PARKER Y KRISTINA. PERDER LA RAZÓN. 13

13.

Parker se apartó de la puerta para dejar pasar a Kristina. Allí detrás de ella estaba Danielle, tal y como Valerie le dijo fue algo exagerada con su tía.

—¡Tía! ¿Qué tal? Mira lo que he traído no quería perderme la reunión familiar —le dijo sonriendo mientras le daba una bandeja.

—Yo los llevo a la cocina —le cogió la bandeja Parker dejándole un suave roce en la mano.

—Haz café —le ordenó Danielle y suavizó el tono para añadir—. Cariño.

—A mí si no te importa un té, gracias.

Kristina le sonrió agradecida mientras le decía su tía por dónde debía ir para reunirse con su madre y hermana. Parker se quedó con la bandeja de pasteles en la mano, pensativa con la actitud de Kristina.

—¡Kristina! —le dijo Molly levantándose para abrazarla y darle un beso—. ¿Cómo estás?

—Agotada —dijo justo en el momento que entraba Parker.

—Espero apruebes por lo menos que el sacrificio merezca la pena —le sonrió Parker.

—Yo también lo espero que el sacrificio me sirva para algo.

—¡Tengo tantas ganas de que Molly vuelva a casa y podáis ayudaros! —dijo Alexis feliz mientras abrazaba a Kristina que se había sentado a su lado.

—Vuestra madre de pequeña era muy vaga, no sé como ha podido llegar a abogada, de verdad.

—¡Vamos, Danielle! Te tenía a ti que me explicabas las cosas muy bien.

—Y tan bien, luego aprobaba y yo le hacia chantaje.

—¿De verdad? —preguntó divertida Molly.

Las dos hermanas empezaron a discutir sobre el abuso que Danielle hacia en la hermana pequeña, y todas reían de buena gana cuando Molly les decía que Kristina hacía lo mismo. Mientras hablaban, Parker se había sentado al lado de su mujer que le había puesto inmediatamente la mano en el muslo. Kristina captó el gesto pero siguió sonriendo recordaba en ese momento las palabras de Valerie “¡Quiere provocarte, pues vamos a ver cómo se comporta provocándola tú de verdad!”. Aunque la idea le había parecido bien, estar allí le hacía ver que no era tan sencillo porque Parker parecía realmente que no se inmutaba con su presencia. Las risas se multiplicaron hasta la carcajada de Parker resonó con la historia que estaba contando Molly, Kristina se quedó por unos segundos mirándola, fue ese momento en que cruzaron la mirada cuando la Davis se dio cuenta que ella seguía perdiendo. Parker parecía disfrutar.

—¿Tía dónde está el baño? —preguntó Kristina.

—Saliendo a la derecha.

—Vuelvo en seguida.

Salió sin mirar a Parker, era la decisión que había tomado para provocar que Parker la siguiera. Tenía claro que nada más iba a decirle cuatro cosas allí en su casa, cerca de su mujer. Porque sus mensajes le habían molestado, porque en el fondo algo le decía que estaba mintiendo, era imposible estar borracha y tener esa presencia que tenía en ese momento tan maravillosa, estaba tan guapa, tan…

—¡Kristina! ¡Qué coño digo! He venido para darle en las narices, no para fijarme en lo buena que está. Eso es lo que me pasa, me pierde lo buena que está. Solo es eso.

—¿Te encuentras bien?

—¡Dios!

Susurró, Parker estaba al otro lado de la puerta preguntándole. Y ella diciendo lo buena que estaba en voz alta. Se miró en el espejo que le reflejó su gesto de pánico. Pero trató de recomponerse con rapidez. Abrió la puerta y vio que estaba allí con su sonrisa eterna.

—Sí, estoy bien. Por lo que veo tú también… —Parker enarcó una ceja, Kristina carraspeó—. Quiero decir que de anoche no te queda ni rastro de nada.

—¡Ay, Kristina!

Lo dijo como si le hiciera gracia, se marchó hasta la cocina. Y Kristina no lo dudó en irse tras ella asegurándose de que nadie estaba en el pasillo.

—¿Qué te hace gracia? —le preguntó poniendo su mano derecha sobre la cadera estaba muy cerca de ella.

—Tú —le guiñó un ojo graciosamente.

—¡Ah! Yo te hago gracia —decía con gesto atónito.

