PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 104

LA NOCHE. PARKER

Entré en la habitación sigilosamente para no despertar a Kristina. Vi que amablemente nos habían dejado dos sillas, cada una al lado de la cama, también estaba el sofá por si queríamos estirarnos a descansar. Al entrar, Alexis me miró y yo moví la cabeza a modo de saludo. Miré a Kristina que dormía agotada tanto por la anestesia como por todo lo que había pasado. Me senté a su lado, al menos, Alexis había tenido el detalle de dejarme la silla en la parte que Kristina no tenía los goteros. Me senté tratando de suspirar en silencio para no despertarla, la miré pensando en el camino que íbamos a recorrer pero segura desde ese momento que superaríamos aquel duro contratiempo.

—Parker… —susurró como sintiendo mi presencia.

—Estoy aquí, cariño —le cogí la mano.

—No te vayas.

—No me voy —sonreí porque abrió un poco los ojos y me miró—. Te dije que estaría a tu lado y aquí estoy.

—Más te vale —susurró sonriendo.

—También está tu madre —le advertí por temor a que dijera algo íntimo. Y solo me faltaba eso.

—Hola, Kristina. ¿Cómo te encuentras?

—Mamá… —giró con cuidado la cabeza hacia el otro lado—. Tengo mucho sueño.

—Pues descansa, duerme que eso te ayudará.

—¿Me han cortado el pecho? —me preguntó mirándome.

—No, cariño. Pero no te toques.

—Es que me duele, me tira como si tuviera mil demonios ahí.

—¿Quieres que te pongan otro calmante? —le pregunté preocupada.

—No, me aguantaré.

—No quiero que tengas dolor, Kris —le dije acariciando su rostro.

—Ni yo. Dame un beso.

La situación era cómica, si no hubiera sido por la gravedad del momento me hubiera puesto a reír de buena gana. Me incorporé un poco sobre ella y la besé sonriendo. Ella cerró los ojos mientras decía.

—Esto funciona mejor que el calmante. No te vayas.

—No me voy.

Me senté y de reojo miré a Alexis que había agachado la mirada. Para mi suerte, Kristina entró en un sueño profundo y no demandaría más besos. Aunque me tenía cogida la mano como si así pudiera asegurarse que estaría allí, que no me iría.

El silencio entre Alexis y yo era hasta incómodo no habíamos hablado mucho en todos esos años, lo justo en las fiestas que nos habíamos encontrado, el saludo de siempre y poco más. A mí no me molestaba en absoluto, es más, agradecía que siguiera comportándose así, pero sabía que a Kristina le hacía daño siempre protestaba a su manera enérgica “¡es que mi madre nunca va a poder cambiar! ¡Me tiene harta!”. Se me escapó una sonrisa al recordar su arruga en el centro de la frente y su gesto serio. Suspiré y Alexis captó mi gesto.

—¿Quiere bajar a tomar algo? —le pregunté al notar que me miraba.

—Mientras estabas dentro hemos cenado. Baja tú.

Sonó como si me lo ordenara, entonces Kristina apretó mi mano.

—Ve a cenar, cariño. Pero no tomes café ni té, ni cocacola… estás nerviosa y no quiero que tomes nada de eso.

—De acuerdo —sonreí porque a pesar de estar así se preocupaba por mí—. Beberé agua y una tila.

—Genial.

—¿Cómo estás?

—Me duele.

—Pues en ese caso voy a decir que te pongan un gotero, no tienes que aguantar el dolor.

—Soy fuerte.

—Lo sé, pero no quiero que sufras de igual modo que no quieres que tome café.

—Siempre te sales con la tuya.

—¡Mira quién habló! —di una carcajada y ella sonrió con gesto de dolor—. Ahora vengo.

—Cena pero no tardes.

—No tardo.

—Parker —me había dado la vuelta para coger el bolso—. ¿Y mi beso?

Kristina se empeñaba en sus besos delante de su madre. Y a mí me provocaba una sonrisa que me costaba retener la carcajada porque sabía que Alexis seguía llevando mal la situación.

