PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 102

RECOMPONERNOS. PARKER

Estaba sentada junto a Kristina en el sofá. Me acababa de dar una noticia que me había roto por dentro, me había dejado sin palabras pero debía reaccionar. Una parte de mí quería reaccionar, la otra quería huir. ¿Huir dónde? Me dije. Era surrealista pero solo quería correr, coger de la mano a Kristina y correr. Como si corriendo aquella maldita palabra no pudiera darnos alcance pero desgraciadamente, nos había hecho presas.

Tragué saliva nos habíamos quedado mirando sin reacción hasta que vi como unas lágrimas resbalaban por el rostro del amor de mi vida. Y la abracé, la abracé con una fuerza desmedida como si pudiera ser un escudo para ella, el escudo que la protegiera del dolor. Rompió a llorar en mi pecho fue entonces, cuando escuché su congoja, que reaccioné.

—Cariño… cariño…

—Abrázame, Parker. Tengo mucho miedo.

—Mi vida

La abracé fuerte y se unieron nuestros dos cuerpos temblando. Por unos instantes tan solo fuimos capaces de mantenernos abrazadas mi cerebro iba a tanta velocidad, pensamientos que me llevaban a sentir ese miedo que notaba en su temblor. Se me había secado la garganta y el corazón volaba empujado por el pánico. Reaccioné, tarde pero lo hice.

—Kristina, mi amor… —la separé cogiéndola por los brazos mientras ella lloraba—. Tranquila, ¿pero qué ha pasado? ¿Por qué no me has dicho nada antes?

—No quería asustarte —me respondió con congoja.

—¡Pero, cariño! Explícame todo…

Mientras me contaba lo que el médico había dicho seguía sintiendo el miedo recorrer mis venas. Estaba ahí llenando todo, convirtiéndose en protagonista. Aquello era una pesadilla, no podía ser real. ¡No podía pasarle a ella!

—Cariño no va a pasar nada, confía en mí. Todo va a ir bien, hablaré con el mejor cirujano para que te opere. No te preocupes de nada.

—Parker… el dinero no lo cura todo —me dijo frunciendo la frente.

—Kris, por favor, seguro que esto es solo una pesadilla.

Pero mi voz salió tan rota que en lugar de ayudar creo que fue peor. Se echó a mi cuello abrazándose fuerte, y yo la estreché con todo el amor que sentía por ella.

—Te quiero, mi vida, te quiero y no va a pasar nada ¿de acuerdo?

—No me quiero morir.

—¡No te vas a morir! Y ni se te ocurra decir eso otra vez. Esto es solo un obstáculo que tenemos que saltar juntas, como todo hasta ahora, cariño… mírame —posé mis manos en sus mejillas con todo cuidado mirándola fijamente a aquellos ojos que me miraban repletos de miedo—. Saldremos de esta lucharemos juntas y venceremos. ¿De acuerdo?

—Tengo miedo —susurró llorando.

—Yo también, mucho… pero hoy nos permitiremos tener miedo, mañana lucharemos juntas para salir de esta porque estoy segura que todo va a ir bien. Voy a hablar con el médico, quiero que me explique todo, ¡no debiste ir sola, mi amor! —le dije con ternura.

—No quería preocuparte.

—Mi vida.

La abracé con fuerza y volvió a llorar, yo traté de retener las lágrimas porque en ese momento lo que menos necesitaba Kristina era ver que yo también me derrumbaba pero me fue imposible, lloré en silencio mientras la abrazaba y notaba como tenía aquellos espasmos del llanto, una mezcla de miedo y desconcierto. Estuvimos un rato así, abrazadas en silencio y llorando. Cuando Kristina pareció calmarse se apartó de mí y me quitó las lágrimas de mi rostro.

—¡Vaya par! ¡Aquí llorando! —dijo sonriendo.

—¡Sí, menos mal que no íbamos a llorar, eh! —sonreí.

