PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 103

LA OPERACIÓN. PARKER

Llegamos al hospital a las ocho en punto. Pasamos por el mostrador de recepción que nos asignó una habitación en la planta tercera. Habíamos recibido un mensaje de Molly para que las esperásemos a ella y a Alexis que estaban llegando en ese momento. Al vernos, Alexis abrazó con fuerza a Kristina tratando de no llorar mientras a Molly se le llenaban los ojos de unas lágrimas que trató evitar como pudo.

—Cariño… tranquila…

—Ahora estoy tranquila. Ya lo peor lo pasé y por eso ayer no quise que me vierais.

—Te conocemos lo suficiente como para saberlo —su madre aceptó sus disculpas.

Vino el celador encargo de llevarnos hasta la habitación y subimos las dos. Alexis y Molly se quedaron bajo esperando que Sonny llegara. Kristina me dio la mano y cuando entramos en el ascensor le sonrió a su madre.

En la habitación estaba preparado el camisón. Nos dieron las instrucciones de lo que debía hacer. La ayudé a cambiarse y en seguida llegó una enfermera para sacarle sangre.

—¿Quiere quedarse o salirse? —me preguntó amablemente.

—Prefiero quedarme —le dije ante la mirada de Kristina.

—De acuerdo. Siempre da más seguridad estar acompañada ¿verdad?

—Sí. Necesito que esté conmigo —le dijo Kristina.

—La alianza debe quitársela.

—Dame cariño, yo te la guardo.

La enfermera nos miró y se le escapó una sonrisa.

—Al natural sois más guapas que en las fotografías.

Agradecimos aquel comentario que nos hizo sonreír y dejar de lado los nervios por un momento. Era increíble como con una sola frase podían conseguir sacarte del círculo de la preocupación y el miedo en el que estábamos metidas las dos. Después vino otra enfermera que le tomó la tensión y la temperatura.

Cuando salió ella entró Sonny y Sam junto a Alexis y Molly. Todos tratamos de mantener el tipo diciéndole que iba a ir bien, ella parecía asustada y nosotros también. A mí me temblaban las manos y los nervios no me dejaban estar quieta. El último en llegar fue Will que le trajo una rosa de papel.

—Regalo de Sara.

Aquel regalo emocionó a Kristina. Estábamos tratando de mantener una conversación lejos de lo que nos había llevado hasta allí cuando entró el doctor. Le presenté a sus padres pero cuando tuvo que dar las oportunas explicaciones, él nos hablaba a Kristina y a mí. Kristina me había cogido la mano y yo la estreché entre las dos mías. Cuando terminó su explicación, Kristina le dijo con tono repleto de miedo.

—¿Puedo pedirle un favor, doctor?

—Si está en mi mano, sí, claro.

—¿Cuando me despierte de la anestesia podrá estar Parker a mi lado?

El hombre se quedó unos segundos pensativo, yo lo miré con el ruego clavado en mis pupilas.

—No solemos hacerlo pero tratándose de Parker con todo lo que nos ha ayudado le daremos ese permiso.

—Gracias, doctor —le dije sonriendo mientras Kristina daba un suspiro.

—En breve, vendrán a recogerte.

—Gracias.

Escuché a Alexis que le decía al doctor. La miré sonriendo.

—Te dije que me dejarían —le guiñé un ojo.

—Así que también ayudas a este hospital… —me dijo sonriendo orgullosa y a mí me hizo feliz.

—Digamos que… ahora me van a ayudar a mí con lo más importante que tengo en la vida.

Kristina sonrió algo más tranquila apretándome la mano. Molly, Will y Sam se salieron a pasillo. Le dieron besos y ánimos para que estuviera convencida de que la operación saldría bien. Nos quedamos, Sonny, Alexis y yo. En ese momento había un silencio que mostraba, como era lógico, que estábamos preocupados.

—Cariño… vamos a estar aquí aunque no podamos entrar a verte.

—Gracias, mamá.

—Estoy seguro que va a ser un éxito. Y esto va a quedar en una anécdota. No te preocupes por nada, Kristina.

—Eso intento pensar, papá.

A mí la pulla de Alexis me dolió, ¿no era capaz de darse cuenta en la situación qué estábamos? Me mordí los labios para no echarla de la habitación.

Dieron dos golpes a la puerta y aparecieron dos camilleros. Sus padres se retiraron a un lado después de dejarle un beso en la frente. Cuando iba a besarla yo les dijo a los camilleros.

