PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap.105

ALEXIS.

Cuando entrevisté a Alexis ella me había contado este capítulo. Recordaba que me había dicho que a lo largo de la historia de Parker y Kristina le costó mucho aceptar a Parker hasta que hubo algo que lo cambió. Le pregunté si ver a Kristina en ese estado y a su lado a Parker había sido definitivo para que decidiera dar la oportunidad que durante años había negado a su nuera esto fue lo que me dijo.

—Entiendo que en la historia de Parker y Kristina yo he sido quien peor me he portado con ellas. Entiendo que la gente dirá que una madre todo lo perdona, si ve a su hija feliz. Y quizá mi miedo fue excesivo pero la vida de mi hija había estado repleta de problemas con sus parejas, y cuando creí que por fin había encontrado a un hombre que la sabía llevar, que la entendía, respetaba, me di de bruces con un maltratador que no supe ver. Y entre medio de su historia había aparecido Parker comprando a mi hija, no sé si alguien pueda ponerse en mi lugar, como madre sentí que había manejado a Kristina, por muy feliz que la vi en Zermatt, por muy feliz que la veía trabajando en la galería, la fama de Parker era algo que no me daba ninguna tranquilidad, ninguna confianza. No lo niego, durante mucho tiempo pensé que llegaría el día que se cansaría de Kristina. Buscaría otra. Y ese pensamiento me hacía no ser realista, darme cuenta de que Parker sí amaba a mi hija. Me cegó la necedad y no fui capaz de ver lo que todos me decían, la mirada de Kristina su felicidad, su crecimiento personal, su sonrisa perenne. Solo fui capaz de darme cuenta en aquella habitación de hospital, al ver como Parker la miraba, al ver su sufrimiento cuando se la llevaron a quirófano, al verla llorar. Al escuchar sus palabras de amor y con el cariño que le hablaba, su preocupación. Quizá necesité darme cuenta que ni aún en una enfermedad como la que tenía mi hija, la iba a abandonar. Para mí que sabía cómo era el despertar de la anestesia de Kristina, que no se moviera de su lado me hizo ver que le importaba de realmente. El cariño con el que le acariciaba, su mano rozando suavemente la de mi hija, sus suspiros que mostraban en silencio la preocupación, todo aquello me hizo ver la realidad. Ahora estoy convencida que quise quedarme porque necesitaba ver que realmente lo que todos decían, lo que yo veía en la mirada de Kristina era real, que se amaban. Y sus duras palabras me ayudaron a despertar de un letargo que duró mucho tiempo, porque durante esos años estaba esperando una llamada de mi hija llorando desconsoladamente diciéndome que Parker se había ido. Y solo me di cuenta que aquella Parker que yo temía ya no existía cuando la nombró ella misma en nuestra conversación.

Yo también me equivoqué al ofrecerle ser mi amante, pero no supe hacerlo de otra manera porque la Parker de entonces, no sabía manejar sentimientos ni emociones.

Todos nos equivocamos, es cierto, porque yo me equivoqué al no confiar en ella. Y si Parker había cambiado, yo también debía cambiar porque me había demostrado que realmente quería a mi hija. Acepto ser la mala de la historia, pero reconozco que lo hice por temor, por miedo, por ese miedo del que tanto habla Kristina. De ese miedo de ver que mi hija podía ser una desgraciada. Afortunadamente, Parker ha sabido hacerla feliz y a mí no me queda más remedio que reconocerlo.

AFRONTANDO LA VERDAD. PARKER

La noche fue bastante mala, Kristina se quejó mucho y a veces perdía los nervios. Los goteros parecía que no hacían el efecto deseado, y aunque dormía se quejaba despertándose diciéndome que le dolía mucho. No descansé prácticamente en toda la noche. Me tenía cogida la mano y abría los ojos para ver si estaba allí. Me daba la sensación de que al verme se tranquilizaba y siempre acababa dando un suspiro fuerte. A mí la noche me valió para repasar desde la primera vez que vi a Kristina en el ascensor, la manera en que me había cambiado la vida, en que necesitaba pasar cada día a su lado. Y se mezclaba el sabor dulce de nuestro amor con el sabor amargo de la enfermedad. Era un reto para mí saber manejar también aquella situación, no era buena cuidando a los demás pero en este caso necesitaba dar lo mejor de mí porque a quien debía cuidar era a la persona más importante que existía en mi vida. Podía perderlo todo, pero no a ella. Y esa ansiedad también vivió conmigo desde el momento en que me dijo que tenía cáncer. Por mucho que quería retirarla de mi corazón, ahí estaba agazapada. Debía ser fuerte por mí y por ella. Por las dos y por el amor que sentíamos. Juntas como siempre le dije éramos más fuertes, de eso estaba segura.

