MACA Y ESTHER. FINAL. UN RAYO DE ESPERANZA

A pesar de la broma pesada de la hermana Julia de bloquearme el ordenador, finalmente ha vuelto a funcionar y puedo dejar el último capítulo.

Gracias como siempre, gracias a quien me habéis acompañado con estas dos grades actrices que nos dieron dos de los personajes más increíbles de la televisión española.

Un abrazo y nos seguimos viendo. Hasta la próxima.

Al día siguiente, Maca llegó al convento tenía unas ganas enormes de cruzarse con la hermana Julia, a pesar de las miles de advertencias de Esther de que no lo hiciera. Sin embargo, parecía que la advertencia de Esther no iba a ser la única, en la puerta la hermana Gertru, y la hermana Gloria la estaban esperando, sus caras lo decían todo. Sin más la abrazaron a modo de despedida, entonces la hermana Gertru con seriedad pero cariño le dijo:

-Dos cosas, la primera no vale la pena que te acerques a la hermana Julia, la segunda haz feliz a Esther. O comerás acelgas hasta que me muera.

Maca suspiró con fuerza, le iba a costar cumplir la primera parte de su ruego, pero tampoco le dio tiempo para más, la Madre Superiora la estaba esperando.

-¡Buenos días, Madre!, a pesar de todo.

-No lo sabes bien, hija. Me duele tanto la manera en la que Esther ha tenido que irse.

-Me lo puedo imaginar.

-Y ahora me queda la segunda parte.

-Ahora me toca a mí.

-Me parece tan injusto, nadie nos ha ayudado como tú, nadie se ha implicado tanto con los niños… va a ser terrible para ellos -decía a punto de llorar.

-Bueno… intentaremos que no lo sea.

-¿Cómo está Esther?

-Muy confundida, saber que no puede venir la tiene mal.

-Lo sé, lo sé. Dime que se nos va a ocurrir algo.

Una ligera sonrisa en el rostro de Maca le dio a entender que no la iba a defraudar, que tantas veces la había sorprendido que en aquel instante vio una luz al final de ese túnel oscuro en el que se encontraba.

Aquella misma tarde, Maca había quedado a solas con Esther, era su primera cita formal. Tuvo que soportar las bromas de Rafaela porque no podía controlar su estado de nervios ante la cita.

-¡Pero deja de mirarte ya, Maca! Estás tan buena como siempre.

-Rafaela… ¡lo que estoy es muerta de miedo!

-¡Pero si es Esther!

-Pues por eso, Rafaela, por eso. Porque no quiero que nada salga mal, me siento responsable y…

-¡Anda, anda deja el rollo y ve a por tu chica!

Mientras en casa de Verónica, ocurría una escena más o menos parecida.

-Esther, Maca va a llegar y tú todavía vas a estar pensando si vas vestida adecuadamente.

-Vero, estoy muy desentrenada.

-¿Pero qué necesitas entrenar? ¡Si la tienes rendida a tus pies!

-No sé… ¿y si no soy lo que espera? ¡Me muero de miedo!

-Madre mía me dan ganas de darte un sopapo pero con toda la mano abierta ¿eh? -le advertía muy seriamente.

-Es como si fuera novata, me duele el estómago, estoy mareada.

-Todo eso se va en cuanto os deis un morreo -sonó el timbre -. ¡Ves ya está aquí y la vas a hacer esperar!

-¡Madre mía, madre mía, madre mía!

Era cierto, Maca la esperaba bajo en el portal, con las manos metidas en su chaquetón, y los nervios aflorando por todo su ser. No sabía qué hacer, daba dos pasos, se paraba, miraba el cielo que estaba bastante negro, miraba hacia dentro del portal, volvía a caminar dos pasos más.

-¡Hola! -la sonrisa de Esther acaparó toda su atención.

-Hola -susurró con sonrisa de boba.

-Ya estoy aquí.

-Sí, sí – se había maquillado suavemente y estaba tan radiante que Maca se quedó de una pieza observándola.

-¿Qué hacemos? -preguntó riendo con apuro.

-¡Irnos! Claro.