—¡Y como de costumbre sin pañuelos!

Dimos una carcajada mientras yo iba a por una caja de pañuelos. Al quedarme sola sin tenerla a mi lado sentí un miedo atroz. Rápidamente quise quitarme aquella sensación de dentro huir de malos pensamientos porque acababa de ser consciente de que empezábamos un camino tortuoso que jamás imaginé vivir. Y es que mientras me miraba en el espejo retirándome las lágrimas me di cuenta que mi vida había estado tan vacía de toda ilusión, amor o temor, que cada vivencia con Kristina me llenaba de felicidad o tristeza como no había sentido jamás. Ni siquiera la tristeza que sentía en ese momento era comparable con la que sentí en el internado. Ni el miedo que sentía en el mismo momento que salí del cuarto de baño con la caja de pañuelos en la mano.

—¡Aquí está una caja sin empezar! —le dije riéndome.

—Nos va a hacer falta.

—Hoy nos permitimos el lujo de llorar.

—No se lo he dicho a mi madre —me miró con gesto de ruego.

—¿Quieres que se lo diga yo?

—No sé qué hacer.

—Si quieres se lo cuento y que ella se lo diga a los demás. O le digo que venga y se lo contamos las dos.

—No quiero ver a nadie, solo quiero que me abraces.

—Voy a hacer una cosa, voy a preparar litros de tila, nos la iremos tomando y cuando esté más tranquila la llamo. Ahora mientras la preparo llamo al médico.

—No tardes, no quiero estar sola.

—Nunca estarás sola, mi amor —la besé en los labios—. ¡No te vas a librar de este cactus tan fácilmente!

Conseguí que diera una carcajada mientras yo la miraba sonriente. Me cogió la mano acariciándome con ternura y le dejé un beso en los labios. Una vez puse el agua a calentar, llamé por teléfono al médico que la atendía y que yo conocía porque era quien le hacía las revisiones anuales que nos hacíamos. Me explicó todo con pelos y señales, cosa que agradecí. El tumor era grande, y había que operar rápido no quería correr riesgos porque Kristina era muy joven. Conforme me explicaba la situación notaba que el estómago se me hacía cada vez más pequeño, se había formado un nudo que me oprimía fuertemente. Al colgar, aunque me dijo que debíamos estar tranquilas, mis nervios se dispararon, tanto que al coger una de las tazas se me cayó al suelo y se hizo en mil pedazos.

—Mierda.

—¿Qué ha pasado? —apareció corriendo Kristina con los ojos y la nariz roja por el llanto.

—Nada, cariño, se me ha roto una taza.

—¿Qué te ha dicho? —me miró con temor.

—Que estemos tranquilas que todo va a ir bien.

Nos miramos sin decir nada y volvimos a abrazarnos.

Sacamos las tazas y la jarra con la tila. Nos sentamos en el sofá y Kristina se abrazó a mí, buscó el refugio en mi pecho. Durante un buen rato la estuve acariciando en silencio, de vez en cuando suspiraba y la estrechaba más fuerte dejándole un beso en el pelo.

—¿Sabes qué? ¡Nos vamos a comer! ¡Venga! Levanta.

—Parker… no tengo ánimo.

—Me da igual. Venga… Voy a por tu chaqueta y nos vamos.

Cogí el bolso, su chaqueta y la mía, no podía soportar estar así, debía ocupar su cabeza para no tener que ver como estaba muerta de miedo.

—Parker… —se quejó

—¡Ni Parker, ni Parker!

—¡Luego me llamas a mí sargenta!

—Ven aquí, ¡ven aquí que te has ganado un buen morreo! —decía entre dientes.

Sabía que aquello le arrancaba una carcajada porque siempre que se lo decía le hacía gracia. No era fácil para mí tratar de hacerle reír, pero era necesario y eso era lo más importante que estuviera tranquila y sonriera.

Kristina da una carcajada.

