PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. Cap. 106

PERDONO Y SOY LIBRE. PARKER

Estuvimos un día más en el hospital. Conforme pasaba el tiempo los dolores iban remitiendo, además ya había comido comida sólida y el doctor pensó que estaría mejor en casa. Habíamos decidido ir a la casa de la montaña porque así con el otoño pasearíamos entre los árboles y eso sería sano para Kristina. Una vez en casa, nos dejaron el primer día solas para que nos fuéramos aclimatando y, sobre todo, descansar del estrés que supone estar en el hospital.

La primera noche, Kristina estaba en la cama esperándome.

—¡Qué ganas tengo de dormir contigo! —me gritó ya que yo estaba lavándome los dientes—. Estos días han sido muy duros sin tu abrazo. ¡Ahora soy yo quien odia los hospitales!

—¡Te has vuelto una protestona de cuidado! —le dije apagando la luz del lavabo y yendo hasta la cama.

—Es verdad. Aunque para lo mal que te sentías en el hospital cuando fuimos a ver a tu madre, te has portado muy bien conmigo.

—Cariño… tú eres mi prioridad en la vida.

—¿Sabes? —le sonreí—. Me encanta que me digas eso, y me ha gustado mucho como me has cuidado. No me canso de decir que eres muy especial.

—Tú hubieras hecho lo mismo.

—Abrázame.

—Sí pero con cuidado. A ver… vamos a ver como nos colocamos para que no te haga daño en el pecho.

Encontramos la manera y aquel abrazo lo valoramos las dos con un gran suspiro. Volvíamos a estar juntas como nos gustaba, como nos reconocíamos. Dispuestas a vivir el amor intensamente, porque la vida nos daba otra oportunidad, porque a ninguna se nos pasaba por la cabeza que fuera de manera diferente. Nada nos separaría otra vez. Lucharíamos juntas como siempre hicimos.

—Parker.

—¿Qué, mi amor?

—Creo que nunca me has dado un abrazo tan reconfortante como este.

—Lo sé. Para mí también significa mucho. He pasado mucho miedo.

—También lo sé. Aún nos queda mucho que pasar.

—Pero lo haremos. Y todo quedará en un susto.

—Buenas noches, Parker.

—Buenas noches, mi vida.

De aquella noche pasó una semana, cada día Kristina se sentía mejor, íbamos a dar paseos por el pequeño bosque que había cerca de casa, hicimos una comida familiar con todos, incluidos los niños de Sam que ya formaban parte de nuestra casa también, y que conseguían el gran milagro de que Sara jugara con ellos. A mí que me costaba tanto reconocerme en mi familia, cada vez me costaba menos tener esas citas una vez al mes, me gustaba conversar con todos, nos contábamos nuestras cosas, siempre había muchas risas sobre todo porque había un trío Luigi, Molly y Kristina que eran los encargados de hacer reír de lo lindo al resto. Alexis y yo limamos asperezas, seguíamos sentándonos separadas cuando había una reunión para comer, pero algún día había venido a nuestra casa para merendar y había traído pasteles que a Kristina le gustaban. Nuestro gran logro había sido ser capaces de hablar sin odio.

La tarde anterior a la cita con el médico en el hospital fue una de esas tardes que acudió a nuestra casa. Le abrí con una sonrisa.

—Adelante, Alexis.

—Me ha dicho Kristina que estabais ya en casa.

—Sí, hemos ido a dar un paseo.

—Toma —me entregó la bandeja de pasteles que solía traer—. ¿Qué tal va de nervios?

—Inquieta.

—¡Mamá!

Apareció Kristina y me fui hasta la cocina para preparar el café. Sus visitas eran cortas y realmente no teníamos problemas. Hablaba con Kristina y conmigo de la manera más natural y se marchaba tranquila de ver que su hija seguía bien a mi lado. Aquella tarde no fue diferente.

—Cariño, mañana en cuanto salgáis llamadme y decidme que os han dicho, por favor.

—Claro, mamá.

—Y tranquila.

—Ahora estoy tranquila. Después ya veré.

—Después también. Bueno… me voy.

Le daba un beso con un abrazo fuerte a Kristina y a mi un adiós Parker más tratable. Kristina sonrió al irse su madre.

—¡Quién lo iba a decir!

—Pues sí.

—Necesito que me mimes. Estoy muy mal.

—Vaya… ¿estás muy mal, eh? —la miré enarcando una ceja.

—No me mires así que me pierdo y no estoy en plenas condiciones. Pero necesito que me hagas olvidar que mañana me van a dar la fecha y que tengo que ir a la peluquería.

—Mi amor… mañana iremos a la peluquería, iremos a mirar pañuelos para que puedas tener variedad y lo haremos de manera tranquila y divertida.

—Sí, pero mímame.