—Por favor, ¿puede acompañarme mi mujer hasta la puerta del quirófano?

—¡Claro! —dijo uno de ellos sonriendo.

—¡Y si no le impresiona la dejamos pasar a la operación! ¿Qué te parece? ¡Venga que en nada estás con todos! ¿Nos acompaña? —me dijo a mí.

Al salir de la habitación, Kristina me dio la mano, me apretaba fuerte tan fuerte como el nudo que se había instalado en mi garganta. Pero debía mostrarle tranquilidad aunque me carcomían los nervios y la necesidad de que me dijeran que estaba todo bajo control. En el pasillo se quedaron todos dejando que yo la acompañara hasta la puerta de quirófano. Una vez llegamos el camillero mientras le daba a un botón para que se abrieran las puertas me guiñó el ojo diciéndome que nos dejaba un minuto mientras avisaba que entraban.

—Cariño…

—Parker por favor quiero que estés tranquila ¿vale? Y sal del hospital mientras estoy dentro, no quiero que te agobies.

—Kris… no me voy a agobiar estaré aquí esperando para que me dejen entrar contigo en cuanto estés fuera—le acariciaba la frente justo por debajo del gorro verde que llevaba en el pelo.

—Tengo ganas de ir a casa.

—Lo sé… yo también. Y pronto volveremos. Te quiero ¿vale?

—Te quiero. Parker… Eres lo mejor que me ha pasado en la vida y me has hecho muy feliz.

—¡Y lo seguiré siendo y te seguiré haciendo feliz como tú a mí! No lo dudes, mi amor.

Le dejé un beso en los labios suave mientras apretábamos nuestras manos que estaban cogidas. Antes de que se cerrara la puerta la saludé con la mano sonriendo, aguanté como pude las enormes ganas de llorar. No por la operación, no por el momento malo que vendría tras ella, sentía ganas de llorar por lo que ese tumor podía haber alcanzado. Noté las manos fuertes de Will apretarme por los hombros, y fue entonces cuando el llanto me venció. Me giré y me abrazó fuerte contra su pecho.

—Ya, Parker. Ahora ya puedes desahogarte. Lo has hecho muy bien y estoy muy orgulloso de ti.

Me derrumbé entre sus brazos pensando que era injusto lo que estaba pasando, pensé que hubiera preferido pasarlo yo, que Kristina era joven, y era mi vida. En ese instante los miedos me inundaron de tal manera que no podía parar de llorar. Noté una mano que me acariciaba la espalda.

—Parker… mi hermana va a superar esto, ya lo verás —me dijo llorando Sam.

—No puedo vivir sin ella… ¡es tan injusto! —respondí secándome las lágrimas.

—Tienes que estar preparada, Parker. Vais a vivir momentos duros con la quimio.

—¡Y aún no lo sabe!

—Bueno… poco a poco.

—Solo espero que no le corten el pecho. Es lo que más le preocupa a ella y sería un golpe moral muy fuerte. Aunque para mí sea lo de menos —dije hipeando.

—Necesitamos calmarnos, vamos a esperar a ver que nos dicen y juntos afrontar el resultado —dijo Sonny mirándome con pena.

—Vamos, Parker.

Molly pasó su mano por mi espalda abrazándome también. Agradecí el cariño que me mostraron las Davis, porque sabía que todos lo estábamos pasando mal, pero yo tenía ese rato para poder llorar todo lo que me había negado a llorar, y todo lo que me iba a prohibir llorar delante de ella a partir de ese momento.

Esperamos la salida del médico con los nervios normales ante la situación que estábamos viviendo. Hablábamos de cosas banales, o simplemente guardábamos silencio. Alexis se había sentado al lado de Will y se le notaba tan afectada como a Sonny. Temíamos lo que se encontraran y el daño que podía ocasionar. Dos horas y media después la puerta se abrió y el médico salió retirándose el gorro. Se detuvo ante mí y me habló.

—¡Bueno! Ha sido algo más largo de lo esperado pero el tumor estaba intacto dentro de su bolsa, le hemos quitado algún ganglio para analizar, y limpiado bien la zona. Como estaba en una zona bastante accesible y tras la limpieza hemos decidido no quitar el pecho. Una vez analicemos todo veremos que tratamiento ponemos, pero me temo que por el tamaño se ha desarrollado muy rápidamente y habrá que curarse en salud con quimioterapia y radioterapia. Estoy prácticamente seguro.

