PARKER Y KRISTINA. PERDER LA RAZON. 16

16.

Era la hora de comer, Valerie se había preparado una gran ensalada repleta de verdura, algas, frutos secos. Estaba en el comedor con una bandeja a punto de ponerse en la televisión Gentleman Jack. Se moría de ganas de ver el capítulo nuevo de la semana. Cogió el mando y su dedo estaba a punto de contactar con la tecla del play cuando sonó el timbre de la puerta. Echó la cabeza para atrás cerrando los ojos. Dejó la bandeja sobre la mesa se dirigió hasta la puerta mascullando fastidiada por la interrupción, abrió y allí estaba Kristina.

—¿Puedo pasar? ¿Tienes sitio para una estúpida?

—No me gusta dejar pasar a las estúpidas, pero siendo tú no me queda más remedio. ¿Has comido, estúpida?

—No.

—Ve a la cocina y prepárate algo. Te espero en el comedor.

Kristina llegó con un plato pequeño y un poco de ensalada. Valerie dejó la televisión apagada y el mando sobre la mesa. Estaba comiendo esperando tranquilamente a su amiga que estaba segura había metido la pata, y por su rostro hasta el fondo. Podía apostarse su casa a que había sido con Parker.

—¿Qué te ha pasado con Parker? —afirmó finalmente ante su silencio.

—Una locura.

—¡Una más! —exclamó con frialdad.

—Sí, pero esta vez no puedo poner ninguna excusa, nada más que me moría de ganas de hacerlo con ella.

—Vaya… ¿Y? ¿Estaba dispuesta a ello? —la miró con el tenedor a medio camino de su boca.

—Sí.

—¿Estaba bebida?

—No —respondió cerrando los ojos.

—Bueno… entonces esto sí que es serio ¿no? —preguntó con preocupación.

—Mucho.

—¿Puedes dejar de responder con monosílabos y contar, estúpida?

—He ido a su casa para enfrentarme a ella, para que me dijera que ocurría para avisarle que sé que me está queriendo engañar, y tú también lo sabes —le advirtió con el dedo.

—Sí, pero aunque esté convencida de ello no me acuesto con ella —su voz sonó con cierta sorna.

—Idiota —susurró entornando los ojos, Valerie sonrió—. Quería aprovechar que no estaba mi tía para que me dijera la verdad. Negó todo, se burló de mí diciéndome que tengo una mente muy fantasiosa y me recomendó que escribiera novelas de intriga.

—Eso también te lo digo yo —siguió con su tono divertido.

—Pero de pronto, ocurrió como siempre, me mira, me enciende y no puedo controlarme.

—Te provoca y caes.

—Sí, pero ella esta vez no estaba borracha ¡y madre mía lo que me ha hecho disfrutar! —lo dijo con una sonrisa de felicidad.

—¡Esto es nuevo! Esta sonrisa granuja de haber disfrutado como una fiera, quiero decir.

—Tú lo has dicho. ¿Pero te das cuenta?, no tenemos nada con lo que justificar nuestra pasión desmedida. ¿Y si le gusto realmente? —lo dijo como si se quitara un gran peso de encima.

—También puede ser, porque si ella se ha implicado en tu polvo de una manera tan intensa es porque también le gustas.

—Pero ahí no queda todo. Llegó mi tía —Valerie dio un grito de emoción y la miró fijamente—. Me encerró en el armario y arregló todo con una rapidez inaudita, incluso estando mi tía allí en la habitación abrió con toda tranquilidad la puerta en la que estaba yo para coger una camisa.

—¡Yo me muero!

—A punto he estado yo, creo que no es la primera vez que tiene a una mujer escondida. Me sacó a toda prisa y me hizo saltar la valla.

—Quizá es una tía que le gusta el sexo, quizás ese sea su lado oscuro y si tu tía ya no está para mucho baile, lo busca fuera. Solo que te encontró a ti sin saber que tenéis un nexo familiar.

—Puede ser pero sigo pensando que oculta algo —respondió pensativa—. ¡Ah, y no sabes lo que descubrí!¡Mi tía odia a mi madre! Nos insultó a mi hermana y a mí ¡nos llamó melones! ¡Me duele menos engañarla!

—Que hija de puta ¿no?

—Si pudiera decírselo a mi madre —susurró con tono vengativo.

—Casi que no, si se lo cuentas tendrás que decirle que tú estabas en el armario escondida y el motivo que te llevó hasta allí dentro.

Ambas guardaron silencio y comieron durante un rato. Kristina pensaba en todo lo que había ocurrido y en las palabras de su amiga. Valerie en que aquellas situaciones no solían terminar bien y menos si había lazos familiares por medio.

—¿Sabes de lo que me he dado cuenta? -Valerie la animó a continuar ya que tenía la boca llena-. Parker duerme en otra habitación. Esa no era de matrimonio y su ropa estaba allí.

—Yo creo que ese matrimonio es simplemente una mentira.

—Creo que tienes razón, Valerie, y quizá yo le atraigo desde la priimera vez que estuvimos juntas sin saber quiénes éramos y por eso ha estado siguiéndome.