—Te quedas con tu madre. Pórtate bien.

—Claro.

—¿Quiere que le suba un café, Alexis? —le pregunté lo más amablemente que pude.

—Sí, por favor.

—Yo quiero otro, y agua.

—Kristina no puedes beber todavía, si quieres te mojo los labios.

—¡Pues qué remedio! —protestó pero al mirarme a mí sonrió—. Cena bien.

Salí hasta el mostrador y hablé con la enfermera. Tal y como el médico había dicho fue a ponerle el gotero. Entré en el ascensor y apoyé mi cabeza en la pared. Todo había ido bien, y por suerte no había ramificaciones eso me llenaba de calma aunque estaba agotada. Al abrirse las puertas salí hasta la cafetería. Me pedí un caldo y un sándwich vegetal, por supuesto una botella de agua. Cuando el camarero la puso sobre la mesa sonreí. Kristina era mi vida y no sabía qué hacer sin ella. Quise borrar rápidamente aquel pensamiento porque todo había ido bien, era un mantra que me repetí durante el tiempo que estuve con ella en observación, porque necesitaba grabarlo en mi interior para borrar el miedo que aún existía en mí. Hasta que no supiera el resultado de todo no estaría tranquila pero… todo había ido bien.

Estaba terminando de cenar cuando sonó el teléfono era Will. Me preguntó por Kristina con el manos libres para que Luigi me oyera también.

—¿Y la noche con tu suegra? —preguntó Will.

—Tranquila. La verdad que me omite bastante, no hemos cruzado una palabra.

—Mejor —apuntó Luigi—. ¡Por qué tiene que quedarse!

—Porque es su madre, cariño —le dijo Will con tono cansado y me di cuenta que esa conversación la habían tenido más de una vez.

—Pero Parker es su mujer.

—Bueno… deja ese tema. Intenta estar tranquila, Parker. No vaya a querer buscar algo de bronca.

—No creo. Más bien pienso que no se fía de mí, no se fía de que cuide bien a Kristina.

—Yo también lo pienso, sigue sin fiarse de ti. ¿Y Kristina que ha dicho?

—Cuando le he dicho que estaba su madre, nada, como si no le importara demasiado, ahora… ya sabéis lo cariñosa que es y las veces que se ha despertado me ha pedido que la besara.

—¡Madre mía! —oí a Luigi y su sonrisa divertida.

—Sois pareja, es lo que hacen las parejas, si le molesta que se aguante —dijo Will.

—Si estuviera en su casa no le molestaría —añadió Luigi.

—Lo importante es que Kristina esté bien. No me molesta la presencia de Alexis siempre y cuando no hable. Y eso hasta ahora lo está haciendo.

—Tú lo has dicho, lo importante es Kristina y me consta que Sam también se lo ha dicho a Alexis.

—¡Es que esa mujer es orgullo puro! ¡Si hasta Sonny te adora!

—Pero es mujer, y ya sabes que a veces entre nosotras todo es más complicado. Y no me perdona lo que hice.

—¡Debería fijarse en lo que haces y no es otra cosa que hacer a su hija inmensamente feliz!

—Bueno, os voy a dejar que Kristina está en plan sargenta y aún me reñirá si tardo mucho.

—¡Esa es mi chica! —dijo orgulloso Luigi—. ¡Seguro que le está cantando la traviata a su madre!

—No creo, la pobre no tiene fuerzas. Ahora mismo estaba bastante dolorida.

—Por ti saca hasta las uñas, te lo digo yo —insistió Luigi.

Agradecí la llamada porque hablar de Alexis me venía bien, no quería darle vueltas a mi cabeza con ese tema y la ayuda de los chicos siempre lograba calmarme. Yo tampoco entendía su actitud pero Carly también había apuntado como Luigi y como yo misma sospechaba, su orgullo no la dejaba ver que se había equivocado. Qué éramos realmente felices y no nos hacía falta su aprobación o no, nosotras éramos felices lejos o cerca de la familia. Quizá eso era lo que le dolía. Pagué la cuenta y le subí el café. Mucha noche quedaba por delante, demasiada.