—¿No había metástasis? —pregunté asustada.

—No, para que me entendáis el tumor tiene una bolsa propia si esa bolsa se rompe es cuando hay peligro de metástasis porque las células se liberan pero en este caso estaba intacta. Ha tenido suerte porque como es he dicho por lo que hemos podido valorar a simple vista es un tipo de cáncer que se desarrolla muy rápido.

—¿Puede tener más? —pregunté temiendo la respuesta.

—No, totalmente descartado, le hemos hecho antes de la operación una prueba de imagen y está limpia. Podéis estar tranquilos. Y ahora, si Parker estás preparada… será mejor que vayas no se despierte y no te vea.

—Gracias, doctor. Gracias.

Sonreí por primera vez mientras Will que me tenía sujeta por los hombros me apretaba con fuerza. Cuando escuchamos al doctor el resoplido que dejamos escapar todos fue sonoro, el alivio fue la mejor sensación que tuvimos aquel día. Sam y Molly me abrazaron antes de irme con el doctor. Will me dijo que se iría a casa para contarle a Luigi. Vi a Alexis llorando abrazada a Sonny, pero ninguna de las dos hicimos por acercarnos. Yo me moría de ganas por ver a Kristina.

Kristina mira a Parker, mientras estaba contando cómo se quedó al marcharse al quirófano, he notado que su rostro cambiaba formando un gesto de tristeza por su sufrimiento.

—Fue muy valiente. Y coincido con lo que dijo Will, lo hizo muy bien me ayudó muchísimo.

—Estaba muerta de miedo, cuando dijeron en broma que podía pasar al quirófano estuve a punto de decirles que sí —ambas dan una carcajada. Parker niega con la cabeza—. Quería estar ahí para enterarme de que todo estaba bajo control. Era angustioso.

—¿Y no te dijo nada mi madre?

—No. No intercambiamos ni una sola palabra. Nuestra relación seguía siendo tensa. Después de nuestro encontronazo en su despacho entendió que debía respetarnos pero yo también entendí que nunca iba a perdonarme. No iba a aceptarme y lo asumí bastante rápido, traté que Kristina también lo hiciera.

—Pero yo no lo entendía —agrega Kristina.

—Todo lleva un tiempo, a veces ni con el paso del tiempo se cambia un sentimiento porque lo que Alexis sentía era un profundo rechazo por mí. Y también había que aceptarlo. No a todos puedes caer bien.

Y Kristina sonríe elevando una ceja. La respuesta de Parker es una gran carcajada que me hace ver que algo sí cambió.

EL PASILLO DEL MIEDO. KRISTINA

Nunca en toda mi vida había sentido tanto miedo como cuando vi entrar a los camilleros. Me aferré a la mano de Parker y si de mí hubiera dependido habría entrado conmigo hasta el quirófano. Al despedirme de ella sentí que quería decirle muchas cosas, me daba miedo no despertarme de la anestesia, y no quería quedarme nada dentro de mí. La vi el esfuerzo que hacía por no llorar. Aquella Parker tan distinta a la primera que me contrató, ¡cómo había cambiado! Sabía que se iba a derrumbar en cuanto yo me fuera, por eso le pedí a Will que estuviera con ella.

Aproveché el momento en que Parker se fue con mi familia para darles la noticia, para hablar con Will.

Me gustaría pedirte algo, Will.

¡Claro! Dime lo que quieras, sabes que puedes contar conmigo —estábamos bebiendo una limonada mientras Luigi y Sara jugaban en la sala. Luigi nos había dejado solos.

Sé que Parker está haciendo un esfuerzo por aparentar que está tranquila, sé que quiere mostrarme confianza pero tan solo es pura fachada. No quiero que esté sola con mi familia mañana. ¿Podrías estar con ella?

Por supuesto.

Sé que tú la ayudarás más que mis hermanas. Va a necesitar apoyo.

No te preocupes por eso, yo estaré allí con ella.

Will, si me pasa algo, no digo mañana… si me muero…

Kristina…

Sé que no va a pasar pero déjame pedirte esto. Si me muero no quiero que Parker se hunda, sé que me ama con locura, sé que soy para ella lo más importante me lo hace ver todos los días.

¡Cómo ha cambiado, eh!

Sí —sonreí ampliamente.

Todo gracias a ti. Yo te estoy eternamente agradecido por ello. Y sé que aún os queda toda la vida por delante para seguir siendo felices. Pero dime.