Es que la ves tan bella, tan exquisita siempre, que eso del morreo me provoca ataques de risa además por la cara que pone. Pero sí, en ese momento, no sabes lo que agradecí que me sacara de casa.

Me vino bien la tila para pensar, porque me aturullé tanto que me hubiera hecho un ovillo y escondido en el último rincón de la casa.

Ese día fue tan intenso en emociones, sabíamos manejar las emociones felices pero ese golpe nos propuso un reto… ¿seríamos capaces de saber estar también en lo negativo?

EL MIEDO SE APODERÓ DE MÍ. KRISTINA

Decírselo a Parker fue un alivio sentí como si soltara un peso que se había clavado en mi espalda. Su reacción me ayudó tanto. Al principio es cierto que se quedó tan desconcertada, sus lágrimas provocaron las mías, era lo que esperaba, sabía que se iba a romper. Pero no esperaba que sacara una fuerza que desconocía para tomar las riendas de todo. Habló con el médico para quedarse tranquila, aunque lo que provocó fue que sus nervios se desataran más, aunque lo quiso disimular se le rompió una taza y la vi que al beber le temblaba la mano. ¡Por qué tenía que ser así! ¡Por qué el destino nos hacía aquella jugada! Pero algo que dijo Parker me calmó un poco la ansiedad, estábamos juntas y aunque no dependía de nosotras lo que pudiera ocurrir, estaríamos juntas. Para mí era vital tenerla a mi lado, no quería ser egoísta porque sabía el problema que para ella iba a ser estar en el hospital, pero necesitaba tenerla a mi lado. En parte sabía que lo estaría pero me daba algo de miedo porque no sabía muy bien cómo pedírselo.

Lo mejor que pudo hacer fue sacarme de casa a la fuerza, me metió en el coche y me llevó a comer a un restaurante que me volvía loca, todo era italiano desde siempre me había gustado la comida italiana, pero al estar en San Gimignano me había aficionado todavía más. Comimos recordando nuestro viaje por Italia, y prometimos que en cuanto estuviera bien volveríamos a aquella casa de Salvatore para ver el amanecer y atardecer juntas. Nos reímos mucho recordando anécdotas de aquel primer viaje en el que perdimos los papeles en la habitación. Tuvimos que cambiar el tema porque la mirada de Parker se encendió tanto como la mía, estaba segura de ello.

—¿Quieres que vayamos al cine?

—No, Parker. Prefiero pasear por el parque de la Gran Manzana.

—Perfecto.

Y una vez terminamos de comer nos fuimos hasta allí. Necesitaba respirar en aquel parque porque para mí era como mi casa, cuando tenía algún problema me refugiaba en él. Me sentaba en un banco y dejaba pasar las horas. Cuando trabajaba con los Douglas que parecía había pasado un siglo, a veces, me sentaba un rato allí para calmarme. Que diferente era la Kristina que en ese momento se había sentado cogida de la mano de Parker. Las dos guardamos silencio, ese silencio que también habíamos aprendido a compartir. Exhalé con fuerza necesitaba llenarme los pulmones de aire puro. Mi gesto hizo que Parker rompiera el silencio.

—Cariño… no quiero que pienses en nada negativo, es muy importante que estés tranquila y animada. El doctor me ha dicho que estemos tranquilas y sé que es muy complicado porque a mí me tiembla hasta el alma pero tengamos fe en que todo va a salir bien.

—Ahora mismo mi cabeza es un puzzle ¿sabes?

—¿Quieres que unamos las piezas? —me miró sonriente. Era imposible no sonreír con esa cara que ponía Parker tan adorable—. Venga…

—Lo he estado pensando y no quiero que me corten el pecho.

—En caso que tuvieran que hacerlo, lo harán —me respondió con firmeza.

—No. ¿Cómo vas a querer estar conmigo si….?

