le ha pasado algo a Sara! —me precipité hasta ella porque se notaba que estaba realmente impactada.

—No, no, no —me miró y vi tal tristeza en su mirada que me dio miedo—. Era mi hermana.

—¡Tu hermana! ¡Otra vez para pedirte dinero! ¡Para culparte de que tu hermano es un desastre! —me podía la rabia cada vez que aparecía. A mi me había llamado para pedirnos ayuda con la excusa de que estaban así por culpa de Parker—. ¡Espero que le hayas dicho que no!

—No es eso, Kristina —me miró con el gesto serio, y yo le hice un gesto como esperando que dijera qué le estaba pasando—. A mi madre le ha dado un ictus y está bastante mal.

—¿Y te lo cuenta? —seguía sin entenderlo.

—Mi hermano ha quebrado la empresa, no tienen dinero y no la pueden atender. Literalmente la han dejado en un hospital y se han lavado las manos.

—No me lo puedo creer —susurré atónita.

Nos callamos, ambas pensábamos pero a mí me preocupaba su gesto estaba realmente impactada.

—Cariño… ¿y qué vas a hacer?

—Pues… —dejó el teléfono a un lado y se pasó las manos por la cara—. Imagino que hacerme cargo.

—Ya…

—¿Tú que harías, Kris?

—Lo mismo que vas a hacer tú no dejarla abandonada porque, al fin y al cabo, es tu madre —me acerqué y le acaricié la cara.

—Dice que si no me hago cargo la dejaran en una residencia pero que ellos no pueden pargarla, que la pague yo.

—¡Tus hermanas tienen mucho morro! No se merecen nadie que hagas lo que vas a hacer, ni siquiera tu madre, pero tú haz lo que te diga tu corazón.

—Mi corazón ahora mismo está muy confuso.

—Te entiendo. Vamos al sofá. ¿Esto ya está?

Asintió y nos fuimos juntas hasta el sofá. Dejamos las copas sobre la mesa y me senté de lado mirándola, podía imaginar lo que estaría sintiendo. Le cogí la mano.

—Hagas lo que hagas yo te voy a apoyar.

—Es que estoy segura que mi madre no querrá que yo le ayude.

—No creo que esté en condiciones de decidir eso.

—No mueve un lado del cuerpo y tampoco habla.

—Madre mía… —cerré los ojos negando con la cabeza.

—Voy a hablar con el hospital, a ver si hay algún modo de poder trasladarla aquí. No sé… tenerla en una clínica buena que puedan hacerse cargo de ella.

—Esto está bien —le sonreí.

—Mi familia se ha ido al traste, Kristina —me miró con un halo de ocuridad en su mirada.

—Tu familia nunca se portó como debía, es duro pero no voy a permitirte, porque entonces me enfadaré yo contigo, que sientas la menor culpa de lo que les ha pasado. ¿Vale?

—Vale. Voy a ver…

Se levantó sin probar ni un sobro del Martini, a mí se me había puesto un fuerte dolor de estómago. Traer a su madre cerca no era una buena idea, porque Parker volvería a sufrir de alguna manera su presencia. Me daba muy mala vibración, pero no podíamos dejar a la mujer abandonada por muchas ganas que me daban de hacerlo por todo el daño que le hizo a Parker.

Aquella noche Parker habló con el hospital en el que estaba su madre le contaron que la habían llevado pero nadie se hacía responsable hasta que les habían indicado que era ella. El estado era estable dentro de la gravedad y desaconsejaban el traslado en ese momento. Parker buscó una enfermera cualificada para que estuviera con ella día y noche hasta que pudiera trasladarla. Aquella misma noche llamó a uno de los médicos más prestigiosos de la ciudad, le comentó lo ocurrido y le dijo que se pondría en contacto con el médico de Chicago para ver qué podían hacer.

—¿Qué te ha dicho? —se sentó agotada.