A las seis y media de la mañana entró una enfermera para hacerle un análisis, y Kristina se despertó. Me miró con gesto preocupado.

—¿Has descansado? —me dijo.

—No, cariño. He estado pendiente de ti. ¿Cómo estás ahora?

—Me duele mucho la axila.

—No te preocupes eso es normal, los doctores han limpiado toda la zona y esos dolores que tienes son completamente normales.

—¿Y cuándo se irán? —preguntó molesta.

—No se lo han hecho a la pared, jovencita.

—Gracias —le dije al marcharse—. Me han dicho que ya puedes beber.

—¡Menos mal!

—Pero poco.

Le di agua unos pequeños sorbos y le subí un poco el cabezal de la cama. Me senté a su lado sonriéndole.

—¿Y mi madre?

—Se fue anoche. Estuvimos hablando.

—¿De verdad? —abrió los ojos de par en par.

—Sí. Parece que lo que le dijiste le hizo reaccionar.

—No recuerdo lo que le dije pero ojalá.

—Estoy segura.

—¿Y ahora qué va a pasar conmigo?

—No lo sé, cariño. Hay que esperar a que venga el médico y nos diga que tenemos que hacer. Y lo que diga, haremos ¿de acuerdo?

La miré de manera insistente. Ella cerró los ojos y asintió.

Un par de horas después pasó el médico. Justo en el momento en que Alexis y Sonny estaban allí. Nos habíamos saludado de manera correcta, los dos besaron a Kristina y además, Alexis le hizo un gesto que le dio a entender que había acatado su bronca. Porque Kristina cuando se lo proponía era muy contundente. Después de preguntarle cómo estaba nos dijo lo que pensaban hacer.

—Has tenido un cáncer que es bastante agresivo, por lo tanto vamos a hacer un tratamiento tanto de quimioterapia como de radioterapia.

Kristina me tenía cogida la mano y me apretó fuerte estaba segura que le había impresionado tanto como al resto la explicación del médico.

—Pero debes estar tranquila, quizá si hubieras tardado una semana más estaríamos hablando de otros problemas mayores, pero para tu suerte está cogido a tiempo. Vamos a esperar una semana para darte vitaminas y que te recuperes de la operación, entonces empezaremos el tratamiento. Quiero que tengas claro que va a ser complicado porque aunque tratamos de que sea lo menos invasivo posible, sabemos que no siempre se consigue. Mi consejo es que primero te cortes el pelo y sobre todo lo más importante para afrontar esto es no darle importancia a lo que has tenido, tratar de llevar una vida lo más normal posible y, sobre todo, reír y ser feliz. ¿Lo has entendido?

—Sí —respondió muy débilmente.

—Eres joven, fuerte, tienes una familia que te apoya, lo tienes todo para superarlo pero debes poner de tu parte. Estás limpia, Kristina. Y lo que vamos a hacer es para asegurarnos que tu organismo queda totalmente sano.

—Gracias, doctor —le dije con un nudo en la garganta.

—¿Cuándo puedo irme a casa? —preguntó con lágrimas en los ojos.

—Cuando veamos que toleras la comida y que no necesitas los goteros que hoy iremos retirando.

El médico abandonó la habitación y nos cruzamos una mirada preocupada. Pero al mismo tiempo repleta de alivio.

—Bueno, cariño… son buenas noticias —le sonreí.

—No quiero ponerme el tratamiento de quimioterapia, puedo negarme a ello.

—Claro que puedes —le dije yo seria ante el gesto de sus padres de impacto por su reacción—. Pero te lo vas poner.

—No quiero que se me caiga el pelo, Parker.

—Vas a anteponer el pelo a que podamos respirar tranquilas de que estás bien ¡eso es lo que pretendes! —alcé la voz con un gesto realmente molesto. Notaba la mirada de Alexis y Sonny—. Vas a hacer lo que diga el doctor y punto. Quieras o no. Aunque tenga que traerte a rastras ¡te ha quedado claro!

Y se puso a llorar. Yo la entendía pero no iba a dejar que pensara en su estética antes que en su salud.