—¡Kris! —me puso el dedo suavemente sobre los labios—. Yo quiero estar contigo, ¿lo entiendes? Quiero envejecer a tu lado y francamente, lo que menos me importa es que tengas o no ese pecho. Porque si eso es lo que te preocupa ¿qué pasara cuándo empiece a arrugarme? ¿Dejarás de quererme?

—No es lo mismo, Parker —respondí furiosa.

—¡Claro que lo es! Para mí lo importante es tenerte. Y si para ti es un trauma que lo puedo entender que te corten el pecho, después siempre te podrán hacer una reconstrucción, pero no puedes negarte nada a lo que decidan los médicos porque se trata de tu via ¿lo has entendido?

—Es que solo de pensarlo —se me rompió la voz.

—No lo pienses. Kristina vamos paso a paso trata de que tu cabeza no corras más de lo que sabemos.

—¡No quiero perder el pelo! ¡Eso sería horrible!

—A ver —la vi que estaba a punto de perder los nervios y quizá si en lugar de estar en el parque hubiéramos estado en casa lo habría hecho—. El pelo crece. Métete esto en la cabeza no importa lo que tengamos que pasar, lo importante es que lo vamos a pasar.

—Pero estaré horrible y…

—¿Y qué?

—Me dejarás.

—¡Kristina por el amor de dios! —ahí ya sí elevó la voz.

—Lo he visto en otras mujeres, sus maridos cuando se han puesto enfermas…

—¡Estás pensado lo que dices! ¿De verdad?

—Tengo miedo.

—¡Tienes miedo a que salga corriendo porque estés enferma! —me miró con un gran enfado, me di cuenta que se había ofendido.

—Sé que es irracional… pero se me ha metido en la cabeza esa idea.

—Para y piensa, por favor. Jamás te dejaría por que estés enferma. Es que jamás te dejaría. No puedo vivir sin ti, Kris.

Vi como se le llenaban los ojos de lágrimas y me sentí fatal. La abracé con fuerza porque en ese momento estaba siendo injusta, pensaba solo en mí y ella también lo estaba pasando mal.

—Perdóname —le susurré.

—Claro que te perdono, porque sé que estás muerta de miedo, cariño —me besó con suavidad—. Estás hablando desde el miedo.

—Parker… ¿estarás conmigo en el hospital?

—¿Esa es otra pieza del puzzle? —me miró con el ceño fruncido.

—¡Qué guapa estás cuando pones ese gesto! —le dije con los ojos repletos de lágrimas.

—Tú también estás muy guapa cuando no lloras. Por supuesto que estaré a tu lado, es más, no me moveré de tu lado.

—¿Aunque te de fobia el hospital?

—Si estás tú nada me da fobia, porque donde tú estés, estaré yo.

—Te quiero.

Se lo dije abrazándola con fuerza. Nadie me había demostrado tanto amor como ella en cada palabra, en cada mirada, en cada caricia. Y necesitaba decírselo para que lo supiera.

—Lo sé, sé que me quieres como yo te quiero a ti. ¡La vida es maravillosa juntas y seguirá siéndolo!

—Eso espero…

—Estoy segura.

Pero la voz le tembló tanto como su mirada.

UNA NOCHE INTERMINABLE. PARKER

Me dolió la conversación que mantuvimos, porque sabía que todo aquello estaba realmente afectándole. Por otro lado, si me ponía en su lugar la entendía perfectamente, era algo lógico que tuviera aquellos pensamientos. Aunque a mí me alteró porque yo también estaba nerviosa. Pero como todo lo que habíamos hecho durante esos años, hablamos y la buena comunicación que teníamos nos ayudó a ordenar sus pensamientos y completar el puzzle para que estuviera segura de que yo iba a estar a su lado.