Me gustaría que encontrara a alguien que le acompañara en la vida. Pero no como antes.

Parker no volverá a ser la de antes. Porque tú le has enseñado el amor y ahora no podría vivir sin él. Y sabes tan bien como yo que si te pasa algo no encontraría a nadie porque lo que tú le das es tan grande que no hay dos amores así en la vida. Lo que sí sé, es que yo estaré a su lado y no la dejaré hundirse. ¿Mejor así?

Asentí y me abrazó con fuerza. Will se había vuelto una persona muy importante para mí. Me seguía ayudando con Parker aunque ya la conocía de sobra pero a veces aún quedaba alguna reminiscencia del pasado y había que atajarla, entonces él me echaba una mano. Cuando terminó el abrazo me sentí más tranquila.

Conforme la camilla avanzaba por el pasillo tenía la sensación de que iba a librar una batalla en la mesa de quirófano. Y no dependía de mí, eso era lo peor. Cerré los ojos sintiendo el frío de aquella sala como inundaba mi piel, y sin poderlo evitar me puse a llorar. Fuera lo que fuera que tuviera en mí, solo esperaba que no me abatiera.

—Kristina,  tranquila —me dijo el médico—. Estás en las mejores manos ¿de acuerdo?

—Sí…

—Ahora cuando te ponga esto y te diga, empieza a contar de diez a cero —me dijo la anestesista.

—Doctor, no se olvide de dejar pasar a Parker.

Fue lo último que recuerdo. Lo siguiente fue una caricia lenta en mi mano. Reconocí al instante esa caricia de Parker. La fuerza de la anestesia era tal que por mucho que mi cerebro la llamaba mi voz no salía.

—Parker… Parker… mi amor… dime que todo está bien… quiero vivir… eres lo mejor que me ha pasado y quiero vivir… necesito vivir contigo. Parker… Parker…

—Mi amor… ya estás fuera y todo ha ido muy bien —escuché lejana su voz.

—¿Mi pecho? —susurré como pude.

—Está en su sitio. No ha hecho falta quitarlo, cariño. Ahora relájate y no hables necesitas estar en calma, yo voy a estar aquí a tu lado.

—Tengo ganas de vomitar.

Mi despertar fue horrible. Vomité tantas veces que perdí la cuenta, y Parker estuvo allí secándome la frente, ayudándome y apoyándome. No se separó de mí ni un instante. Las enfermeras le decían que se encargaban ellas pero no las dejaba. Yo estaba mareada, me sentía morir y me entraba un dolor insoportable de cabeza. Pero ella estaba allí.

—Mi amor…  tranquila… mi amor…

Sus palabras me hacían más efecto que los goteros, y su mano cogiendo fuerte la mía era mi tabla de salvación ante el miedo que seguía instalado en mí ¿qué pasaría a partir de ese momento?

LA RECUPERACIÓN. PARKER

Estuve con ella mientras permaneció en observación. Tuvo un despertar horrible y me hizo sufrir. Pero ya estaba conmigo. Y eso me llenó de tranquilidad, las noticias eran buenas lo más probable era que con unos meses de tratamiento pudiéramos olvidarnos de la pesadilla que estábamos viviendo. Kristina de vez en cuando abría los ojos y me preguntaba por su pecho. Después me preguntaba si nos íbamos a casa o se quejaba del colchón. Tuvo un despertar bastante malo y cuando se espabiló un poco todo era decirme que me fuera, que tenía mala cara y debía descansar.

—Pero si me has pedido a mí y a medio hospital que me quede contigo ¿ahora quieres que me vaya? —le pregunté sonriendo mientras le acariciaba la frente.

—Parker… —me decía a punto de llorar.

—No llores.

—Es que… esto es un poco loco, me acaban de extirpar un cáncer, me duele un montón el pecho, la cabeza, el estómago, estoy como si un tren hubiera pasado sobre mí, pero estoy tan feliz de que estés a mi lado.

—Cariño… tenemos que estar felices porque todo está bajo control. Y pasado mañana estarás como nueva —le sonreí.

—Mi mejor medicina es tu sonrisa.

—Pues tenemos muchos motivos para sonreír.

—Yo lo haré cuando me deje de doler… —protesté haciendo gesto de dolor.

—Ahora te pondrán otro gotero.

—Te quiero. Te quiero muchísimo, Parker.

—Yo también te quiero, mi pequeña.