—Este viernes podremos saber si sigue haciéndolo.

—No creo que vaya. Después de lo de hoy… —su tono fue bastante decaído.

—Precisamente por lo de hoy, ¿ella ha disfrutado?

—Como una loca.

—Irá.

—Además me he dado cuenta que no me mintió diciéndome que mi tía nos odia.

—No es tan mala entonces… ni tan mentirosa —su gesto mostró que le daba una pequeña tregua a Parker.

—Exacto.

Kristina suspiró sintiendo una preocupación intensa, ¿cómo actuaría esta vez? No podía decir que había sido ella, ya no tenía esa excusa. Trataba de calmarse porque si pensaba en volverla a ver el estómago se le llenaba de nervios. Aunque sin poderlo evitar, una sonrisa se dibujaba en su rostro.

Mientras tanto, Parker en casa tras hacer saltar a Kristina y lamentarse de la hora que era, subió corriendo a su habitación, escuchaba a Danielle hablando con el director del banco, aprovechó la situación y con rapidez sacó su móvil tecleando nerviosa.

Lo siento, lo siento, cariño. He tenido un problema y no he podido ir. Perdóname.

Le dio a la tecla de enviar, volvió a esconder el pequeño y viejo móvil, se sentó en la cama con la mirada perdida al frente. Había fallado justo cuando no debía, solo esperaba que no fuera determinante ¿por qué no había podido resistirse a Kristina? Eso no era lo que quería. Cerró los ojos y dejó de escuchar a Danielle. Suspiró.

—¡Cariño esta noche vamos a disfrutar de una cena maravillosa!

Sintió nauseas. Su vida era cada día peor no quería seguir viviendo así.

A Kristina el paseo hasta su casa le fue bien. Sentía tantas emociones en su interior que no era capaz de dirigirlas a su lugar correcto, entre otras cosas, porque nunca con anterioridad lo había sentido. Parker había llegado a su vida y la había convertido en un caos, solo podía pensar en ella. Lo había hecho de diferentes maneras desde la primera vez, era cierto, la había juzgado cuando la vio con su tía pensó que era una sinvergüenza. Después cuando coincidió con ella en la biblioteca una mentirosa, no se creía que estuviera allí por casualidad. La noche en el almacén le hizo pensar que tenía algún súper poder para anular su voluntad, incluso llegando a pensar si de alguna manera había echado algo a su copa de bebida. Pero lo que había ocurrido horas antes no podía calificarlo de otra manera que una explosión por ambas partes de locura. Las dos habían dado y recibido por igual, ese pensamiento le hizo sonreír, a Parker le gustaba no podía negarlo, se sentía un poco vencedora ante lo ocurrido con anterioridad, demostrarle que la deseaba sin estar bebida era un pequeño triunfo. Y no pudo evitar una carcajada divertida, deseaba que llegara el viernes, lo deseaba con todas sus fuerzas estaba segura que volverían a verse. ¿Y si se habían gustado? ¿Y si Parker no estaba enamorada ya de su tía? Quizá no era esa mala persona como la había catalogado, tan solo estaba aburrida en su matrimonio como otras tantas. ¿Podía ser ese el motivo de que bebiera tanto? ¿Pero cómo era posible que su tía la dejara salir? Esa parte se le escapaba pero tampoco le importaba demasiado, sí, lo aceptaba, le gustaba Parker. Y si había tenido más amantes no le importaba, estaba segura que ella la cambiaría, con ella acabaría esa manera de ser. Suspiró con fuerza entrando en casa. Su madre no estaba y decidió salir a pasear con el perro.

La hora de la cena había llegado, Parker se había maquillado para que no se notaran sus ojeras de haber llorado en la ducha, volvía a sentirse desgraciada, encerrada en una prisión de la que no podía escapar. No soportaba estar con Danielle había agotado toda su paciencia, por más que quiso decirse que la quería, no podía engañarse más. Saber que aquella noche iba a estar con ella le provocaba una acidez de estómago enorme, porque sabía lo que Danielle le pediría después y no estaba mentalizada para ello, ese día que había disfrutado del sexo de verdad, no. Debería pasar a su plan escape.

Llegaron a uno de los restaurantes más caros de la ciudad, ambas vestidas muy elegantes con vestido Danielle, que aquella noche estaba radiante. Maquillada como solía ir sin excesos pero resaltando su grandes ojos, con su alianza que solo se ponía en las cenas o reuniones con más personas. Y con ese gesto de victoria que le acompañaba cada vez que conseguía una buena suma de dinero, era muy inteligente para los negocios. Sin ella, Parker habría gastando toda su fortuna con tonterías, ropa, complementos, viajes. Parker había elegido un pantalón ancho negro con una camisa granate escotada tal y como le gustaba a Danielle. Sin embargo, ella trataba de pasar lo más desapercibida posible, recordándose durante todo el viaje que no debía fijarse con ninguna mujer. Eso alteraba a Danielle y era lo último que quería. Alterarla también por eso. La primera copa de vino que les sirvieron, Parker se la tomó de un trago.

—Parker —le advirtió.

