PARKER Y KRISTINA. UN AMOR INESPERADO. FINAL

Gracias por acompañarme.

Falta el epílogo como en todos mis relatos para finalizar, además esta historia ha sido especial y tendrá un epílogo diferente.

Un abrazo muy fuerte.

EL DÍA QUE CAMBIÓ TODO. KRISTINA.

El despertador sonó y yo estaba refugiada en el pecho desnudo de mi mujer. Su piel era mi mejor medicina y mi aliento para afrontar el miedo. Sus manos a pesar de rozarme con suavidad me unían fuertemente a ella. Era como pensar que nada malo podría pasarme, ella no lo permitiría. Se movió lo justo para detener aquel maldito que osaba romper mi rutina, mi refugio.

—Cariño… hay que levantarse —me susurró como hacía ella con su voz sedosa y un beso en mi frente mientras me abrazaba fuerte.

—No quiero —rehusé apartarme de ella.

—Vamos… no me lo pongas más difícil.

—Parker…

—¿Qué?

—Que ya me levanto.

—Eso está mejor.

Mi voz derrotada le hizo sonreír, me acarició la cara con una mirada repleta de brillo, aunque ese brillo estuviera apagado, era un brillo de esperanza para mí solo para mí. Sabía que estaba tan asustada como yo, tan pensativa en lo que vendría a partir de ese día como yo, pero estábamos juntas y eso nos daba la suficiente fuerza la una a la otra.

Desayunamos mientras escuchábamos uno de esos mantras de relajación que últimamente Parker había vuelto a utilizar para ayudarme en la relajación. Después me vestí y cogí un libro, iba a estar unas cuantas horas allí, además sola porque no dejaban pasar a Parker. Si ya me daba miedo que me conectaran a aquel gotero, sin ella a mi lado me daba pavor. Pero no quería que se quedara preocupada así que me hice la valiente.

—¡Ya estoy, cariño!

—Vamos allá. ¿Lo has cogido todo?

—Sí, sí.

—¿Estás tranquila?

—Sí.

Me miró sonriendo y me besó.

—Te quiero, Kris.

Aquel te quiero me daba fuerza pero al mismo tiempo me daban unas terribles ganas de llorar. No sabía cómo explicar la lucha de emociones que existían en mi interior.

Llegamos al hospital sonriendo porque en el trayecto me llamó toda la familia, incluida Erika. Fue un apoyo que agradecí muchísimo. Parker me acompañó hasta la consulta y una vez llegamos nos tuvimos que despedir.

—Venga, en nada estamos juntas otra vez.

—Unas cuantas horas.

—Te esperaré, y piensa que hoy empieza tu nueva vida —me sonrió ampliamente.

—¡Ay, Parker!

—Cariño, si pudiera me cambiaba por ti.

—De eso nada. Pero gracias —la besé justo cuando salió la enfermera a llamarme—. Hasta dentro de un rato.

—Hasta ahora, mi amor.

En el despacho que me pasaron me explicaron todo lo que me iban a hacer, estaría dos horas y tendría una sesión al mes. Durante cinco meses. Me hablaron de los efectos y de que debía hacer para contrarrestarlos. Me tomaron la tensión y temperatura. Firmé unos papeles, me pesaron todo muy amablemente. Una vez terminé me pasaron a una sala donde había más gente sentada en unos sillones muy cómodos. Me libré de una pequeña operación para que me pusieran un dispositivo en el brazo para no tener que pincharme cada vez que fuera. Y eso me animó al pensar que tan solo tendría que pasar por allí cinco veces. Mis ojos se abrieron y notaba como mis pupilas se contraían por el miedo. Era nueva y se notaba. Veía rostros pálidos pero sonrientes y yo misma sonreía no sabía si por el miedo que sentía o como agradecimiento por la calidez del recibimiento que tuve.

—Esto ya está —oí decir a la enfermera sacándome de mi ensimismamiento—. Si necesitas algo o sientes cualquier cosa que te parezca extraña nos avisas.

—Gracias.