Pero faltaba contarlo a sus padres. Le propuse hacerlo juntas yendo a su casa pero no quiso, no quería verles y me dejó a mí la responsabilidad de hablar con Alexis. No lo tenía fácil porque estas cosas no se podían decir por teléfono. Así que decidí hacer algo diferente, como no quería dejarla sola fui hasta casa de Will y la dejé con los dos. Después de decirles lo que sucedía ellos se harían cargo de mantener su mente distraída y sobre todo lo haría Sara que seguía teniendo esa relación tan intensa con ella. Will me abrazó porque sabía que estaba realmente afectada.

—¿Estás segura que no quieres que te acompañe?

—No. Le he enviado un mensaje a Molly para pedirle que se reúnan en casa de Alexis.

—¿Vas a enfrentarte sola a todos?

—No es un enfrentamiento, espero.

—Te van a decir que por qué vas tú y no ella.

—Es lo que Kristina quiere. Estoy segura que no quiere verles mal. Conmigo ya tiene suficiente.

—Lo estás haciendo muy bien, querida.

Me abrazó fuerte y aunque yo también compartía la misma opinión de Will terminé por ir hasta casa de Alexis. Allí estaban todos y me vi de pronto ante una papeleta que me iba a costar lo mío. Sonny y Alexis imaginaban que pasaba algo con Kristina. Mientras que Molly y Sam habían dicho hasta la saciedad que seguro se trataba de que yo quería prepararle una sorpresa a Kristina porque al día siguiente era nuestro aniversario. Durante el trayecto pensé cómo decirlo, y entendí los nervios de Kristina para decírmelo a mí. Me cargué de tranquilidad para no romperme. Qué difícil es decir algo así.

—¿Qué pasa? —me preguntó Alexis que al ver mi cara entendió que ellos tenían razón.

—Esta mañana Kristina ha ido al médico, al ducharse se encontró un bulto en el pecho y le han hecho unas pruebas que han dado como resultado que es tumor.

—¡Qué! —Molly se sentó de golpe.

—He hablado con el médico porque ha ido sola —vi el gesto de Alexis y Sonny, podía imaginar su preocupación—. Me ha dicho que tiene un tumor bastante grande que la quiere operar cuanto antes y que lo más probable es que tenga que llevar un tratamiento de quimioterapia duro. Esto no se lo he dicho a ella.

—¿Dónde está? —preguntó Sam.

—Está en casa de Will, me ha pedido que sea yo quien os de la noticia.

—Dios mío… —susurró Alexis.

—¿Qué ha dicho el doctor? ¿Tiene metástasis? ¿Hay probabilidad de que muera? —la angustia de Sonny me provocó una tristeza infinita.

—Me ha dicho que estemos todos tranquilos, que está en muy buenas manos y que debemos ir paso a paso. Lo importante es ver el alcance del tumor.

—¿Le quitarían el pecho? —me preguntó Alexis.

—No lo sé, pero si es necesario lo harán. Ya lo hemos hablado porque eso le preocupaba —ahí mi voz se hizo más ronca y recibí la caricia de Sam que estaba atónita—. Lo importante es que esté localizado y estoy segura que esto va a ser un camino complicado pero lo va a superar.

Nadie dijo nada más. Les dije a la hora que estaríamos en el hospital y me marché. De camino a casa de Will tuve que detener el coche y dejar que el nudo que se me había puesto en la garganta saliera en forma de un llanto desesperado, delante de Kristina no podía venirme a bajo pero era una angustia terrible hacia lo que podía pasar. Necesitaba con locura que alguien me diera la noticia de que Kristina iba a estar bien, hubiera dado todo lo que tenía en ese momento para que me aseguraran que estaría a mi lado y bien. Cuando logré calmarme volví a poner el coche en marcha y llegué a casa de Will.

—¿Cómo se lo han tomado? —me preguntó Kristina preocupada.

—Cariño… están tan seguros como yo de que todo va a ir bien, aunque lógicamente están preocupados. ¿Nos vamos?