—Kristina, quiero tenerte en mi vida y a mi lado, ¿no lo entiendes? —había puesto mi mano en su barbilla y la obligué a mirarme—. Ya lo hablamos… no me hagas esto, cariño.

—Parker tiene razón, Kristina —añadió Alexis con la voz temblorosa.

—Kris… —la miré insistentemente.

—Tienes razón, perdóname —se abrazó a mí con fuerza.

Mi suspiro fue el suspiro de Alexis y Sonny. Por un momento los tres nos habíamos quedado con el miedo de ver que Kristina se negara a llevar a cabo su tratamiento.

—Vamos a estar todos a tu lado, ¡y si es necesario pasar una mala época, la pasaremos, mi amor! Pero ya has oído al doctor, nada de dramas, esto es solo un camino para llegar a la meta, y una vez lleguemos nos dedicaremos a viajar alrededor del mundo para celebrarlo.

—Kristina, hazle caso, hija… podía haber sido horrible, y dentro de lo malo se ha cogido a tiempo. Tienes toda la vida por delante que más da que durante un tiempo tengas que llevar el pelo corto.

—No es corto, mamá —dijo.

—Sea como sea lo importante es que lo vamos a vencer —la miré con seguridad.

—¡Está bien! ¡Está bien! —aceptó con una sonrisa.

—¡Esa es mi chica! —dijo Sonny orgulloso.

No fue fácil, creo que los tres entendíamos su miedo. No solo a perder el pelo, también el tratamiento era abrasivo y debilitante, el camino era complicado pero tenía su maravillosa recompensa, vivir. Y vivir juntas.

Se miran sonriendo. A Kristina ya le ha crecido una bonita melena. El día anterior a mi aparición en su casa fue la última sesión de radioterapia.

—El camino ha sido duro pero Parker en ese momento tenía razón. Ella ha estado a mi lado, toda mi familia ha estado a mi lado, pero ella no me ha dejado nunca. Me ha apoyado y me ha dado tanto amor que me siento afortunada.

—Y tú has sido muy valiente.

—Queríamos contarlo porque también se estigmatiza mucho a los enfermos de cáncer. Mientras llevé el pañuelo en la cabeza, cuando salía por la calle recibía esas miradas de la gente repletas de pena. Y hace daño ¿sabes? Por eso es bueno hablar del cáncer, yo lo he superado con todo lo que conlleva eso, a partir de ahora nuestra vida volverá a ser como la de antes.

—Exacto. Tenemos pendiente un viaje alrededor del mundo que le prometí.

—Y juntas que es lo mejor. Además que nos sirvió para que mi madre se diera cuenta por fin de que estaba equivocada.

—Nos costó siete años, pero como le digo a Kristina, todo llega a su debido tiempo.

Sonríen felices.

EMOCIONALMENTE MAL. KRISTINA

Entendía la reacción de Parker, pero pensar que debía caerme el pelo me aterraba y me aterraba mucho. Aunque traté de evitar mostrar ese miedo lo sentía. Aquella mañana mi madre le dijo a Parker que se fuera a casa a darse una ducha y descansar, parecía que había funcionado la bronca que tuvimos, y que no recordaba muy bien, porque creo que fue más por los efectos de la anestesia y calmantes que porque yo realmente quisiera tenerla.

—Parker te puedes duchar en la ducha —le dije.

—Lleva aquí metida desde ayer, y la noche me consta que ha debido ser dura, así que dejala que se vaya a casa y descanse.

—Está bien —acepté a regañadientes la idea de mi madre.

—Cariño, trata de estar tranquila ¿vale? Quita la arruga de la frente.

Asentí y Parker me dio un beso pero no estaba muy convencida de haber causado en mí el efecto que deseaba. Cuando salía de la habitación con mi padre que debía ir al despacho, les escuché hablar con mis hermanas. Agradecí que llegaran así evitaría una charla con mi madre.

—¡Kristina! —entraron con una gran sonrisa las dos.

—¿Qué tal? —les pregunté con una sonrisa cansada.

—Bien, nosotras bien, ¿y tú cómo te encuentras?

Les conté lo que el médico me había dicho, lo hice con un sofoco importante. Mis hermanas se habían sentado cada una a un lado de la cama mientras mi madre estaba a los pies. Tenía sus miradas fijas en mí.

—Ya te lo hemos dicho, es por tu bien y el pelo crece rápido.

—Eso no me preocupa, casi.

—¿Y entonces?

—Que Parker me deje, por estar enferma, con una cicatriz en mi pecho y sin pelo —me puse a llorar mientras Molly me abrazaba—. Tengo miedo.