DESPERTAR ABRUPTO. KRISTINA

Mi mente era un ir y venir de imágenes. Algunas no tenían sentido y otras parecía que aparecían para hacerme daño. Pero sobre todo aquello estaba la voz de Parker, no se separó de mí en ningún momento, ni siquiera cuando estaba con vómitos, me cuidó con tanto amor. Eso era lo que apartaba de mí los malos pensamientos. Su amor tenía tanta fuerza que podía con mi miedo. Su caricia lenta y suave en mi mano me daba fuerza para soportar el dolor. Pero entre nosotras se encontraba mi madre. No sé por qué se quedó, pero estaba allí y a mí me vino genial. Después de que Parker se bajara a cenar, vino una enfermera a ponerme un gotero que me dijo me calmaría el dolor. Eran todas muy amables conmigo y en ese momento esa cercanía era de agradecer. Al salir, mi madre me miró con una sonrisa.

—Ahora esto te calmara.

—¿Sabes lo que no me va a calmar? —la miré seria—. La mala leche que me generas tú.

—¡Kristina! —me miró realmente impactada.

—¿Qué más tiene que hacer Parker para que seas algo más amable con ella? —no retiré mi mirada de sus ojos. Mi expresión era realmente furiosa.

—Kristina no es momento de hablar de esto.

—¿Y cuándo lo es? ¡Estoy cansada que la trates como lo haces!

—Estás recién operada y no puedes alterarte.

—Tú me alteras, tú. ¿Has visto cómo me trata? ¿Has visto como me cuida? ¡Todos estos años que llevamos juntas no te parecen suficientes como para que vayas cediendo y tratándola mejor! ¿Sabes lo que te pasa? En el fondo la envidias, envidias que Parker ha sabido ser para mí lo que tú como madre no.

—¡Qué estás diciendo! —exclamó horrorizada.

—Ella me ha apoyado en todo desde el principio, me ha hecho creer en mí, me valora, me ha ayudado a ser lo que yo quería ser, siempre está a mi lado y cuando me he equivocado en lugar de decirme, quizá es mejor que lo dejes, me ha insistido en que luche por lo que quiero. Me ha ayudado a perder miedos que tú me trasmitiste, soy mejor ahora, mamá, y no es un reproche solo quiero que entiendas que Parker es lo mejor que me ha pasado en la vida, no sé si viviré o no después de esto.

—¡No digas eso! —sus ojos se habían llenado de lágrimas.

—Claro que lo digo, tengo miedo ¿y sabes lo que más me asusta? Perderla, irme y no poder vivir esta vida maravillosa que tengo a su lado, y no por el dinero, mamá. Es una mujer increíble ¿has visto lo que ha hecho con su madre? ¿Crees que no le ha costado perdonarla? ¡Claro, pero lo ha hecho porque tiene un grandísimo corazón! ¿Por qué no puedes perdonar tú como empezamos? ¿Por qué no puedes entender que soy muy afortunada con ella? ¡Por qué la tratas así cuando no lo merece! ¿Por qué te dijo la verdad? ¡Porque sabes que con ella no puedes manejarme!

—Nunca te he manejado, siempre traté de aconsejarte para que tuvieras lo mejor.

—Pero te equivocaste mamá, te equivocaste cuando no me apoyaste con James, casi me obligaste a casarme, yo también podía estar enfadada contigo por todo lo que pasó después, pero lo único que quiero es seguir hacia delante teniendo mi vida lo más tranquila posible, lo más feliz posible. Tú no, tú sigues juzgando a Parker, ¡y a mí me duele! Porque daría mi vida por Parker si fuera necesario, como sé que ella lo haría por mí. ¿No puedes dejar atrás todo borrar lo malo que pudimos hacer, los errores que pudimos cometer y aceptar que Parker es la persona que amo y me hace feliz? ¡Creo que ya va siendo hora! Parker me ha enseñado a perdonar, quizá te ha llegado el momento a ti que te plantees si eres realmente justa con tu comportamiento con alguien que el único pecado que ha cometido es amarme, entenderme, apoyarme y hacerme mejor.