—Gracias, Parker. No me veía capaz de decirlo yo ya sé que no ha sido fácil pero…

—Venga… vamos a casa que mañana tienes que estar descansada y bien. ¡Chicos! Estamos en contacto.

Tanto Will como Luigi abrazaron a Kristina con fuerza y ambos le aseguraron que estaban completamente convencidos de que la operación iría bien. Luigi le prometió que le encendería una vela a su Madonna para que la ayudara. Antes de irme eché un vistazo hacia atrás porque necesitaba que la mirada de Will me diera la fuerza que acababa de perder.

Por el camino traté de distraerla, fuimos a comprar comida hindú, después en casa decidimos darnos un baño largo con la música clásica de fondo. Nos abrazamos y estuvimos hasta que se nos arrugaron los dedos.

—¡Vamos a ser como dos pasas! —le dije riéndome.

—¡Parker! —rio también—. Tienes unas ocurrencias.

—Voy a salir y preparo las cosas para cenar ¿qué te parece?

—Te ayudo.

—¿No quieres arrugarte un poco más? —le dije apretándola contra mí.

—No. Lo que quiero es no separarme de ti ni un segundo.

Nos miramos fijamente y sonreí aunque me dieron unas ganas enormes de llorar.

Cenamos entre bromas, lo que más necesitábamos era reír. Nos llamaron las hermanas Davis que ayudaron a que Kristina se relajara algo más. Y por fin decidimos irnos a la cama.

—He puesto el despertado a las seis.

—Bien —me dijo sentándose en la cama—. No tengo sueño.

—Pero tienes que descansar.

—Me sienta fatal la anestesia, Parker —me dijo con gesto de miedo.

—Estaré a tu lado.

—No te dejaran.

—Disculpa, a Parker Evans no la van a dejar estar… ¿de verdad estás diciendo eso?

—¡Oh, se me olvidaba de el poder que tiene Parker! —dio una carcajada que alivió por un instante la inseguridad que reinaba en mí.

—Te daré la mano y estaré a tu lado.

—Gracias por ayudarme con las piezas que me estaban matando en mi cabeza.

—Cariño… lo entiendo. Y es normal cómo te sientes.

—Todo irá bien —me dijo mirándome.

—¡Todo irá bien!

—¡Y estaremos juntas! —afirmó.

—Por supuesto.

—Parker…

—Kristina…

—El sexo es muy bueno para contrarrestar esta situación.

—¿Ah, si? —me reí porque su cara de granuja era total—. ¿Hay algún estudio científico que lo corrobore?

—Sí, el estudio Kristina Davis.

Dimos una carcajada y quizá pensamos lo mismo, no teníamos sueño y nuestra cabeza estaba centrada en lo que iba a pasar, si ella tenía ganas yo no iba a decirle que no. Crear endorfinas en esos momentos era lo mejor que podía pasarnos. Y durante una parte de la noche creamos tantas endorfinas que nos dio por reír sin parar, aunque al final acabamos llorando. Cuando no pudimos más nos abrazamos fuerte piel con piel. Ella llevó mi mano a rodear su pecho sentí que quería despedirse de mí. Me dolió aquel momento en el que la yema de mi dedo índice contactó con aquel bulto que pretendía arrebatarme lo que más amaba.

—Todo irá bien, mi vida. Confía en mí.

Se lo dije con un nudo en la garganta pero necesitaba elevar la voz para que llegara a mi mente y terminara creyendo que iba a ser así.

Parker suspira con fuerza.

No dormimos en toda la noche, a mí me se me hizo muy larga.

A mí muy corta. Hubiera detenido el tiempo. Estaba muerta de miedo y allí entre los brazos de Parker me sentía a salvo.

Si te das cuenta, en esta historia que estamos contando es increíble viviendo lo mismo cada una lo vivió de una manera distinta. Creo que una vez acabemos voy a leerlo todo.

Y dieron una carcajada que en ese momento fue como cargar energía para seguir contando el peor momento de sus vidas.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s