Abrí el libro y no quise mirar aquel líquido que entraba por mi vena al cuerpo. Me centré en la lectura sobre el arte en el renacimiento. Y así estuve más de hora y media. Aunque apenas había dado la vuelto a dos páginas. Mi cabeza funcionaba aparte, por mucho que trataba de leer no había manera. Solo sentía miedo. Mucho miedo. Y como si lo supiera de repente apareció Parker como una diosa. A mí me lo pareció. Sonriéndome y se llevó el miedo. Pero empezé a llorar desconsoladamente, vi su rostro cambiar y preocuparse. Se sentó en una silla que pusieron junto a mi sillón.

—Cariño… cariño…

—Lo siento… no quiero llorar —le dije tratando de retener mis lágrimas.

—Si te pones así no me van a dejar estar a tu lado.

—¡Lo has vuelto a conseguir! —le dije sonando mi nariz con el pañuelo que me dio.

—¿Lo dudabas, mi amor? —me acarició la cara.

—No —sonreí.

—Eso esta mucho mejor. Mi preciosa niña sonriendo. Mi vida.

Y esas palabras bastaron para detener el llanto, su caricia, su presencia ¡qué importante era Parker en mi vida! Nadie había significado para mí todo lo que significaba ella. La miré sonriendo.

—¿Ya estás más calmada?

—Sí, cariño. Perdona es que al verte…

—Ya estoy impresionante.

—¡Tonta! —le di un pequeño codazo que le hizo dar una carcajada.

—Estás guapísima.

—No me digas eso.

—Es verdad. ¿Notas algo? —me preguntó mirando el gotero.

—No, nervios. Miedo. Incertidumbre.

Parker asintió cada palabra que dije. Y me cogió la mano tras un suspiro.

—Voy a tratar de quitarte todo eso, no sé si lo voy a conseguir.

—¿Qué pasa? —miré alrededor porque todos nos miraban incluidas las enfermeras—. No me asustes, ¿Tienes algo que decirme?

—Sí, mi amor. ¿Quieres casarte conmigo?

Y me mostró una cajita rosa con una alianza que me dejó boquiabierta. La miré y estaba emocionada, yo no sabía que decir me había quedado completamente aturdida. Notaba que todos me miraban, ¡Dios mío estaba en la sala de quimioterapia! ¡A quién se le podía ocurrir pedir matrimonio! Solo a ella. La miré y volví a llorar.

—Sí quiero, claro que quiero.

—Me estabas asustando —me dijo emocionada.

—Quiero casarme contigo.

Nos abrazamos y la gente empezó a aplaudir, nos besamos y no podía creerlo. No solo me demostraba su amor estando a mi lado, es que además, me pedía matrimonio cuando era algo que a ella no le gustaba. Había dado un paso mucho más firme que un compromiso, y lo hizo justo en el peor momento de mi vida.

MIRANDO EL FUTURO. PARKER.

Las llamadas de Kristina me pusieron nerviosa, sabía que no quería estar sola pero no había podido arreglar el asunto en la sala de quimioterapia porque la enfermera jefe no estaba. Y necesitaba el permiso para poder hacer lo que quería. Cuando por fin me dejaron pasar le expuse lo que estaba pensando hacer.

—Sé que quizá puedo molestar a otros enfermos, pero para Kristina esto va a ser un paso muy duro y está muerta de miedo que la deje por su enfermedad, quiero demostrarle que está equivocada y que mejor que pedirle matrimonio.

—Nunca nos han pedido algo así —sonrió.

—Vaya…

—En serio y me parece maravilloso. Déjeme ver cómo podemos hacerlo, trataré de poner en horario a la gente que está menos afectada, para no marear mucho.

—Solo voy a ser yo.

—Bien. No se preocupe, creo que es algo que puede ayudar a su novia y nosotras estamos aquí para que la gente reciba todo el cariño y apoyo posible.