—Sí, eres muy graciosa. Aunque también un poco salvaje.

—¿Salvaje? —la miró aturdida porque se lo había dicho al pasar por su lado nuevamente en voz baja rozando su cuello con el aliento.

—No recuerdo bien, pero llevo tu marca en mi brazo. ¿Qué es lo que pretendías? —se puso ante ella nuevamente y vio como salía Molly por la puerta del comedor—. Dime… que querías… ¿Qué quieres?

La mirada, otra vez la mirada y la voz envuelta en un susurro cálido que la envolvía arrastrando como si tuviera una cuerda invisible rodeando su cuello y acercándola a su boca. Otra vez notaba que su cuerpo se encendía, los labios de Parker tan cerca, su sonrisa y se lanzó sin más. Parker dio un paso para atrás salvando el beso.

—¿Pero qué haces? —le reprochó en voz alta.

—¡Kristina! —llamó Molly desde el pasillo.

—Eh… estoy aquí, Molly. Estoy ayudando a Parker —cerró los ojos un momento turbaba por la voz de su hermana, casi la había pillado besando a Parker, bueno intentándolo.

—Ya puedes sacar la bandeja —le dijo Parker a Kristina con tono serio.

—¿A qué ayudo yo? —preguntó Molly con una sonrisa algo tensa.

Las tres volvieron juntas, Molly con las tazas, Kristina con la bandeja de pasteles y cara de no poderse creer lo que había pasado, al final iba a pensar que Parker era bruja de verdad, por último Parker con el café riendo algo que había dicho Molly.

—Estos pasteles son mis favoritos, gracias, Kristina. Parece que lo supieras —le dijo Parker sonriente.

—No, no lo sabía pero me alegra saberlo —”¡No puedo hacer más el ridículo!” pensó.

—Están riquísimos —apuntó Molly—. ¿Tía tú no quieres?

—No me gusta, no sé si pensar que mi querida sobrina los ha comprado por eso.

—Sí, exactamente por eso —le sonrió guiñándole el ojo.

Danielle sonrió mientras Parker daba una carcajada. Alexis no le quitaba ojo y Danielle no le quitaba ojo a Kristina.

—¿Queréis whisky o ron o alguna otra cosa? —preguntó Parker.

—Cariño, son las cinco de la tarde —la advertencia de Danielle fue de poca broma.

—No, nosotras ya nos vamos que os hemos dado mucha lata.

—¡De eso nada! Al contrario, no sabéis lo que agradezco tener familia alrededor, por mí podéis venir siempre que queráis —Parker se mostró encantada.

—¡Eres muy amable! —le sonrió Alexis a Parker—. Bueno, hermana, te recuerdo el lunes tienes que venir a mi despacho para firmar la repartición.

—Tranquila… no se me olvida.

—Tía, me alegra mucho conocerte en persona —le dio un abrazo Molly.

—A mí también, sobrina. Eres muy inteligente y guapa.

—Nos vemos pronto, tía. Siento si te quedas con la sobrina menos inteligente y guapa —la sorna de Kristina provocó que Parker tuviera que morderse los labios para no reír.

—¡Qué le vamos a hacer! Así de dura es la vida —le dijo Danielle dándole un coscorrón suave.

—Muy dura, sí —respondió Kristina, entonces miró a Parker y se aproximó a ella dejándole dos besos que pillaron a Parker de sorpresa—. Bueno, como bien dices ya somos de la familia.

—Pues sí —le descolocó por primera vez.

—¡Parker, la comida estaba muy rica y te agradezco mucho tu amabilidad! —Molly también le dio dos besos.

—Ha sido un placer teneros en casa.

—Hasta pronto, Parker —el tono de Alexis fue menos cercano que el de sus hijas y no hubo beso entre ellas.

—Claro, Alexis. Cuando queráis —le respondió ella con una sonrisa.

—Os acompaño al coche.

Salieron todas hasta la puerta, Danielle dio un suave empujón a Kristina que rió graciosamente aunque por dentro en ese momento la odió. Después se despidieron saludando con la mano y Danielle se volvió a casa.

—¡Cómo se te ocurre decirles que vuelvan! —bramó Danielle.

—Porque me encanta fastidarte, ya lo sabes.

—¿Eso o por qué te ha gustado la visita de Kristina?