Me quedé nueva, no podía aguantarme más tiempo. Sé que fui dura con ella pero era demasiado tiempo juzgando a Parker, siendo terriblemente injusta con ella. Y no lo merecía.

La puerta se abrió y la vi entrar. Se había recogido el pelo, estaba guapísima, suspiré. Parker me miro y pareció entender mi suspiro. Sonrió.

—Alexis aquí tiene su café.

—Gracias, Parker.

Vi el gesto de Parker, trató de no que no fuera demasiado evidente pero no esperaba la amabilidad de mi madre.

—¿Qué tal estás, cariño? —me preguntó después de besarme.

—Muerta de sed.

—Vamos a tener paciencia, ¿eh? En cuanto puedas beber te daremos agua.

—¿Me has hecho caso? —la miré preocupada.

—¿Tú qué crees?

—Que sí —me sonrió ampliamente mientras yo le daba la mano.

—Will y Luigi te mandan besos.

—¿Estás más tranquila, mi amor? —le pregunté con voz cansada había gastando demasiada energía con mi madre.

—Sí, sabes que si tú estás bien yo también.

—Menos mal que estabas conmigo en observación. Lo he pasado muy mal.

—Lo sé, lo sé. Pero olvida eso. Ahora lo mejor que puedes hacer es cerrar los ojos y tratar de dormir.

—Te quiero, Parker.

—Y yo.

Mi madre se había levantado a tomarse el café. Estaba a los pies de la cama y aunque hablábamos entre susurros nos escuchó perfectamente. La vi mirarme con los ojos bañados en lágrimas y salir de la habitación.

—Vaya… ¿ha pasado algo? —Parker me miró seria al ver la reacción de mi madre.

—Lo que tenía que pasar. No sé si los restos de la anestesia me han ayudado a decirle lo que siento.

—¿Le has cantado la traviata? —¡Oh, cómo podía poner ese gesto subiendo una ceja mientras yo estaba en ese estado!

—Ten piedad de mí —susurré acariciándole la cara. Sonrió divertida—. Sí, como dice Luigi.

—Cariño…

—Lo necesitaba, es injusto, me parece muy injusta.

—¿Quieres qué salga a ver cómo está?

—No. Déjala que asuma lo que le he dicho.

Suspiré con fuerza. Cogí la mano de Parker y volvió la pesadez a mis párpados.

—Kristina.

—¿Qué?

—Te quiero. ¡No sabes lo mucho que te quiero!

—Sí lo sé. Gracias por decírmelo, dímelo siempre.

—Claro, mi amor.

Me acarició lentamente la cara y suspiré quedándome dormida.

Parker se ha emocionado cuando Kristina ha contado este final. Kristina le deja un beso en la mano. Me mira y me dice con la voz también algo emocionada.

Todo nos vino tan deprisa que era como una necesidad decir esos te quiero. Yo sabía que todo había ido bien pero nunca sabes las cosas que se pueden complicar. Para mí, que Parker estuviera a mi lado fue importantísimo y que me dijera que me quería me daba mucha fuerza. Lo sé, sé que me ama, sé que siente por mí un amor eterno —dice abriendo las manos mientras Parker la mira sonriendo—. Pero yo soy de esa clase de personas que necesita que le digan te quiero. Seré cursi, pero lo necesito y lo mejor de todo es que cada te quiero que me dice Parker está lleno de verdad. Y eso mi madre no podía negarlo.

EL ENCUENTRO. PARKER.

