LORENA Y LA RATA. FINAL

Muchas gracias, una vez más por acompañarme en este relato corto.

Un abrazo muy fuerte.

FINAL

La frase de la mujer corpulenta le hizo tragar saliva. Desviar lentamente su mirada hacia el interior del coche buscando la figura de Lorena, pero en ese momento le quedó claro que no estaría, la mirada de Dolores llevaba una carga importante de malestar. Y lo expresó en voz alta.

¿Estás preparada?

¿Para qué?… No lo sé… Yo..

¡Sube!

Al entrar se quedó perpleja, allí estaba la Puerca, con un enorme puro, limpia como jamás lo había estado. Tan asombrada se quedó, que tardó en reaccionar, fue a echarse a los brazos pero la mujer la detuvo en seco con ambas manos interponiéndose en el camino.

No quiero saber nada de ti.

Puerca —susurró desilusionada.

Hoy puede ser tu último día, rata –le dijo Dolores con gesto serio mientras Laura las miraba sin comprender, las dos mujeres se habían sentado en la parte de enfrente de la limusina en la que iban—. Y para mí, va a ser el mayor placer de mi vida.

Y el mío –agregó la Puerca.

Las dos mujeres se miraron dando una gran carcajada. Mientras Laura las miraba con gesto de total perplejidad y de no entender qué estaba pasando. Sobre todo ¡qué hacían juntas! ¡Y qué hacía la Puerca tan limpia!

No entiendo nada —susurró mostrando su desconcierto.

Ni falta que te hace. Paolo, dale al motor –le dijo Dolores al conductor—. He tenido que soportar 750 cartas, ¡Debes tener la mano pa’l arrastre!

¿No las leyó?

Ni una.

Joder –sus ojos se llenaron de lágrimas.

¿Esperabas que después de lo que le hiciste, mala zorra, las leyera? –preguntó la Puerca con sus ojos acurrucados.

No –contesto débilmente más por lo de zorra que por la pregunta—. ¿Cómo está?

Muy bien, ¿sabes?, ha vuelto con Paola –su mirada demostró su indignación—. Ha tenido un nuevo éxito, ha sido best seller en España, el título, lo dice todo, “La mentira que me hizo renacer” -le dijo moviendo las manos como si pudiera dibujar en el espacio el título.

Si, buen nombre –murmuró la Puerca mientras mordía el puro.

¡Vale!, ¡lo he entendido!, quiero bajar, ¡para el coche!

Eso te has creído tú, demonia.

¡Dolores esto es una broma muy pesada! –las dos mujeres se miraron y dieron una tremenda carcajada que aún la molesto más—. ¿Qué es lo que queréis?, ya he pagado bastante en la cárcel, creo que ya no puedo sufrir más, así que dejadme en paz que vuelva a mi sitio.

¿La ratonera? -la tata enarcó una ceja mirándola fijamente.

Nunca te caí bien tata, como humillación ya está bien ¿no?

No, aún queda mucho. Quítate esa ropa –del asiento sacó una bolsa que le tiró a la cara—. Ponte esto.

Las dos mujeres la observaron y notaron que estaba más delgada, se cruzaron una mirada asintiendo.

Te diré donde vamos. A Barcelona.

¿Qué?

Sí, allí hay una presentación de un libro.

Nunca he estado en un presentación de nada, Dolores –dijo aturdida la Puerca.

No entiendo nada y me estáis poniendo muy nerviosa —lo dijo de manera muy acentuada.

¡Y lo que te queda!, ¿verdad Puerca?

Sí Dolores, pero se lo tiene merecido, muy merecido por imbécil.

¿Qué es lo que queréis? —las miró enfadada.

Vas a tener quince minutos de mi reloj para pedir perdón a Lorena –ella sonrió tímidamente—. Quince.

Para el coche yo me bajo aquí —dijo con firmeza.

¿Qué te pasa, además de imbécil, cobarde?

Esa no es mi rata.