—Tengo sed, cariño.

Pidieron y les volvieron a servir vino.

—¡Por mi dinero! —elevó la copa Danielle.

—Por nuestro dinero.

—Qué graciosa eres —respondió Danielle con una gran y arrebatadora sonrisa.

En el segundo plato, Parker había bebido tres copas de vino y le costaba un poco cortar la carne, tanto fue así que en uno de los intentos el filete salió despedido por el aire. Danielle se quería morir de la vergüenza mientras Parker rompió en una carcajada. La camarera le sonrió restándole importancia.

—Lo siento —le dijo a Danielle con una sonrisa forzada.

—No sabes comportarte, hasta la buena educación has perdido.

—Perdona, me la has robado tú.

—Haz el favor de callar y acabar de cenar si es posible sin echar nada más fuera del plato. No sé ni para qué me animo a sacarte a cenar.

—Guau guau —respondió divertida.

—¡Parker! —la riñó mientras sus mejillas se encendían.

—Si me tratas como una perrita tendré que hablar como una de ellas —le guiñó un ojo divertida.

Pidieron un trozo de pastel y Danielle pidió rápidamente la cuenta. Salieron del restaurante y Parker mostraba alguna dificultad para caminar. Se enganchó del brazo de su mujer mientras le susurraba.

—Cariño… este restaurante es muy bueno pero el vino es muy malo, se me ha subido a la cabeza. Uf qué ganas de vomitar.

—¡Suéltame! El coche está allí.

—¿Y un árbol?

Parker se fue corriendo trastabillándose hacia un lateral y vomitó. Danielle miró al cielo abriendo los brazos. ¿Merecía la pena seguir con aquella mujer alcoholizada? Ya no quedaba nada de la Parker de la que se encaprichó, solo su belleza, la belleza era lo que hacía que estuviera a su lado todavía, sin embargo, la belleza pronto dejaría de ser tan radiante. El alcohol empezaría a destrozarla también.

—¡Ayúdame! —le suplicó.

—¡Te espero en el coche! Cinco minutos, si no vienes me iré.

Se metió en el coche sintiendo que ni siquiera le permitía disfrutar de una cena en un restaurante caro y gozar del dinero que había ingresado en su cuenta. Estaba enfadada y debía tomar algunas decisiones al respecto.

—¡Gracias! —le susurró Parker al entrar—. Algo de la cena me ha sentado fatal.

—¿Algo de la cena? —la miró con rabia—. ¡Cállate y ponte el cinturón!

En silencio llegaron hasta casa, Danielle la ayudó a bajar para que los vecinos no vieran el panorama que tenía junto a ella. Siempre le molestó que alguien se diera cuenta de que aquella mujer bella estaba a su lado pero no era feliz. Todo tiene un precio y para ella las apariencias eran muy importantes. La llevó hasta la cama y la echó. Parker cayó de lado y se quedó dormida.

A la mañana siguiente, Danielle subió a la habitación de Parker, eran las once y todavía no se había despertado, la encontró tapada de cualquier manera con el edredón pero vestida. Suspiró.

—De lo que eras a lo que te has convertido. ¡Parker! ¡Parker!

—Mmmmm

—Son las once de la mañana.

—No grites —susurró.

—Me voy a comer con el director del banco y mi hermana. Me he dado cuenta que hay un fleco que nos hacen pagar y necesito que sea ella quien lo arregle.

—No puedo moverme.

—Llegaré cuando termine. Si logras poder bajar a la cocina te he dejado café.

Pero Parker ya no contestó.

A Kristina la mañana se le estaba haciendo eterna, no había ido a la biblioteca porque no podía concentrarse, llevaba en sus pensamientos a Parker. Hiciera lo que hiciera pensaba en ella, se había puesto música y había decidido estudiar en casa. Su madre no volvería del trabajo hasta la noche porque había quedado a comer con su tía, les había aparecido un problema en el banco y para eso sí que llamó Danielle a Alexis.

—¡Qué fuerte, si pudiera decirle a mi madre lo que piensa de ella! —susurró en voz alta al recordarlo—. No sé como puede estar Parker al lado de alguien así. Para mí ya se le ha caído la máscara de tía enrollada. ¡Joder, ahora quién es con lo que tengo que estudiar!

Renegó y bajó las escaleras a toda velocidad. Abrió la puerta y su gesto fue de impactó total. No le dio tiempo a nada, Parker la cogió del cuello y de una acertada patada cerró la puerta de casa mientras la empujaba contra la pared.

—¡Parker! —susurró con la mirada repleta de pánico.

—Sí, Parker.

2 comentarios en “PARKER Y KRISTINA. PERDER LA RAZON. 16

  1. Hola, Myrian.
    Muchas gracias por tu mensaje. ¡Me alegra muchísimo que mis palabras te lleguen! Para mí es el motivo principal por el que escribo, que cada historia aunque pueda parecer la misma sea diferente y creen distintas emociones con los mismos pesonajes.

    Un abrazo enorme.

  2. Buenas tardes… oye… que manera la que tienes de llegar a tus lectores…eres increible… FELICITACIONES…Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

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