Llegó la noche y sabía que Kristina iba a dormir poco, estaba realmente nerviosa y yo aunque trataba de no demostrarlo, también. Cuando apagué todas las luces de la casa y llegué a la habitación, estaba sentada frente al tocador mirándose. Sabía qué miraba y nuestra mirada se encontró a través del espejo. Se retiró suspirando y se refugió en mi pecho.

—Serán unos meses…

—No me dejes, Parker.

—Jamás te dejaré.

Le besé en la frente y la llevé hasta la cama. Nos acostamos con cuidado por su pecho, la abracé como habíamos aprendido a hacer esas noches y dejé la luz muy tenue encendida. Apenas dormimos, hablamos mucho de futuro, de los viajes que haríamos en cuanto estuviéramos bien, de los museos que recorreríamos, de las exposiciones que haríamos y nos fuimos poniendo metas para el día que le dieran el alta. Así nos descubrió el amanecer. Sin dormir pero tranquilas.

Llegamos a la consulta y el médico nos dio a seguir las directrices. Le miró el pecho, la operación había salido bien y la cicatriz tenía muy buen aspecto. Le retiraron los puntos y me explicaron como curarle. Después nos recetó unas pastillas que debería tomar, y tras buscar algo en su ordenador nos cito en seis días para el primer gotero.

—Te darán toda la información allí mismo y lo que te dije, tranquilidad, mucha tranquilidad. ¿Entendido?

—Sí, gracias doctor.

Salimos de la consulta y la vi cabizbaja. Nos había dado buenas noticias los ganglios estaban limpios, pero sabía lo que le pasaba, se había visto el pecho y le habían reducido un poco la zona afectada. Me esperé a estar en el coche para hablarlo.

—Está horrible.

—Pues a mí me parece que está precioso, porque está sano.

—¿De verdad? —me miró seria.

—Sí. ¿Qué problema hay en que lo hayan reducido un poco?

—Lo dices para que no me coma la cabeza.

—Lo digo porque es la verdad. Y aunque no estuviera a mí seguiría pareciendo una parte de tu cuerpo maravillosa porque sigues aquí a mi lado.

—Soy un poco inaguantable ¿verdad?

—No, cariño. En absoluto. Te entiendo y si estuviera en tu lugar estaría igual que tú.

—¡Sí que soy afortunada, sí! —sonrió.

—¡Por supuesto que lo eres!

—¡Vamos a la peluquería! —dijo dando un suspiro pero con una sonrisa.

—¡Así me gusta! Hoy tenemos día de compras.

—Parker, hace más de una semana que no vas a ver a tu madre.

—Lo sé, ella está cuidada y no creo que le afecte que no vaya. Al contrario. Y tú me necesitas.

—Esta tarde, vendrán Will y Luigi, me gustaría que fueras a verla.

—¡Está bien! Está bien… inaguantable no eres ¡pero mandona, un rato largo!

Dio una carcajada y fue de esas que suenan a gloria y traen aire fresco. Necesitaba verla sonreír otra vez. Y más ese día que habíamos tomado la decisión de cortarse el pelo, y buscar pañuelos para la cabeza porque quería llevar pañuelo no soportaría ver su cabeza rapada, eso le daba pavor.

En la peluquería cuando le cortaron la melena fue un poco drama, nunca se lo había cortado y ponía un gesto de tristeza absoluta. Yo aproveché y también recorté bastante la melena. Se cortó el pelo a lo garçon, se negó a dejarse la cabeza con menos pelo. Después fuimos a una tienda especializada en pañuelos para la cabeza, y en toda clase de complementos para enfermas de cáncer. Compramos varios, y la dependienta muy amable nos enseñó a colocarlo. Todo fueron palabras de ánimo en aquella tienda, sonrisas y agradecimiento por el trato. Después comimos en uno de los restaurantes preferidos de Kristina y nos marchamos a casa que esa tarde teníamos visita de los chicos cono Sara. Al verla la exclamación de que estaba muy guapa fue realmente sincera. Estuve un buen rato con ellos y con Sara que a esas alturas tenía con nosotras una relación muy cercana. Era la niña de nuestros ojos.

—Cuidarme a Kristina. Voy a visitar a mi madre. No tardaré.

Lo dije con una sonrisa triste. No me apetecía ir pero la insistencia de Kristina finalmente ganó. Llegué a la residencia y una de las chicas me detuvo. La doctora quería hablar conmigo.

—Íbamos a llamarle hoy.

—¿Qué ocurre?

—Su madre lleva un par de días muy alicaída. Hoy le hemos hecho un análisis pero le ha salido todo bien. Pensamos que podía ser porque esta semana no ha tenido visitas.