Tras la carcajada se dieron dos besos en la mejilla y tan solo ese roce fue para ambas una descarga de adrenalina. Subieron al taxi y fueron hasta el Retiro. Caminaron durante un buen rato juntas mientras Maca le contaba a Esther lo que había ocurrido, cómo la habían echado a ella también, la preocupación de la Madre Superiora, los besos que todas las hermanas le habían encargado hacerle llegar. Iban caminando a la misma altura aunque separadas. Esther tenía el gesto serio.

-Me cuentas todo esto pero ¿sabes? No me arrepiento, no me arrepiento de haberlo dejado, bueno de que me hayan echado.

-Esther, cariño, sé que estás mal aunque no te arrepientas pero quiero que sepas que para mí eres lo más importante que tengo en la vida, que quizás esto parezca una locura, que nunca me había pasado y que siempre me reí de quien me contó se había enamorado a primera vista…

Esther dejó de escucharla, de repente aquel cariño la había inundado, le había aflorado en el corazón un amor profundo y ávido que la estaba desbordando de felicidad.

-… te quiero y aunque sé que debemos ir despacio y que no voy a…

No pudo continuar porque Esther había depositado sus labios en los de una Maca desconcertada que se quedó con los ojos abiertos.

-¡Vaya! -susurró mirando intensamente a Esther-. Parezco tonta.

-Te quiero. Que te dijera de ir despacio no quiere decir que no vaya a besarte porque lo estoy deseando desde que te vi.

Entonces volvieron a besarse con más intensidad, al separarse se miraron como si estuvieran hechizadas por sus propios labios. En el Retiro comprendieron que acababan de sellar un amor intenso, apasionado y eterno.

Durante un par de semanas se fueron sucediendo las citas, los paseos, cenas, comidas, cines, teatro. Todo por parte de Maca que tenía que aguantar las burlas de Rafaela, y Esther estoicamente las de su hermana.

-¿Qué hacemos hoy? -le preguntó animada Maca.

-¿Vamos al cine?

-Genial -la besó.

Salieron del cine a las ocho de la noche. Muertas de risa, Esther no podía con las caras y el lado borde de Maca. Le provocaba tanta gracia.

-¡Quién me iba a decir a mí que iba a ir con mi novia a una película de dibujos animados.

-¡Pero si te has reído un montón! -sonreía Esther apretándose a su brazo.

-Me reía de verte reír a ti… por favor… esto no se lo cuentes a Rafaela… o mi reputación caerá a los infiernos.

-De acuerdo, no se lo diré -sonreía.

Caminaron hasta el apartamento que Maca tenía en el centro, donde habían ido algún día pero que muy a pesar de las dos, no había pasado nada más que algunos besos y caricias, para desesperación de Rafaela y Verónica.

-Bueno… ¿qué? ¿Te hace subir a mi casa y para continuar la noche loca te invito a una coca cola?

-¡Es que ese lado tuyo borde me pierde! -le dijo apretándole el culo mientras la besaba.

Pidieron una pizza y estuvieron hablando de muchas cosas, de sus familias, de amistades, trabajo. Hasta que Maca preparó el café y Esther se sentó en el sofá.

-¡Me encanta tu casa! -le dijo al verla llegar.

-Me alegra saberlo -le guiñó un ojo.

-¿Me lo has hecho descafeinado?

-Si, cariño. Para que puedas dormir.

-Gracias.

Maca se sentó y dieron un sorbo al café, ambas estaban nerviosas. Maca se apartó dos veces el pelo de la cara, había puesto música de fondo sin percatarse que era el último cd que se había comprado y era todo baladas de amor. Carraspeó.

-Maca, parece que en lugar de estar conmigo vayas a operar a un pequeño a vida o muerte.

-¿Tango se me nota? -preguntó enarcando la ceja. Esther asintió sonriendo-. Es que… te juro que…no sé… estoy muy nerviosa, bueno ¡qué digo nerviosa! Atacada.

-Pues relájate.

-Ya… si… claro… debería, sí.

Esther sonrió, le quitó la taza de las manos y se acercó lentamente a sus labios. Maca cerró los ojos dejando que ella llevará la iniciativa. Tras el beso, Esther que era todo dulzura le acarició lentamente la cara. Se miraban a los ojos con intensidad. Maca se mordió el labio sonriendo de esa manera suya tan picara. Esther sonrió y volvió a besarla mucho más intensamente. Maca respondió y pasó su brazo por la cintura para atraerla. Pero entonces la detuvo ante el gesto atónito y la respiración agitada de Esther.