Aproveché que entró una enfermera para cambiar los goteros de Kristina y que ella dormía profundamente, para salir al pasillo. Justo al lado de la habitación había dos filas de asientos puestas frente a una gran cristalera desde la que se veía la ciudad. Eran las doce de la noche. Las luces de los coches hacían dibujos en el horizonte. Vi a Alexis mirar sin parpadear. Estuve a punto de volver a la habitación pero algo me hizo sentarme a su lado. Imaginaba que ella también tenía miedo, en ese momento, nos unía algo más. También sabía que si Kristina le había dicho lo que pensaba debía estar enfadada. Preferí sentarme y que descargara contra mí su rabia en aquel lugar a que lo hiciera cuando estuviéramos en la habitación. Me miró de reojo. Yo no sabía ni qué decirle así que me puse a mirar también el horizonte, las luces rojas y blancas difuminadas en la distancia, el viento moviendo las copas de los árboles cercanos al edificio. Suspiré porque Alexis no explotaba. Y pensé por unos segundos que quizá no había causado en ella tanto efecto las palabras de Kristina. Pero me equivoqué.

—Durante todos estos años he tratado de rebajar mi odio hacia ti, pero no he podido hacerlo.

¿Debía contestar a aquello? Era evidente que me odiaba, yo lo sabía. Así que guardé silencio.

—¿Cómo has hecho tú para poder mirar a tu madre a los ojos después de todo?

Aquello sí me sorprendió. Nombraba a mi madre. Supuse que comparaba su odio a lo que yo sentía por mi madre. Como me pilló de sorpresa me removí en la silla y fui sincera con ella.

—He vivido la mayor parte de mi vida soportando el odio que ellos me tenían, y eso me generaba más problemas a mí que a ellos. Kristina me lo hizo ver. Me ayudó a darme cuenta que odiar no sirve de nada, pero perdonar te ayuda a seguir hacia delante. Cuando mis hermanos decidieron abandonar a mi madre, dudé más por ella que por mí de traerla aquí. No la odio supongo que no supo gestionar el desafío de tener una hija como yo. La he perdonado y aunque voy allí pero no me habla, yo siento que hago lo que debo. No ha sido fácil pero tener a Kristina a mi lado me ha ayudado a entender muchas cosas de mi vida.

—Yo no te he podido perdonar por prostituir a mi hija —me dolió como lo dijo—. Quizá me pasa como a tu madre, no he sabido gestionar lo que sentía por eso. Sé que mi hija es feliz, la haces feliz pero a veces me cuestionó si no la condicionaste.

—Le seré sincera, Kristina y yo hubiéramos acabado juntas aunque no hubiera sido de la manera que empezó, porque creo firmemente que estábamos destinadas.

—Eso es cosa de mi hija —dijo sonriendo con ironía.

—Sí, lo sé. Pero… las dos luchamos por separarnos, ella se quiso casar y hacer las cosas lo mejor posible para hacer el menor daño a todos, yo me marché para evitar verla, pero algo me empujó a volver cuando usted me vio en su casa, cuando pasamos la noche juntas, tan solo fui para desearle que fuera feliz al día siguiente en su boda y en el futuro. Lo hice con el corazón roto, tan roto como estaba ella. Y después ya ve el tiempo que llevamos juntas, si realmente la hubiera condicionado ¿cree que estaríamos juntas todavía? ¿Cree que su hija no siente amor por mí? ¿Es solo como si me debiera no sé muy bien qué?

—No lo sé, Parker. Me gustaría ser capaz de perdonarte, de reconocer que me he equivocado contigo. De hacer como has hecho tú con tu madre. Quizá mi hija tiene razón y me duele ver que yo no supe estar a la altura de las circunstancias, como madre la quise proteger tanto que le coarté su libertad, esa libertad que siente a tu lado porque la respetas, respetas lo que quiere ser. Yo veía una tontería que estudiara arte, y sin embargo, ahora es feliz.

—Bueno, todos nos equivocamos. Yo también me equivoqué al ofrecerle ser mi amante, pero no supe hacerlo de otra manera porque la Parker de entonces, no sabía manejar sentimientos ni emociones. Kristina me ha ayudado como yo la he ayudado a ella. Creo que hemos hecho una buena pareja desde el principio y eso que yo era muy complicada. Si soy lo que soy es gracias a ella.