—Te dejo que escojas la respuesta que más te convenga.

—¡No juegues, Parker! Te lo advierto —le agarró del brazo con fuerza.

Parker se soltó de mala gana y fue directamente a servirse un whisky bien largo.

—¡Son las cinco me dijiste que no ibas a beber!

—Me he portado bien, no he bebido más que un vaso de vino, necesito un trago, ¡oh, vamos! Te he preparado otro para ti, vamos a celebrar que somos ricas.

—Soy rica. Si tú tuvieras el dinero lo fundías con tonterías como la del otro día. En el fondo sigues siendo una niña, actúas como una niña.

—Y me castigas como a una niña —le dijo dando un trago a la copa.

—Exacto ¡deja la copa o te lamentarás después!

—Danielle, me tienes apresada en vida, ¿sabes? Déjame respirar, por favor ¡por favor! —le rogó mientras Danielle le quitaba la copa.

—¡Qué hubiera sido de ti sin mi! ¡Eh! —le alzó la voz—. No sirves para nada ¿quieres qué te lo vuelva a recordar?

—Por favor —cerró los ojos poniéndose a llorar.

—Compórtate como debes y no tendrás que llorar.

Durante el camino de regreso a casa de las Davis, Alexis y Molly fueron hablando de su tía, mientras Kristina iba intercambiándose mensajes con Valerie.

¡Es bruja, es bruja! Te lo vengo diciendo y no me haces caso —le insistía la amiga.

Al final te voy a creer.

Eso o tú eres tonta.

Más bien soy tonta. Muy tonta. Rematadamente tonta y estúpida (emoticono boca para abajo)

Querida investigadora Holmes, esa mujer te lleva mucha ventaja de años vividos. Nos lo ha dejado claro, estoy segura que no es la primera vez que hace algo así. Le ponen las jovencitas. Tú tía ya no debe funcionar.

Si la llegas a ver, ¡yo estoy molida! Ella estaba tan fresca.

Tú lo has dicho, es una fresca.

¿Cómo lo hará para que pierda toda mi capacidad mental y caiga directamente a sus labios? ¡Y menos mal que no nos ha visto mi hermana! (emoticono de cara colorada)

Pues sí, nena, porque si te ve arde Troya (varios emoticonos de llamas)

No entiendo que me pasa.

—¡Kristina te estoy hablando! —alzó la voz Alexis.

—Perdona, mamá, estoy hablando con Valerie sobre un tema del examen. ¿Qué?

—Que si vienes a casa.

—Sí, claro. Voy a estar con mi hermana hoy y mañana.

—Genial.

—Esta noche tengo una cena, así que no os voy a poder acompañar —les dijo Alexis con una sonrisa.

Llegaron a casa y cada una se fue a su cuarto. Alexis se despidió de las dos.

—Kristina, Molly te espera en la cocina dice que va a pedir la cena. No abuséis del picante que luego os duele el estómago.

—Mamá, ni que fuéramos niñas.

—Casi —le dejó un beso en la frente.

—Ya me bajo contigo, necesitaba cambiarme —apareció Kristina con un pijama.

—¿Qué llevas ahí? —le preguntó Alexis al ver en su clavícula un morado.

—¡Ah, esto! Un golpe que me di ayer en la biblioteca, fui a coger un libro y ¡plof! Me dejó más amarga —puso gesto de dolor.

—Vaya lugar para darte.

—Sí, giré la cabeza ¡y menos mal!

Le iba explicando mientras bajaba la escalera. No se había percatado del morado porque mientras se cambiaba no podía dejar de pensar en lo ocurrido en la cocina.

—¡Os lo vuelvo a repetir, nada de picante! —les dijo señalándolas.

—¡Qué no, mamá! Qué pesada eres —le dijo Kristina.

—Os conozco. Miraros si sois iguales a cuando me iba hace años y me decíais que os portabais bien.

—¿Y no lo hacíamos? —le preguntó Molly abrazando a Kristina.

—No me hagas hablar —dieron las tres una carcajada—. Bueno, volveré pronto hoy estoy cansada.

La vieron marcharse y entraron a casa.

—Es increíble para ella seguimos siendo sus niñas —dijo Kristina sonriendo.

—¿Desde cuándo estás liada con Parker?

La pregunta la dejó helada.

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