—Me ha hablado de una clínica muy buena y que tienen los mejores cuidados, está a escasos diez minutos de aquí. Pero claro, él no sabe que mi madre no me quiere ni ver.

—Bueno… ¿has solucionado el tema de allí?

—Sí. Depende de su evolución decidirán el traslado.

—Pues ahora tú y yo nos vamos a la cama.

—Sí, necesito que me abraces.

—¿Solo abrazarte? —la miré enarcando una ceja.

—¡Eres muy bicho! —y conseguí que diera una carcajada.

Una semana después un avión medicalizado trajo a la señora Forsyth. Estaba almorzando con mi madre y mi hermana Molly cuando me llegó el mensaje.

—Me voy, ha llegado ya la madre de Parker.

—Y después de todo lo que ha hecho ¿vas a tener que cuidarla tú? —me preguntó mi madre.

—Mamá, yo no voy a cuidarla, y si tuviera que hacerlo es la madre de Parker.

—Dudo mucho que ella me cuidara a mí.

—¡No dudes porque lo haría, porque eres mi madre! No por ti desde luego.

Mi madre me puso de mal humor. Pero había algo más importante que centrar mis fuerzas en esas tonterías, sabía que para Parker iba a ser un momento duro y quería estar a su lado.

Llegué y estaba en el pasillo quieta. Sabía que odiaba los hospitales cuando me vio sonrió como si pudiera mi presencia relajarla del todo. La abracé y besé.

—¿La has visto?

—No, están valorándola. Pero bueno… ya está aquí. Por lo que me han dicho estaba bastante descuidada —lo dijo con pena.

—Bueno, pues ahora aquí la ayudaremos a que se recupere lo que pueda, ¿vale, mi amor?

Parker asintió y suspiró. Le apreté fuerte las manos para darle ese ánimo que notaba le faltaba. Al rato salió el médico y nos hizo pasar a un despacho. Nos confirmo que había sufrido una hemiplejia del lado izquierdo y que le había afectado al habla. Debería hacer mucha rehabilitación para volver a hablar pero no volvería a caminar. Apreté fuerte la mano de Parker, la miré pero no lloró, ni hizo gesto de dolor, la entendía debía tener una confrontación importante de emociones en su interior.

—Muchas gracias, doctor —le dijo la mano y después se la di yo.

—¿No va a pasar a verla?

—No creo que quiera verme. He contratado a una enfermera que va a estar con ella.

—¿Por qué no pasas, Parker? —le susurré con cuidado.

Ella me miró y pareció recapacitar.

—Al menos que te vea y sepa que está aquí, que vas a hacerte cargo de ella.

—Está bien.

—Dame el bolso, cariño. Tranquila.

Le di un beso y la vi marcharse por el pasillo hasta la habitación que le dijeron estaba su madre. Me quedé sentada pensando que aquel imprevisto podía alterar algo nuestras vidas. Porque sabía que Parker a pesar de decirle que no quería saber nada de ella, tenía un gran corazón y estaría pendiente de su madre. Ya lo había hecho, ya se había responsabilizado. Solo esperaba que la señora Forsyth no le hiciera daño.

MI MADRE. PARKER

Tener a mi madre tan cerca había disparado mis nervios. No sabía cómo iba a reaccionar ni si querría verme. Pero lo que sí sabía era que yo sentía haber hecho lo correcto, no podía abandonarla y desentenderme de ella en esas condiciones. Afortunadamente para mí, Kristina pensó igual y agradecí todo el apoyo que me dio desde que mi hermana me llamó hasta momentos antes de entrar en la habitación en la que se encontraba rodeada de máquinas, con un montón de cables. Tenía los ojos abiertos y estaba incorporada parcialmente en la cama. Al verme la máquina pitó. Debió de subirle el pulso o la tensión. Me acerqué hasta ella sin saber muy bien qué decirle. Me impactó ver su boca algo torcida y aquella parte derecha de su cuerpo que se notaba inerte. La enfermera entró y miró algo, después me miró a mí y me dijo que tenía dos minutos porque se había alterado y no era bueno. Estuve a punto de decirle que me sobraba minuto y medio. Pero cogí aire y me puse cerca de la cama.