-¿Estás segura, Esther? -exhaló un suspiro antes de preguntarle.

-Sí, te deseo, Maca.

No hicieron falta más palabras, Maca se levantó y la cogió de la mano, abrió la puerta de su habitación de un culazo mientras se besaban con prisas, Esther comenzó a reírse y Maca también, pero la pasión poco a poco les hizo mirarse con unas ganas locas de devorar la piel de la otra, algún suspiro, algún grito de placer. Hasta quedar desnudas una ante la otra.

-Esther… me has vuelvo loca desde el primer día que te vi.

-Maca…

Y sin más, se entregaron a la pasión de toda una noche de sexo, risas, carcajadas y suspiros.

Hacía ya quince años de su primer encuentro, tiempo que habían compartido juntas, no se habían separado ni un solo día. Maca había vuelto al hospital y si tenía que ir a alguna convención médica, Esther la acompañaba porque Maca no quería ir sin ella. Comenzaron a recorrer el mundo y empezaron por los Fiordos que era un sueño de Esther. Habían formado una familia con un perro y un gato, ambas hablaban de aquel flechazo que les sirvió para compartir la vida y estaban seguras que seguirían así el resto de su vida. El tiempo había intensificado las miradas que se dedicaban, las sonrisas cómplices, alguna caricia que se escapaba por debajo de la mesa, pero sobre todo, de las risas y el infinito amor que sentían la una por la otra.

¿Y qué pasó con el convento? Maca ideó un plan para que Esther fuera la encargada de educar a los niños, su padre haría una inversión en aquella pequeña aula, en aquel convento. Le costó que cediera pero finalmente con la ayuda de la Madre Superiora lo logró, porque en parte, sus padres la echaban de menos y verla tan feliz junto a Esther les hizo borrar la distancia que había entre ellos. Algo más complicado fue para Esther porque sus padres nunca aceptaron su nueva situación, ni con quién compartía la vida. Sin embargo, haciendo caso a su hermana decidió que era su vida y no iba a cambiarla, ella siempre estaría cerca por si la necesitaban.

Una de las primeras cosas que hizo la Madre Superiora una vez despidió a Maca fue escribir una extensa carta solicitando que trasladarán a la Hermana Julia a un convento de clausura en el que pudiera estar más acorde a su modo de vivir. No tardaron en enviarla a otro lugar. El mismo día que se fue con una fría despedida de todas las hermanas que le dieron la espalda desde que escribió aquella carta, Esther pudo volver a estar con sus hermanas, los abrazos, alegría y alboroto no tuvieron desperdicio ante la sonrisa de una Maca que se mostraba feliz por el reencuentro, y por ver en la mirada de su chica esa felicidad. Nunca más dejó de ayudar a la gente del barrio que lo necesitaba. El padre de Maca compró un solar que estaba junto al convento, fue una gran ayuda y algunos más se unieron para hacer un pequeño colegio dónde Esther era la directora y maestra, conforme pasaron los años se fue ampliando y entrando más profesoras. Así, nunca dejó de compartir momentos con quienes tanto le habían ayudado y por las que sentía un agradecimiento infinito, sobre todo, a la Madre Superiora que era un ejemplo aunque desgraciadamente pocas seguían su manera de ver la vida. Aceptar a las personas tal y como eran siempre y cuando no faltaran el respeto al resto. Porque a nadie debía importar que dos personas se amen, lo que debía importar realmente era eso, que se amaran de verdad con el corazón entregado.

Quince años de amor, que les llegó a las dos cuando sus vidas estaban prácticamente convertidas en un caos interior de emociones y sentimientos. Cuando alguien les preguntaba que significó aquel encuentro ellas siempre respondían lo mismo

-Fue como un rayo de esperanza en mi vida. Esa esperanza de que el amor existe y puedes ser feliz.

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3 comentarios en “MACA Y ESTHER. FINAL. UN RAYO DE ESPERANZA

  1. Idana, qué hermoso!! Y que alegría que luego de tantos años nos regalarás una de tus historias con estos maravillosos personajes, como siempre un placer leerte.
    Felicidades .

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