¡Tu rata!, ¡cómo va a querer mirarme a la cara después de lo que hice!, dejadme por favor.

No.

¡Pero por qué tata!, tú me odias, ¿por qué me haces esto? ¡Para humillarme más!

Porque la quieres, porque me he leído tus cartas una a una, porque eres la única mujer que la ha tratado como se merece, y porque me encantará ver como la bruja de su madre se queda blanca cuando te vea delante y mucho más la estúpida esa de Paola.

¡Ya lo entiendo! Quieres que me humille delante de ellas dos.

Quiero, es más, ¡te exijo!, que la saques de sus redes que deje fluir lo que siente por ti y a lo que ha puesto una gran muralla para no dejar salir sus sentimientos hacia ti.

Laura lo único que pudo hacer, fue llorar ante la fría mirada de las dos mujeres, lloraba porque sabía que la había perdido pero sobre todo porque no sabía que decirle para recuperarla, ni siquiera podía imaginar que ella quisiera verla, así que se sumió en una desesperación, un terror que por mucho que lo imaginaba en la cárcel no podía sentir. No sabía que haría cuando tuviera la mirada de Lorena frente a la suya, cuando sus ojos le transmitieran odio porque estaba segura que eso era lo que sentía por ella, y como les reconoció a las dos mujeres no estaba preparada para ver en los ojos de su amada odio porque su interior no había dejado de quererla día tras día. En el viaje no cesó de hablarles, al principio con lágrimas y congoja, pero cuando pudo sacar de su pecho la rabia contra sí misma su congoja se iba convirtiendo en un monólogo que quería expresar lo mucho que la amaba. Las mujeres que se habían hecho grandes amigas, por mucho que no se lo pudiera creer ella, la miraban con sentimiento de pena y seguras de que pudiera doblegar aquella fachada que Lorena había creado.

Dolores en el momento en que llegaban al lugar quiso dejarle claro la situación de Lorena. Desde que había ingresado en la cárcel, ella lo había hecho en una casa que se había comprado en una montaña, se había rodeado de velas, de libros, de música mística, se había dedicado a olvidar su existencia en el mundo, había dejado a Dolores en otra casa, y una vez al mes, la buena de la tata subía alimentos pero sobre todo mucha agua porque en ese momento solo bebía agua. No tenía teléfono, ni televisión, ni radio y durante esos dos años, había escrito según los críticos la mejor novela de las últimas décadas en la literatura española. Pero mientras estuvo alejada de la realidad, también consiguió alejar a su madre algo que no había conseguido nunca en sus cuarenta años. Sin embargo a su regreso a la civilización también regresaron los problemas, los continuos reproches de la madre, la aparición rogando de Paola, que se dejó envolver pero le aseguró que hasta donde ella sabía, sólo hasta donde ella sabía, entre ellas no hubo sexo, algo que encendió la furia de Laura.

Cuando entres ahí, piensa que es tu última oportunidad en tu vida.

Y más te vale que te perdone, rata, porque he apostado un buen ron con ésta, así que ya sabes, échale los mismos ovarios que cuando detuviste la bala. Ven aquí que te arregle.

Como comprenderás yo he apostado que vas a salir con el rabo entre piernas.

Nuevamente las dos se miraron, ambas sentían que la rata, había sufrido lo suyo y quizá de aquella experiencia había aprendido una lección importante en la vida.

La gran autora que ahora todos los que la criticaron por dedicarse a escribir sobre mujeres, se encontraba en uno de los mejores hoteles de la ciudad, con un gran número de periodistas que estaban ansiosos por entrevistar a la nueva Lorena Del Valle, que había renacido de las cenizas de aquellos que tanto se burlaron cuando el chisme de que se había enamorado de una vagabunda que le había sacado todo, hasta a punto estuvo de matarla.