Aquella observación me dejó un poco impactada. Pero como todo estaba bien me negué a que la llevaran al hospital, no quería hacerla sufrir si no era estrictamente necesario. Estaba sentada donde solía ponerse. Aquel día había mas gente alrededor pero ella estaba apartada de todos. Saludé educadamente a algunas señoras que me avisaron dónde estaba mi madre y llegué a su lado. Había una silla y me senté.

—Hola, mamá. Sé que no he venido a verte, bueno Molly tampoco porque a Kristina le han tenido que operar. Tiene cáncer. Afortunadamente se lo han cogido a tiempo pero vamos a tener que pasar por el calvario de la quimioterapia. Y estoy muerta de miedo —de repente no fui consciente de que a quien le estaba contando todo aquello era a mi madre—. Lo peor ya ha pasado y nos han asegurado que le han quitado todo, que no hay restos en su cuerpo pero… estos días atrás pensaba que podía perderla y… ¡Qué dolor más horrible! Qué angustia no saber que depara el futuro. Kristina es maravillosa, ha cambiado mi vida tanto que no me reconozco. Nunca dejé a nadie que me quisiera pero con ella fue imposible porque es adorable, lo mejor que me ha pasado nunca. Y… siento tanto miedo. No ha sido fácil estar juntas todo han sido trabas en el camino pero el amor que sentimos la una por la otra ha sido tan fuerte que ha superado todo. La amo con todo mi corazón, mamá.

Entonces al decir mamá. Me di cuenta de lo que acababa de hacer. Incluso me di cuenta que estaba llorando. Me removí en la silla. Mi madre seguía mirando el horizonte sin decir nada. Suspiré y me limpié las lágrimas.

—Bueno… no era mi intención hablar de esto… si quieres puedo contratar a alguien que te acompañe.

Ella negó con la cabeza. Era su primera señal en mucho tiempo.

—¿No quieres? —insistió con la negación—. Está bien.

No sabía qué decirle y me quedé a su lado callada. Mirando ese mismo horizonte. Cerré los ojos un momento en el que el viento traía el olor a tierra mojada y noté como algo me apretaba mi muñeca, era su mano. Miré la mano y después la miré a ella.

—Lo siento.

Lo dijo con la voz quebrada. Y yo seguía sin saber qué hacer. Tan solo le cogí la mano y le apreté con fuerza jamás había tocado a mi madre como lo estaba haciendo en ese momento.

—Siento todo lo que te dije, y lo que no hice para ayudarte.

—Mamá… eso ya pasó.

—No quiero morirme llena de remordimientos. Nunca pensé que serías tú quien me acompañara al final de mi vida. Cuando solo te he dado motivos para abandonarme como han hecho tus hermanos.

—Eres mi madre, no podía hacerlo.

—No entenderé lo que eres, nunca. Pero creo que es hora de respetarte y pedirte perdón.

—Mamá… —se me habían llenado los ojos de lágrimas.

—Aquí pienso mucho. Veo a otras madres con sus hijas y me doy cuenta que he sido una egoísta, como lo son tus hermanos. Envidio profundamente a las madres que hablan de sus hijos que les cuidan, tú no tenías por qué y lo estás haciendo. No quiero la compañía de nadie, no merezco ni siquiera esto, me conformo con que de vez en cuando vengas, que no te olvides de mí.

—No me olvidaré de ti.

—Y que venga Kristina. Me demostró amarte y me hizo pensar.

—Claro, mamá.

No dijo nada más. Antes de irme le apreté la mano con fuerza y le dejé un beso en la sien. Ella cerró los ojos y vi como le caía una lágrima. Yo salí de allí con un nudo en la garganta, al llegar al coche me derrumbé como tantas otras veces que había visto a mi madre, pero en aquella ocasión no lo hice de dolor, ni de rabia, me derrumbé de paz y tranquilidad con ella.

Es aquí cuando Kristina la mira sonriendo y le deja un beso suave en la mejilla, y es aquí cuándo me doy cuenta de lo que significó para Parker aquel paso de su madre.

No lo esperaba, y creo que por eso me dio tan fuerte.

Fue una reacción normal, cariño. Nadie lo esperábamos, eso sí.

Yo sospecho que Will tuvo mucho que ver en esa reacción.

Es posible, pero como te dijimos fuera como fuera ella reconoció su error y durante un tiempo compartimos visitas juntas. Se preocupaba por mí. Incluso llegamos a comer con ella en varias ocasiones. No era risueña ni un amor, pero se comportaba y yo sabía que a Parker le daba paz.

Cuando mejor estábamos se murió, durmiendo. Lo sentí. Porque en el fondo mi madre se dio cuenta que sus hijos le dieron la espalda en el peor momento, cuando ya no les servía para nada, cuando ya no podían obtener dinero a su costa.

Todos menos tú, quien menos esperó fue quien le dio un final de vida repleto de cuidados.