—Mamá, siento lo que te ha pasado ahora vas a estar aquí en el hospital van a cuidarte y después cuando puedas salir irás a una clínica especial para tratar de recuperar el habla. No te preocupes por nada.

La miré unos segundos y ella retiró la mirada. Entendí que no quería verme y me marché. Fuera me esperaba nerviosa Kristina, al verme se precipitó hasta mí con el gesto preocupado.

—¿Qué?

—Le ha subido la tensión al verme —admití—. Le he dicho que esté tranquila que no le va a faltar de nada. Pero me ha retirado la mirada.

—No esperaba otra cosa ¿tú sí?

—No lo sé, Kristina —elevé los hombros—. No lo sé. Además es que no soporto los hospitales me ponen nerviosa. Me dan miedo.

—¿Por qué?

—Me recuerdan a mi propia sangre, a mi propio dolor —susurré con expresión triste.

Me sacó de allí con rapidez, lo agradecí.

Como agradecí que Molly fuera tan inteligente como Kristina para poder marcharnos tal y como teníamos planeado. Se haría cargo de la galería junto a Will. Habíamos formado un equipo muy interesante los cuatro y eso nos daba tranquilidad para poder marcharnos a la cabaña. Allí nos relajábamos, esquiábamos, estábamos con Erika y estudiábamos todo lo que queríamos. Era nuestro remanso de paz en el que cargábamos pilas para volver a Nueva York. Decidimos esperar hasta que mi madre estuviera instalada en la clínica en la que iba a quedarse. Era la más cara de la ciudad, la que tenía mejores profesionales y cuando todo estuvo en orden me marché tranquila. Will y Molly se ofrecieron para ir a verla de vez en cuando. Aunque yo fui a verla un par de ocasiones pero en ninguna fue capaz de mirarme.

—No quiero verte mal por eso, cariño —me dijo Kristina el último día.

—Me provoca tristeza pero bueno… también es así… ella me rechaza y he de aceptarlo.

—Mira, ahora, lo que vamos a hacer es marcharnos olvidarnos de todo y estar lo más tranquilas posible.

—Me muero por estar juntas y solas que aquí es imposible —le dije sonriendo.

—¡Tengo unas ganas de tenerte sola para mí! —Kristina me miraba con esa pasión grabada en su mirada.

—Pues en unas horitas… seré toda tuya.

Notó el gesto de Kristina. Me mira y me dice.

Fue muy duro ver cómo la trataba su madre. Al fin y al cabo, de no ser por ella hubiera acabado a saber dónde.

Debo reconocer que en aquel momento me desestabilizó un poco, pero con la ayuda de Kristina fui aceptando lo que había. Después iba a verla todas las semanas, nunca me dijo una palabra a pesar que recuperó el habla. Hasta mucho tiempo después.

¿Sabes con quién hablaba? ¡Con Molly!

No podía ser de otra manera, Molly es un ser especial tiene una habilidad para llegar a las personas increíble.

Sonríen las dos. Se miran y Parker le sonríe mientras le aprieta la mano con delicadez.

Y ahora deberíamos dar un salto en el tiempo, y detenernos ocho meses antes de esta entrevista.

Sí, porque hasta hace ocho meses nuestra vida siguió siendo igual. Sin grandes cambios. Fuimos portada de revistas en varias ocasiones, en la fiesta del orgullo hemos dado cada una nuestro discurso en apoyo a las personas homosexuales, hemos ido adoptando gatos, otros se nos fueron ya, seguimos trabajando. Alexis sigue tratándome igual, Molly es una gran relaciones públicas y nuestra galería va viento en popa, Sophie triunfa en la librería, todo más o menos bien hasta que la vida nos cambió.

Nunca mejor dicho, nos cambió —sonríe Kristina que asiente con fuerza.

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