—Eso no va a pasar, Kristina —me dijo Sam mirándome con algo de pena.

—Parker te quiere con locura y va a estar a tu lado siempre —añadió Molly.

—Hija… no pienses eso, por favor. Creo que Parker te ha demostrado que lo que quiere es que estés bien, te lo ha dicho y muy firme además.

Mis hermanas se quedaron de piedra, lo último que esperaban era que mi madre hablara así. Me miraron las dos con el mismo gesto y a mí, me entró la risa. Pasé de llorar a reír y acabaron todas contagiadas, los nervios nos llevaron a eso.

—Kristina, Parker jamás te dejará eso lo tengo muy claro —me dijo Molly una vez nos calmamos.

—Lo sé… pero… no sé…

—Estás muerta de miedo por todo y es normal.

—Sam, es que yo no quiero ser una carga para ella ni para nadie. Y sé que lo voy a pasar mal, esta noche ha sido horrible ¿y si se cansa? Ella no está acostumbrada a esto.

—Tampoco estaba acostumbrada a vivir en pareja y lleva siete años. ¡Son tonterías, Kristina!

—Es que si me deja… si me deja… entonces sí me moriré.

Soné muy drama, pero era lo que realmente sentía. Porque mi vida era Parker, más allá de hacer lo que me gustara, más allá de mi trabajo, de mi familia, de mis gatos, era ella la que me hacia apasionarme por todo. Y en la cama del hospital todo se ve de manera diferente. Y más cuando Parker se había ido.

Mis hermanas estuvieron una hora conmigo pero tuvieron que marcharse, me quedé sola con mi madre. Me había puesto de lado mirando hacia la puerta esperando que Parker llegara.

—Kristina antes que llegue Parker me gustaría hablar contigo sobre lo que pasó anoche.

—Dime.

—Tenías razón en lo que me dijiste. Hablé con Parker y quiero que estés tranquila. El miedo que tenía a que pudiera dejarte me he dado cuenta que era irreal, y no quiero que tú pienses en eso, ella te quiere de verdad y va a estar a tu lado.

—Gracias, mamá —le di la mano y ella me dejó un besó en la frente.

—He entendido que realmente os amáis. Perdona que durante tanto tiempo haya ante puesto mi miedo a vuestra felicidad.

—Me alegra que te hayas dado cuenta porque en estos momentos necesito más que nunca que estéis a mi lado, y que te des cuenta que nuestro amor es real.

Mi madre asintió con una sonrisa y la abracé. Para mí era importante tenerla a mi lado, pero también que pudiera ver a Parker con buenos ojos y la respetara.

Yo miraba la puerta, hasta que por fin entró Parker con una gran sonrisa. Yo le sonreí. Saludó a mi madre y vino a mí para darme un beso.

—¿Qué tal?

—Has tardado mucho —le dije sonriendo—. Aunque deberías haber descansado.

—Prefiero descansar aquí, la casa sin ti es diferente.

—¿Sí?

—Sí.

—Bueno, pues ya que estás aquí me voy yo. Molly me ha dicho que vendrá a la hora de la comida para que puedas bajar a comer, y yo vendré a la hora de la cena.

—Gracias.

Mi madre se fue más tranquila que cuando entró. Parecía que las noticias eran buenas, y yo tuve que asumir que mi melena iba a sanearse como bien dijo Parker. Lo mejor de todo era que mi enfermedad había unido a toda la familia y solo por eso daba por bueno el calvario que iba a pasar.

—Te quiero —me dijo Parker como si leyera mi pensamiento.

—Justo lo que necesitaba.

—Lo vamos a superar, estoy convencida.  Los gatos estaban todos bien aunque te extrañan, mi amor. Y Erika te envía un beso muy fuerte y mucho ánimo.

—¿Te das cuenta? Una mala noticia como la mía ha conseguido unir a toda la familia.

—Hubiera preferido que no ocurriera así —me dijo acariciándome la cara.

—¡Podremos con ello! —le dije convencida—. ¡Eso sí! El tratamiento empieza ya y debería recibir mi primera dosis de besos tiernos.

Parker dio una carcajada pero yo sabía cómo hacer a pesar de estar mal, para que cayera rendida a mis labios.

Se miran en ese instante y puedo ver la misma escena que narra Kristina. El cruce de miradas acompañada por una carcajada.

Kristina es mi debilidad —asume Parker elevando los hombros.

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