Una vez finalizó la multitudinaria rueda de prensa pasó a una sala que habían acondicionado para las firmas de ejemplares donde una gran hilera de personas con su libro entre las manos, esperaban ansiosas por tener dedicada aquella obra que iba a ganar todos los mejores premios que había en España. Lorena con apariencia tranquila, con gesto sereno y ojos tristes se sentó, mostrándose como normalmente era una mujer sencilla, tras ella a la derecha Paola que no se separaba de ella ni un instante queriendo que todos supieran que ahora era ella quien ocupaba su corazón, una gran mentira pues el corazón de Lorena tenía nombre y rostro, pero no eran el suyo. A la izquierda vestida de la forma más exquisita posible, con las manos llenas de oro se encontraba su madre que mantenía una falsa sonrisa.

Lorena firmaba y además les daba un poco de conversación a sus fans, a los cuales agradecía el esfuerzo por comprar su libro, mientras ellos se deshacían en elogios. Llevaba cerca de media hora firmando cuando los rostros de su madre y Paola quedaron pétreos. En la puerta observando la escena con tranquilidad se encontraban Dolores y la Puerca. Lorena vio como le daban un libro y preparó su pluma.

¿Nombre? –levantó la vista sonriendo pero al ver a Laura se borró.

Hola –acertó a decir mientras su corazón se desbocaba de forma alteradísima—. ¿Cómo estás?

Entonces la madre de Lorena fuera de sí misma corrió al organizador para suplicarle que se llevara a aquella tipa que acababa de llegar, era una presidiaría y estaba segura que iba a hacerle daño a su hija.

Lorena necesito hablar contigo, por favor.

Lorena firmó el libro, se lo entregó sin mirarla mientras los dos guardias de seguridad la sacaban del local, se sintió tan mal que perdió las fuerzas que había reunido para enfrentarse al mundo si hacia falta por ella.

Te quedan ocho minutos –le dijo Dolores.

Anda hija, no me hagas perder la apuesta, tú puedes.

Ni siquiera me ha mirado —respondió abatida.

Cuando salías lo ha hecho.

Puerca, eso no vale, le estás ayudando ¿eh? —le recriminó enfadada Dolores.

Bueno, al menos os sirvo de entretenimiento.

Deja de quejarte y entra, siete minutos.

Estas disfrutando ¿eh, Dolores?

No, te juro que creo que eres lo mejor para ella y la quiero como si fuera mi hija, quiero que estés con ella y entonces te aseguro que sí disfrutaré de verla feliz. Seis.

Aquellas palabras le dieron nuevamente ánimo para entrar, controló a los guardias que habían vuelto al lado de la escritora que había palidecido. Laura miró alrededor de la sala y vio como un chico estaba montando un micrófono en un pequeño escenario, decidida fue a él, se escondió detrás de un altavoz y le susurró.

¿Puedes dejarme el micrófono?

No.

Es de vida o muerte, tengo siete digo seis minutos para salvar mi vida, por favor –le rogó con expresión de miedo.

Me vas a meter en un gran lío.

Prometo decir que yo te lo quité a punta de navaja si es necesario.

Está bien.

Lorena había pedido un vaso de agua, necesitaba beber porque se había quedado con la garganta seca. Necesitó tanto aislarse de ella que ni sabía cuando salía de la cárcel, su presencia allí le había dejado perpleja. Mientras su madre nerviosa se hacía aire, y Paola se había sentado a su lado tratando de coger una mano que ella se encargó de soltar rápidamente. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Acaso pensaba que iba a hablar con ella? Le había costado mucho sacarla de su corazón.

Estaba en estos pensamientos que le habían provocado pedir unos minutos para respirar y beber agua, los que esperaban su firma no cesaban de murmurar por lo ocurrido, cuando dos golpes secos en un micrófono llenaron la sala.

Perdonen, no les voy a robar mucho tiempo lo que tengo que decir es corto.

¡Dios mío, no puede ser! –murmuró la madre de la escritora a punto del desmayo.

¡Dejarla! –les dijo Lorena a los guardias.