Nos dimos un beso muy suave que sabía a medicina pero a mí me supo a gloria.

Estuvimos siete horas y cuando pasó el médico nos informó que nos trasladaban a una habitación. Pero me avisó que tan solo podrían estar dos personas con ella. Que necesitaba tranquilidad. Aproveché que se había quedado dormida para salir a informar a todos. Aunque las enfermeras les había ido dando algún parte. Allí estaban Alexis, Sonny, Molly, Sam y Carly que se había acercado para dar apoyo a Sonny. Al verme aparecer se levantaron nerviosos.

—Tranquilos, no pasa nada, la van a trasladar a la habitación.

—¿Cómo está? —me preguntó Alexis con el rostro angustiado.

—Ha tenido muy mal despertar, con muchos vómitos por eso ha estado más tiempo en observación. Tiene dolor y dice que le ha pasado un tren por encima —sonreí un poco nerviosa—. El doctor me ha dicho que nada más pueden estar dos personas en la habitación.

—De acuerdo, nosotras nos vamos y estamos en contacto —me dio Sam—. ¿Necesitas algo?

—No, gracias. Ya me traje todo.

—¿No vas a tomar nada? —me preguntó Molly con gesto de pena, mi cara debía reflejar mi estado interior de preocupación a pesar de estar bien.

—La verdad que tengo el estómago cerrado. Gracias.

Hubo un momento de tensión, todos guardamos silencio como esperando a ver qué decía Alexis. Sonny la miró mientras Carly me abrazaba cariñosamente. Y me apretaba el brazo en señal de apoyo.

—Yo me quedo.

Dijo definitivamente Alexis. Y a mí el nudo en el estómago por poco me estrangula. Sonny entraría a verla mientras yo esperaba fuera un rato acompañada por Carly. Eso fue lo que hablamos, pero a mí quedarme con Alexis no me hacía ninguna gracia.

—¿Sabes, Parker? Creo que Kristina ha tenido mucha suerte encontrándote a ti. Le has dado un equilibrio y le has dejado crecer como ella quería, Alexis y Sonny la han protegido tanto que de no ser por tu aparición, hubiera terminado siendo una desgraciada. Así que tienes todo mi apoyo porque quiero a Kristina y sé que a tu lado es muy feliz. Eso sí, no dejes que ahora con esta enfermedad ni Alexis ni Sonny vuelvan a intentar saltar sobre ti para protegerla.

—Gracias, Carly. Sé que ahora vamos a vivir un momento delicado en ese sentido.

—Te has ganado el respeto de Sonny, solo te falta ganarte la comprensión de Alexis.

—¿Y cómo se hace eso? Con todos los años que estamos juntas y parece que tenga que demostrarle todos los días que quiero de verdad a Kristina.

—Entre nosotras, Alexis es una puñetera orgullosa. Le cuesta reconocer que se ha equivocado, en el fondo sabe que contigo se equivocó desde el principio. Que no eres la bruja que pensó que iba a aprovecharse de su hija eso sí dudo que dé su brazo a torcer.

—De todos modos, ahora solo me importa que Kristina esté tranquila y bien. No pienso dejar que se pase ni un milímetro.

—¡Me encanta! ¡Soy tu fan! Poca gente ha puesto a Alexis en su sitio como tú —dio una carcajada que terminó por arrancarme a mí una sonrisa.

Cuando Sonny salió, lo hizo tranquilo porque había podido hablar con Kristina que por otro lado le había exigido que entrara Parker. Sonreí porque lo dijo algo así como “me ha echado para que entres tú”. Les despedí con una pequeña sonrisa. Suspiré con fuerza. Compartir una noche en el hospital con Alexis no era lo que hubiera querido. Puse la mano en la manivela y sentí el gusanillo en mi estómago. Carly tenía razón, no podía rebajar la guardia con la enfermedad de Kristina. ¡Menuda noche me esperaba!

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2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 103

  1. Gracias, Laura. Me alegro que el desarrollo de la historia te siga entreteniendo. Ya queda poco y me ilusiona saber que a pesar de los capítulos que llevamos sigues ahí.
    Gracias y un abrazo muy fuerte.

  2. Menudo impacto estos dos capítulos, me han encantado y ahora sí van a aver lo que realmente ama Parker a Kris!!!
    Me imagino la noche que le espera junto a Alexis…..
    Querida amiga esto sigue siendo una historia intensa, gracias por seguir escribiendo!!! Un abrazo enorme😘😘😘

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