Me marché del hospital feliz. Sabía que una de las cosas que más miedo le daban a Kristina era que la dejara, su inestabilidad emocional en esos momentos era comprensible. Y tal como me dijo la jefa de enfermería se daban casos de hombres que abandonaban a sus mujeres en cuanto se les diagnosticaba o empezaban con la quimioterapia. Por eso la comprendía y necesitaba que no dudara jamás de que eso podría hacerlo yo. Que iba a estar a su lado día y noche el resto de nuestra vida, la que tuviéramos por delante.

Al llegar a casa y verla en la puerta, mi corazón latió con fuerza. Era la mujer de mi vida. La amaba de una manera tan intensa que me desconcertaba de una manera absoluta. Pero mi desconcierto pasó a descontrol al llegar a su altura. Kristina me envolvió con su pasión y fue una explosión de locura, pasión y ternura. Nos golpeamos hasta llegar a la cama pero poco importó deseábamos tanto poder fundir nuestros cuerpos, no separarnos, beber de nuestros labios, nuestra piel… nuestras caricias que marcaran el recorrido de nuestro placer pero también de nuestro amor, ese amor intenso que habíamos vivido y que seguiríamos viviendo.

Al día siguiente cuando la dejé en el cuarto sentí que debía tener una fuerza que no estaba segura poseía para acompañarla en su viaje, en ese viaje que ella sufriría y sentiría mientras que yo lo único que podría hacer sería apoyarla y ayudarla. Eso me hacía sentir un poco impotente pero al mismo tiempo era un reto poder estar a su lado. Ella confiaba en mí, eso me ayudaría. Además tenía mi as guardado en la manga. No se lo imaginaría jamás y le daría el ánimo suficiente.

—¡No se te podía haber ocurrido en mejor momento!

—Gracias, Will. Espero que no lo tome mal.

—¿Cómo lo va a tomar mal? Parker… ¿te das cuenta de lo que has cambiado? —yo sonreí agachando la mirada mientras me miraba la punta del pie—. Estoy muy orgulloso de ti.

—Ni siquiera yo puedo creer que Kristina haya despertado tantas cosas en mí y todas buenas.

—Siempre te dije que llegaría la mujer de tu vida, ¡y ahí la tienes! Tan enamorada de ti como tú de ella. Y lo que vas a hacer hoy le va a ayudar mucho más que esos goteros. Le vas a dar un chute importante de amor.

—Es que no puedo imaginar mi vida sin ella. Te quiero mucho, Will.

—Yo también, querida, yo también.

Anduve por el pasillo nerviosa, trataba de tranquilizarme pero no sabía cómo estaría Kristina ni cómo le estaría afectando. Me preocupaba. Cuando la enfermera salió me dijo que estaba muy nerviosa, pero trataba de disimular. Suspiré, sabía que estaría justo así.

—¿Preparada?

—Sí —sonreí nerviosa.

Al entrar, su gesto me dio a entender que estaba guardando el llanto que al verme explotó. Me dio un vuelco el corazón, no soportaba verla así pero de mí dependía que aquella mala experiencia pudiera darle la vuelta. Me senté a su lado en una silla que habían preparado para mí. Intercambiamos unas frases y cuando me habló de su miedo, nervios e incertidumbre me armé de valor, la miré con dulzura y le cogí la mano tras un suspiro que trató de ayudarme a calmar mis nervios

—Voy a tratar de quitarte todo eso, no sé si lo voy a conseguir.

—¿Qué pasa? No me asustes, ¿Tienes algo que decirme? —preguntaba con gesto intranquilo

—Sí, mi amor. ¿Quieres casarte conmigo?

Acompañando a mi pregunta que salió con la voz temblorosa por la emoción le mostré una cajita rosa con una alianza de oro blanco. Kristina se quedó mirando la alianza y después me miró a mí, yo tenía los ojos repletos de lágrimas, me puse muy tonta y me dio una emoción que llevaba muchos sentimientos implicados. Ella no decía nada, miró alrededor, después me miró a mí y, finalmente, volvió a llorar.

—Sí quiero, claro que quiero.