Cada vez estoy más convencida que le pasó como a mí, perdonar me hizo libre gracias a Kristina, mi madre el día que se perdonó por su comportamiento también lo fue y pudo marcharse en paz.

Kristina le aprieta la mano fuerte. La vida le había dado la oportunidad de reencontrarse con su madre.

VIVIR, SOLO QUERÍA VIVIR. KRISTINA

Cada vez que me miraba en el espejo, me costaba reconocerme. Todos me decían que estaba muy guapa pero yo no reconocía esa imagen que veía. Y si lo hacía desnuda mis ojos siempre acababan en aquella cicatriz que apenas se veía pero en mi poco pecho se notaba excesivamente el agujero que habían dejado para llevarse mi tumor.

Sin embargo, lejos de lo que mostraba el espejo yo me encontraba bien, con ganas de vivir cada día a tope con Parker. Aquel día que fue a ver a su madre, cuando volvió Luigi le preparó una de esas mezclas que hace él de brujo como yo le digo. No daba crédito a lo sucedido, nosotros tampoco. ¿Era posible ese cambio?

—Cuando estás cerca de la muerte y le has visto las orejas al lobo, si tienes un poco de corazón reconoces tus errores, y tu madre le tiene miedo a morirse con todo lo mala que ha sido. Cree tanto en el cielo como en el infierno, y a eso sí le tiene miedo.

La explicación de Luigi nos hizo reír pero como le dije, tal como fuera la reacción de su madre había que valorarla. Para Parker después de tantos años de dolor que asumiera su error era importante, incluso las palabras de la médico de la residencia de que estaba de bajón las relacionamos con que Parker no había ido a verla. Cuando se le pasó la impresión de todo lo sucedido, se puso a llorar que no podíamos consolarla, años y años de heridas en su corazón tenían que salir porque aunque ella decía que yo le había ayudado a superarlo, era imposible borrarlo del todo. Y eso también nos ayudó en aquellos días que pasaban tan rápido antes de mi primera sesión de gotero.

Esos días hicimos una vida normal, pero Parker me había dicho que nada de sexo que necesitaba estar tranquila y tener cuidado con el pecho. Pero aquel día que se fue a hacer un encargo de la galería yo no sabía que me pasaba pero tenía todas las hormonas revueltas. Se me estaba haciendo la espera insoportable, parecía que se había ido a China como mínimo.

—Parker… ¿vienes ya? ¡Estás tardando mucho! —le envié un audio de voz.

—Cariño ya voy… ¿Qué te pasa? —me preguntó porque ya era el cuarto mensaje que le enviaba.

—Quiero que estés aquí.

Y era cierto, estaba inquieta por lo que podía pasar al día siguiente pero sobre todo estaba fuera de mí. Escuché el coche y abrí la puerta de casa, Parker bajó sonriendo.

—¿Qué es lo que te…

No le dejé continuar me lancé a sus labios tirando de la chaqueta que llevaba hacia casa, cerré la puerta y como si me hubiera poseído la más arrebatadora locura le arranqué la chaqueta sin dejar ni hablarle. La puse contra la puerta mientras mis manos buscaban de manera desesperada sus pechos.

—Kris… Kris… —decía jadeando.

—No puedo más.

Yo misma me quité la camiseta que llevaba mientras la cogí llevándola hasta la habitación, besándola con fiereza.

—¡Au! —se quejó.

—¿Qué?

—Me ha clavado la punta de la mesa —me decía jadeante.

—Perdón…

—¡Ay Dios! ¡Ay Dios!

Repetía mientras le arrancaba el pantalón y lo dejaba a un lado del comedor. Nuestros labios volvieron a unirse, en pleno fulgor de la batalla me empujó para entrar a la habitación pero midió mal y me di contra la pared.

—¡Ay!

—¡Te has hecho daño! —me miró preocupada con la mirada que le ardía.

—No, no… ven… ven…

—Kris el pecho.

—Yo arriba —y la empujé sin miramientos sobre la cama.

—Vale… arriba… ¡Ay Dios!

Fue una locura, hicimos el amor con tal necesidad y pasión que al terminar quedamos desparramadas sobre la cama con las respiraciones jadeantes, la piel sudorosa y los dedos entrelazados.

—Quiero que mi vida sea así a partir de mañana también. Prométeme que nada cambiara.

—Lo será, cariño… Te prometo que nada cambiara.

Entonces recogimos nuestros cuerpos abrazándonos desnudas y entregándonos al cansancio del placer que habíamos sentido tan intenso que nos abatió por horas. Juntas afrontando el miedo a lo que ocurriría el día siguiente. Pero siendo conscientes de que íbamos a luchar por vivir de esa manera siempre.

Kristina da una carcajada y me dice.

-¡Lo que no podía imaginar era lo mucho que iba a cambiar mi vida al día siguiente!

Y Parker la acompaña en la risa.

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