Lorena se había levantado como un resorte mientras su madre caía sobre la silla con su mano en el pecho escandalizada, la gente comenzó a murmurar pero con tanto ahínco que se formó un enorme barullo.

Oigan por favor pueden callarse para que la señora Lorena me oiga bien –nuevamente murmullos entre los asistentes mientras Dolores y la Puerca sonreían divertidas—. Lorena sé que me he comportado como una… bueno… una sinvergüenza, lo sé, no puedo volver atrás y deshacer lo que ocurrió… bueno… me refiero a lo que ocurrió con ellos, claro no entre nosotras. Me he comportado mal bueno eso ya lo he dicho –carraspeó rascándose la cabeza mientras le daba seguridad ver que había detenido a los guardias—. Lo único que quería era pedirte perdón. Perdón por decepcionarte, por fallarte, perdón por no ser valiente y decirte la verdad. Lo siento –bajó del pequeño escenario mientras todos abrían un hueco en forma de pasillo por donde ella lentamente se acercaba a Lorena—. Y lo siento porque te quiero, te amo.

Sus palabras provocaron una exclamación entre todos y un nuevo desmayo de la madre de Lorena mientras Paola cogía del brazo a Lorena para que no se acercara.

-¡Suéltame! -le dijo mirándola con fiereza. Una fiereza que encantó a la tata.

Todo lo que te dije fue cierto, en eso jamás te mentí, mis caricias, mis susurros, todo eso fue cierto, como el que nunca me habían hecho tan feliz, eres la mujer más maravillosa del mundo –Lorena no pudo reprimir las lágrimas, su gesto cambió a dulce y eso animó a Laura—. Sé que es imposible, pero lo que más me gustaría en este momento, es que me perdonaras y pudiéramos volver a ser una, volver a sentir las dos lo mismo, a amarnos con respeto. Te juro que he aprendido la lección.

En ese instante que guardó silencio, todas las cabezas se giraron hacia la escritora que parecía ser una estatua a no ser claro, por las lágrimas de emoción que caían de sus ojos repletos de la figura de su amada. Laura la miraba con devoción, con una sonrisa en sus labios al ver como se acercaba a ella. Mientras todos esperaban expectantes, incluidas Dolores y la Puerca.

Perdóname –le susurró sin el micrófono que lo había dejado sobre el suelo con la cara de susto del muchacho que se lo había dejado ya que valía una fortuna—. Perdóname.

Te amo, no te he podido olvidar porque te amo.

Ambas se fundieron en un beso que por unos instantes dejaron fríos al personal, unos se miraban con otros sin saber qué hacer, hasta que una de las señoras que estaba en la fila, rompió a aplaudir mostrando júbilo, entonces el resto de presentes hicieron lo mismo.

Bueno Puerca, te debo un ron, me alegro, esa muchacha me cae fatal pero sé que quiere a Lorena y eso es lo importante.

Espero que me la cuides tanto como la he cuidado yo.

De eso no debes preocuparte. Porque estoy segura que es la mujer que hará feliz a Lorena.

En el centro de la sala, Lorena y Laura se besaban con pasión, se separaron mirándose a los ojos que mostraban ese amor, para abrazarse con fuerza mientras Paola salía de allí a toda prisa y los guardias de seguridad daban aire a la madre de Lorena con un abanico que una señora amablemente les había dejado.

-Lorena.. te quiero. Perdóname.

-Empezamos hoy y olvidamos todo ¿te parece bien? -la rata asintió-. Yo también te quiero. ¿Dónde está la tata porque esto es cosa suya?

Ambas dieron una carcajada y finalmente, Lorena fue hasta su vieja tata para abrazarla emocionada, mientras La Puerca y La Rata hacían lo mismo.

-¡Ay Dios mío, me va a matar me tiene que matar!

-¡Cállese y levanté el culo pa abrazar a su hija, borrica! -le gritó la Puerca.

Las risas de la gente y la emoción de aquellas cuatro mujeres fue lo mejor de aquella presentación, de la que todos se fueron satisfechos y felices.

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