—Me estabas asustando —le respondí con las lágrimas desbordándose de mis ojos.

—Quiero casarme contigo.

Nos abrazamos y la gente empezó a aplaudir, nos besamos con cariño mientras nos retirábamos la una a la otra las lágrimas de los ojos. Volvimos a abrazarnos al tiempo que yo le susurraba.

—Jamás te dejaré, porque eres el amor de mi vida.

—Parker.

Susurró sin poder decirme nada más. No hacia falta. Yo lo sabía y por fin dejé a mi corazón libre de todo lo que había sucedido, en esa sala Kristina ocupó todo y cada latido era ella, mi amor por ella y su amor por mí. No había nada en la vida tan maravilloso como sentirme así.

Las dos se miran sonriendo y emocionadas.

Por supuesto estás invitada a nuestra boda, será solo para la familia pero tú ya eres parte de ella —me dice Kristina.

Muchas gracias. ¡Qué momento, no!

Nunca lo olvidaré. Mira he pasado momentos muy malos y en cada uno de ellos cerraba los ojos y revivía aquel. Fue tan bonito, tan mágico…

Sobre todo porque hoy podemos respirar tranquilas, ya ha pasado todo y ha superado el tratamiento con muy buen resultado. Está libre de cáncer y con una salud como un roble.

Bueno… eso de como un roble… —dice sonriendo—. Aún me cuesta un poco porque me canso mucho pero me han asegurado que en un mes estaré perfecta.

Espero que la historia sirva para que nadie se rinda —apunta Parker—. Que las mujeres que tengan una relación como la nuestra sean fuertes y luchen por ella, contra viento y marea.

Lo importante es lo que sientes. Y nosotras desde el principio sentimos ese amor y luchamos por él, por ser felices.

¡Lo hemos conseguido siendo nosotras mismas! Aprendiendo juntas, cayendo y levantándonos.

También que vean que hay que ir al médico en cuanto notas algo extraño, te puede salvar la vida —reflexiona Kristina.

Y confiar en que las cosas van a salir bien.

El mes que viene vamos a organizar una exposición sobre el cáncer de mama. Nadia que se ha convertido en una estrella va a regalarnos unos cuantos cuadros, Will también y lo que recaudemos será para la investigación. Es muy importante colaborar.

Exacto.

Se miran cogiéndose de la mano como en casi todo el relato.

Debo deciros que esta entrevista ha superado todas mis expectativas, me esperaba una historia de amor pero no tan intensa ni con tantas emociones a flor de piel.

¡Somos muy intensas para todo! —dice Kristina mientras Parker da una carcajada—. Y Parker una vez se quitó todos los miedos y pesadillas, se ha vuelto tan intensa y cursi como yo.

No, no, ¡un momento! Lo de cursi es cosa tuya.

¡Pues ya me dirás si no es cursi pedirme matrimonio como lo hiciste! —le dice mirándola con una sonrisa.

Está bien, reconozco que me gusta sorprenderla. Y he visto tantas películas románticas que ya… —eleva los hombros como rindiéndose a lo evidente.

Kristina no puede evitarlo y le da un beso en la mejilla acompañado por su sonrisa.

Gracias por darnos la oportunidad de disfrutar con vuestra vivencia. Estoy segura que esta relación tan fuerte está destinada a sobrevivir eternamente —les digo y las dos asienten—. Espero que os guste una vez esté acabada.

¡Estamos seguras de ello! Gracias por dejarnos abrir nuestros corazones, contar la verdad y poder ser ejemplo para muchas mujeres que nos consta viven rodeadas de prejuicios —dice Parker con su sonrisa amable.

¡Y espero que hagan una película romántica, eh!

La última frase de Kristina provoca tanto en Parker como en mí una carcajada. Me voy con la sensación de haber acercado a dos mujeres impresionantes a la gente. Me voy dispuesta a teclear su historia, una historia de amor como pocas y de superación a tantas cosas que hoy mismo voy a ponerme a trabajar. ¡Y bueno… no estaría mal que hicieran una película!

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