—Supongo que es hora de perdonar.

—Como le dije una vez, más que por mí por ella. Kristina sufre de ver que no tenemos una relación fluida como le gustaría. Y yo entiendo que usted pudiera tener al principio rabia hacia mí por cómo fue todo, la entiendo, créame. Incluso que con el paso de los primeros años mantuviera las dudas, pero soy franca, no entiendo que siete años después viendo que somos realmente felices le duela tanto tratarme de otra manera. Yo no soy su enemiga, Alexis.

Se lo dije mirándola fijamente, ella no desvió la mirada y asintió.

—Las dos queremos lo mismo, ver a Kristina feliz —traté de ser contundente con aquella frase.

—Tienes razón. Te veo como mi enemiga… lo siento. Esta situación en la que estamos ahora me hace pensar si perdiera a Kristina me volvería loca… Y… la veo feliz… he sido injusta, supongo que eso es lo que me ha recriminado mi hija. Que no soy capaz de asumir que Kristina ha cambiado tanto para bien que tú tienes una gran parte de… no sé si llamarle culpa. No quiero ver sufrir a Kristina. Y mucho menos ahora. Mucho menos ahora —susurró por primera vez abatida—. Me voy a casa, porque me he dado cuenta que está en buenas manos y mañana necesitarás descansar. Si es que mi hija deja que te apartes de su lado —se limpió las lágrimas.

—Kristina es lo mejor que me ha pasado en la vida, Alexis. Y estoy muerta de miedo.

Nos miramos las dos con los ojos repletos de lágrimas, ambas asentimos como dando por bueno el momento, como si con esa mirada aceptáramos que la tregua fuera definitiva. Su aceptación hacia mí y su respeto, con eso tendría por mi parte lo mismo, mi mayor respeto hacia ella.

—Gracias por quererla así. Porque me he dado cuenta que la quieres de verdad. Dicen que en la enfermedad es cuando se demuestra el verdadero amor. Y en unas horas me has demostrado lo que no he querido ver en siete años.

No dijimos nada más, le dio el último trago al café y se levantó. Yo también me puse en pie para entrar en la habitación.

—Trata de descansar porque esto no ha hecho más que empezar.

Asentí y la vi marcharse. Me giré mirando a Kristina que dormía y suspiré como si me hubiera quitado una carga que llevaba siete años sufriendo, sus malas caras, sus malos comentarios, sus pullas, su manera de tratar que Kristina hiciera lo que ella decía. Porque Kris y yo nos amábamos muchísimo, porque hablábamos muchísimo porque de otro modo hubiera afectado realmente a nuestra relación.

—Parker….

—Estoy aquí, corazón.

Y su suspiro tranquilo, me valió más que todas las palabras que me dijo Alexis. Porque lo importante era que estaba junto a mí y estaba segura que seguiría estándolo porque no contemplaba la vida de otra manera.

El gesto de Kristina es radiante, creo que en todo lo que llevamos de charla no le había visto un gesto tan ampliamente feliz.

—¿Cómo no voy a estar enamorada de Parker? ¡Es un amor! —Parker da una carcajada—. Lo pasamos muy mal, pero solo por ese cambio en mi madre mereció la pena pasarlo tan mal como lo pasé.

—A día de hoy tenemos una relación tranquila. No me odia y eso ya es mucho.

—No son súper amigas, pero… se muestran más cercanas y eso a mí me hace muy feliz porque lo que no podía entender era que se comportara así con ella. Con la persona que más me había hecho feliz con quien me hace feliz.

—Y seguirá haciéndote feliz.

—Exactamente.

Las veo que vuelven a besarse con la mirada. Y puedo imaginar en ese momento lo que significó para las dos, pero sobre todo, para Parker después de tantos años que toda la familia de Kristina la aceptara, después de todo lo que habían vivido juntas, lo bueno y lo malo, se podía decir que la situación con la enfermedad de Kristina, les había valido para mostrar realmente lo mucho que se amaban y que respetaran ese amor.

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